{"id":161233,"date":"2015-02-10T15:23:13","date_gmt":"2015-02-10T15:23:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pressenza.com\/?p=161233"},"modified":"2015-02-10T15:23:36","modified_gmt":"2015-02-10T15:23:36","slug":"el-derecho-compartir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2015\/02\/el-derecho-compartir\/","title":{"rendered":"El derecho a compartir"},"content":{"rendered":"<p>Recorro con la mirada las escuelas, plazas y calles de mi ciudad. Veo que est\u00e1n pobladas de una multiplicidad de objetos que antes no estaban all\u00ed. Ni\u00f1os sonriendo a relucientes c\u00e1maras digitales y tel\u00e9fonos celulares, j\u00f3venes y mayores de muy diversas procedencias sociales conect\u00e1ndose entre ellos, acerc\u00e1ndose desde remotos lugares. Todos absortos en alg\u00fan cotidiano af\u00e1n, pero ufanos de movilizarse en cada vez m\u00e1s veloces y relucientes b\u00f3lidos. Todos ellos accediendo a recursos hasta hace poco vedados y reservados s\u00f3lo a las \u00ednfimas minor\u00edas. Todo ello me alegra, pero no me contenta.<\/p>\n<p>Y es que, apareada con el entretenido destello que emana de cada uno de esos novedosos y &#8211; en ocasiones &#8211; muy \u00fatiles juguetes, veo emerger una nueva esclavitud. Entreverado con la fascinaci\u00f3n de las reconocidas marcas que ostentan henchidos pechos, fusionado con el ne\u00f3n que desprenden veloces piececitos otrora apenas enfundados en andrajosas zapatillas o en su m\u00e1s plena desnudez, veo ense\u00f1orearse un gran esfuerzo o un peligroso modo de vivir. Sobre todo, veo asomar otros tantos nuevos deseos, insaciables, inacabables\u2026 <\/p>\n<p>Me pregunto si la justa pretensi\u00f3n de vivir como iguales, se ve colmada en ese brev\u00edsimo instante en el que parecemos lograrlo, a juzgar por los objetos con los que nos rodeamos.<\/p>\n<p>Me pregunto si esa interminable e intolerable sed en busca de nuevas posesiones justifica la energ\u00eda que ponemos en ello. Me pregunto si las personas sienten plenitud al llegar a estas provisorias instancias o si es que un inmediato vac\u00edo procede al culminar cada uno de estos periplos de compra y consumo. <\/p>\n<p>Una nube de sospecha se agiganta en el horizonte al reflexionar sobre estas muy comunes y extendidas pr\u00e1cticas. Lejos de ensancharse el refinado mundo de los acaudalados pr\u00edncipes y princesas que poblaban los coloridos relatos de nuestra infancia, las fr\u00edas estad\u00edsticas revelan que la brecha entre los distintos sectores sociales \u2013 al menos desde el punto de vista de sus posesiones \u2013 crece d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n<p>He le\u00eddo que unas ochenta y cinco personas detentan el mismo capital que el cincuenta por ciento m\u00e1s pobre de la humanidad en su conjunto. Otros n\u00fameros igualmente veros\u00edmiles indican que un ocho por ciento de personas acaudaladas ostenta el ochenta por ciento de los recursos econ\u00f3micos del mundo. Aquella inocente alegr\u00eda que sent\u00ed por un momento, da paso a una indignada desilusi\u00f3n. <\/p>\n<p>De repente, la ingenuidad se disipa por completo, al comprender con total claridad la conexi\u00f3n entre esos dos hechos aparentemente contradictorios. El disfrute de cada vez m\u00e1s objetos por parte de sectores cada vez m\u00e1s amplios, eso que en ocasiones es confundido con inclusi\u00f3n social, no es en absoluto equivalente al logro de un mundo de iguales derechos y oportunidades para todos.<\/p>\n<p>El acceso al consumo, lejos de conducir a la igualdad, explica la desigualdad. <\/p>\n<p>Basta ver cu\u00e1l es la puerta de ingreso m\u00e1s habitual para los innumerables despose\u00eddos a ese brillante, veloz y fugaz mundo. El cr\u00e9dito. Imposible resistir ese canto de sirenas que ofrece inmediato y pasajero bienestar\u2026 y cr\u00f3nica dependencia. Sencillo es comprender c\u00f3mo esa obnubilaci\u00f3n moment\u00e1nea o permanente que nos lleva a confundir felicidad con objeto, termina alimentando las arcas de quienes facilitan esa trampa letal. <\/p>\n<p>El encadenamiento a las cuotas y sus crecidos intereses conducir\u00e1 a una moderna esclavitud en sus distintas variantes. Acaso se compre la felicidad del instante con interminables horas mal pagadas en denigrantes y repetitivas tareas. O con parte de la extendida e igualmente exigua d\u00e1diva estatal. O mendigando abierta o subrepticiamente, solicitando al pr\u00f3jimo colaboraciones vestidas de trabajo indigno. O simplemente vengando la violencia social de la marginaci\u00f3n con violencia delictiva.<\/p>\n<p>Es obvio para cualquier observador, que ninguna de estas variantes conduce a una ruptura con las condiciones de origen, ni origina un mejoramiento real en las condiciones de vida y perspectivas de la gente. Ni que hablar de una transformaci\u00f3n cualitativa interior que se refleje en un estilo de vida diferente.<\/p>\n<p>Aparece as\u00ed, con abrumadora claridad, c\u00f3mo el \u00fanico beneficiado es el sistema de consumo y propiedad capitalista, ensanchando la posibilidad de vender cosas a quienes antes ni siquiera aspiraban a comprarlas. <\/p>\n<p>Es terrible constatarlo, pero necesario. La mal llamada inclusi\u00f3n que se basa en la apetencia hacia cada vez m\u00e1s perecederos bienes de consumo, lejos de achicar las diferencias de posibilidades entre estamentos humanos, las aumenta. Lejos de hacer crecer la libertad de los grandes conjuntos humanos, fortalece la dependencia del sistema, empeque\u00f1eciendo la posibilidad de ser cada d\u00eda m\u00e1s humanos, trabajar menos y poder crear. <\/p>\n<p>Entonces \u00bfno poseer? \u00bfDejar ancladas a las grandes mayor\u00edas en la misma carencia de siempre? Absurdo. \u00bfCondenarlas a un inagotable deseo en el que lo \u00fanico que se extingue sin remedio es el sentido de la vida? Absurdo tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Es necesario encontrar una opci\u00f3n que no s\u00f3lo facilite la objetiva nivelaci\u00f3n sino que adem\u00e1s produzca un cambio de calidades en el h\u00e1bito subjetivo, una transformaci\u00f3n cultural profunda, \u00bfCu\u00e1l es la actitud que quiebra la l\u00f3gica fatal del capitalismo, el derecho a acumular? <\/p>\n<p>El derecho a compartir.<\/p>\n<p>Acaso sea \u00e9ste el acto equivalente hoy a aquel que condujo a nuestra especie a acercarnos al fuego, saliendo del reflejo animal de huir de \u00e9l. Acaso sea \u00e9sta la verdadera revoluci\u00f3n hacia el futuro, pugnando juntos por construir intencionalmente un modo no reflejo de actuar socialmente. <\/p>\n<p>\u00bfO cabe alguna duda que los recursos imprescindibles para la vida, el aire, el agua, la tierra, los alimentos, los avance cient\u00edficos, son, en su esencia propiedad com\u00fan? \u00bfCon qu\u00e9 derecho objetivo habr\u00edan entonces de ser expropiados, alejados de su verdadero propietario, la comunidad humana?<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de resultar tan extra\u00f1o entonces que pudi\u00e9ramos gestionarlos de manera colectiva, siguiendo variados modelos o experimentando diferentes caminos, pero teniendo todos ellos el inequ\u00edvoco signo de la colaboraci\u00f3n, de la cooperaci\u00f3n, de la hermandad?<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n al problema de la apropiaci\u00f3n no se encuentra dando respuestas a \u00e9l. El problema desaparece cuando se lo elimina. Es decir, cuando el acto humano ya no se refiere a la posesi\u00f3n, sino que se libera de esa esclavitud, anim\u00e1ndose a trascender las limitadas fronteras de la individualidad.<\/p>\n<p>Hacia eso vamos. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recorro con la mirada las escuelas, plazas y calles de mi ciudad. Veo que est\u00e1n pobladas de una multiplicidad de objetos que antes no estaban all\u00ed. 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