{"id":1489823,"date":"2021-12-19T02:39:49","date_gmt":"2021-12-19T02:39:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=1489823"},"modified":"2021-12-16T19:00:15","modified_gmt":"2021-12-16T19:00:15","slug":"microficciones-de-mujeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2021\/12\/microficciones-de-mujeres\/","title":{"rendered":"Microficciones de mujeres"},"content":{"rendered":"<blockquote><p><em>Ellas se corren del lugar.<br \/>\n<\/em><em>Ellas se corrieron del lugar habitual y dejaron de victimizar<\/em>se.<\/p><\/blockquote>\n<p>\u00bfC\u00f3mo cambiar\u00eda el mundo si ellas dejaran de hacer sus vidas habituales y desde ese nuevo lugar produjeran cambios inexplicables?<\/p>\n<p>Las mujeres pondr\u00e1n sus nuevas emociones en todo lo que hagan, experimentar\u00e1n una riqueza de sentimientos y de vida interior que ser\u00e1 muy satisfactoria para la experiencia de todas. No es una cat\u00e1strofe modificar sentimientos, es poner luz sobre la oscuridad de esas conciencias obnubiladas por permanentes emociones negativas.<\/p>\n<p>Empezar\u00e1 un tiempo de equilibrio emocional, mental, f\u00edsico y psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Comenzar\u00e1n a participar en actividades o en grupos para despertar las conciencias: por estas revelaciones y cambios, incomodamos, molestamos en el mundo patriarcal de la esclavitud, nosotras queremos dejar de ser las v\u00edctimas. \u00a1Qu\u00e9 osad\u00eda!<\/p>\n<p>Estas microficciones son una selecci\u00f3n de relatos de mujeres, le\u00eddos y escuchados a lo largo de mi vida. Sus versiones originales se pueden encontrar en: <a href=\"https:\/\/estherdelvenne.blogspot.com\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/estherdelvenne.blogspot.com\/<\/a><\/p>\n<h3><strong>Microficci\u00f3n I. Esa obra de arte<\/strong><\/h3>\n<p>Martita viv\u00eda con su esposo y sus tres hijos. Ten\u00eda todo en orden: su casa, la educaci\u00f3n de los hijos, la atenci\u00f3n al esposo en todas sus dimensiones. \u00c9l pod\u00eda llevar adelante su empresa y sus intenciones pol\u00edticas sin ning\u00fan inconveniente, porque Martita le acomodaba toda la vida sin ninguna resistencia.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, Lucila la invit\u00f3 a pasar la tarde en una exposici\u00f3n de pinturas. Entr\u00f3, no muy convencida, a la sala donde estaban los cuadros de Vincent Van Gogh, pase\u00f3, mir\u00f3 con detalle los destellos de luz que hab\u00eda en sus colores, la fuerza que transmit\u00edan sus historias, pudo trasladarse a campos de trigo amarillo, subi\u00f3 por los azules de sus cielos, descubri\u00f3 los caminos andados por \u00e9l.<\/p>\n<p>Sent\u00eda que se elevaba del piso, volaba; de repente sinti\u00f3 un tir\u00f3n, y volvi\u00f3 a la sala.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a su casa y mientras estaba preparando la cena, se di\u00f3 cuenta que ya no era la misma, abr\u00eda la heladera y algo raro le pasaba, pon\u00eda la carne en la mesada y no pod\u00eda cortarla porque algo en su mente la interrump\u00eda, se le acercaba su hija a abrazarla y no sent\u00eda lo mismo, su esposo la abrazaba y percib\u00eda rechazo. Los atend\u00eda a todos pero no estando presente, se hab\u00eda corrido de un lugar al que no pod\u00eda volver de la misma manera.<\/p>\n<p>Se pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00eda pasado que cuando se corri\u00f3 del lugar habitual de estar en su mundo, todo se modific\u00f3. Tal vez fue Van Gogh, los colores, la luz de la pintura. No, se hab\u00eda dado un tiempo para disfrutar de ella misma y decidi\u00f3 comenzar a vivir expresando lo que sent\u00eda a trav\u00e9s de un lienzo.<\/p>\n<h3><strong>Microficci\u00f3n II. Las puertas<\/strong><\/h3>\n<p>\u2014\u00bbMe duele, no me pegues m\u00e1s\u00bb, le dijo Rita a Eduardo, pero \u00e9l como si no escuchara nada, casi como si fuera un placer, descargaba toda su fuerza sobre ella. As\u00ed era casi siempre, se quedaba dormida del agotamiento, del dolor, del sinsentido que le produc\u00eda esta vida.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, cuando se despertaron y \u00e9l intent\u00f3 besarla, ella ten\u00eda el labio con sangre, la abraz\u00f3 y se quej\u00f3 del dolor, le vi\u00f3 los moretones, le pidi\u00f3 disculpas, llor\u00f3, le prometi\u00f3 que nunca m\u00e1s lo har\u00eda. Ella le cre\u00eda, lo perdonaba sabiendo que no era verdad, pero se sent\u00eda tan d\u00e9bil que no pod\u00eda pensar, no se imaginaba c\u00f3mo ser\u00eda salir de all\u00ed.<\/p>\n<p>Un d\u00eda escuch\u00f3 el timbre y apareci\u00f3 Delia, la vecina, a pedirle una camisa prestada. Cuando se fue cerr\u00f3 la puerta y\u00a0 ella escuch\u00f3 el sonido de las bisagras oxidadas al cerrarse y en ese momento, fue como ver la puerta por primera vez. Hay una puerta, se dijo. Hay puertas por donde las personas entran. Entran para vivir vidas, momentos, instantes o a\u00f1os y salen de situaciones: de esas vidas, momentos, instantes o a\u00f1os, tambi\u00e9n por puertas. Las vidas cambian gracias a las puertas, se repet\u00eda.<\/p>\n<p>Observ\u00f3 la puerta nuevamente, la abri\u00f3, todo suced\u00eda como si fuera en c\u00e1mara lenta. Al abrirla vio el sol, el barrio, el sonido del canto de los p\u00e1jaros, el olor a pasto mojado, sali\u00f3 a la vida, a la vida nueva, camin\u00f3 horas por aquellas calles de tierra. As\u00ed se fu\u00e9, ella sola, caminando.<\/p>\n<h3><strong>Microficci\u00f3n III. Verdadera decisi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Estela en su escritorio todas las ma\u00f1anas no pod\u00eda soportar su ansiedad, su disgusto, su culpa, los temores que ten\u00eda cada vez que el Sr. Richmond la llamaba a su despacho para darle el trabajo del d\u00eda. En su casa, no hab\u00eda ya ni qu\u00e9 comer.<\/p>\n<p>Asustada, acud\u00eda al llamado y se sentaba con un anotador del otro lado del escritorio donde su jefe la observaba detalladamente, se paraba y caminaba a su alrededor. Dada la situaci\u00f3n \u00e9l se aprovechaba de su poder. Era tal la necesidad que ten\u00eda de ese dinerillo a fin de mes, que aprendi\u00f3 cosas que hab\u00eda rechazado toda su vida.<\/p>\n<p>Al cabo de un a\u00f1o, el jefe ya la miraba con otros ojos, si bien no hab\u00eda dejado de degradarla, gritarle, maltratarla y hasta, a veces, hacerle propuestas deshonestas: solo para verla aferrarse como un \u00e1guila a su presa para poder sostener ese trabajo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda de mucha tensi\u00f3n, ella le pidi\u00f3 por primera vez salir un rato antes, su hija ten\u00eda un tratamiento m\u00e9dico complejo y ella ten\u00eda que acompa\u00f1arla; \u00e9l le dijo que no a los gritos. Entonces, ella se dio vuelta, fue hasta su oficina, tom\u00f3 su abrigo, su cartera y fue caminando hasta la salida donde estaba el ascensor. Ese recorrido lo hizo en un estado muy especial, como mirandose desde arriba, segura, firme, atenta. No volvi\u00f3 la cabeza para mirar hacia atr\u00e1s, casi segura de que un batall\u00f3n de seres muy violentos ven\u00eda por ella.<\/p>\n<p>Estela vio la puerta del ascensor abrirse y entr\u00f3, toc\u00f3 el bot\u00f3n de planta baja, la puerta se cerr\u00f3 y un chorro de adrenalina le corri\u00f3 por todo el cuerpo.<\/p>\n<p>En ese momento, se di\u00f3 cuenta que pod\u00eda cambiar la direcci\u00f3n de los acontecimientos de su vida, solo con correrse del lugar del temor.<\/p>\n<h3><strong>Microficci\u00f3n IV. El fuego abrasador<\/strong><\/h3>\n<p>\u00a1Me pregunto por qu\u00e9 solamente voy a trabajar en yeso y no me anim\u00f3 a otro material!<\/p>\n<p>Elba trabajaba sus piezas en materiales simples, inventaba, copiaba. Una rutina que llevaba a\u00f1os. Ella sent\u00eda que le hac\u00eda falta algo m\u00e1s, la rutina la aburr\u00eda. Le tem\u00eda al fuego, cre\u00eda que al cocinar las piezas algo le pasar\u00eda, tal vez un miedo a la vida misma: el fuego era la vida.<\/p>\n<p>Le ten\u00eda respeto al fuego, alguna vez hab\u00eda trabajado con \u00e9l. Se alteraba, gritaba, soltaba todos sus instintos y sal\u00eda de ese lugar tan calmo y previsible en el que viv\u00eda.<\/p>\n<p>El temor a la locura no la impulsaba a jugarse, como en todas las situaciones de su vida.<\/p>\n<p>Cuando pensaba en esta posibilidad se le tensaba el cuerpo, los hombros le dol\u00edan, dejaba de respirar.<\/p>\n<p>Pero algo diferente hab\u00eda pasado porque se lo pregunt\u00f3: ya di\u00f3 el primer paso, solo la pregunta la ubicaba en la posibilidad de hacer algo distinto, de correrse del lugar habitual.<\/p>\n<p>Entonces, se dijo, tiene que ser ahora. Se levant\u00f3 de donde estaba, fue a buscar le\u00f1a, prepar\u00f3 el lugar para hacer la primera llamita y a partir de all\u00ed, se aceler\u00f3 todo; sumo las ramas, hojas, yuyos. Cuando vio la chispa prender, agreg\u00f3 los troncos. De a poco, vi\u00f3 las llamas crecer, comenzaron a aparecer las primeras brasas, esas que le permitir\u00edan avivar y conservar su fuego. Ella se sumergi\u00f3, se ba\u00f1\u00f3 con \u00e9l en ese sue\u00f1o borracho y caliente, se encontr\u00f3 con su ser: candente, explosivo, transformador, transmutador.<\/p>\n<p>Cuando tom\u00f3 temperatura, hizo un lugar limpiando de brasas el piso; velozmente separ\u00f3 las piezas ya secas, y comenz\u00f3 a acercarlas a ese lugar para cocinarlas. Ve\u00eda c\u00f3mo se iban poniendo rojas, incandescentes, transparentes.<\/p>\n<p>As\u00ed sali\u00f3 esculpiendo y cocinando sus mejores piezas.<\/p>\n<h3><strong>Microficci\u00f3n V. No pases m\u00e1s facturas<\/strong><\/h3>\n<p>Como hac\u00eda muchos a\u00f1os, se levantaba muy temprano, casi a rega\u00f1adientes, sobre todo en invierno, odiaba el invierno; mientras calentaba el agua para el desayuno, ve\u00eda de reojo la habitaci\u00f3n de las ni\u00f1as, iba hacia all\u00ed, las arropaba, las miraba con mucho amor como a dos perlitas brillantes. No la estaban pasando bien. Ten\u00eda que hacer un esfuerzo de voluntad grande para seguir adelante, hab\u00eda postergado proyectos, renunciado a lo que m\u00e1s le gustaba.<\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana, rumbo a su trabajo en el colectivo abarrotado de gente iba pensando c\u00f3mo hacer para liberarse de ese dolor profundo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo superar esta situaci\u00f3n que le llevaba ya varios a\u00f1os? All\u00ed, entre el tumulto y el bullicio, de repente se le abri\u00f3 el espacio interno y se pregunt\u00f3: \u00bfy si dejo de pasar facturas? \u00bfy si dejo de reclamar? Fue revelador. Una gran alegr\u00eda, una hermosa sonrisa en su silencio, as\u00ed fue como sinti\u00f3 una tremenda liberaci\u00f3n. Ella se har\u00eda cargo de todo.<\/p>\n<p>En realidad, lo hab\u00eda provocado porque durante a\u00f1os hab\u00eda tocado ese lugar, y lo iba amasando. Las im\u00e1genes de nuevas formas de estar en la vida diaria le suced\u00edan una tras otras sin parar, el cuerpo se le iba aflojando y ya no sent\u00eda fr\u00edo, el pecho se le expand\u00eda, los ojos se le llenaban de l\u00e1grimas de alegr\u00eda, una emoci\u00f3n inmensa la invad\u00eda. Una gran liberaci\u00f3n que le permitir\u00eda hacer lo que quisiera sin tener culpas, sin temor al fracaso, todo desde ella.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un largo d\u00eda de trabajo, al regresar a su casa, se sent\u00f3, c\u00f3moda, sin sus murmuraciones internas ni los bullicios de la ciudad y agradeci\u00f3 profundamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ellas se corren del lugar. 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