{"id":1111301,"date":"2020-05-20T17:10:40","date_gmt":"2020-05-20T16:10:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=1111301"},"modified":"2020-05-20T17:10:40","modified_gmt":"2020-05-20T16:10:40","slug":"hambre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2020\/05\/hambre\/","title":{"rendered":"Hambre"},"content":{"rendered":"<p>Por Manuel Acu\u00f1a Asenjo<\/p>\n<p>\u2018Hambre\u2019 es el t\u00edtulo de una novela escrita por Knut Hamsun, autor escandinavo de principios del siglo XX, en donde se relatan las penurias de la poblaci\u00f3n de esa ciudad llamada Cristiania a fines del siglo 19. Pero \u2018hambre\u2019 es, tambi\u00e9n, sin\u00f3nimo de pobreza, de abandono, de sacrificio, de muerte. Un recuerdo del paso de la humanidad por el m\u00e1s abyecto estado animal. El mismo que Hobbes, en cierta oportunidad, describiera como el per\u00edodo en que \u2018el hombre, es un lobo para el hombre\u2019. Condenar a un pueblo al hambre, que representa el m\u00e1s extremo grado de miseria, s\u00f3lo podemos considerarlo como algo propio de la mente m\u00e1s afiebrada que pueda existir. Hambre, palabra que horrorizaba \u2014me lo confes\u00f3 una vez\u2014 a mi buen amigo poeta, actor, escritor, Carlos Alberto Mu\u00f1oz, all\u00e1, en su exilio, en Estocolmo. Por eso, ver esa palabra espantosa, escrita de abajo hacia arriba, en uno de los costados del edificio de la empresa Telef\u00f3nica de Chile, me hizo cavilar acerca del hambre que existe en Chile, hambre a la que se ha referido en estos d\u00edas, incluso, el propio alcalde de Santiago, Felipe Alessandri.<\/p>\n<p>Porque hay hambre en este pa\u00eds. Hambre abierta, en descubierto, hambre que se ha hecho p\u00fablica, que se arrastra por las calles y manifiesta en los pobres que hurgan al interior de los contenedores buscando bolsas de basura para ver si en ellas hay algo que puedan aprovechar. Es el hambre que exist\u00eda ya, desde antes del estallido social de 18 de octubre de 2019 y de la pandemia, invisible, en el Paseo Ahumada (y otros lugares del Gran Santiago), cuando los restaurantes y fuentes de soda, antes del cierre, botaban las sobras en los contenedores municipales para que una turba de pobres hambrientos se abalanzara, noche a noche, en busca de alimentos. Es el hambre que revienta hoy, a gritos, en la comuna de El Bosque y en otros barrios de la capital. El hambre que exist\u00eda en tiempo de Pinochet.<\/p>\n<p>Pero eso no es lo \u00fanico. Hay un hambre oculta, un hambre que se vive en silencio, el hambre del trabajador que perdi\u00f3 su trabajo o vio disminuido el sueldo que ganaba, el hambre de quien acaba de jubilar y contempla el exiguo monto del cheque que le entrega la AFP, el hambre de la mujer que se separ\u00f3 y vive sola con sus hijos en alg\u00fan departamento de la ciudad el pago de cuyo arriendo le absorbe todo lo que recibe, el hambre de los familiares de los que est\u00e1n falleciendo a causa de la pandemia de cuyo apoyo econ\u00f3mico depend\u00edan, el hambre silenciosa del pensionado que vive con su jubilaci\u00f3n miserable y, semana a semana, observa impotente subir los precios de los alimentos que consume y que ya no puede pagarlos.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 hay hambre en Chile, cuando se insiste, a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n, que el abastecimiento de toda la poblaci\u00f3n est\u00e1 asegurado? \u00bfPor qu\u00e9, entonces, los sectores altos acaparan mercader\u00edas en los supermercados y, tambi\u00e9n, algunos sectores medios que tienen capacidad para hacerlo? \u00bfQu\u00e9 hace que se reproduzcan, pero en forma inversa, hechos similares a los que hubo en el tiempo de la Unidad Popular? Porque en esos a\u00f1os hubo temor al hambre pues hab\u00eda desabastecimiento. Hoy no sucede aquello. Hay abundancia de mercader\u00edas, si creemos en las palabras de las autoridades. Y, sin embargo, hay hambre.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que muchos bienes e insumos no pueden ser comprados por muchos sectores sociales, aunque existan en el comercio, porque tales sectores no tienen dinero para hacerlo. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 ocurre todo ello? \u00bfCu\u00e1l es la causa?<\/p>\n<p>La Econom\u00eda nos ense\u00f1a que toda persona asigna a cada bien un determinado valor. Ese valor, sin embargo, es diferente si desea consumir o utilizar en provecho propio ese bien o si lo necesita solamente para cambiarlo por otro. Al primero se le llama \u2018valor de uso\u2019; al segundo, \u2018valor de cambio\u2019. El bien que se pretende cambiar raras veces se tasa por un valor equivalente al de la contraparte; lo normal es cada operador pretenda ganar algo con el acto de permutar. Es decir, obtener un r\u00e9dito, un inter\u00e9s, un mayor valor. Lo que nos hace sentar una primera premisa: todo bien es susceptible de intercambio; pero cuando dicho intercambio no tiene como finalidad el uso del mismo, lo que se busca es obtener lucro, es decir, sacar provecho de la operaci\u00f3n, transarlo a un mayor valor. Porque, no olvidarlo, la moral de la Econom\u00eda es el lucro. De lo cual se puede concluir que todo comercio es intercambio, pero no todo intercambio es comercio pues el intercambio no implica, necesariamente, realizar ganancias. El intercambio no es un acto econ\u00f3mico sino la acci\u00f3n natural de los seres humanos para entregar obras que nacen de las diferentes aptitudes y capacidades que cada uno posee. Dichas cualidades les hace producir y realizar actividades, necesarias, a menudo, para quienes no poseen las mismas. E intercambiar esas obras con otras que no pueden realizar, que les son importantes y necesarias, intercambio que debiera ser gratuito o satisfacerse con la mutua recompensa. S\u00f3lo cuando ese intercambio se hace comercial, la Econom\u00eda se hace presente. Con su moral invariable: el lucro.<\/p>\n<p>A diferencia del intercambio simple, el comercio es, fundamentalmente, intercambio lucrativo. Para ser m\u00e1s efectivo, requiere de la existencia de una mercanc\u00eda intermedia denominada \u2018dinero\u2019 que, por lo mismo, adquiere la calidad de \u2018medio de pago\u2019. Cuando el dinero es abundante, las mercanc\u00edas suben de precio porque obedecen los dict\u00e1menes de la ley de la oferta y la demanda; el fen\u00f3meno aquel se denomina \u2018inflaci\u00f3n\u2019. Pero cuando el dinero escasea, las mercanc\u00edas bajan de precio porque nadie tiene capacidad para comprarlas y el fen\u00f3meno se llama \u2018deflaci\u00f3n\u2019. De lo cual se deriva una lecci\u00f3n: en un sistema donde impera el comercio, un \u2018buen gobierno\u2019 no debe dar dinero (o restringir el acceso al mismo) a los sectores dominados o pobres, porque \u00e9stos (como son pobres) no tienen todas sus necesidades satisfechas, y el dinero que pueden recibir lo gastan, de inmediato, en comprar las cosas que requieren ocasionando escasez y, por consiguiente, \u2018inflaci\u00f3n\u2019. Y puesto que muchos bienes no se producen en el pa\u00eds y se hace necesario importarlos cuando se agotan, en Econom\u00eda se dice que los pobres, al recibir dinero en sus manos, \u2018crean presiones infllacionarias\u2019. Por eso no se les puede dar dinero sino en peque\u00f1as cantidades. Entregarlo en abundancia a la poblaci\u00f3n lo hacen s\u00f3lo los \u2018malos gobiernos\u2019. Como el de la Unidad Popular. Un \u2018buen gobierno\u2019 ha de darlo a las clases dominantes pues \u00e9stas, al tener satisfechas todas sus necesidades, toman ese dinero y lo invierten o ahorran, contribuyendo al desarrollo del pa\u00eds y fomentando lo que se conoce como \u2018ahorro nacional\u2019.<\/p>\n<p>Entonces, hay razones econ\u00f3micas que nos llevan entender lo que sucede en las econom\u00edas mundiales y por qu\u00e9 existen ciertos y determinados fen\u00f3menos, a menudo, inexplicables.<\/p>\n<p>El comercio, es decir, el intercambio para obtener r\u00e9ditos o ganancias, supone la existencia de determinadas cantidades de bienes en oferta. Si esos bienes aumentan, el precio baja y las posibilidades de obtener tales r\u00e9ditos o ganancias se hacen dif\u00edciles. Por consiguiente, las empresas no deben producir m\u00e1s que lo necesario, es decir, la cantidad necesaria de bienes a objeto de no producir una ca\u00edda en el precio de los bienes que entrega para su comercializaci\u00f3n. Y si, por cualquier motivo, lo hacen, deben destruir lo que han fabricado. De manera que, haya inflaci\u00f3n o deflaci\u00f3n, la cantidad de bienes que existen en el mercado ha de ser la misma: se trata de proteger la ganancia o el lucro de determinados grupos sociales. O dicho de otro modo: el sistema est\u00e1 hecho para que la producci\u00f3n no exceda el monto de la ganancia que ha de existir.<\/p>\n<p>El hambre de determinada poblaci\u00f3n (mundial, regional o nacional e, incluso, local) no tiene importancia para la econom\u00eda. Los seres humanos son \u2018consumidores\u2019 y\/o \u2018reguladores\u2019 de los precios establecidos. Nada m\u00e1s. Sus existencias no son relevantes para la econom\u00eda m\u00e1s que para los efectos de entregar sus energ\u00edas corporales o hacer de sujetos consumidores.<\/p>\n<p>Por lo mismo, cuando se desencadenan las crisis, los Estados pocas veces suben los sueldos de los trabajadores sino permiten que eso lo hagan determinados sectores y con ciertas limitaciones. En general, prefieren conceder \u2018bonos\u2019, por una sola vez, muchas veces con cargo a los dineros de los propios trabajadores. Cuando arrecian las circunstancias, reparten mercader\u00edas y no entregan dinero. Los estados practican el reparto de limosna a una poblaci\u00f3n que han empobrecido ellos mismos. De esa manera, conjuran cualquier amenaza de inflaci\u00f3n y pueden negociar con los grandes distribuidores de mercader\u00edas (ni siquiera con los productores) o las cadenas de negocios, dinamizando con los dineros p\u00fablicos la alica\u00edda econom\u00eda.<\/p>\n<p>Pero el hambre, si no se satisface, tiene consecuencias, puede dar origen a fen\u00f3menos insospechados. Promueve la solidaridad entre los seres humanos, sin lugar a dudas. E invita a practicar la cooperaci\u00f3n. Y a construir una nueva \u00e9tica comunitaria. Las ollas comunes, que se organizaron el Chile en 1930, y volvieron en tiempos de la dictadura pinochetista para aparecer, hoy, en pleno gobierno autoritario pi\u00f1erista, son un ejemplo de ello. Hoy, como anta\u00f1o, juntan a los rebeldes, convocan a los necesitados, aunan voluntades, incitan al di\u00e1logo y a la mutua comprensi\u00f3n, provocan intercambio de opiniones, invitan a la acci\u00f3n mancomunada. Bienvenidas sean ellas. Ya nos lo recordaba \u00d3scar Castro, cuando nos dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Qu\u00e9 cerca est\u00e1n las gentes cuando el hambre las une<\/p>\n<p>y hay s\u00f3lo ante los ojos una desnuda mesa,<\/p>\n<p>y se oyen muy distantes sonar unas pisadas<\/p>\n<p>Como el eco del agua por las mojadas piedras!\u201d<\/p>\n<p>Hambre es la palabra m\u00e1s terrible que jam\u00e1s se haya pronunciado. Pero es la que une a los sectores populares para hacerlos m\u00e1s fuertes y m\u00e1s decididos. El hambre no les arrebata su dignidad; les hace m\u00e1s rebeldes. Por eso, son reacios a aceptar limosnas o conmiseraci\u00f3n ajena. Y pocos son los que van a tolerar la ayuda por caridad. Aunque en ello les vaya la vida.<\/p>\n<p>Las grandes masacres, al igual que las grandes revoluciones, han tenido un marco similar de referencia. No tendr\u00eda por qu\u00e9 ser diferente en Chile. Si los propios sectores medios han manifestado que, en determinadas circunstancias de apremio, estar\u00edan dispuestos a perpetrar cualquier delito con tal de dar alimento a sus hijos, no debe sorprender que lo hayan empezado a hacer los sectores populares como ha sucedido en El Bosque en plena pandemia. Los saqueos no se paran con una ley. Porque el hambre no tiene l\u00edmites. Es lo que nos pone de manifiesto el t\u00edtulo de la novela del escritor noruego, aquella palabra conmovedora, la misma que brill\u00f3, resplandeciente, en medio de la noche del lunes 18 de mayo, como luminosa advertencia de lo que significan los siete meses del estallido social, all\u00e1, arriba, encaramada en lo alto de la torre del edificio de la Telef\u00f3nica, en Santiago.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Manuel Acu\u00f1a Asenjo \u2018Hambre\u2019 es el t\u00edtulo de una novela escrita por Knut Hamsun, autor escandinavo de principios del siglo XX, en donde se relatan las penurias de la poblaci\u00f3n de esa ciudad llamada Cristiania a fines del 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