{"id":1556316,"date":"2022-04-03T04:41:10","date_gmt":"2022-04-03T03:41:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=1556316"},"modified":"2022-04-02T19:52:37","modified_gmt":"2022-04-02T18:52:37","slug":"el-retorno-de-yeyo-y-los-nietos-de-papayo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2022\/04\/el-retorno-de-yeyo-y-los-nietos-de-papayo\/","title":{"rendered":"El retorno de Yeyo y los nietos de Papayo"},"content":{"rendered":"<p>RELATO<\/p>\n<p>Yeyo creci\u00f3 viendo c\u00f3mo a su padre se le astillaba la espalda de tanto cargar sobre los hombros racimos de bananos tiernos en los d\u00edas infernales del tr\u00f3pico en Chiapas y; a su madre llenarse de quemaduras los brazos haciendo dobladas de papa para vender a las afueras de la finca. Trabajadores de mil oficios, hicieron malabares para lograr sobrevivir como indocumentados en Tapachula, M\u00e9xico; siempre en trabajos precarios, de mala paga y sin prestaciones, recorrieron el estado rev\u00e9s y derecho y siempre fue el mismo trato y pago.<\/p>\n<p>Por temporadas trabajaron en el corte de caf\u00e9, por el lado del municipio de Tapachula, tres meses en la finca durmiendo en galeras con dos comidas al d\u00eda; primero su mam\u00e1 con \u00e9l en el perraje en la espalda y cuando fue creciendo ayud\u00e1ndolos, porque Yeyo no pudo ir a la escuela porque sus padres se movilizaban de un lugar a otro en las temporadas de cosecha y eso no le permiti\u00f3 estudiar, apenas aprendi\u00f3 a leer y a escribir y tambi\u00e9n por el miedo a las constantes redadas de la polic\u00eda en sectores alejados de las fincas.<\/p>\n<p>Por el lado de Soconusco trabajaron en la cosecha de pi\u00f1a, papaya y caf\u00e9. En Huixtla, en la temporada de ca\u00f1a s\u00f3lo su pap\u00e1, en esos d\u00edas su mam\u00e1 y \u00e9l vend\u00edan empanadas de papas en la entrada de la finca, en otras ocasiones su mam\u00e1 se ofrec\u00eda como empleada dom\u00e9stica de casa en casa en el casco urbano de Tapachula. As\u00ed fue como Yeyo aprendi\u00f3 el oficio dom\u00e9stico porque le ayudaba a su mam\u00e1 en el trabajo porque no ten\u00eda d\u00f3nde dejarlo, para ese entonces con cinco a\u00f1os dorm\u00edan los dos en una pensi\u00f3n y su pap\u00e1 en Huixtla; en las galeras con los jornaleros en la finca y con Papayo -el perro con el que llegaron su mam\u00e1 y \u00e9l a Tapachula-, se lograban reunir hasta el final de la temporada.<\/p>\n<p>A los seis a\u00f1os ya echaba tortillas, mol\u00eda el nixtamal, juntaba chiriviscos para el fuego del comal, acarreaba agua en envases pl\u00e1sticos de doble litros de agua, ba\u00f1aba a Papayo y lavaba su propia ropa; ayudaba a su mam\u00e1 cobrando en la venta de dobladas mientras cortaba el papel manila y las hojas de guineo para servirlas. Cuando ten\u00eda ocho naci\u00f3 su hermana In\u00e9s y se convirti\u00f3 en el hermano mayor, era el encargado de hacer la salsa, rajar la le\u00f1a, ir a hacer la masa mientras su mam\u00e1 alimentaba a su hermana y terminaba de preparar las papas para las empanadas. En los tiempos dif\u00edciles lograron sobrevivir solamente con la venta porque llegaban m\u00e1s y m\u00e1s indocumentados j\u00f3venes y a los mayores los iban dejando sin trabajo. Tuvieron temporadas de comer solamente tortilla con sal y caldo de frijoles, bananos y pl\u00e1tanos verdes hervidos, un huevo cocido para todo el d\u00eda. De dormir en covachas hechas de nailon y pedazos de cart\u00f3n que lograban conseguir en las zonas de carga de las fincas, ellos tambi\u00e9n como docenas de indocumentados en la \u00e9poca de cosecha hac\u00edan su campamento en las afueras de las fincas; la polic\u00eda no molestaba dentro del sector porque ten\u00edan trato con los terratenientes, pero saliendo del \u00e1rea de los ejidos eran las redadas.<\/p>\n<p>En algunas ocasiones lograban trabajo para todo el a\u00f1o en las fincas de caf\u00e9: hac\u00edan labores de preparaci\u00f3n de la tierra, limpieza, secado y empacado de caf\u00e9, oficio que tambi\u00e9n aprendi\u00f3 Yeyo; en esas temporadas com\u00edan frutas hasta empacharse y abundaba el caf\u00e9 y las bolsas de pan para el desayuno y la cena. Poco sabe Yeyo y sus hermanos de la traves\u00eda de sus padres que llegaron a M\u00e9xico desde Guatemala, de su madre conoce la historia que sin haber tenido la experiencia de haber salido antes de su pueblo en el oriente logr\u00f3 llegar a la capital y dio con la estaci\u00f3n de buses que iban hacia el departamento de San Marcos en la frontera entre M\u00e9xico y Guatemala, con \u00e9l en brazos y con Papayo. Que del otro lado del r\u00edo Suchiate en la frontera los estaba esperando su pap\u00e1 que ya se hab\u00eda adelantado unos meses antes para alistar su llegada. Que iban para Estados Unidos pero que en lo que ahorraban para el viaje y el pago del coyote se quedaron en Tapachula trabajando en una bananera donde contrataban migrantes indocumentados con un pago tres veces menor al de los jornaleros mexicanos, pensaron que ser\u00edan s\u00f3lo dos meses, pero se les convirtieron en 30 a\u00f1os.<\/p>\n<p>No conocen a m\u00e1s familiares que los migrantes que al igual que ellos andan de finca en finca con sus familias, se topan por temporadas y en otras ni se ven. Sus padres nunca regresaron a Guatemala desde que salieron; ella con 17 y \u00e9l con 20. All\u00e1 ten\u00edan una casita de adobe con techo de palma, su mam\u00e1 trabajaba en un molino de masa en las ma\u00f1anas y en las tardes limpiando varios locales en la calle principal del pueblo. Su pap\u00e1 trabajaba en la \u00e9poca de cosecha en las meloneras, tabacaleras y cortando chile pimiento y loroco, pero el resto del a\u00f1o era ayudante en el rastro, su trabajo era limpiar los cueros de las reses. Juntando el dinero de ambos apenas lograban llegar a fin de mes, despu\u00e9s naci\u00f3 \u00e9l y no pudieron con los gastos entonces decidieron emigrar hacia Estados Unidos atravesando M\u00e9xico, pero no ten\u00edan dinero ni para el viaje ni para el coyote, por eso se adelant\u00f3 su pap\u00e1 con otro grupo de amigos que tambi\u00e9n se fueron del pueblo, de todos ellos s\u00f3lo su pap\u00e1 se qued\u00f3 en Tapachula el resto decidi\u00f3 continuar el camino.<\/p>\n<p>Anduvieron rodando treinta a\u00f1os de finca en finca. Fue en el municipio costero de Suchiate por el lado del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico que la familia creci\u00f3 cuando trabajaron diez a\u00f1os en las fincas de banano, pl\u00e1tano, papaya y mango, para ese entonces Yeyo entrando a la adolescencia y con los brazos rollizos y la espalda afilada se uni\u00f3 al trabajo con su padre, mientras su mam\u00e1 junto a sus hermanos In\u00e9s, Jos\u00e9 y To\u00f1o, hac\u00edan empanadas de papa para vender. Casa propia nunca tuvieron, Yeyo recuerda haber vivido por lo menos en 15 lugares diferentes, en distintos puntos del estado, sin m\u00e1s pertenencias que la muda que ten\u00edan puesta y una bolsa de costal cada uno, con su ropa y cepillo de dientes y en el costal com\u00fan: metafe, alcohol, jab\u00f3n de lavar ropa, una olla de peltre, las pailas, vasos pl\u00e1sticos, los ponchos y los mosquiteros que hizo su mam\u00e1 de unos pedazos de tela de velo de novia que compr\u00f3 en un mercado en Tapachula junto a un cuadro del Se\u00f1or de Esquipulas.<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os y no pudieron arreglar sus papeles como cientos de familias que trabajaban como ellos en el jornal en las fincas y ejidos; lloraron, gritaron y sufrieron las vicisitudes de los indocumentados en una tierra donde los pobladores eran de su mismo color de piel, muy parecidos f\u00edsicamente y hablaban el mismo idioma. Un d\u00eda su padre sufri\u00f3 un accidente en el trabajo, \u00e9l se encontraba en otro sector de la finca bananera, corrieron a avisarle y cuando lleg\u00f3 su pap\u00e1 ya hab\u00eda fallecido, los due\u00f1os de la finca nunca se hac\u00edan cargo de su responsabilidad en accidentes laborales y mucho menos de indocumentados; el \u00fanico apoyo moral y financiero lleg\u00f3 de los compa\u00f1eros de trabajo que juntaron dinero entre todos para lograr cremarlo porque viajar a Guatemala no pod\u00edan, era muy caro y sus pap\u00e1s nunca quisieron ser enterrados en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Yeyo se ech\u00f3 al hombro a la familia mientras su mam\u00e1 y hermanos que nunca fueron a la escuela por las caracter\u00edsticas del trabajo familiar, se dedicaron a la venta de empanadas de papa. Cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde muri\u00f3 su mam\u00e1 de un derrame cerebral. Los compa\u00f1eros de trabajo ayudaron juntando dinero entre todos para cremarla. Yeyo se vio desolado con la responsabilidad de cuidar a sus tres hermanos, fueron largos meses que parecieron a\u00f1os, una noche regresando del trabajo habl\u00f3 con sus hermanos, juntaron todas sus pertenencias: tres mudas de ropa cada uno, sus pailas, su fridera, la olla de peltre y sus ponchos. En un costal pusieron las dos urnas con las cenizas de sus padres y en una bolsa de manta metieron a los tres nietos de Papayo, de dos meses de edad y en lugar de agarrar para el norte agarraron para el sur, hicieron la traves\u00eda pero el rev\u00e9s, cruzaron el r\u00edo Suchiate, abordaron un autob\u00fas en Tec\u00fan Um\u00e1n, San Marcos, con destino a la capital guatemalteca y sin haber estado nunca en el pa\u00eds lograron dar con la parada de buses que van hacia Teculut\u00e1n, Zacapa, lugar de nacimiento de sus padres y de Yeyo.<\/p>\n<p>A los tres se les rodaron las l\u00e1grimas cuando bajaron por la pasarela en el centro de Teculut\u00e1n y vieron la venta de tamales de Cashasha, los tamales que tanto a\u00f1oraban sus padres y de los que les hablaban en las cenas familiares en los campamentos de indocumentados en las afueras de las fincas, fueron sorprendidos por el olor \u00fanico de las quesadillas de Zacapa que abundaban en los canastos de los vendedores que corr\u00edan atr\u00e1s de los autobuses y de los conductores que se deten\u00edan a comprar. Vieron bolsas de mango tierno, jocote mara\u00f1\u00f3n, man\u00eda con sal, pepita y chile, libras de queso seco, crema en bolsa y queso oreado. Y como un dibujo en calco, salieron de las narraciones de sus padres las adolescentes y mujeres que vend\u00edan yuca con chicharr\u00f3n en el parque central. Los ni\u00f1os con bolsas de fresco de tamarindo, rosa jamaica y jotote mara\u00f1\u00f3n, ofreciendo en las calles. Sintieron el calor seco tan distinto al del tr\u00f3pico h\u00famedo en Chiapas. Treinta a\u00f1os hab\u00edan pasado desde que Yeyo sali\u00f3 de su pueblo en la espalda de su mam\u00e1 Isaura, hab\u00eda retornado, estaba ah\u00ed, en la tierra donde hab\u00eda dejado el ombligo.<\/p>\n<p>Caminaron los tres con los nietos de Papayo y todas sus pertenencias de la familia que les cab\u00edan en tres costales, la sombra de los palos de mango les refrescaba el camino, se detuvieron frente a la cuenca del r\u00edo Teculut\u00e1n, donde sus padres les contaban que jugaban de ni\u00f1os y se lanzaban de panzazo en las pozas que hac\u00edan entre todos. Iban apareciendo las flores de pito, los palos blancos, las jacarandas, los almendros, el palo de madre cacao, los famboyanes y entre todos vislumbr\u00f3 all\u00e1 a los lejos, por sus copas altas y sus ramas rollizas y extendidas como brazos que los estaban esperando desde hac\u00eda muchos a\u00f1os para arrullarlos, el tamarindo en el patio de la casita de adobe de sus pap\u00e1s. Yeyo sinti\u00f3 una punzada en el coraz\u00f3n que inmediatamente le comenz\u00f3 a latir a mil por hora, sac\u00f3 la llave, abri\u00f3 el candado y entraron, estaban ah\u00ed, en donde todo hab\u00eda comenzado. Hab\u00edan retornado los hijos de Isaura y Clemente, los nietos de Papayo.<\/p>\n<p>Sacudieron el polvo de la mesa de pino, estiraron el catre, acariciaron el piso de tierra y admiraron el patio bien cuidado, con matas de culantro, izotes, palos de caf\u00e9, almendros, papayas y mangos. Fue el regalo que les hizo Maura, la mejor amiga de Isaura que nunca perdi\u00f3 la esperanza que su amiga regresar\u00eda y por eso le llen\u00f3 de vida el sitio que se hab\u00eda empezado a llenar de monte por el abandono. Yeyo de los \u00fanicos cinco mil quetzales que llevaba como capital familiar agarr\u00f3 mil y se los dio en nombre de su madre, por los cien quetzales que le prest\u00f3 cuando se fueron. En el cementerio junto a las tumbas de sus abuelos coloraron las urnas con las cenizas de sus padres para comenzar los tres a escribir su propia historia de retorno y migraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>RELATO Yeyo creci\u00f3 viendo c\u00f3mo a su padre se le astillaba la espalda de tanto cargar sobre los hombros racimos de bananos tiernos en los d\u00edas infernales del tr\u00f3pico en Chiapas y; a su madre llenarse de quemaduras los brazos&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1297,"featured_media":1556319,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11389,54574,68],"tags":[89229,54175],"class_list":["post-1556316","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-contenido-original","category-migrantes-es","category-norteamerica","tag-cuadernos-de-cultura","tag-migrantes-es"],"yoast_head":"<!-- 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