{"id":1324207,"date":"2021-03-21T14:31:34","date_gmt":"2021-03-21T14:31:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=1324207"},"modified":"2021-03-21T14:31:34","modified_gmt":"2021-03-21T14:31:34","slug":"los-desposeidos-cronica-de-la-violencia-del-capital","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2021\/03\/los-desposeidos-cronica-de-la-violencia-del-capital\/","title":{"rendered":"Los despose\u00eddos: cr\u00f3nica de la violencia del capital"},"content":{"rendered":"<p>Por Jorge Molina Araneda y Patricio Mery Bell<\/p>\n<p>Durante el siglo XIX se conjugaron a la perfecci\u00f3n un conglomerado de desarrollos te\u00f3ricos, proyectos e ideas cuyo hilo conductor tem\u00e1tico daba cuenta de una particular afinidad: el laissez faire de los fisi\u00f3cratas franceses; las elucubraciones de Adam Smith sobre el libre juego de las apetencias ego\u00edstas y su posterior armonizaci\u00f3n como corolario de una \u201cmano invisible\u201d; la centralidad que otorgaba John Locke \u2013propietario de esclavos al igual que muchos de sus colegas liberales\u2013, al derecho \u201cnatural\u201d a la propiedad privada; el triunfo cient\u00edfico y civilizatorio de la Europa blanca basado en la concepci\u00f3n lineal y ascendente de la historia (que culmin\u00f3 en la justificaci\u00f3n de la conquista y colonizaci\u00f3n de los \u201csalvajes\u201d); el positivismo de Augusto Comte como consecuencia final de dicho \u201cprogreso\u201d; las interesadas lecturas \u201csociales\u201d de las tesis naturalistas darwinianas enfatizando los conceptos de \u201clucha por la vida\u201d, \u201cselecci\u00f3n natural\u201d y \u201csupervivencia del m\u00e1s apto\u201d; la reivindicaci\u00f3n, insinuada por Herbert Spencer, de una relaci\u00f3n \u201chumana\u201d fundada en la fuerza, la carro\u00f1a y la aniquilaci\u00f3n de los d\u00e9biles. En fin\u2026la defensa incondicional de una organizaci\u00f3n social inspirada en las leyes de la biolog\u00eda y basada en el \u201cjusto\u201d dominio \u201cnatural\u201d de los m\u00e1s fuertes (los elegidos, los mejores, los emprendedores, los propietarios, los hombres de negocios) sobre los m\u00e1s d\u00e9biles (los\u00a0inadaptados, los perezosos, los incultos, los desheredados, los marginales). Una verdadera alquimia entre el liberalismo econ\u00f3mico, el darwinismo social y el positivismo cient\u00edfico que instauraba un orden (capitalista) y una normatividad (moral) sustentados en la violencia, la riqueza y la voluntad de dominio. Tal como afirmaba el fil\u00f3sofo y m\u00e9dico holand\u00e9s Bernard de Mandeville en su c\u00e9lebre F\u00e1bula de las abejas, el origen del capitalismo y la propiedad privada habr\u00eda que buscarlo en el vicio (deseo individual de poder y riqueza) y no en la virtud (el bien com\u00fan). La crisis mundial de ls d\u00e9cada de 1930 constituye, de alg\u00fan modo, un estallido inevitable propiciado por el \u201clibre juego\u201d de la voracidad ilimitada y de los ego\u00edsmos desenfrenados, un recargado \u201cdejar hacer\/pasar\u201d cuyo correlato deseado es la extrema debilidad de una institucionalidad estatal-pol\u00edtica para evitar y o morigerar los da\u00f1os infligidos por la depredaci\u00f3n mercadoc\u00e9ntrica.<\/p>\n<p>Tanto la Inglaterra de la gran revoluci\u00f3n industrial como sus posteriores competidoras (muy especialmente, EE.UU y Alemania) lograron transformarse en grandes potencias mundiales, desarrollar sus industrias y tecnolog\u00edas, y competir de un modo ventajoso gracias a las pol\u00edticas que proteg\u00edan celosamente dicha actividad. Del mismo modo, la recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica ocurrida tras la crisis del &#8217;30, solo fue posible por la confluencia de varios factores: las pol\u00edticas expansivas del gasto p\u00fablico, la implementaci\u00f3n de controles y regulaciones estatales y la\u00a0utilizaci\u00f3n de las m\u00e1s diversas herramientas intervencionistas orientadas a proteger a los sectores productivos y redistribuir la riqueza. No obstante, resultar\u00eda antojadizo asegurar que dicho \u201cbienestar\u201d fue el resultado de una teor\u00eda econ\u00f3mica basada en el crecimiento con igualdad, que tuviera por finalidad instaurar la equidad distributiva o bien, la justicia social. Este modelo keynesiano fue un instrumento destinado a reformular un capitalismo liberal en franca bancarrota y a contrarrestar, al mismo tiempo, la \u201camenaza comunista\u201d. Por entonces, la din\u00e1mica misma del capital exig\u00eda la expansi\u00f3n de los mercados internos y, por consiguiente, el pago de salarios elevados (Henry Ford lo hab\u00eda previsto tempranamente). Por otra parte, en su versi\u00f3n europea, el WelfareState tambi\u00e9n se propuso garantizar condiciones dignas de salud, educaci\u00f3n y vivienda en tanto \u201cingresos indirectos\u201d que s\u00f3lo pod\u00edan sostenerse mediante pol\u00edticas tributarias agresivas y progresivas. He aqu\u00ed los denominados \u201ctreinta a\u00f1os dorados del capitalismo\u00bb, un tiempo signado por la decisiva intervenci\u00f3n estatal, la industrializaci\u00f3n acelerada, el pleno empleo, la expansi\u00f3n del gasto p\u00fablico, el incentivo del consumo interno y el fortalecimiento del poder sindical. Poco importa si ello se debi\u00f3 a la astucia de Roosevelt, a la agudeza te\u00f3rica de Keynes, a la reactivaci\u00f3n impulsada por el Plan Marshall (una inyecci\u00f3n de 12 mil millones de d\u00f3lares que permiti\u00f3 a la Europa occidental recuperarse de la devastaci\u00f3n ocasionada por ambas guerras) o a la conjunci\u00f3n de todos estos factores.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo que el sistema insinuaba un rostro benefactor, despuntaba un grupo de intelectuales y empresarios liberales cr\u00edticos de la metaf\u00edsica naturalista, es decir, de la ingenua confianza del liberalismo cl\u00e1sico en la armonizaci\u00f3n natural de los ego\u00edsmos. Comenzaron a reunirse en reducidos\u00a0coloquios, en peque\u00f1os c\u00edrculos, en sociedades secretas, en la Facultad de Econom\u00eda de Londres o en la Universidad de Chicago -cuyos Chicago boys, liderados por Milton Friedman, celebraron el golpe de Estado contra Allende y se convirtieron en la principal fuente de inspiraci\u00f3n de Jos\u00e9 Mart\u00ednez de Hoz, durante la dictadura de Videla-. Uno de los m\u00e1s destacados profesores de la facultad londinense fue el economista Friedrich Von Hayek, representante de la escuela austr\u00edaca y disc\u00edpulo de Ludwig Von Mises. Hered\u00f3 de su maestro un profundo rechazo por el socialismo y por toda experiencia colectivista a la que juzgaba como un atentado contra la libertad humana. En su obra m\u00e1s influyente, Camino de servidumbre (1944), extrema las tesis de Mises para afirmar no s\u00f3lo que cualquier intento de planificaci\u00f3n econ\u00f3mica y reparto equitativo de la riqueza conducen al totalitarismo, sino adem\u00e1s, que todo ideal de justicia distributiva acaba por destruir el imperio de la ley al forzar a personas diferentes para lograr iguales resultados. Por consiguiente, no debiera sorprendernos cuando un liberal como Hayek afirma que \u201cla dictadura puede ser necesaria\u201d para la instauraci\u00f3n de las pol\u00edticas neoliberales, o que \u201ccon Pinochet, la libertad es mayor que con Allende\u201d, o que \u201csiempre es preferible una dictadura liberal a una democracia sin liberalismo\u201d. Ni much\u00edsimo menos extra\u00f1arnos que su maestro Von Mises haya asegurado que el fascismo y las dictaduras salvaron a la civilizaci\u00f3n europea (eufemismo de propiedad privada). Para estos economistas ultraliberales, es el desmantelamiento de las libertades pol\u00edticas el que permite la proliferaci\u00f3n de las libertades individuales. En nombre de estas \u00faltimas, bien valdr\u00edan entonces, los genocidios, la represi\u00f3n, el terror y la desaparici\u00f3n de personas. He aqu\u00ed lo que un pensador como MaurizioLazzarato denomina \u201cla genealog\u00eda oscura, sucia y violenta del neoliberalismo, donde los torturadores militares se codean con los delincuentes de la teor\u00eda econ\u00f3mica\u201d. Descartado el funcionamiento \u201cnatural\u201d del mercado (ese engendro del liberalismo cl\u00e1sico), los neoliberales entendieron que era necesaria una intervenci\u00f3n disciplinadora capaz de generar subjetividades devastadas ya por el terror de Estado, ya por las crisis inflacionarias, ya por la producci\u00f3n a gran escala de odios y temores. La Am\u00e9rica morena se constituy\u00f3, en la d\u00e9cada de 1970, en el escenario propicio para el desembarco de un neoliberalismo que, tanto por entonces como en la actualidad, deb\u00eda recurrir a las pr\u00e1cticas fascistas como condici\u00f3n para consolidar su triunfo.<\/p>\n<p>La contracara inevitable de la recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica sostenida en la \u201cdemanda agregada\u201d, en el marco de las grandes plantas productivas de la industria fordista-taylorista, fue un elevado \u00edndice de sindicalizaci\u00f3n y, por consiguiente, el incremento de la conflictividad laboral. Esta verdadera lucha de clases ocurr\u00eda en el contexto de la competencia comercial entre EE.UU, Alemania y Jap\u00f3n. Al cabo de varias d\u00e9cadas de un elevado crecimiento \u201cinclusivo\u201d, la reducci\u00f3n de la tasa de ganancia de la econom\u00eda norteamericana, el retorno del d\u00e9ficit comercial y los efectos del shock petrolero, ocasionado por las restricciones de la OPEP y el consiguiente incremento del precio del barril de crudo, se combinaron para precipitar el desmoronamiento del Estado de Bienestar. Los paladines de la ortodoxia monetarista hab\u00edan aguardado por muchas d\u00e9cadas una gran crisis que habilitara su oportunidad. Solo en el marco de un desconcierto generalizado, de un estado de anomia colectiva o bien de una dictadura, era posible que las mayor\u00edas aceptaran pasivamente sus consabidas recetas: apertura comercial, flexibilizaci\u00f3n y precarizaci\u00f3n laboral,\u00a0ajuste fiscal, privatizaci\u00f3n de lo p\u00fablico, rebaja de salarios, jubilaciones y asignaciones, etc. Claro que este c\u00f3ctel destructivo deb\u00eda disimularse en los entresijos de un entramado discursivo obstinado en promover los comportamientos individualistas, los esl\u00f3ganes meritocr\u00e1ticos, las ret\u00f3ricas de la culpa y el sacrificio, las t\u00e9cnicas de la autoayuda y el culto de las conductas ego\u00edstas. Lejos de retirarse de la escena p\u00fablica, el Estado deb\u00eda ocuparse de articular un sistema jur\u00eddico y normativo capaz de alentar y proteger las inversiones, flexibilizar el trabajo hasta crear un clima favorable para los negocios empresariales y fortalecer la maquinaria policial para reprimir las posibles protestas sociales. La crisis capitalista de la d\u00e9cada de 1970, la ca\u00edda de los socialismos reales, la doctrina estadounidense de la Seguridad Nacional (que inspir\u00f3 a las dictaduras latinoamericanas) y las recomendaciones del Consenso de Washington, sentaron las bases para la tan esperada irrupci\u00f3n de estos lugartenientes del capital concentrado a nivel planetario. El saldo inevitable de las primeras dos oleadas neoliberales no se hizo esperar: concentraci\u00f3n de la riqueza, incremento de la desocupaci\u00f3n, la pobreza y la desigualdad, alivio de cargas fiscales para las castas patronales, libertad de acci\u00f3n para los capitales financieros, fuga de divisas y evasi\u00f3n impositiva, privatizaci\u00f3n de las empresas y de los recursos p\u00fablicos, endeudamiento externo, desfinanciamiento del Estado, reducci\u00f3n de las asignaciones sociales, recortes en los presupuestos de salud, educaci\u00f3n y vivienda, condena a la marginalidad de las mayor\u00edas populares. Lo anterior se sosten\u00eda merced a un d\u00e9bil cimiento ret\u00f3rico, como la tristemente c\u00e9lebre teor\u00eda del chorreo (efecto derrame): las regulaciones salariales a los trabajadores\u00a0son innecesarias para garantizar su bienestar y que resultan obstaculizantes para la productividad, alegando que un mercado con regulaciones m\u00ednimas o inexistentes al sector laboral incentivar\u00e1n la inversi\u00f3n, que generar\u00e1 m\u00e1s riqueza y en consecuencia, los salarios aumentar\u00e1n naturalmente.<\/p>\n<p>Esta teor\u00eda es criticada porque la existencia de las fallas de mercado\u00a0hace que sea imposible que este se autorregule de una forma perfecta para que el efecto derrame funcione. Adem\u00e1s de que los excedentes bien pueden ser depositados en para\u00edsos fiscales,\u00a0de modo que los estratos m\u00e1s pobres de la sociedad nunca podr\u00edan contemplar dicho derrame. Adem\u00e1s, un informe sobre pol\u00edtica econ\u00f3mica, de 2015, de la economista PavlinaTcherneva\u00a0describi\u00f3 los fracasos de las ganancias econ\u00f3micas crecientes de los ricos sin una participaci\u00f3n proporcional de las clases media y pobre, refiri\u00e9ndose a los problemas de las pol\u00edticas de \u00abeconom\u00eda de goteo al estilo de Reagan\u00bb y al \u00abr\u00e9gimen de derrame impulsado por el sector financiero\u00bb.<\/p>\n<p>Las relaciones entre capitalismo y democracia nunca han sido armoniosas porque aquello que resulta inherente al primero (la desigualdad) es justamente lo que la democracia se propone demoler con su obsesi\u00f3n por la igualdad. He aqu\u00ed una apor\u00eda que ha signado el curso de ambos desde hace varias centurias. De todos modos, como sugiere el soci\u00f3logo portugu\u00e9s Boaventura de Sousa Santos, si los fascismos suponen el momento extremo de dicha contradicci\u00f3n, los Estados de Bienestar europeos representan el grado m\u00e1ximo de consenso y complementaci\u00f3n\u00a0entre ambas instancias. Por su parte, el neoliberalismo del siglo XXI, a pesar de contar con el aporte inestimable de las tecnolog\u00edas digitales, los algoritmos y los dispositivos productores de subjetividad, no puede evitar recurrir a pr\u00e1cticas neofascistas como requisito ineludible para consolidar su dominio: la expl\u00edcita promoci\u00f3n de violencias destructivas contra grupos construidos como peligrosos y asociados al mal.<\/p>\n<p>En Am\u00e9rica, se desat\u00f3 una nueva guerra de \u00faltima generaci\u00f3n sobre los pueblos rebeldes de la regi\u00f3n. Una avanzada cuya direcci\u00f3n fue confiada a un triple comando: el capital financiero, las corporaciones medi\u00e1ticas y las mafias judiciales. Reaparecieron, as\u00ed, pr\u00e1cticas autoritarias, arengas estigmatizantes, odios inflamados, voluntades de aniquilamiento y chivos expiatorios. No pocos intelectuales han coincidido en caracterizar esta oleada como: neofascismo neoliberal debido a su muy particular combinaci\u00f3n entre: a) las principales herramientas de la ortodoxia econ\u00f3mica, b) los dispositivos tecno-digitales que colonizan las subjetividades, promueven comportamientos basados en el m\u00e9rito individual y cultivan el emprendedorismo auto-responsable, y c) los sistem\u00e1ticos rituales comunicacionales obstinados en actualizar temores y pulsiones de muerte que laten en los sujetos culpables y endeudados. De este modo, la legitimidad democr\u00e1tica regresaba a su grado cero ya que el neoliberalismo ven\u00eda a culminar su obra de demolici\u00f3n, arrasando con lo poco que a\u00fan quedaba en pie luego del vendaval noventista: los lazos sociales, los v\u00ednculos solidarios, las construcciones colectivas, los movimientos populares, las organizaciones sindicales, las diversas modalidades de la resistencia, el empleo registrado, los derechos sociales, la capacidad cr\u00edtica, los proyectos de pa\u00eds, la amistad, etc.<\/p>\n<p>La furia desatada de un capitalismo ilimitado (anarcocapitalismo) que ha venido barriendo con todos los obst\u00e1culos que dificultaban su expansi\u00f3n, contribuy\u00f3 a extremar el darwinismo social del siglo XIX hasta reducir los intercambios societarios a un mecanismo mercantil de \u201cselecci\u00f3n natural\u201d: los fuertes-triunfadores reciben todas las prebendas, mientras que a los d\u00e9biles-perdedores (que muy pronto ascender\u00e1n al 99% de la poblaci\u00f3n mundial) les cabe el castigo por su ineficacia y pereza. Las instituciones republicanas y las pr\u00e1cticas democr\u00e1ticas son arrojadas a los m\u00e1rgenes del modelo depredador consagrando su absoluta impotencia a la hora de controlar\/regular las arbitrariedades, los excesos y los abusos del capital. En tanto, el poder judicial se convierte en el principal aliado de las corporaciones econ\u00f3mico-financieras y medi\u00e1ticas. A diferencia de los fascismos del siglo XX, el neofascismo neoliberal del siglo XXI se halla emparentado con el mercado, la iniciativa privada y el individualismo extremo; pero en perfecta sinton\u00eda con aquellos, se vale del Estado en un doble sentido: ya sea para organizar instancias flexibilizadoras y aperturistas, adem\u00e1s de garantizar la seguridad jur\u00eddica del gran capital; ya sea para reprimir y perseguir a los grupos, movimientos y sectores sociales considerados peligrosos para sus planes.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>Se suele repetir que mientras los ricos acumulan gracias a su esfuerzo o m\u00e9rito personal y que los m\u00e1s vulnerables \u201cviven del Estado\u201d. Sin embargo, por las razones ya expuestas podemos manifestar que en la realidad (es decir, en funci\u00f3n de un cotejo emp\u00edrico entre dicha afirmaci\u00f3n y cualesquiera de los \u00edndices y\/o\u00a0las pol\u00edticas econ\u00f3micas instrumentadas desde mediados de la d\u00e9cada de 1970) ocurre una situaci\u00f3n diametralmente opuesta a dicha ficci\u00f3n. Mientras que los \u201cganadores\u201d suelen resultar beneficiados por la disminuci\u00f3n de sus cargas e imposiciones, las mayor\u00edas que nunca lograr\u00e1n acceder a dicho status (m\u00e1s all\u00e1 de las absurdas ilusiones de cierta clase media) son los que pagan la fiesta de las elites. Al menos desde los tiempos de las dictaduras (y salvo honrosas aunque breves \u201cinterrupciones populares\u201d), los sectores de mayores ingresos han sido premiados mediante una diversidad de maniobras legales e ilegales: reducci\u00f3n de aportes patronales, retenciones y cargas por bienes personales; flexibilizaci\u00f3n y precarizaci\u00f3n laboral; capacidad monop\u00f3lica u oligop\u00f3lica para fijar precios; dolarizaci\u00f3n tarifaria; devaluaci\u00f3n; privatizaciones; contrataci\u00f3n de mano de obra esclava o semiesclava (muy especialmente en el campo, la construcci\u00f3n y la industria textil); percepci\u00f3n de subsidios e incentivos estatales; fuga de divisas, evasi\u00f3n, triangulaci\u00f3n de operaciones comerciales y utilizaci\u00f3n de \u201cempresas-fantasma\u201d para eludir contribuciones; inversi\u00f3n de sus ganancias en la timba financiera; desv\u00edos de divisas hacia guaridas fiscales; estafas reiteradas a la banca p\u00fablica; y un largo etc\u00e9tera. Su \u00fanico y exclusivo m\u00e9rito: la exigencia a los sucesivos gobiernos de que gestionen en su estricto favor. Son, por consiguiente, el resto de los mortales (los \u201cperdedores\u201d) quienes soportan todo el peso de la injusticia distributiva generada por la escasez de divisas, el ajuste fiscal, la inflaci\u00f3n, los tarifazos, la desprotecci\u00f3n laboral, el desfinanciamiento del Estado (en virtud de la reducci\u00f3n de las cargas impositivas para los patrones), el quiebre de la banca p\u00fablica, etc. Pero adem\u00e1s, los menos favorecidos de este segundo grupo (cada vez m\u00e1s numeroso) son los que realizan el mayor esfuerzo para pagar el fest\u00edn de los ricos con la desocupaci\u00f3n, la pobreza estructural, la exclusi\u00f3n, la marginalidad, el hacinamiento, la persecuci\u00f3n, la estigmatizaci\u00f3n, la c\u00e1rcel. Son los condenados a observar, con los ojos vidriosos, el desparpajo y la liviandad con que las topadoras arrasan los cuatro palos y los cinco trapos que simulaban un refugio apenas mejor que la nada, que esa nada en la que vuelven a sumirse una y otra vez. Muy lejos de abusar de la ayuda del Estado, en las \u00faltimas d\u00e9cadas estos sectores ninguneados han sido despojados de todo con la complicidad o bien con el auspicio de los gobiernos que asumieron como inevitables las recetas del Consenso de Washington.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Obten<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jorge Molina Araneda y Patricio Mery Bell Durante el siglo XIX se conjugaron a la perfecci\u00f3n un conglomerado de desarrollos te\u00f3ricos, proyectos e ideas cuyo hilo conductor tem\u00e1tico daba cuenta de una particular afinidad: el laissez faire de 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