{"id":1670177,"date":"2022-09-30T18:15:31","date_gmt":"2022-09-30T17:15:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=1670177"},"modified":"2022-09-30T18:15:31","modified_gmt":"2022-09-30T17:15:31","slug":"cronicas-mis-ojos-aun-te-buscan-en-la-penumbra-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2022\/09\/cronicas-mis-ojos-aun-te-buscan-en-la-penumbra-iv\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas: Mis ojos a\u00fan te buscan en la penumbra IV"},"content":{"rendered":"<p><em>La \u00faltima entrega de esta serie de cuatro cr\u00f3nicas sobre desaparici\u00f3n forzada en Antioquia, nos lleva a recorrer los caminos por los que Geovany estuvo a inicios de 2022, antes de dejar un espacio vac\u00edo en el coraz\u00f3n de su madre, Ruth del Socorro.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>\u201cNo me llore m\u00e1s\u201d<strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>\u201c\u00a1Geovany!, as\u00ed le grit\u00e9 a un joven que iba por la otra calle cerca a la estaci\u00f3n San Antonio en el centro de Medell\u00edn. Como pude cruc\u00e9 lo m\u00e1s r\u00e1pido posible hasta la otra acera para poder verlo de frente mientras el coraz\u00f3n se me quer\u00eda salir por la boca. Cuando lo alcanc\u00e9, lo cog\u00ed duro del brazo. \u00c9l joven se volte\u00f3 a verme y, en ese momento, me di cuenta que no era mi hijo. Geovany desapareci\u00f3 el 4 de enero de 2002 en San Antonio de Prado, corregimiento de Medell\u00edn\u201d. Y esa no era la primera vez que aquello le ocurr\u00eda a Ruth del Socorro Calle Rivera.<\/p>\n<p>Era com\u00fan que a las seis de la tarde, cuando Ruth sal\u00eda de su trabajo en el centro de Medell\u00edn, donde confeccionaba y realizaba el acabado de ropa para hombre y mujer, se desviara un par de calles de la ruta que la llevar\u00eda a su paradero de bus, porque cre\u00eda ver entre varios de los muchachos que caminaban por all\u00ed, a su hijo mayor Geovany Montoya Calle de 23 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Para Ruth del Socorro no es f\u00e1cil hablar de lo sucedido a su hijo. Por eso el 3 de marzo de 2020, siendo las 9:30 a.m., ella se sent\u00f3, como lo ha hecho durante los \u00faltimos 17 a\u00f1os, junto al escritorio donde se atiende a los familiares de las v\u00edctimas de desaparici\u00f3n forzada en la Asociaci\u00f3n Madres de la Candelaria. Ella lo hizo ese d\u00eda para relatar lo que sucedi\u00f3 con Geovany.<\/p>\n<p>Ruth es una mujer de 62 a\u00f1os que naci\u00f3 en Medell\u00edn y ha vivido durante toda su vida en la misma ciudad. Tiene cabello corto y mide 1.60 metros aproximadamente. Sus lentes gruesos esconden la mirada triste que reflejan sus ojos; habla pausado y no sale de casa sin la foto de su hijo Geovany, aquella de la \u00e9poca en que prest\u00f3 el servicio militar, porque para ella, ese momento le ense\u00f1o hacer un hombre responsable. Ruth tiene tres hijos adem\u00e1s de Geovany: Lina Marcela, Eduardo y Michael, pero al ser su primog\u00e9nito lo describe como \u201csus ojos\u201d.<\/p>\n<p>Las l\u00e1grimas empiezan a caer por sus mejillas. Ella se levanta angustiada de la silla y va por un vaso con agua a la cocina. Al volver trae consigo una caja de pa\u00f1uelos y dice entre sollozos: \u201cdesde que Geovany no est\u00e1, me he vuelto muy sensible, lloro cada vez que veo en las noticias que encuentran una fosa com\u00fan. A veces pienso que puede ser mi hijo quien est\u00e9 ah\u00ed\u201d.<\/p>\n<h4>Caf\u00e9, cigarrillo y soledad<\/h4>\n<p>Ruth en 2002 no solo perdi\u00f3 a su hijo, quien lleg\u00f3 a su vida cuando ella ten\u00eda veinte a\u00f1os, tambi\u00e9n perdi\u00f3 su trabajo. Despu\u00e9s de quince d\u00edas que le dieron en la empresa donde trabajaba para tratar de sobrellevar la desaparici\u00f3n de su hijo, el estr\u00e9s y la depresi\u00f3n le impidieron regresar.<\/p>\n<p>Tras quedar desempleada, Ruth acompa\u00f1aba sus d\u00edas con caf\u00e9 y cigarrillos. No com\u00eda, lloraba a diario y no sal\u00eda de casa en el barrio Santa M\u00f3nica, esperando que Geovany tocara el port\u00f3n. Al llegar la noche, ella le ped\u00eda a su hija Lina Mar\u00eda Vargas Calle, que si tocaban la puerta le avisara para abrirla y recibir a su hijo mayor. Sin embargo, \u00e9l en 18 a\u00f1os no ha llamado a la puerta de la casa de Ruth.<\/p>\n<p>Desde ese fat\u00eddico d\u00eda, pasaron dos meses en los que Ruth se quedaba sola en casa, mientras sus otros tres hijos y su esposo trabajaban, lo que se convirti\u00f3 en una tribulaci\u00f3n para ella. La asustaba esa soledad porque le recordaba que su hijo ya no estaba y rememoraba aquel fin de a\u00f1o de 2001, el \u00faltimo que Geovany comparti\u00f3 con ella. Ruth recuerda que aquel d\u00eda \u00e9l us\u00f3 la ropa que ella le regal\u00f3: unos botines negros, un pantal\u00f3n beige, una camiseta azul oscura con botones y una camiseta blanca debajo.<\/p>\n<p>Geovany, un joven de contextura delgada, tez blanca y ojos color marr\u00f3n, seg\u00fan la fotograf\u00eda que lleva consigo su madre, hab\u00eda terminado de prestar su periodo de servicio militar en el batall\u00f3n de artiller\u00eda cuatro del Ej\u00e9rcito, ubicado en la Comuna 9 (Buenos Aires), en Medell\u00edn. Al volver, se dedic\u00f3 a realizar oficios varios, principalmente en la construcci\u00f3n. Su mam\u00e1 recuerda que era un apasionado por las mujeres y le gustaba salir a festejar con Diana, su novia, y sus amigos, quienes lo apodaban \u201cel Negro\u201d.<\/p>\n<h4>El \u00faltimo desayuno<\/h4>\n<p>En la \u00faltima conversaci\u00f3n que tuvo Ruth con Geovany, antes que \u00e9l se fuera a la casa de su abuela en San Antonio de Prado, vereda La Verde, en un lugar conocido como \u201clas escalas\u201d, el 3 de enero de 2002. Ella le dijo, despu\u00e9s de percibir que su hijo mayor hab\u00eda estado pensativo durante la celebraci\u00f3n del a\u00f1o nuevo: \u201cMijo, si usted tiene alg\u00fan problema, puede decirme. Yo soy su mam\u00e1, su amiga y le puedo dar un consejo\u201d; a lo que Geovany contest\u00f3: \u201cNo mam\u00e1, uno como hombre tiene que enfrentar las cosas que hace. Yo no tengo que traerle mortificaciones o sufrimientos a usted. Si yo hago algo, yo respondo\u201d. Despu\u00e9s de ese d\u00eda, Ruth enfatiza que ella puede decir qui\u00e9nes son sus hijos en su casa, pero no fuera de esta.<\/p>\n<p>Hasta el 3 de enero de 2002, Geovany todos los d\u00edas la llamaba y estaba pendiente de ella. Sin embargo, a partir del d\u00eda siguiente no tuvo noticias de \u00e9l, hasta la noche en que Diana la llam\u00f3 y le dijo: \u201cDo\u00f1a Ruth, Geovany no aparece\u201d. Ella trat\u00f3 de no alterarse y le pidi\u00f3 a Diana que esperaran hasta el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Esa noche Ruth no pudo dormir y, en la ma\u00f1ana del 5 de enero de 2002, habl\u00f3 con Diana a las 7:00 a.m. y Geovany no hab\u00eda llegado a la casa de ella o a la de su abuela. As\u00ed que Ruth Calle se arregl\u00f3 y se fue para San Antonio de Prado a la casa de su madre, Luz Elena. Al llegar, le pregunt\u00f3 por su hijo mayor, pero ella tampoco supo darle raz\u00f3n de \u00e9l.<\/p>\n<p>Luz Elena, una mujer de 82 a\u00f1os, de cabello corto, blanco y con dificultades para caminar, es la abuela de Geovanny. Ella recuerda que su nieto aquel 4 de enero se levant\u00f3 m\u00e1s temprano de lo usual, antes de las siete de la ma\u00f1ana, para ir a casa de su novia. Antes de que \u00e9l saliera de la casa le dijo: \u201cMamita bendici\u00f3n\u201d, y ella le contest\u00f3: \u201cMijo esp\u00e9rese y desayunamos juntos y luego se va. El desayuno no se demora\u201d, pero \u00e9l le respondi\u00f3 que iba a la casa de Diana y que ya volv\u00eda a desayunar. Por su parte, Diana le cont\u00f3 a Ruth que aquella ma\u00f1ana, cuando lleg\u00f3 Geovany a su casa, ella lo hab\u00eda invitado a desayunar, pero \u00e9l le dijo que tendr\u00eda que ser algo ligero porque hab\u00eda acordado con su abuela desayunar juntos.<\/p>\n<p>Antes de que Diana preparara el caf\u00e9, un muchacho al que ella hab\u00eda visto apenas un par de veces, toc\u00f3 la puerta y pregunt\u00f3 por Geovany. \u00c9l sali\u00f3 a la puerta para saber qui\u00e9n lo requer\u00eda. El joven le pregunt\u00f3 si ten\u00eda un par de tenis que le prestara y \u00e9l le dijo que s\u00ed, pero que pasara en un rato que \u00e9l ahora se los tra\u00eda. A pesar de eso, el muchacho invit\u00f3 al \u201cNegro\u201d a tomarse una gaseosa y hablar afuera en la calle. Diana le dijo a Ruth que en ese momento le explic\u00f3 al joven que Geovany iba desayunar primero y luego ir\u00eda. Sin embargo, Geovany acept\u00f3 la invitaci\u00f3n del muchacho y, a pesar de que ella le insisti\u00f3 que no fuera, \u00e9l solo le dijo: \u201cT\u00e9ngame el desayuno arreglado que yo ahora vengo, no me demoro. Voy a ver que quiere el parcero\u201d. Esa fue la \u00faltima vez que ella supo de su novio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de escuchar el relato de Diana, Ruth le pidi\u00f3 que llamara al muchacho con el que se fue Geovany o le indicara donde viv\u00eda. No obstante, la novia de su hijo, le dijo que ella no conoc\u00eda al muchacho, solo lo hab\u00eda visto saludar al \u201cNegro\u201d un par de ocasiones. Lo \u00fanico que sab\u00eda era que le dec\u00edan \u201cEl Zarco\u201d; un joven rubio, de tez blanca y entre 1.65 y 1.70 de estatura y que viv\u00eda en Manrique, pero se pasaba la mayor parte del tiempo en San Antonio de Prado. Ante la escasa informaci\u00f3n que Ruth pudo conseguir con los vecinos acerca del paradero de su hijo mayor, el 6 de enero de 2002, madrug\u00f3 a la Inspecci\u00f3n de Polic\u00eda para poner el denunci\u00f3. Estando all\u00e1, le informaron que deb\u00eda realizar ese proceso ante la Fiscal\u00eda General de la Naci\u00f3n ubicada en La Alpujarra, centro de Medell\u00edn.<\/p>\n<h4>Un grito por Geovany<\/h4>\n<p>Despu\u00e9s de interponer la denuncia, su proceso qued\u00f3 apilado entre tantos otros de desaparici\u00f3n forzada y, pasar\u00edan diez a\u00f1os de la desaparici\u00f3n sin avances en la investigaci\u00f3n sobre la desaparici\u00f3n de Geovany. Sin embargo, al a\u00f1o y cinco meses de la denuncia, Martha, una amiga de Ruth que conoci\u00f3 cuando iba a visitar a su hijo en el Batall\u00f3n, mientras Geovanny prest\u00f3 su servicio militar, la llam\u00f3 para contarle que su hijo Miguel tambi\u00e9n hab\u00eda desaparecido y, por ello, estaba recibiendo apoyo de una asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, en compa\u00f1\u00eda de Martha, Ruth lleg\u00f3 el 20 de junio de 2003 a uno de los plantones de la Asociaci\u00f3n Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria, como todos los mi\u00e9rcoles frente a la Iglesia de la Candelaria, frente al Parque de Berr\u00edo en el centro de Medell\u00edn. Ese d\u00eda a las cuatro de la tarde, Ana de Dios Zapata atendi\u00f3 el caso de Ruth y recibi\u00f3 copia de la denuncia ante la Fiscal\u00eda.<\/p>\n<p>El lunes 23 de junio de 2003, Ana Zapata acompa\u00f1\u00f3 a Ruth Calle a la Procuradur\u00eda y a la Personer\u00eda de Medell\u00edn para interponer ante estas entidades la denuncia de la desaparici\u00f3n forzada de Geovany. La primera semana de julio de aquel 2003, ambas fueron a que le realizaran la prueba de ADN a Ruth.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de realizar las diligencias, Ruth empez\u00f3 a participar de talleres de perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n que ofrece Madres de la Candelaria. All\u00ed conoci\u00f3 a otras madres que, como ella, viven sus d\u00edas sin saber de sus seres queridos desaparecidos. En ellas encontr\u00f3 con quien hablar de su desesperanza, del miedo de nunca dar con el paradero de su hijo, de la impotencia al no poder hacer m\u00e1s y sentir que le ha fallado a Geovany porque no ha podido darle un entierro. \u201cYo no quiero morirme sin saber qu\u00e9 pas\u00f3 con \u00e9l\u201d, asegura Ruth Calle entre sollozos. Por ello, la Asociaci\u00f3n y sus compa\u00f1eras se convirtieron en un refugio para su dolor.<\/p>\n<p>Termin\u00f3 el a\u00f1o de 2003 y, todav\u00eda, al comenzar el 2004, Ruth a\u00fan no ten\u00eda noticias sobre la desaparici\u00f3n del Negro. Por eso, cada vez que ella iba a visitar a la abuela Luz Elena, pasaba a la casa de Diana para preguntarle si hab\u00eda tenido noticias de Geovany, pero su respuesta siempre fue negativa. La \u00faltima vez que Ruth habl\u00f3 con Diana sobre lo que le sucedi\u00f3 a Geovany, la joven le dijo: \u201cYo no me meto en problemas, ni pregunto, porque usted sabe que yo tengo toda mi familia ac\u00e1 y la mayor\u00eda de personas me conocen, saben d\u00f3nde y en qu\u00e9 trabajo. Adem\u00e1s, usted sabe que ac\u00e1 uno no sabe qui\u00e9nes son las personas en realidad y si yo me pongo a preguntar o a decir quien vino por \u00e9l aquel d\u00eda, me meter\u00eda en problemas o terminar\u00eda muerta\u201d.<\/p>\n<h4>Una pista dolorosa<\/h4>\n<p>El 8 de diciembre de 2016, despu\u00e9s de catorce a\u00f1os de la desaparici\u00f3n de Geovany, Ruth sali\u00f3 temprano para la fiesta de la primera comuni\u00f3n de un sobrino-nieto. Hacia las once de la ma\u00f1ana, se retir\u00f3 de la celebraci\u00f3n para comprar una gaseosa en una tienda cercana a la casa de su sobrina Diana Estrada Calle, cerca de donde vive la abuela Luz Elena en San Antonio de Prado. En ese lugar se encontraba un joven tomando cerveza y fumando un cigarrillo. \u00c9l la miraba y ella inc\u00f3moda por la situaci\u00f3n se preguntaba si la conoc\u00eda. \u201cPasaron alrededor de tres minutos en los que me sent\u00ed cohibida\u201d, recuerda Ruth, antes que el muchacho le dirigiera la palabra: \u201cVenga \u00bfusted sabe de su hijo?\u2019, me pregunt\u00f3. Y yo le respond\u00ed: \u2018\u00bfusted lo conoce?\u2019 \u00c9l me respondi\u00f3: \u2018Lo distingu\u00ed porque \u00e9l pasaba mucho tiempo por ac\u00e1 en San Antonio de Prado donde la abuela\u2019 y agreg\u00f3: \u2018A la abuela de \u00e9l la conozco\u2019\u201d, recuerda ella que dijo aquel muchacho. Hubo un silencio en ese momento en el que Ruth se qued\u00f3 absorta en sus pensamientos durante unos segundos m\u00e1s. Luego continu\u00f3 describiendo los hechos, pero esta vez parece que tratara de descifrar por qu\u00e9 aquel joven le habl\u00f3.<\/p>\n<p>Aquel extra\u00f1o le pregunt\u00f3 a Ruth si quer\u00eda saber d\u00f3nde estaba su hijo, ella asinti\u00f3 con la cabeza y le dijo que esa era su mayor alegr\u00eda. As\u00ed, el joven a\u00f1adi\u00f3: \u201chay rumores, que por ac\u00e1 en San Antonio de Prado hay una empresa de pollos, detr\u00e1s de la cual estar\u00edan tres cuerpos y puede que su hijo est\u00e9 entre esos\u201d. Cuando termin\u00f3, ella le pregunt\u00f3 su nombre, pero \u00e9l se neg\u00f3 a d\u00e1rselo. Ruth le dio las gracias por la informaci\u00f3n, asustada pag\u00f3 la gaseosa y se fue para la casa de su sobrina.<\/p>\n<p>Al llegar, Diana la vio p\u00e1lida y le pregunt\u00f3 qu\u00e9 le hab\u00eda pasado. Ruth aturdida por lo ocurrido empez\u00f3 a llorar y le cont\u00f3 lo sucedido. Diana de inmediato le dijo a su t\u00eda que fueran a la tienda, probablemente ella conoc\u00eda al muchacho y podr\u00edan hacerle m\u00e1s preguntas acerca de la desaparici\u00f3n de Geovany. En la tienda ya no estaba el joven y el tendero del lugar les coment\u00f3 que no hab\u00eda visto al muchacho antes, pero asegur\u00f3 que llevaba m\u00e1s de dos horas sentado en la mesa pr\u00f3xima a la puerta. El tendero crey\u00f3 que \u00e9l esperaba a alguien, pero despu\u00e9s que Ruth se fue, el muchacho le pag\u00f3 con un billete de diez mil pesos, le dio las gracias y no espero la devuelta.<\/p>\n<p>Luego de hablar con el se\u00f1or de la tienda, ambas mujeres regresaron a la casa de Diana Estrada. Ruth estaba exaltada y decidi\u00f3 irse antes de que sirvieran la comida. Esa fue la \u00faltima vez que ella estuvo en San Antonio de Prado. Su madre, Luz Elena, despu\u00e9s de aquel hecho y, ante la larga espera, en la que en ocasiones cre\u00eda que escuchaba a Geovany llamarla para pedirle el desayuno, decidi\u00f3 cambiar de barrio.<\/p>\n<p>Tras ese episodio, Ruth so\u00f1\u00f3 durante un mes con Geovany cuando era peque\u00f1o y lo llevaba al parque. Sin embargo, esto cambi\u00f3 la noche en que ella lo vio muerto en sus sue\u00f1os; ella le dec\u00eda: \u201cGeovany d\u00edgame usted d\u00f3nde est\u00e1, por qu\u00e9 se fue as\u00ed y no me dijo nada, ni me llam\u00f3 ese d\u00eda\u201d; \u00c9l le respondi\u00f3: \u201cNo se preocupe por m\u00ed, yo estoy bien. No vengo para hacerla sufrir, porque yo s\u00e9 que usted sufre por m\u00ed. Yo a usted la quiero mucho y donde estoy, estoy bien. No me llore m\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>Desde de ese momento, Ruth no contesta el celular en la noche por temor a que llamen a decirle que su hijo est\u00e1 muerto. Tambi\u00e9n quiere saber qu\u00e9 le pas\u00f3 a Geovany y asegura haber perdonado a quien se llev\u00f3 a su hijo y, si fue asesinado, a quienes cometieron el hecho. Hoy, 10 de marzo de 2020, la pista de donde presuntamente podr\u00edan encontrarse los restos de su hijo, fue entregada por la Asociaci\u00f3n Madres de la Candelaria a la Fiscal\u00eda General de la Naci\u00f3n ya hace cuatro a\u00f1os. No obstante, hasta el momento no se ha realizado una b\u00fasqueda o exhumaci\u00f3n en el lugar.<\/p>\n<p>La Fiscal\u00eda le indic\u00f3 a Ruth que el Bloque Cacique Nutibara fue quien desapareci\u00f3 a su hijo; pero sigue sin saber por qu\u00e9 se lo llevaron, ni cu\u00e1l es su paradero. Por ahora espera encontrarlo o recibir sus restos. Mientras ese d\u00eda llega, ella se dedica a trabajar en casas de familia algunos d\u00edas de la semana, acude a los plantones que realiza Madres de la Candelaria en el atrio de la Iglesia y que, ahora realizan los d\u00edas viernes, para no compartir con los familiares que hacen parte de las Madres &#8211; L\u00ednea Fundadora.<\/p>\n<p>Con Martha forj\u00f3 una estrecha relaci\u00f3n; dice que \u201cella para m\u00ed es como una hermana en el dolor. Nos damos apoyo para seguir adelante, mientras esperamos saber acerca de nuestros hijos\u201d. Ambas acuden con regularidad a los talleres psicosociales, de manualidades y confecci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n, que les permiten expresar su dolor con otras madres, a trav\u00e9s de diferentes actividades como la escritura a su familiar desaparecido y relatar sus historias a sus compa\u00f1eras de Madres de la Candelaria.<\/p>\n<p>Claudia Marcela Restrepo Posada estudiante de sicolog\u00eda de la Universidad Minuto de Dios y practicante en la Asociaci\u00f3n Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria, lleg\u00f3 en 2018 para apoyar a las familias que hacen parte de la Asociaci\u00f3n. Ella recuerda que uno de los factores determinantes que encontr\u00f3 antes de planear los talleres con las madres, fue la intermitencia de algunos de estas. Por eso, Claudia rememora de esta manera el acompa\u00f1amiento que le hizo a las madres que asisten a la Asociaci\u00f3n: \u201cme sent\u00e9 con cada una de ellas para conocer su caso, lo cual me tom\u00f3 varias semanas y, tras ello, les propuse una serie de actividades diferentes a las que hab\u00edan realizado, por ejemplo hicimos \u00e1ngeles con materiales reciclables, que llevaban una nota consigo para su familiar desaparecido. As\u00ed, ellas pod\u00edan decirles que los extra\u00f1aban o los quer\u00edan, preguntarles d\u00f3nde est\u00e1n o expresar lo que no alcanzaron a decirles.<\/p>\n<p>Claudia Marcela quien ya termin\u00f3 sus pr\u00e1cticas en las Madres de la Candelaria, sigue participando como voluntaria y sic\u00f3loga. Al referirse a Ruth Calle la describe como una se\u00f1ora \u201catenta, cari\u00f1osa, con grandes capacidades para interrelacionarse con las dem\u00e1s madres y colaboradora, pues siempre ayudaba en los talleres a sus compa\u00f1eras\u201d. Al finalizar cada sesi\u00f3n, Ruth y Martha se quedaban por la avenida La Playa tomando un caf\u00e9 acompa\u00f1ado de un bu\u00f1uelo, mientras recuerdan los momentos que vivieron con sus hijos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta cr\u00f3nica hace parte del trabajado de grado de Aldana, S. (2020). Mis ojos a\u00fan te buscan en la penumbra. Historias de desaparici\u00f3n forzada de la Asociaci\u00f3n Madres de la Candelaria (Trabajo de grado. Universidad de Antioquia). 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