{"id":1144682,"date":"2020-06-28T03:59:27","date_gmt":"2020-06-28T02:59:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=1144682"},"modified":"2020-06-27T14:52:52","modified_gmt":"2020-06-27T13:52:52","slug":"el-cafe-del-trams","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2020\/06\/el-cafe-del-trams\/","title":{"rendered":"El Caf\u00e9 Del Trams"},"content":{"rendered":"<h5><span style=\"color: #999999;\">RELATO<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Por<strong> Miryam R-Izquierdo<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">I<\/p>\n<p>En Luxemburgo el verano est\u00e1 escondido.\u00a0 Parece que nunca llega, pero lo que hace es mantenerse agazapado, como temeroso de dejarse sentir y revelar, con su luz, el esplendor que la ciudad puede llegar a tener.\u00a0 Por eso, el est\u00edo luxemburgu\u00e9s se asoma con timidez los viernes de junio, en los que impone un sol de horas continuas y hace subir los term\u00f3metros hasta el mismo nivel en el que, en sentido inverso, se acortan algunas faldas.\u00a0 Luego, sin previo aviso y sin conceder tiempo para predicciones, el verano se repliega y el cielo vuelve a ser gris.\u00a0 Los vientos huracanados, que siempre soplan en las colinas circundantes, comienzan a esparcir r\u00e1fagas de fr\u00edo.\u00a0 El calor se aferra al suelo en forma de humedad y, al cabo de un rato, cede y se rompe en una marabunta de agua y truenos que hace llorar de miedo a los ni\u00f1os de dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n no sab\u00eda nada de esto cuando lleg\u00f3 a Luxemburgo, pero no tard\u00f3 en descubrir que en aquel lugar la primavera se resist\u00eda a salir de su escondrijo y que, all\u00ed, el cielo era de color gris durante la mayor parte del a\u00f1o.\u00a0 En teor\u00eda aquello no supon\u00eda problema alguno para \u00e9l.\u00a0 Por m\u00e1s que su juventud hubiera transcurrido en un Madrid de azules di\u00e1fanos, era de origen asturiano y llevaba tatuada en su piel la fresca pelusilla del orvallo. \u00a0Una instant\u00e1nea del mar de Gij\u00f3n, con su hondura azul y su arena blanca, se manten\u00eda apegada a sus sienes cual persistente memoria y en Luxemburgo a veces ese recuerdo lo llenaba todo.\u00a0 No solo la brisa del Cant\u00e1brico, sino su sal, su compa\u00f1\u00eda&#8230; era lo que m\u00e1s echaba de menos en aquel pa\u00eds de molde, encajonado entre tres fronteras.\u00a0 Un primer domingo de mes, para ser m\u00e1s exacto el del mes de mayo, deambulando por el mercadillo de antig\u00fcedades que se despliega en la plaza de Guillermo II, Germ\u00e1n vio un peque\u00f1o cuadro con el relieve de una barca de pescadores sobre la playa.\u00a0 El lienzo estaba all\u00ed, en aquel baturrillo, entre las m\u00faltiples baratijas, muebles polvorientos y piezas de porcelana desparejadas que estaban a la venta.\u00a0 Sin que pudiera evitarlo, un dolorcillo amargo se le instal\u00f3 a Germ\u00e1n en los lagrimales y en sus o\u00eddos sonaron caracolas.\u00a0 Esa tarde la pas\u00f3 encerrado en casa.\u00a0 Mientras o\u00eda c\u00f3mo la lluvia golpeaba los cristales de su ventana, reley\u00f3 aquella novelita de Juli\u00e1n Ayesta, Helena o el Mar de Verano, que lo acompa\u00f1aba siempre que estaba fuera.\u00a0 El texto le devolv\u00eda, entre sus l\u00edneas, la humedad de la pleamar con su sabor a conchas.\u00a0 Y es que en Luxemburgo Germ\u00e1n ten\u00eda nostalgia, pero sobre todo se encontraba solo.<\/p>\n<p>Cuando lo despidieron del banco en el que trabajaba en Madrid, su novia, Mar\u00eda, puso el grito en el cielo.\u00a0 Germ\u00e1n intent\u00f3 hacerle ver que hab\u00eda sido una regulaci\u00f3n de empleo, que poco pod\u00eda haber hecho \u00e9l para evitar su cese y que si hab\u00eda que culpar a alguien era a la crisis, al Banco Central Europeo o al gobierno de Espa\u00f1a, pero no a \u00e9l.\u00a0 Sin embargo, para Mar\u00eda eso de tener un novio en paro, cuando el resto de sus amigas ya se estaba casando, representaba un absoluto y estrepitoso fracaso.\u00a0 A pesar de que ella misma era una opositora eterna que a sus treinta y un a\u00f1os a\u00fan no hab\u00eda cotizado ni una sola hora a la Seguridad Social, no pod\u00eda soportar que su prometido fuera, eso, un desempleado entre muchos, uno m\u00e1s de los que todos los meses hac\u00edan cola en la oficina de empleo, disponiendo de una insuficiente prestaci\u00f3n y bastante menos dinero del que ella se hab\u00eda acostumbrado a gastar.\u00a0 Gracias a las reiteradas promesas de Germ\u00e1n de que encontrar\u00eda empleo pronto, Mar\u00eda acab\u00f3 por conformarse con la nueva situaci\u00f3n, pero se pas\u00f3 varias semanas sin hablarle y luego varios meses sin ni siquiera darle un beso.\u00a0 La posibilidad de tener sexo ni se mencionaba.<\/p>\n<p>Al cabo de un a\u00f1o y medio por fin surgi\u00f3 una oportunidad para Germ\u00e1n.\u00a0 Fue a trav\u00e9s de su antiguo jefe en el banco, que hab\u00eda fichado por una entidad financiera de cierta importancia y en la que buscaban un espa\u00f1ol experto en bolsa, con buen ingl\u00e9s y conocimientos de franc\u00e9s, para la oficina de Luxemburgo.\u00a0 Germ\u00e1n no solo ten\u00eda la formaci\u00f3n, la nacionalidad y los idiomas, sino que era un empleado muy discreto, eficiente y como persona transmit\u00eda confianza como un don natural.\u00a0 Tanto Germ\u00e1n como su jefe, su familia y sus amigos, celebraron la suerte de haber recibido una oferta as\u00ed sin ni siquiera buscarla, dando por seguro que el traslado a Luxemburgo en plena crisis financiera nacional era lo mejor le hab\u00eda podido ocurrir.\u00a0 Mar\u00eda, por su parte, no lo dud\u00f3 ni un segundo: le pareci\u00f3 un desprop\u00f3sito y se neg\u00f3 a mudarse con \u00e9l a ese pa\u00eds que, \u00bfd\u00f3nde estaba?, ella ni siquiera lo ubicaba en el mapa.\u00a0 Mar\u00eda no hablaba franc\u00e9s y \u00bfqu\u00e9 iba a hacer all\u00ed?, sin amigos ni familia, sin su profesor de yoga, la monitora de pilates y el preparador de la oposici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cPues estar conmigo\u201d \u2013pens\u00f3 Germ\u00e1n con tristeza. Al parecer para Mar\u00eda eso no significaba nada.\u00a0 Pero era su novia y \u00e9l la quer\u00eda.\u00a0 La ten\u00eda que entender.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n se traslad\u00f3 a Luxemburgo a principios de enero y Mar\u00eda se qued\u00f3 en Madrid.\u00a0 Ella prometi\u00f3 visitarlo, en cuanto pudiera darle un descanso a las exigencias del estudio, y \u00e9l se comprometi\u00f3 a volar a Madrid cada dos o tres fines de semana.\u00a0 Ya le hab\u00edan contado que la vida en Luxemburgo era mon\u00f3tona y que fuera del trabajo hab\u00eda poco que hacer.\u00a0 Y as\u00ed era.\u00a0 Las condiciones de su puesto como responsable de carteras espa\u00f1olas e iberoamericanas eran inmejorables, pero la rutina de aquella fr\u00eda y hermosa ciudad era un aut\u00e9ntico aburrimiento.\u00a0 Germ\u00e1n se acostumbr\u00f3 a ir a nadar entre semana a la piscina de Le Coq, que estaba muy cerca de su oficina en el barrio de Kirchberg.\u00a0 Entre eso y conectarse para hablar con Mar\u00eda, los amigos o la familia, se le iban las tardes, que por otro lado acababan pronto.\u00a0 Los fines de semana que no consegu\u00eda vuelo para Madrid, paseaba o dorm\u00eda horas y horas, como si los s\u00e1bados y los domingos lo convirtieran de nuevo en beb\u00e9 por un hechizo m\u00e1gico.\u00a0 La primavera no mejor\u00f3 el clima, pero al menos a principios de abril Germ\u00e1n consigui\u00f3 dejar el apartahotel en el que se hab\u00eda estado alojando, en la zona de Belair, para mudarse a un apartamento alquilado en Limpertsberg, la colina de luxemburguesa de moda.\u00a0 Fue entonces cuando se empezaron a distanciar en el tiempo las visitas a Madrid.\u00a0 Primero porque Germ\u00e1n tuvo que dedicar unos cuantos fines de semana a cuestiones dom\u00e9sticas, como comprar cosas que le hac\u00edan falta para la casa y organizar el reducido espacio habitable.\u00a0 Luego porque result\u00f3 que, aunque el tiempo no acompa\u00f1ara, el min\u00fasculo aeropuerto de Luxemburgo empez\u00f3 a tener m\u00e1s tr\u00e1nsito de viajeros, pero no mucho m\u00e1s tr\u00e1fico a\u00e9reo, por lo que cada vez costaba m\u00e1s trabajo y dinero encontrar billete.\u00a0 El enlace de bajo coste del aeropuerto belga de Charleroi con Espa\u00f1a pod\u00eda haber sido una opci\u00f3n, pero no siempre hab\u00eda buenos ajustes horarios y Germ\u00e1n, que trabajaba el viernes por la tarde, deb\u00eda estar de vuelta el lunes por la ma\u00f1ana.\u00a0 Viajar en primera siempre era una posibilidad, pero Mar\u00eda se negaba.\u00a0 Nada de gastos desorbitados, dec\u00eda, porque ten\u00edan que ahorrar para la boda, lo cual quer\u00eda decir que ten\u00eda que ahorrar \u00e9l porque ella, con su oposici\u00f3n, solo aportaba gastos a las finanzas comunes de la pareja.<\/p>\n<p>Entre unas cosas y otras, lleg\u00f3 el mes de junio. Lo hizo sin que la primavera se hubiera declarado en rebeld\u00eda real frente a los cielos gris\u00e1ceos y sin que Germ\u00e1n y Mar\u00eda se hubieran vuelto a ver desde finales de marzo.\u00a0 Ella no hab\u00eda llegado a viajar a Luxemburgo en los seis meses que su novio llevaba all\u00ed y \u00e9l, por ahorrar para casarse con su remota novia, tampoco hab\u00eda vuelto a aparecer por Madrid.\u00a0 S\u00ed que hablaban todos los d\u00edas, aunque cada vez con m\u00e1s frecuencia llamaban \u201chablar\u201d a lo que en realidad no era otra cosa que intercambiar mensajes por el tel\u00e9fono.\u00a0 Nada de verse al menos en la pantalla del ordenador con cualquier aplicaci\u00f3n de voz y v\u00eddeo, nada de susurrarse cosas por un auricular, nada de intercambiar confidencias\u2026 El sexo ni se mencionaba. Y Germ\u00e1n empezaba a estar desesperado.\u00a0 No sab\u00eda si ella era capaz, pero \u00e9l no pod\u00eda seguir as\u00ed.\u00a0 Decidi\u00f3 que aguantar\u00eda hasta finales de agosto y durante el par de semanas de vacaciones que le conced\u00edan en el trabajo abordar\u00eda el tema.\u00a0 El plan para esos quince d\u00edas, como siempre, era ir a Torrevieja, a la casa de veraneo de los padres de Mar\u00eda.\u00a0 Pero Germ\u00e1n ten\u00eda claro que ese a\u00f1o iba a ser distinto.\u00a0 Se la llevar\u00eda a Asturias, aunque ella nunca quer\u00eda ir all\u00ed, y mucho menos en verano.\u00a0 Pero esta vez la convencer\u00eda.\u00a0 Pasar\u00edan sus vacaciones solos, los dos, en la casa de sus abuelos en Llanes.\u00a0 Y ah\u00ed, frente al Cant\u00e1brico, Mar\u00eda no podr\u00eda negarse.\u00a0 Ten\u00edan que casarse y hacerlo ya.\u00a0 Ella ten\u00eda que estar a su lado, ser su mujer, mudarse a ese ambiguo extranjero europeo, que para \u00e9l ten\u00eda mucho de hogar, y as\u00ed vivir juntos por fin en esa ciudad insertada entre verdes mont\u00edculos, con sus lindes de \u00e1rboles que marcaban d\u00f3nde estaba el fin del espacio urbanizado y d\u00f3nde el principio de un \u201cotro mundo\u201d, pausado y m\u00edstico, habitado por peque\u00f1as hadas, duendecillos calzados con regaliz, mosquitos gigantes y caracoles alados.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n estaba decidido y, mientras llegaban las vacaciones y no, se propuso hacerse fuerte en la distancia.\u00a0 Se impuso ver a Mar\u00eda, desde un prisma nuevo, como alguien a quien \u00e9l pod\u00eda doblegar en lugar de como alguien ante quien \u00e9l se doblegaba de continuo.\u00a0 Tanto tiempo sin verla le hac\u00eda, por el contrario, verlo muy claro: aquello iba mal.\u00a0 Pero era su novia y \u00e9l la quer\u00eda. Eso iba a ser as\u00ed, ocurriese lo que ocurriese.\u00a0 Y de hecho as\u00ed fue hasta que Germ\u00e1n conoci\u00f3 a Matilde, el \u00faltimo viernes de junio, en el Caf\u00e9 del Trams.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">II<\/p>\n<p>El Caf\u00e9 des Tramways se ubica en una esquina de la avenida Pasteur, una de las varias r\u00faas que ascienden y descienden la colina de Limperstberg, donde, al igual que en todas las de la ciudad, los vientos soplan huracanados mientras los luxemburgueses se empe\u00f1an en vivir en ellas como si el tiempo se hubiera detenido y los d\u00edas se sucedieran, unos tras otros, todos igual; como si diera lo mismo que en aquellos barrios solo existieran supermercados que cierran a las seis, peque\u00f1os restaurantes semivac\u00edos, una oficina de correos siempre a oscuras, una inmobiliaria sin clientes, una sucursal de\u00a0 banco sin actividad y ni un solo perro vagabundo que anduviese perdido.\u00a0 Flanqueada por casitas unifamiliares y discretos edificios residenciales pintados de gris piedra o blanco marr\u00f3n, la avenida Pasteur conecta el t\u00e9rmino norte de la ciudad y su acristalado centro, con una cuesta suave y un trazado que quisiera ser sinuoso sin atreverse a serlo.\u00a0 Y justo a la mitad de ese recorrido, tanto si se hace de ida como si se hace de vuelta, sin tener en cuenta el lugar desde el que se parta, la avenida hace esquina con la calle de la condesa Emersinda.\u00a0 Eso es algo que se averigua de inmediato al encontrarse uno ante un bajo relieve con el busto de Emersinda y una inscripci\u00f3n explicando c\u00f3mo fue ella quien otorg\u00f3 a la ciudad sus cartas francas, all\u00e1 por el ocaso de la Edad Media.\u00a0 En diagonal al noble busto de piedra hay uno de esos peque\u00f1os restaurantes semivac\u00edos que abundan en la colina.\u00a0 Y frente por frente est\u00e1 el Caf\u00e9 des Tramways, en contraste con el anterior siempre repleto.\u00a0 Todos los parroquianos lo conocen como el Caf\u00e9 del Trams o el Trams, a secas, lo que lo hace m\u00e1s \u00edntimo y familiar por m\u00e1s que siempre haya alg\u00fan visitante extra\u00f1o que, curioso, se pare y, ante lo inusual de su lleno, se anime a entrar.\u00a0 En el Trams se escucha jazz.\u00a0 Y a veces blues.\u00a0 Aunque se llame as\u00ed no es un caf\u00e9, sino m\u00e1s bien es un bar, donde no se merienda, sino m\u00e1s bien se picotean a modo de cena fin\u00edsimos Flammkuchen de nombre alem\u00e1n, tablas de quesos de tierras francesas, s\u00e1ndwiches troceados de se\u00f1a internacional servidos en platos alargados y \u00a0contundentes hamburguesas de buena carne luxemburguesa.\u00a0 Se beben pintas de varias clases y copas de vino de seg\u00fan qu\u00e9 color, rojas, anaranjadas, amarillentas, mientras algunos fuman en la puerta y ocupan los veladores con animada conversaci\u00f3n, y otros, en el interior, hacen lo propio en tono algo m\u00e1s quedo, cuidando el ambiente para que siempre, de fondo, se escuche sin esfuerzo sobre el fondo de murmullos lo que sea que toque esa noche, quiz\u00e1s sea jazz, quiz\u00e1s sea blues.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n se acostumbr\u00f3 a dejarse caer por el Trams casi todas las tardes al volver del trabajo, despu\u00e9s de nadar o de hacer la compra y siempre antes de cenar.\u00a0 Lo hab\u00eda descubierto nada m\u00e1s mudarse a Limpertsberg, un s\u00e1bado por la tarde.\u00a0 Caminaba hacia el \u00fanico supermercado de la colina, dos manzanas m\u00e1s abajo del busto de Emersinda, cuando se top\u00f3 de bruces con el local.\u00a0 Acababan de dar las cinco y el caf\u00e9, reci\u00e9n abierto, estaba lleno.\u00a0 A Germ\u00e1n se le dibuj\u00f3 en los labios una sonrisa.\u00a0 Por fin hab\u00eda encontrado un sitio en el que una calidez casi mediterr\u00e1nea romp\u00eda la g\u00e9lida amabilidad de Luxemburgo.\u00a0 Sin pens\u00e1rselo dos veces, hizo su adopci\u00f3n.\u00a0 El Trams ser\u00eda \u201cel bar del barrio\u201d.\u00a0 En Madrid siempre hab\u00eda tenido uno y echaba de menos en sus rutinas esos espacios de acogida y descanso.\u00a0 As\u00ed, a la altura del mes de mayo, Germ\u00e1n era ya un habitual de los atardeceres del Trams y se hizo miembro de pleno derecho de un grupito de fieles que, como \u00e9l, sosten\u00edan con placer vasos de Bofferndig o Battin mientras charlaban sobre rugby, restaurantes o mujeres, aquellos que las ten\u00edan nunca sobre las suyas y los que no, sobre las de otros.\u00a0 Por fin Germ\u00e1n ten\u00eda en Luxemburgo algo parecido a una familia.\u00a0 Y, aun as\u00ed, le faltaba algo.<\/p>\n<p>Aquel viernes, \u00faltimo de junio, Germ\u00e1n sali\u00f3 del banco hacia las siete y media, algo m\u00e1s tarde de lo habitual.\u00a0 Aunque entre semana acostumbraba ir al Trams con el mismo traje de la oficina, los viernes sol\u00eda ir primero a su casa, al final de la colina en Siggy vu L\u00ebtzebuerg, se daba una ducha tranquila y se pon\u00eda ropa de sport para alargar la noche sinti\u00e9ndose c\u00f3modo.\u00a0 Ese viernes hizo lo mismo, aunque algo m\u00e1s deprisa para no perder mucho tiempo, pues los colegas deb\u00edan estar ya en el Trams y \u00e9l ten\u00eda unas ganas locas de echar unas risas y desconectar de todo.\u00a0 Antes de salir de casa comprob\u00f3 que ten\u00eda varios mensajes de Mar\u00eda en el tel\u00e9fono.\u00a0 Se dijo que los contestar\u00eda mientras caminaba hacia el Trams, colina abajo, pero durante el trayecto recibi\u00f3 una llamada de su jefe, pidi\u00e9ndole aclaraci\u00f3n sobre unos asientos, y la conversaci\u00f3n lo dej\u00f3 sin bater\u00eda.\u00a0 Hasta la vuelta no podr\u00eda ver los mensajes de su novia ni tampoco darles respuesta, pero quiz\u00e1s alguno de los habituales llevase con \u00e9l un cargador\u2026\u00a0 o quiz\u00e1s fuese buena idea desentenderse, por una noche, de las cosas de Mar\u00eda, de sus interrogatorios sobre el curso de su d\u00eda, de sus lamentos por la escasa probabilidad de que se convocase su oposici\u00f3n y de la todav\u00eda m\u00e1s escasa y remot\u00edsima posibilidad de que ella cediera a sus ruegos, apareciera all\u00ed en cualquier vuelo, por muy caro que fuese, y pudieran tener, por fin, algo de sexo.<\/p>\n<p>Acab\u00f3 deseando que ninguno de sus colegas tuviera a mano un cargador.\u00a0 Sin embargo no hubo oportunidad de ped\u00edrselo a ninguno de ellos, porque cuando Germ\u00e1n lleg\u00f3 al Trams no hab\u00eda nadie.\u00a0 En realidad hab\u00eda bastante gente, el local estaba hasta arriba y los veladores de fuera a reventar, pero ninguno de los habituales se encontraba entre el p\u00fablico. Iba a llamarlos o a ver si le hab\u00edan enviado alg\u00fan mensaje, cuando record\u00f3 que no ten\u00eda bater\u00eda.\u00a0 Decidi\u00f3 esperar.\u00a0 Se dijo que no tardar\u00edan en llegar, por m\u00e1s que fuera extra\u00f1o que ninguno de ellos lo hubiera hecho con la hora que era.\u00a0 Germ\u00e1n se acod\u00f3 en la barra.\u00a0 Dentro del bar apenas quedaba libre una mesita de dos, una de las de dentro, justo pegada a otra en la que una chica morena de pelo lacio escrib\u00eda en una libreta.\u00a0 Germ\u00e1n pidi\u00f3 una cerveza y esper\u00f3.\u00a0 All\u00ed no aparec\u00eda nadie.\u00a0 Al cabo de media hora pidi\u00f3 otra.\u00a0 Se concentr\u00f3 en los sonidos del blues y consigui\u00f3 no pensar en nada.\u00a0 Cuando se hubo terminado la segunda cerveza, dud\u00f3 entre volverse a casa o pedir algo de comer, para as\u00ed hacer tiempo y dar a los habituales una \u00faltima oportunidad.\u00a0 Opt\u00f3 por lo segundo.\u00a0 Encarg\u00f3 en la barra una hamburguesa, acompa\u00f1ada por una tercera pinta, y le indic\u00f3 al camarero que se sentar\u00eda en la mesita de dos que estaba libre junto a la ventana, para cenar algo m\u00e1s c\u00f3modo.\u00a0 El camarero se llev\u00f3 dos dedos a la frente con la se\u00f1al de \u201ca la orden\u201d y Germ\u00e1n se dirigi\u00f3 hacia la mesa.\u00a0 Aunque el caf\u00e9 estaba repleto, y entre las dos mesitas, que estaban hermanadas, hab\u00eda una m\u00ednima separaci\u00f3n, Germ\u00e1n tuvo la impresi\u00f3n de que estaba a punto de meterse en la intimidad de la chica morena de pelo lacio que escrib\u00eda en una libreta.\u00a0 Se sinti\u00f3 obligado a preguntar:<\/p>\n<p>\u2013Excusez-moi \u2013dijo en su franc\u00e9s de sonoridad espa\u00f1olizada, al tiempo que se\u00f1alaba la mesita libre\u2013.\u00a0 C\u00b4est bien pour vous?<\/p>\n<p>La joven levant\u00f3 los ojos de la libreta y le dedic\u00f3 a Germ\u00e1n una enorme sonrisa.<\/p>\n<p>\u2013Bien s\u00fbr \u2013dijo con una \u201cbe\u201d y con una \u201cese\u201d perfectamente francesas y a continuaci\u00f3n volvi\u00f3 a sonre\u00edr\u2013. Eres espa\u00f1ol, \u00bfverdad? \u2013le pregunt\u00f3 a Germ\u00e1n para sorpresa de este.<\/p>\n<p>Aquello s\u00ed que hab\u00eda sonado perfecto.<\/p>\n<p>\u2013Claro \u2013contest\u00f3 Germ\u00e1n mientras tomaba asiento-.\u00a0 De Gij\u00f3n.\u00a0 \u00bfY t\u00fa?<\/p>\n<p>\u2013Yo de C\u00e1diz.\u00a0 \u00a1Qu\u00e9 casualidad!<\/p>\n<p>\u2013\u00bfCasualidad? \u2013se extra\u00f1\u00f3 Germ\u00e1n, divertido.<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed \u2013explic\u00f3 ella\u2013.\u00a0 No se encuentra a gente de mar por estas tierras.\u00a0 \u00bfNo me dir\u00e1s que estando aqu\u00ed no echas de menos la playa?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">III<\/p>\n<p>Hablaron de cosas intrascendentes, como los inconvenientes de esos vuelos de bajo coste que conectaban Charleroi, en B\u00e9lgica, con algunos aeropuertos de Espa\u00f1a y que tanto a Germ\u00e1n como a Matilde les espantaban.\u00a0 Tambi\u00e9n de otras de muy serias, como la tesis doctoral que estaba escribiendo Matilde, que era sobre el tr\u00e1nsito de V\u00edctor Hugo por tierras luxemburguesas y sobre la influencia del paisaje de Vianden, al norte del pa\u00eds, en alguno de sus escritos.\u00a0 Germ\u00e1n ech\u00f3 un ojo al cuaderno en el que Matilde hab\u00eda estado escribiendo, tan concentrada hasta que \u00e9l la interrumpiera.\u00a0 Se lo hab\u00eda dejado abierto, sobre la mesa, de manera algo descuidada.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfEs sobre eso sobre lo que escribes ah\u00ed? \u2013le pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Matilde rode\u00f3 con el brazo los garabatos que luc\u00edan sobre las hojas abiertas, para que ni una letra de lo all\u00ed escrito se dejara ver.<\/p>\n<p>\u2013No \u2013dijo\u2013.\u00a0 Aqu\u00ed escribo cosas.\u00a0 Cosas que quiero que pasen.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfC\u00f3mo un diario? \u2013quiso saber Germ\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2013No, no como un diario.\u00a0 Todo lo contrario.\u00a0 No s\u00e9 si lo entender\u00edas \u2013contest\u00f3.<\/p>\n<p>A Germ\u00e1n aquello le pareci\u00f3 una forma de coqueteo.\u00a0 Y le gust\u00f3. Pero no insisti\u00f3 en que le dejase ver lo que hab\u00eda escrito.\u00a0 El misterio era seductor.<\/p>\n<p>La conversaci\u00f3n se prolong\u00f3 hasta las doce, hora en la que los camareros del Trams los interrumpieron con activas indirectas: empezaron a barrer el suelo, a poner las sillas del rev\u00e9s sobre las mesas, a recoger los vasos que quedaban en las estanter\u00edas de fuera, a limpiar la barra y a bajar el volumen de la m\u00fasica, hasta que Germ\u00e1n y Matilde pudieron o\u00edr el eco que sus voces hac\u00edan en el local cerrado.\u00a0 Era hora de irse.\u00a0 Germ\u00e1n se sent\u00eda obligado a acompa\u00f1ar a Matilde.\u00a0 Quer\u00eda hacerlo, era m\u00e1s.\u00a0 Solo ten\u00edan que recoger su coche en casa, en la calle Siggy vu L\u00ebtzebuerg, al final de Limpertsberg.\u00a0 \u00c9l la acercar\u00eda a donde ella le dijese.\u00a0 \u00bfEn qu\u00e9 barrio viv\u00eda? \u00bfSola? \u00bfO con qui\u00e9n?<\/p>\n<p>\u2013\u00bfSiggy? \u00bfAh\u00ed est\u00e1 tu castillo? \u2013le pregunt\u00f3 Matilde cuando tras ellos se cerr\u00f3 la puerta del Trams.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n asinti\u00f3, algo nervioso.<\/p>\n<p>\u2013Entonces, est\u00e1 claro: t\u00fa eres Sigfrido \u2013dijo ella con convicci\u00f3n\u2013.\u00a0 Y yo hoy ser\u00e9 Melusina \u2013concluy\u00f3\u2013.\u00a0 \u00bfTe parece un buen trato?<\/p>\n<p>German sonri\u00f3 de la manera m\u00e1s amplia que se puede sonre\u00edr.\u00a0 Conoc\u00eda la leyenda del conde Sigfrido de las Ardenas, quien, tras ser seducido a orillas del r\u00edo Alzette por la sirena Melusina, decidi\u00f3 construir sobre la roca de Bock un castillo en homenaje y por amor a ella.\u00a0 Aquella construcci\u00f3n hab\u00eda sido la primera fortaleza del enclave, el origen de lo que luego se convertir\u00eda en la ciudad de Luxemburgo.\u00a0 Melusina hab\u00eda cambiado el rumbo de Sigfrido y Matilde el de Germ\u00e1n.\u00a0 No ser\u00eda \u00e9l quien la acompa\u00f1ara a ella.\u00a0 Ser\u00eda al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>Caminaron colina arriba sin que entre ellos tuviera que mediar una palabra.\u00a0 El sexo no hubo ni que mencionarlo.\u00a0 Hab\u00eda estado ah\u00ed, ganando espacio entre ambos desde la primera frase de Germ\u00e1n o desde la primera mirada de Melusina, segundos antes o despu\u00e9s, ninguno de los dos hab\u00eda medido el tiempo ni les importaba qui\u00e9n hab\u00eda seducido a qui\u00e9n.\u00a0 Durante el camino hacia Siggy, el espacio ocupado por el sexo se fue ensanchando a medida que la distancia entre ellos se estrechaba, de manera que, al llegar al peque\u00f1o apartamento de Germ\u00e1n, en la cima de Limpertsberg, el espacio tomado era tan amplio, y el que hab\u00eda entre sus cuerpos tan reducido, que las ropas les sobraban y respiraban con dificultad, todo a causa de la asfixia que aquel delicioso ocupante les estaba imponiendo.\u00a0 Esa segunda conversaci\u00f3n, la de los cuerpos, tambi\u00e9n se prolong\u00f3, pero esta vez nadie vino a interrumpirlos.\u00a0 Continu\u00f3 hasta que cada uno de ellos recuper\u00f3 el ritmo normal de su respiraci\u00f3n y, con ella, su propio espacio.\u00a0 Luego ambos se durmieron.<\/p>\n<p>Alrededor del mediod\u00eda siguiente, Germ\u00e1n se despert\u00f3.\u00a0 El lado de la cama en el que Matilde hab\u00eda ca\u00eddo rendida estaba vac\u00edo, por lo que \u00e9l dedujo que la chica se hab\u00eda ido sin hacer ruido.\u00a0 No se hab\u00edan cambiado los n\u00fameros de tel\u00e9fono.\u00a0 No sab\u00eda d\u00f3nde se alojaba.\u00a0 Luxemburgo era una ciudad peque\u00f1a, pero no tanto como para que fuera f\u00e1cil localizar a alguien con la \u00fanica referencia de que era espa\u00f1ola, a\u00f1oraba C\u00e1diz, ten\u00eda el pelo oscuro y los ojos como estrellas. Fue entonces cuando oy\u00f3 el ruido de la ducha.\u00a0 Un olor a enjabonado lo envolvi\u00f3 de sopet\u00f3n, como si estuviera oliendo s\u00e1banas en un anuncio de suavizante concentrado.\u00a0 Se incorpor\u00f3 un poco y entonces vio que la ropa de Matilde estaba sobre la cajonera de su cuarto.\u00a0 Respir\u00f3 complacido.\u00a0 Dedujo que ella se hab\u00eda levantado y se hab\u00eda metido en el cuarto de ba\u00f1o a asearse, sin atreverse a despertarlo.\u00a0 Germ\u00e1n volvi\u00f3 a recostarse.\u00a0 Se le ocurri\u00f3 que podr\u00eda sorprenderla, abrir la puerta del ba\u00f1o y compartir la ducha con ella.\u00a0 La sola idea lo excit\u00f3, pero, tras recrearse en la visi\u00f3n imaginada del cuerpo de Matilde empapado, se reprimi\u00f3 y decidi\u00f3 no hacerlo.\u00a0 No la conoc\u00eda apenas, pod\u00eda incomodarla y provocar que quisiera irse.\u00a0 Y \u00e9l lo que deseaba era que se quedara.\u00a0 Seg\u00fan contaba la leyenda, Sigfrido hab\u00eda perdido a Melusina por no haber resistido la tentaci\u00f3n de adentrarse en los aposentos privados de la sirena, que le hab\u00edan sido prohibidos.\u00a0 Al verse descubierta en su desnudez, Melusina hab\u00eda desaparecido y se hab\u00eda sumergido para siempre en las aguas del Alzette, de donde proven\u00eda.\u00a0 Germ\u00e1n a\u00fan no hab\u00eda pensado qu\u00e9 era lo que iba a pasar con Matilde, pero no quer\u00eda que desapareciera para siempre.\u00a0 De eso estaba seguro.<\/p>\n<p>El mon\u00f3tono sonido del agua, cayendo y cayendo desde la alcachofa \u00faltimo modelo, unido a los sopores, el haber dormido poco, la calidez del d\u00eda y los efluvios de la felicidad, hicieron que Germ\u00e1n se adormeciera de nuevo.\u00a0 Cuando volvi\u00f3 a abrir los ojos, el apartamento estaba en silencio.\u00a0 La luz de la tarde entraba a raudales por la ventana del dormitorio y la ropa de Matilde ya no estaba.\u00a0 Germ\u00e1n salt\u00f3 de la cama y se dirigi\u00f3 hacia el peque\u00f1o sal\u00f3n, donde no hab\u00eda p\u00e9rdida ni lugar donde esconderse.\u00a0 Ni rastro de ella.\u00a0 Maldijo su suerte, su prudencia y se maldijo a s\u00ed mismo por no haber cedido a la lujuria, por no haber irrumpido en la ducha, por no haberla retenido all\u00ed, con \u00e9l, en el castillo que hab\u00eda construido para ella sobre una roca sin nombre.\u00a0 Matilde se le hab\u00eda escurrido entre los dedos como se escurr\u00edan los camarones en los charcos del mar entre las rocas.\u00a0 Matilde hab\u00eda sido su sirena por un d\u00eda.\u00a0 Tal como hab\u00eda dicho: \u201cyo hoy ser\u00e9 Melusina\u201d.\u00a0 Y as\u00ed hab\u00eda sido, tal cual.\u00a0 Germ\u00e1n regres\u00f3 a la alcoba, cogi\u00f3 sus pantalones, taciturno, y busc\u00f3 el tel\u00e9fono m\u00f3vil.\u00a0 Estaba sin bater\u00eda desde el d\u00eda anterior.\u00a0 Lo enchuf\u00f3 para cargarlo y, mientras el aquel aparatejo del demonio se encend\u00eda y \u00e9l introduc\u00eda la contrase\u00f1a, pens\u00f3 que quiz\u00e1s en la Universidad de Luxemburgo pudieran darle alguna referencia de Matilde.\u00a0 No deb\u00eda haber muchas espa\u00f1olas haciendo una tesis doctoral sobre \u201cV\u00edctor Hugo en Vianden\u201d y aquella universidad era peque\u00f1a.\u00a0 Fue a coger el port\u00e1til para buscar en Internet los datos de contacto del Departamento de Literatura, o de Literatura Francesa, el que fuera, pero luego cay\u00f3 en la cuenta de que era s\u00e1bado.\u00a0 Volvi\u00f3 a maldecir por ello y otra vez lo hizo cuando las alertas de mensajes y llamadas perdidas de su tel\u00e9fono m\u00f3vil empezaron a repicar como locas, para despu\u00e9s tocara muerto.<\/p>\n<p>\u00a1Mar\u00eda! \u2013exclam\u00f3 Germ\u00e1n, mientras se golpeaba la frente con la palma de la mano como \u00fanica manera de volver a la realidad.<\/p>\n<p>Solo de Mar\u00eda ten\u00eda ochenta y dos mensajes de texto y diecis\u00e9is llamadas perdidas.\u00a0 Luego hab\u00eda muchas m\u00e1s, pero las otras no despertaban ninguna zozobra culpable.\u00a0 Su novia estar\u00eda furiosa por no haberlo localizado.\u00a0 Por un instante Germ\u00e1n quiso pensar que, igual, m\u00e1s que furiosa, Mar\u00eda estar\u00eda preocupada.\u00a0 Pero en seguida recapacit\u00f3.\u00a0 La conoc\u00eda bien y, si en alg\u00fan momento, en su fuero interno, la preocupaci\u00f3n por \u00e9l le hab\u00eda ganado el terreno al enfado, las tornas se cambiar\u00edan en cuanto ella viera las confirmaciones electr\u00f3nicas de los ochenta y dos mensajes de texto y Germ\u00e1n le devolviera, de golpe y solo con una, las diecis\u00e9is llamadas perdidas.<\/p>\n<p>Se par\u00f3 a reflexionar.\u00a0 \u00bfQu\u00e9 iba a hacer?\u00a0 \u00bfSe lo iba a contar?\u00a0 Lo de Matilde no hab\u00eda significado nada.\u00a0 Al fin y al cabo, no hab\u00eda sido m\u00e1s que un remake contempor\u00e1neo de la historia del conde Sigfrido y Melusina, la sirena.\u00a0 No hab\u00eda habido nada m\u00e1s que eso, un encuentro sexual pasajero, fruto de la nostalgia y la abstinencia.\u00a0 \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s daba un solo desliz, uno solo, en el curso de una relaci\u00f3n formal, de las de para casarse, que duraba desde hac\u00eda m\u00e1s de seis a\u00f1os?\u00a0 \u00bfQu\u00e9 importancia ten\u00eda?<\/p>\n<p>\u201cNinguna\u201d \u2013se dijo Germ\u00e1n\u2013.\u00a0 \u201cPorque a Mar\u00eda le dar\u00eda igual\u201d.<\/p>\n<p>Apag\u00f3 otra vez el tel\u00e9fono. Era su novia y \u00e9l la quer\u00eda, pero ella no lo quer\u00eda a \u00e9l.<\/p>\n<p>No ten\u00eda ganas de hablar, y menos con ella, as\u00ed que dej\u00f3 el m\u00f3vil apagado toda la tarde.\u00a0 Comi\u00f3 algo, se dio una ducha y luego le escribi\u00f3 a su novia un correo electr\u00f3nico en el que le dec\u00eda, a modo de telegrama, que se le hab\u00eda averiado el tel\u00e9fono, que no se preocupara, pues \u00e9l estaba bien, pero ten\u00eda que ayudar a un amigo con una seria crisis de soledad.\u00a0 En cuanto pudiera, le har\u00eda saber de \u00e9l. Sin esperar a que Mar\u00eda le respondiera, cerr\u00f3 el port\u00e1til y sali\u00f3 de su casa en direcci\u00f3n al Trams. No confiaba en que Matilde estuviera all\u00ed.\u00a0 Pero, \u00bfy si estuviera?\u00a0 De seguro, se dijo, se encontrar\u00eda con los colegas, los habituales, los del grupo.\u00a0 Ten\u00eda llamadas perdidas de algunos de ellos.\u00a0 Dos d\u00edas seguidos no pod\u00edan faltar y menos todos.\u00a0 Era s\u00e1bado.\u00a0 Alguno deb\u00eda haber all\u00ed ya, con una de Bofferding en la mano.\u00a0 Pero, \u00a1a qu\u00e9 enga\u00f1arse!\u00a0 A quien de verdad quer\u00eda encontrar era a Matilde.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a la esquina de Emersinda, Germ\u00e1n se dio de bruces con los habituales. Lo saludaron haciendo aspavientos en varios idiomas, cada uno en el suyo natal.\u00a0 \u00bfD\u00f3nde se hab\u00eda metido la noche anterior?\u00a0 Hab\u00edan estado esper\u00e1ndolo en el bar para ir juntos a Gasperich.\u00a0 \u00bfNo se hab\u00eda acordado?\u00a0 El espa\u00f1ol ten\u00eda memoria de pez.\u00a0 Una chica a la que varios conoc\u00edan daba una fiesta en su casa, en aquel barrio del sur y los hab\u00eda invitado a todos.\u00a0 Lo hab\u00edan estado llamando, pero el m\u00f3vil de Germ\u00e1n no daba se\u00f1al.\u00a0 Lo hab\u00edan pasado en grande.\u00a0 Se lo hab\u00eda perdido\u00a0 \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sido de \u00e9l?<\/p>\n<p>Germ\u00e1n hizo memoria como pudo.\u00a0 Ten\u00edan raz\u00f3n, lo hab\u00eda olvidado, lo de la fiesta y lo de cargar la bater\u00eda del m\u00f3vil&#8230;\u00a0 memoria de pez.\u00a0 Se hab\u00eda enredado en el trabajo.\u00a0 Hab\u00eda llegado al Trams m\u00e1s tarde de lo normal.\u00a0 No los hab\u00eda encontrado.\u00a0 No los pod\u00eda llamar\u2026\u00a0 Los habituales se rieron.\u00a0 Que se pidiera una pinta, le dijeron, y se dejara de excusas.\u00a0 Lo sab\u00edan todo.\u00a0 Al llegar al bar hac\u00eda un rato, uno de los camareros les hab\u00eda preguntado por el espa\u00f1ol pues, seg\u00fan les hab\u00eda explicado, la chica con la que Germ\u00e1n hab\u00eda estado cenando la noche anterior se hab\u00eda dejado algo all\u00ed, un libro, una agenda, un cuaderno, algo as\u00ed.\u00a0 Parec\u00eda que por fin el espa\u00f1olito se hab\u00eda lanzado.\u00a0 Ninguno se explicaba c\u00f3mo pod\u00eda haber estado meses y meses en barbecho, sin ligar, esperando a que lo visitase su mujer\u2026\u00a0 \u00bfDe verdad la ten\u00eda?\u00a0 Todos se carcajearon, \u00a1brib\u00f3n!, y le dieron palmaditas en la espalda, mientras a Germ\u00e1n se le abr\u00eda con el sonrojo una puerta a la esperanza.<\/p>\n<p>Los dej\u00f3 un momento fuera, junto a la puerta, donde estaban reunidos bebiendo y fumando, y entr\u00f3 en el local.\u00a0 Se acerc\u00f3 a la barra y, sin pensarlo dos veces, minti\u00f3 al camarero. S\u00ed, era cierto, la chica con la que hab\u00eda estado all\u00ed cenando la noche anterior se hab\u00eda olvidado algo y solo se hab\u00eda dado cuenta de lo que le faltaba cuando \u00e9l la hab\u00eda dejado en su casa.\u00a0 No, ella no iba a ir ese d\u00eda por el Trams, pero le hab\u00eda pedido a Germ\u00e1n que si encontraban el cuaderno, se lo recogiera.\u00a0 \u00bfPod\u00edan d\u00e1rselo?\u00a0 \u00c9l mismo se lo entregar\u00eda en mano a su propietaria en cuanto se vieran.<\/p>\n<p>El camarero no puso objeci\u00f3n alguna.\u00a0 Sac\u00f3 de debajo de la barra la libreta de Matilde y se la dio a Germ\u00e1n.\u00a0 Luego le puso una cerveza.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n abri\u00f3 el cuaderno, ansioso.\u00a0 En \u00e9l ten\u00eda que haber alguna indicaci\u00f3n, alguna pista para encontrarla.\u00a0 Ni ella era Melusina ni \u00e9l Sigfrido.\u00a0 Su historia no pod\u00eda acabar igual que la de aquellos personajes de leyenda.<\/p>\n<p>\u201cCosas que quiero que pasen\u201d, pon\u00eda en la primera p\u00e1gina.<\/p>\n<p>Germ\u00e1n record\u00f3 las palabras de Matilde la noche anterior.\u00a0 Aquel parec\u00eda ser el t\u00edtulo de lo que ella hab\u00eda estado escribiendo mientras \u00e9l dudaba si irse a dormir a casa o si quedarse en el Trams.<\/p>\n<p>Era una especie de relato, uno que para \u00e9l era conocido.<\/p>\n<p>Y comenzaba as\u00ed:<\/p>\n<p>\u201cEn Luxemburgo el verano est\u00e1 escondido.\u00a0 Parece que nunca llega, pero lo que hace es mantenerse agazapado, como temeroso de dejarse sentir y de revelar con su luz todo el esplendor que la ciudad puede llegar a tener\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Luxemburgo, junio de 2015; Sevilla, septiembre de 2015<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>RELATO &nbsp; Por Miryam R-Izquierdo I En Luxemburgo el verano est\u00e1 escondido.\u00a0 Parece que nunca llega, pero lo que hace es mantenerse agazapado, como temeroso de dejarse sentir y revelar, con su luz, el esplendor que la ciudad puede llegar&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":94,"featured_media":1144734,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[75,66],"tags":[77898,75295,63648],"class_list":["post-1144682","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura-es","category-europa-es","tag-cafe-es","tag-cuaderno-de-cultura","tag-luxemburgo-es"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.1.1 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>El Caf\u00e9 Del Trams<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"RELATO &nbsp; 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