Ensayo interpretativo y lectura crítica de un documento fundacional
El discurso pronunciado por el presidente chino Xi Jinping en la apertura de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial 2026 trasciende ampliamente el debate tecnológico. Su propuesta sitúa la inteligencia artificial en el corazón de la reorganización del orden internacional y plantea que su desarrollo, seguridad y distribución no pueden quedar sometidos al monopolio de unas pocas corporaciones o potencias. Detrás de conceptos como apertura, colaboración, beneficio compartido, diálogo entre civilizaciones y fortalecimiento del Sur Global emerge una tesis de mayor alcance: la paz y la estabilidad futuras dependerán de la capacidad de la humanidad para construir colectivamente las reglas de una infraestructura que transformará todos los ámbitos de la vida.
Introducción
Los discursos fundacionales rara vez son reconocidos como tales en el momento en que se pronuncian.
En general, su verdadera dimensión solo se comprende años o décadas después, cuando los procesos que anunciaban ya han transformado las instituciones, las economías, las relaciones de poder y la vida cotidiana. Antes de convertirse en acontecimientos, los grandes cambios históricos suelen formularse como ideas, doctrinas, declaraciones, programas o preguntas dirigidas a una época que todavía no alcanza a comprender plenamente su alcance.
El discurso pronunciado por el presidente de China, Xi Jinping, el 17 de julio de 2026, durante la apertura de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial y la Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la Inteligencia Artificial, celebradas en Shanghái, pertenece potencialmente a esa categoría.
Su título contiene ya una definición política: “Aunar esfuerzos para construir un sistema justo y equitativo de gobernanza global de la inteligencia artificial”.
No se trata de una conferencia técnica sobre modelos generativos, capacidad computacional, automatización industrial o ventajas comerciales. Tampoco es solamente una presentación de los avances chinos en esta materia. El núcleo del discurso está situado en otro plano: quién establecerá las normas de la inteligencia artificial, con qué legitimidad, bajo qué instituciones, para beneficio de quiénes y según qué concepción de la convivencia internacional.
Xi comienza recordando que han transcurrido setenta años desde el encuentro de Dartmouth, realizado en Estados Unidos en 1956 y generalmente considerado uno de los momentos fundacionales de la inteligencia artificial como campo de investigación. Desde esa referencia histórica, compara la transformación en curso con la máquina de vapor, la electricidad e Internet: tecnologías que no solo introdujeron nuevos instrumentos, sino que reorganizaron las formas de producción, comunicación y vida social.
La comparación es decisiva. Sitúa la inteligencia artificial en la categoría de las infraestructuras civilizatorias.
Una infraestructura civilizatoria no es simplemente una tecnología que se utiliza dentro de una sociedad. Es una tecnología que modifica la sociedad que la utiliza. Reorganiza el trabajo, el conocimiento, la educación, la administración del Estado, la seguridad, la medicina, la producción cultural, el ejercicio del poder y la relación entre los seres humanos y las máquinas.
Por esa razón, la pregunta central ya no puede limitarse a qué país producirá el sistema más avanzado o qué empresa alcanzará primero una inteligencia artificial general. La pregunta decisiva es quién escribirá las reglas de la nueva infraestructura cognitiva del planeta.
El discurso de Shanghái ofrece una respuesta china a esa pregunta.
No una respuesta exclusivamente nacional, al menos en su formulación declarada, sino una propuesta de arquitectura internacional basada en cuatro principios: apertura y beneficio compartido; seguridad y control humano; inclusión y aprendizaje entre civilizaciones; solidaridad y gobernanza multilateral.
Esos principios contienen una concepción del orden mundial. Leídos de manera conjunta, sostienen que la inteligencia artificial no debe desarrollarse como un patrimonio exclusivo de unas pocas potencias, como un arma de contención geopolítica ni como una tecnología separada de los problemas de desigualdad que atraviesan a la humanidad.
La IA aparece, en cambio, como una creación acumulativa del conocimiento humano y, por tanto, como un bien cuya gobernanza debe incorporar a la comunidad internacional.
Esta es la tesis que organiza el presente análisis:
La inteligencia artificial es el vehículo visible. La propuesta de fondo es una nueva arquitectura de gobernanza mundial.
Una arquitectura en la que la colaboración no constituye un instrumento secundario de la paz, sino una de sus condiciones estructurales.
I. Un discurso pronunciado en un punto de inflexión
El discurso de Xi no puede comprenderse aisladamente del momento histórico en que fue pronunciado.
La humanidad atraviesa una convergencia de transformaciones que, por separado, ya serían suficientes para modificar el sistema internacional: aceleración tecnológica, automatización, crisis climática, desplazamiento del eje económico hacia Asia, debilitamiento relativo de las instituciones multilaterales, guerras prolongadas, fragmentación comercial, reorganización de las cadenas de suministro, crecimiento político del Sur Global y disputa por el control de las infraestructuras digitales.
La inteligencia artificial se incorpora a este escenario no como un sector más de la economía, sino como una tecnología transversal capaz de alterar todos los demás sectores.
Por esa razón, la carrera tecnológica se ha convertido rápidamente en una carrera geopolítica.
Los semiconductores avanzados, los centros de datos, los minerales críticos, las redes energéticas, la computación en la nube, los modelos fundacionales, los algoritmos, los datos y el talento científico ya forman parte de la infraestructura estratégica de los Estados.
El lenguaje de la innovación convive crecientemente con el de la seguridad nacional.
Estados Unidos y sus aliados han impuesto restricciones a la exportación de determinados chips, equipos de fabricación y tecnologías avanzadas hacia China. Beijing, por su parte, ha acelerado la sustitución tecnológica, fortalecido su industria doméstica y desplegado una estrategia que combina planificación estatal, mercado, investigación científica, producción industrial y cooperación internacional.
La IA ha dejado de ser únicamente un espacio de experimentación científica.
- Es territorio de soberanía.
- Es capacidad productiva.
- Es poder militar.
- Es control informativo.
- Es conocimiento acumulado.
- Es capacidad de planificación.
- Es la posibilidad de establecer los estándares sobre los que operará una parte creciente de la economía y de la vida social.
En ese contexto, Xi formula varias preguntas que condensan el dilema civilizatorio: cómo convivir con máquinas capaces de “pensar”; cómo proteger la seguridad cuando los algoritmos intervienen en la toma de decisiones; cómo enfrentar los problemas éticos mediante una gobernanza capaz de adaptarse; y cómo conseguir que la inteligencia artificial llegue a todos cuando la brecha tecnológica continúa ampliándose.
No son preguntas orientadas exclusivamente a ingenieros.
Son preguntas políticas, jurídicas, filosóficas y sociales.
Interpelan la relación entre el poder humano y las máquinas, la responsabilidad ante decisiones automatizadas, la concentración de capacidades en grandes empresas y potencias, y la posibilidad de que una tecnología nacida de la acumulación histórica del conocimiento humano profundice las desigualdades existentes.
En este punto se produce uno de los desplazamientos conceptuales más importantes del discurso: el problema de la inteligencia artificial no se define solo por lo que esta puede hacer, sino por el sistema de relaciones bajo el cual será desarrollada.
La tecnología no aparece separada del orden político.
La pregunta sobre la IA es también una pregunta sobre el mundo.
II. De la carrera tecnológica a la disputa por las reglas
Una lectura superficial del escenario contemporáneo podría concluir que Estados Unidos y China compiten por desarrollar los mejores modelos, fabricar los chips más avanzados o liderar los mercados de la automatización.
Todo eso es real, pero insuficiente.
La competencia más profunda no se libra únicamente dentro del sistema tecnológico. Se libra por la capacidad de definir el sistema.
Quien establece las normas, los estándares, las instituciones, los protocolos de seguridad y los criterios de legitimidad no solo participa en el desarrollo tecnológico: condiciona el espacio en el que deberán actuar los demás.
Esta es una forma de poder estructural.
No consiste simplemente en obligar a otros actores a hacer algo. Consiste en configurar las condiciones dentro de las cuales esos actores tomarán sus decisiones.
Durante buena parte del siglo XX, las instituciones centrales del orden económico y político internacional fueron diseñadas bajo una clara hegemonía occidental. Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el sistema de Bretton Woods, la Organización Mundial del Comercio y numerosas estructuras regulatorias surgieron de correlaciones de fuerza históricas en las que Estados Unidos y Europa ocupaban el centro.
Aunque muchas de esas instituciones adquirieron un carácter multilateral y realizaron contribuciones esenciales, la distribución del poder en su interior nunca dejó de reflejar, en distintos grados, el orden del que provenían.
La inteligencia artificial abre ahora un nuevo espacio de institucionalización.
Las reglas todavía no están cerradas.
No existe un gobierno mundial de la IA.
No existe una autoridad única capaz de establecer normas universales.
Coexisten regulaciones nacionales, marcos regionales, compromisos voluntarios, principios empresariales, iniciativas de Naciones Unidas y propuestas formuladas por distintas potencias.
Estamos, por tanto, ante una fase constituyente.
Xi interviene en ese momento para afirmar que el diseño de la gobernanza no puede convertirse en el privilegio de un grupo reducido de países. Su propuesta insiste en la coordinación de estrategias, normas y estándares técnicos, con Naciones Unidas como espacio central de legitimación y con una participación ampliada del Sur Global.
En otras palabras, China no se presenta ya solamente como usuaria, fabricante o competidora tecnológica.
Se presenta como productora de instituciones.
Ese tránsito es históricamente significativo.
Durante décadas, China fue descrita como la fábrica del mundo. Luego como la gran potencia comercial emergente. Más tarde como competidora tecnológica. El discurso de Shanghái evidencia una etapa adicional: China aspira a intervenir en la escritura de las reglas internacionales.
Existe una diferencia cualitativa entre ascender dentro de un orden y participar en la construcción del orden.
La primera acción modifica la posición de un país.
La segunda modifica la estructura del sistema.
III. Primer eje: la inteligencia artificial como infraestructura del nuevo orden internacional
El primer eje del discurso consiste en elevar la IA desde el plano tecnológico al plano civilizatorio.
Xi relaciona explícitamente la actual revolución con la máquina de vapor, la electricidad e Internet. No es una analogía ornamental. Cada una de esas tecnologías transformó la organización del poder.
La máquina de vapor multiplicó la producción, reorganizó el trabajo y sostuvo la expansión de las economías industriales.
La electricidad modificó las ciudades, la industria, la comunicación y la vida doméstica.
Internet reorganizó la circulación de información, las finanzas, el comercio, la política y las relaciones sociales.
La inteligencia artificial añade una dimensión nueva: interviene en la producción de conocimiento, en la clasificación de la realidad y en la toma de decisiones.
No solo ejecuta tareas.
Selecciona, predice, jerarquiza, recomienda, interpreta y produce contenidos.
Puede asistir a un médico, controlar una fábrica, organizar el tránsito, redactar una ley, identificar un rostro, dirigir un arma, evaluar a un trabajador, predecir una conducta, diagnosticar una enfermedad o construir una narrativa política.
Por ello, gobernar la IA significa gobernar una capa transversal de la vida social.
El discurso reconoce este problema cuando plantea la necesidad de mantenerla bajo control humano, establecer leyes y reglamentos, crear sistemas de monitoreo tecnológico, alertas tempranas y respuestas de emergencia, y prevenir tanto el abuso como el uso malicioso.
Pero la propuesta va más allá de la contención de riesgos.
Xi sostiene que la IA debe convertirse en un motor de prosperidad compartida y seguridad común.
La expresión “seguridad común” es particularmente relevante. Se opone a una concepción según la cual un Estado puede construir su propia seguridad reduciendo las capacidades de los demás.
En el discurso, la seguridad de la inteligencia artificial no debería organizarse como un juego de suma cero.
La gobernanza global aparece así como un intento de impedir que la infraestructura cognitiva del siglo XXI se fragmente en sistemas cerrados, bloques tecnológicos incompatibles y jerarquías permanentes de acceso.
No se trata solo de impedir accidentes algorítmicos.
Se trata de evitar que la estructura tecnológica reproduzca y profundice la estructura desigual del poder mundial.
IV. Segundo eje: la disputa no es solo por la tecnología, sino por las normas
El segundo eje reside en la confrontación entre dos tendencias.
La primera entiende la inteligencia artificial como una capacidad estratégica que debe protegerse, restringirse y utilizarse para mantener ventajas nacionales.
La segunda sostiene que, aun reconociendo los riesgos y los intereses estatales, la naturaleza transnacional de la IA exige cooperación, estándares compartidos y mecanismos multilaterales.
El discurso de Xi se sitúa claramente en esta segunda formulación.
Su primer principio es la apertura. Llama a promover el código abierto, la colaboración, el intercambio y la aplicación de la IA en la economía real. Su objetivo declarado es que las industrias tradicionales, los nuevos sectores y las actividades futuras puedan beneficiarse de ella.
Sin embargo, el discurso introduce inmediatamente un límite: la apertura debe coexistir con seguridad, regulación y control humano.
No propone una circulación tecnológica sin normas.
Propone una gobernanza abierta, pero no desregulada.
Esta combinación es importante porque evita una falsa dicotomía frecuente en el debate: o libertad absoluta de innovación o control autoritario.
El verdadero problema consiste en construir instituciones capaces de permitir la innovación sin entregar a las corporaciones o a los Estados un poder sin supervisión.
La formulación china debe ser examinada críticamente, por supuesto. Como cualquier proyecto normativo impulsado por una gran potencia, está ligado también a intereses nacionales, necesidades de legitimidad y objetivos estratégicos.
Pero reconocer esos intereses no elimina la relevancia de la propuesta.
Todas las grandes arquitecturas internacionales han sido formuladas por actores que poseían intereses.
La cuestión no consiste en imaginar una política desinteresada, sino en analizar qué instituciones se proponen, qué grado de participación admiten, qué derechos protegen, cómo distribuyen los beneficios y qué mecanismos establecen para limitar el poder.
En Shanghái, Xi rechazó expresamente la ampliación desmedida del concepto de seguridad nacional en el campo de la IA y la idea de colocar la seguridad de un país por encima de la de los demás.
El destinatario implícito es evidente.
Las restricciones tecnológicas impuestas a China son presentadas por Beijing no como simples controles comerciales, sino como intentos de conservar una jerarquía tecnológica mediante la exclusión.
Desde la perspectiva estadounidense, en cambio, esas medidas se justifican por riesgos militares, seguridad nacional, protección de tecnologías sensibles y defensa de ventajas estratégicas.
La tensión entre ambas posiciones define una parte central del conflicto contemporáneo.
No existe aquí una disputa entre una política puramente cooperativa y otra puramente competitiva. China también protege capacidades, regula datos, desarrolla tecnologías estratégicas y persigue autonomía.
La diferencia se encuentra en el proyecto normativo que cada actor presenta al exterior.
El discurso de Shanghái busca convertir la apertura y la cooperación en fuentes de legitimidad internacional frente a una política occidental percibida por muchos países como crecientemente restrictiva.
Esta disputa será decisiva para el Sur Global.
Porque, para numerosos Estados, el problema no es elegir entre Washington y Beijing en términos ideológicos. Es acceder a tecnología, infraestructura, formación, financiamiento y capacidad regulatoria sin quedar atrapados en una nueva relación de dependencia.
V. Tercer eje: la seguridad común frente a la fragmentación tecnológica
La seguridad ocupa un lugar central en el discurso.
Pero no es presentada únicamente como protección frente a sistemas descontrolados, ataques cibernéticos, manipulación algorítmica o armas autónomas.
También se refiere a la seguridad que surge de un orden internacional menos fragmentado.
Xi afirma que la IA debe permanecer bajo control humano y que es necesario responder a sus riesgos inherentes y derivados. Al mismo tiempo, rechaza el uso expansivo de la seguridad nacional para frenar el desarrollo tecnológico de otros países.
Estas dos proposiciones deben leerse conjuntamente.
La primera reconoce que la tecnología requiere límites.
La segunda advierte que el lenguaje del riesgo puede convertirse en instrumento de poder.
La seguridad, en efecto, nunca es un concepto neutral.
Quien define qué constituye una amenaza obtiene capacidad para prohibir, excluir, sancionar y controlar.
En el campo de la IA, esa capacidad puede determinar quién accede a chips avanzados, qué laboratorios participan en redes internacionales, qué modelos pueden circular, qué empresas operan en determinados mercados y qué países permanecen relegados a consumir tecnologías que no controlan.
La fragmentación tecnológica podría producir un mundo compuesto por ecosistemas incompatibles, redes separadas, estándares rivales y cadenas de suministro sometidas a alineamientos políticos.
En ese escenario, la inteligencia artificial no uniría a la humanidad.
Reproduciría digitalmente la lógica de los bloques.
Xi ha mantenido esta crítica en discursos anteriores. En su intervención ante el Foro Económico Mundial de 2022 defendió la integración frente al desacoplamiento, pidió reglas para la IA y la economía digital basadas en consultas amplias y rechazó la construcción de “patios exclusivos con muros altos” y sistemas paralelos. También vinculó la coexistencia pacífica con la cooperación de beneficio mutuo y sostuvo que la confrontación no resuelve los problemas, sino que puede producir consecuencias catastróficas.
La continuidad es evidente.
El discurso de 2026 no representa una improvisación motivada únicamente por las restricciones actuales.
Es la aplicación al campo de la inteligencia artificial de una línea discursiva sostenida durante años: interdependencia, rechazo al desacoplamiento, multilateralismo, cooperación y desarrollo compartido.
Esto permite comprender que, en la visión presentada por Xi, la colaboración no es una concesión moral ni una etapa posterior a la estabilidad.
Es uno de sus cimientos.
La secuencia argumental puede formularse así:
- Respeto a la diversidad
- Diálogo entre civilizaciones
- Consulta amplia
- Construcción conjunta
- Beneficio compartido
- Desarrollo
- Seguridad común
- Estabilidad
- Paz
No se trata de afirmar que la política exterior china real reproduce siempre de manera perfecta ese esquema. Ninguna potencia coincide plenamente con la imagen normativa que construye de sí misma.
Pero sí se trata de reconocer que esa secuencia constituye un elemento persistente del pensamiento diplomático expresado por Xi Jinping.
VI. Cuarto eje: la colaboración como arquitectura de la paz
Este es uno de los núcleos más profundos del discurso.
Xi no presenta la cooperación como una herramienta útil para administrar relaciones internacionales que, en su esencia, continuarían gobernadas únicamente por la confrontación.
La presenta como el principio organizador de un orden estable.
En sus discursos, la colaboración aparece en múltiples planos: desarrollo, infraestructura, comercio, salud, seguridad, cultura, ciencia, educación, clima, tecnología y gobernanza.
La Franja y la Ruta fue definida en 2023 mediante los principios de planificación conjunta, construcción conjunta y beneficio compartido. En esa misma intervención, Xi sostuvo que el espíritu de la antigua Ruta de la Seda se basaba en la paz y la cooperación, la apertura, la inclusión, el aprendizaje mutuo y el beneficio recíproco.
En el Foro Económico Mundial de 2022 afirmó que la cooperación era el único camino adecuado para enfrentar una crisis global y describió a los países no como pequeñas embarcaciones aisladas, sino como pasajeros de un mismo gran barco.
En Shanghái, la misma lógica se expresa mediante una imagen distinta: “Una sola cuerda no puede producir música y un solo árbol no forma un bosque”. La inteligencia artificial, sostuvo, no debe convertirse en la actuación solitaria de un país, sino en una “sinfonía de cooperación internacional”.
La recurrencia de estas imágenes no es accidental.
- El barco compartido
- La sinfonía
- El bosque
- La Ruta de la Seda
- El jardín de las civilizaciones
Todas representan sistemas compuestos por elementos diferentes cuya existencia depende de la relación.
No proponen borrar la diversidad, sino coordinarla.
En esta concepción, la paz no es simplemente ausencia de guerra.
Es la existencia de relaciones suficientemente densas, justas y recíprocas como para que la guerra deje de ser considerada una solución racional.
La colaboración produce interdependencia.
La interdependencia genera intereses compartidos.
Los intereses compartidos crean incentivos para la estabilidad.
La estabilidad permite el desarrollo.
Y el desarrollo refuerza las condiciones materiales de la paz.
Podemos sintetizar esta visión en una formulación interpretativa:
En el pensamiento político expresado por Xi Jinping, la colaboración no constituye un instrumento de la paz; constituye su arquitectura.
Esta frase no es una cita textual del mandatario chino.
Es una conclusión que emerge de la lectura transversal de sus discursos.
Y debe ser sometida a un análisis crítico.
La interdependencia no elimina automáticamente la guerra. La historia demuestra que países profundamente conectados también pueden entrar en conflicto. El comercio no basta para neutralizar el nacionalismo, la disputa territorial, el militarismo o la lucha por la hegemonía.
Sin embargo, de ello no se sigue que la cooperación sea irrelevante.
Se sigue que debe estar acompañada por instituciones, reglas, mecanismos de resolución de controversias y una distribución razonablemente justa de sus beneficios.
La colaboración sin equidad puede convertirse en dependencia.
La interdependencia sin instituciones puede convertirse en vulnerabilidad.
La paz duradera requiere, por tanto, algo más que vínculos: requiere una arquitectura que impida que esos vínculos sean utilizados como instrumentos de coerción.
Es precisamente en este punto donde el discurso conecta la colaboración con la gobernanza.
VII. Quinto eje: el Sur Global y la posibilidad de una nueva injusticia histórica
Uno de los pasajes más relevantes del discurso es la advertencia de Xi sobre la posibilidad de crear una “nueva injusticia histórica” en la era de la inteligencia artificial.
La frase merece atención.
No habla simplemente de una brecha técnica.
Habla de injusticia histórica.
La elección conceptual sitúa la desigualdad tecnológica dentro de una secuencia más larga de concentración colonial, subordinación económica, extracción de recursos, dependencia industrial y distribución asimétrica del conocimiento.
Si las capacidades de IA quedan concentradas en un grupo reducido de países y empresas, el resto del mundo no solo tendrá menos tecnología.
Tendrá menos autonomía.
Los Estados que no dispongan de infraestructura computacional, datos, energía, talento científico y capacidad regulatoria dependerán de sistemas desarrollados fuera de sus sociedades.
Esos sistemas podrían interpretar sus lenguas, culturas, necesidades y realidades mediante categorías producidas en otros lugares.
La brecha de la inteligencia artificial es, por tanto, también una brecha de representación.
Una lengua ausente de los datos de entrenamiento posee menos existencia dentro del sistema.
Una comunidad mal representada puede ser clasificada de manera errónea.
Un país sin capacidad tecnológica propia puede quedar limitado a comprar soluciones diseñadas según prioridades ajenas.
Una administración pública dependiente de proveedores externos puede perder soberanía sobre datos estratégicos.
Una economía sin automatización competitiva puede quedar atrapada en actividades de menor valor.
Por eso, el acceso a la inteligencia artificial no puede reducirse al acceso de los consumidores a determinadas aplicaciones.
Requiere capacidad de crear, adaptar, auditar, regular y gobernar.
En Shanghái, China anunció que proporcionará durante los próximos cinco años cinco mil oportunidades de formación y seminarios en IA para países en desarrollo; promoverá centros internacionales de cooperación con la ASEAN, la Liga Árabe, la Unión Africana, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS; y permitirá que treinta países utilicen MAZU, un sistema de alerta meteorológica asistido por inteligencia artificial.
Estas medidas poseen un valor práctico, pero también político.
China está construyendo una relación directa entre su proyecto tecnológico y el Sur Global.
No ofrece únicamente productos.
Ofrece formación, instituciones, plataformas y participación en una narrativa de gobernanza más equitativa.
Esto no debe analizarse ingenuamente.
China busca influencia, alianzas, mercados, legitimidad y capacidad normativa. La cooperación internacional forma parte también de su estrategia de ascenso.
Pero reducir toda cooperación a propaganda sería igualmente ingenuo.
La pregunta rigurosa no es si China tiene intereses.
La pregunta es qué produce materialmente esa cooperación, bajo qué condiciones, con qué capacidad de decisión para los países participantes y qué alternativas ofrece frente a las estructuras existentes.
Para América Latina, África y amplias regiones de Asia, la discusión es existencial.
Ser únicamente territorio de extracción de minerales críticos y mercado de tecnologías importadas significaría repetir en la economía digital un lugar subordinado ya conocido.
Participar en la creación de normas, instituciones, aplicaciones y conocimiento abre, al menos potencialmente, otro camino.
VIII. La dimensión epistemológica: quién tiene derecho a pensar el siglo XXI
La propuesta china no interpela únicamente la distribución material del poder.
Interpela también la distribución de la capacidad para producir pensamiento legítimo sobre el orden mundial.
Durante gran parte de los siglos XIX y XX, las principales categorías utilizadas para interpretar la política internacional fueron construidas y legitimadas en centros intelectuales occidentales.
Conceptos como modernización, desarrollo, seguridad, democracia, gobernanza, racionalidad económica y orden internacional circularon desde universidades, gobiernos, organismos multilaterales y centros de estudios situados principalmente en Europa y Estados Unidos.
Esto no significa que fuera de Occidente no existiera pensamiento.
Existía y existe una enorme diversidad de tradiciones filosóficas, políticas y sociales.
El problema fue la desigualdad en su capacidad de circulación y legitimación.
Un conjunto limitado de instituciones obtuvo el poder de definir qué teorías eran universales y cuáles eran consideradas locales, culturales o periféricas.
El cambio del centro económico y tecnológico del mundo obliga ahora a revisar también el centro epistemológico.
Ya no basta con preguntar quién posee mayor capacidad militar, productiva o financiera.
Debemos preguntar:
¿Quién produce las ideas con las que el mundo interpreta el siglo XXI?
¿Quién define los problemas?
¿Quién establece las categorías?
¿Quién decide qué forma de modernización es válida?
¿Quién determina qué riesgos son universales y cuáles pueden ser ignorados?
¿Quién traduce la experiencia de la mayoría de la humanidad en conceptos capaces de orientar instituciones globales?
La insistencia de Xi en la consulta, la construcción conjunta, el aprendizaje entre civilizaciones y la participación del Sur Global permite extender la reflexión al terreno del conocimiento.
El mandatario chino no formula literalmente una teoría sobre la “producción colaborativa del pensamiento contemporáneo”.
Esa es una interpretación.
Pero es una interpretación fundada en la coherencia de su propuesta.
Si las instituciones mundiales deben construirse mediante consulta amplia, contribución conjunta y beneficio compartido, resulta legítimo preguntar por qué el pensamiento destinado a comprenderlas debería continuar concentrado en una sola tradición intelectual.
La inteligencia artificial vuelve esta cuestión todavía más urgente.
Los sistemas de IA no solo procesan información.
Incorporan taxonomías, lenguajes, valores, prioridades y representaciones del mundo.
Si la mayor parte de esos sistemas se construye a partir de datos, criterios y objetivos definidos por un grupo restringido de empresas y países, la concentración tecnológica se convertirá también en concentración epistemológica.
La humanidad corre el riesgo de delegar una parte de su memoria, su interpretación y su imaginación en sistemas que no reflejen su diversidad.
La gobernanza de la inteligencia artificial debe incluir, por ello, una gobernanza de la representación.
No basta con garantizar que diferentes países puedan usar IA.
Es necesario que puedan participar en la definición de lo que esos sistemas conocen, cómo clasifican, qué lenguas comprenden, qué culturas representan y qué valores protegen.
La cooperación tecnológica adquiere así una dimensión civilizatoria.
No se trata únicamente de compartir herramientas.
Se trata de compartir la capacidad de producir sentido.
IX. La diversidad de civilizaciones como límite al universalismo tecnológico
El tercer principio presentado por Xi en Shanghái llama a promover la inclusión y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones.
El discurso sostiene que la aplicación de la IA no debe erosionar la diversidad civilizatoria ni la singularidad cultural de los países. También afirma que la tecnología debe aumentar la comprensión, la tolerancia, los intercambios y la capacidad de compartir entre civilizaciones.
Este pasaje introduce una discusión que generalmente permanece en segundo plano.
La inteligencia artificial tiende a presentarse como una tecnología universal.
Pero ningún sistema es culturalmente neutro. Los datos sobre los que aprende reflejan sociedades concretas.
Las definiciones de seguridad, verdad, daño, privacidad, libertad, responsabilidad y bienestar no son idénticas en todas las tradiciones políticas.
El desafío consiste en evitar dos extremos.
El primero es imponer como universales los valores y categorías de los actores tecnológicamente dominantes.
El segundo es aceptar, en nombre de la diversidad cultural, cualquier práctica que viole derechos fundamentales.
Una gobernanza plural no puede ser una simple suma de relativismos.
Necesita un terreno común.
Xi habla de “valores comunes de la humanidad”, pero deja abierta una cuestión decisiva: cómo se definen esos valores, quién participa en su formulación y mediante qué procedimientos pueden convertirse en normas aplicables.
Ese vacío no invalida la propuesta. Señala el trabajo político pendiente.
El diálogo entre civilizaciones no puede limitarse a ceremonias diplomáticas. Debe traducirse en procesos reales de deliberación, negociación y construcción normativa.
En este punto, la IA podría convertirse tanto en un riesgo como en una oportunidad. Puede uniformar lenguajes, reforzar estereotipos y concentrar la producción cultural. Pero también puede facilitar traducciones, recuperar archivos, ampliar el acceso al conocimiento y permitir formas inéditas de diálogo entre comunidades.
La dirección que adopte no está determinada por la tecnología. Dependerá de la arquitectura política que la gobierne.
X. La institucionalización: de la retórica a WAICO
Un discurso adquiere mayor relevancia cuando comienza a traducirse en instituciones.
La Conferencia de Shanghái no se limitó a una declaración de principios. En su contexto se formalizó la creación de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, WAICO, mediante un acuerdo firmado inicialmente por representantes de veintinueve países.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores chino, la organización busca coordinar estrategias de desarrollo, reglas de gobernanza y estándares técnicos, promover una IA segura y equitativa, y fortalecer la capacidad de los países del Sur Global. Beijing sostiene que esta iniciativa debe operar de manera compatible con el papel central de Naciones Unidas.
La creación de WAICO constituye un paso cualitativo.
Hasta ahora, la gobernanza internacional de la IA se ha desarrollado mediante una constelación dispersa de procesos: resoluciones de Naciones Unidas, marcos de la UNESCO, iniciativas del G7, recomendaciones de la OCDE, regulaciones regionales, cumbres de seguridad, acuerdos voluntarios y políticas empresariales.
WAICO introduce una organización impulsada directamente por China y orientada explícitamente hacia la cooperación internacional.
Su relevancia futura dependerá de varios factores:
La cantidad y diversidad de sus miembros.
La participación real del Sur Global.
La transparencia de sus procedimientos.
Su capacidad de producir normas y no solo declaraciones.
Su relación con Naciones Unidas.
El grado de influencia que tendrán los Estados pequeños.
La participación de universidades, trabajadores, comunidades científicas y sociedad civil.
La existencia de mecanismos de evaluación.
La forma en que resolverá tensiones entre soberanía, derechos humanos, seguridad y desarrollo.
No sabemos todavía si WAICO se convertirá en una institución influyente, en un foro de coordinación o en un espacio principalmente diplomático.
Pero su creación demuestra que China ha pasado de formular principios a promover una estructura internacional.
Las instituciones comienzan muchas veces como proyectos modestos.
Su importancia histórica depende de la capacidad que adquieren para producir hábitos, normas, expectativas y redes de cooperación.
Por ello, sería prematuro comparar WAICO con Bretton Woods en términos de poder efectivo.
Pero no es prematuro reconocer que participa de una disputa comparable en naturaleza: la disputa por construir las instituciones de una nueva época.
XI. Lo que el discurso dice y lo que no dice
Todo análisis serio debe distinguir entre el proyecto normativo y la realidad.
El discurso de Xi propone apertura, colaboración, seguridad común, diversidad cultural, multilateralismo y equidad.
Es necesario examinar también sus silencios.
No desarrolla en profundidad cómo se protegerán los derechos individuales frente a sistemas de vigilancia.
No define mecanismos independientes de auditoría.
No explica cómo se resolverán los conflictos entre soberanía estatal y derechos humanos.
No precisa qué participación tendrán los trabajadores afectados por la automatización.
No establece cómo se distribuirán los beneficios económicos generados por la IA.
No aborda suficientemente la concentración empresarial.
No desarrolla el impacto ambiental de la infraestructura computacional.
No explica qué límites deberían aplicarse al uso militar de sistemas autónomos.
No determina cómo se garantizará la libertad científica dentro de un sistema de gobernanza internacional.
Estos vacíos son relevantes.
No disminuyen la importancia histórica del discurso, pero impiden tratarlo como una solución acabada.
Debe leerse como una propuesta de principios y dirección, no como un modelo regulatorio completo.
También es necesario evitar una idealización de China.
El país posee un sistema político centralizado, una amplia infraestructura de vigilancia -si bien casi nadie se siente realmente vigilado-, una concepción de la relación entre individuo, sociedad y Estado distinta de la liberal occidental. Esas características podrían formar parte del debate sobre cualquier papel normativo global que China aspire a desempeñar.
Pero el análisis no puede detenerse allí.
La crítica a China no exime de examinar la concentración privada de poder tecnológico en Occidente, la vigilancia comercial, la extracción masiva de datos, los sesgos algorítmicos, el uso militar de la IA o la capacidad de unas pocas corporaciones para influir sobre infraestructuras esenciales sin mandato democrático.
No existe un modelo puro enfrentado a otro defectuoso.
Existen sistemas diferentes con contradicciones, intereses y riesgos propios.
Precisamente por eso la gobernanza no debería quedar en manos de una sola potencia, empresa o tradición política.
La pluralidad no es aquí un gesto diplomático. Es un mecanismo de contrapeso.
XII. Un corpus político, no un discurso aislado
El texto de Shanghái debe leerse como parte de una continuidad.
Desde hace más de una década, Xi ha articulado una serie de conceptos recurrentes:
Comunidad de futuro compartido para la humanidad.
Consulta amplia.
Contribución conjunta.
Beneficio compartido.
Desarrollo común.
Seguridad común.
Multilateralismo.
Diálogo entre civilizaciones.
Rechazo a la mentalidad de Guerra Fría.
Oposición a los juegos de suma cero.
Respeto a diferentes vías de modernización.
Fortalecimiento del Sur Global.
Estos conceptos aparecen en sus discursos sobre la Franja y la Ruta, el Foro Económico Mundial, Naciones Unidas, los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái y las iniciativas chinas de desarrollo, seguridad, civilización y gobernanza.
En 2022 pidió reglas para la IA y la economía digital elaboradas mediante consulta plena. En 2023 definió la cooperación de la Franja y la Ruta como planificación, construcción y beneficio compartidos. En 2026 aplica el mismo andamiaje a la inteligencia artificial.
Esto permite identificar una doctrina.
No una doctrina cerrada en sentido jurídico, sino una concepción relativamente coherente del orden internacional.
Su premisa es que la humanidad enfrenta desafíos transnacionales que ningún Estado puede resolver de manera aislada.
Su diagnóstico sostiene que las instituciones existentes presentan déficits de representación y eficacia.
Su crítica apunta al unilateralismo, la fragmentación, el proteccionismo, la hegemonía y la extensión de la seguridad nacional hacia ámbitos económicos y tecnológicos.
Su propuesta se articula alrededor de la soberanía, el multilateralismo, el desarrollo y la cooperación.
Su sujeto político emergente es el Sur Global. Su horizonte es una comunidad de futuro compartido. La inteligencia artificial no reemplaza esta doctrina. Se incorpora a ella. Por eso el discurso de Shanghái es tan relevante: muestra cómo una visión construida durante años se adapta a la tecnología que probablemente reorganizará el siglo XXI.
XIII. Periodismo, fuentes primarias y soberanía interpretativa
Existe una razón periodística fundamental para leer este discurso de manera extensa.
Vivimos en un ecosistema de información fragmentada.
Los discursos llegan al público convertidos en titulares.
Los documentos estratégicos son reducidos a tres frases.
Las agencias seleccionan aquello que consideran noticioso.
Los medios reorganizan ese material según sus propias líneas editoriales.
Las redes sociales separan las afirmaciones de su contexto.
Los algoritmos privilegian la reacción inmediata sobre la comprensión.
El resultado es una paradoja.
Nunca tuvimos acceso a tanta información y, sin embargo, una parte creciente del debate público se desarrolla sin leer las fuentes originales.
Para el periodismo de investigación e interpretación, esta renuncia es peligrosa.
Quien no consulta los documentos primarios termina dependiendo de la selección realizada por otros.
Y toda selección contiene una mirada. Leer el discurso completo no implica adherir a él. Significa recuperar soberanía interpretativa. Permite examinar la arquitectura argumental, las recurrencias, las omisiones, los conceptos y las relaciones internas que desaparecen cuando el texto se fragmenta.
En este caso particular, citar ampliamente los pasajes relevantes es indispensable porque la importancia del documento no reside en una frase aislada. Reside en la articulación de un sistema:
Apertura vinculada a innovación.
Seguridad vinculada a control humano.
Diversidad vinculada a civilizaciones.
Solidaridad vinculada a gobernanza.
Gobernanza vinculada a Naciones Unidas.
Cooperación vinculada al Sur Global.
Desarrollo tecnológico vinculado a la paz y la estabilidad.
La unidad de sentido se pierde cuando esos elementos son presentados por separado.
Por ello, la incorporación de citas relevantes no cumple una función decorativa.
Permite que el lector observe directamente la fuente sobre la cual se construye el análisis.
En un tiempo de propaganda, desinformación y simplificación geopolítica, mostrar la fuente constituye también una práctica democrática.
XIV. No una adhesión, sino una invitación a pensar
La publicación y el análisis de este discurso no deberían interpretarse como adhesión automática a la política china.
El periodismo no trabaja con documentos primarios para venerarlos.
Trabaja con ellos para comprender el poder.
El discurso debe ser leído críticamente.
Sus conceptos deben compararse con las prácticas.
Sus promesas deben ser examinadas en el tiempo.
Sus instituciones deben evaluarse según sus resultados.
Sus silencios deben ser interrogados.
Pero una crítica rigurosa comienza por conocer aquello que critica.
Durante demasiado tiempo, una parte del debate occidental sobre China se ha construido mediante categorías heredadas, simplificaciones ideológicas y fuentes secundarias. Y mucha, pero mucha, muchísima desinformación.
Al mismo tiempo, una parte de los discursos favorables a China ha caído en el error opuesto: reemplazar el análisis crítico por una narrativa celebratoria.
Ambos enfoques son insuficientes.
China no debe ser demonizada ni idealizada. Debe ser estudiada.
Y estudiar implica reconocer que produce pensamiento político, instituciones, tecnologías y propuestas capaces de influir en la organización futura del mundo.
El debate no puede reducirse a decidir si Occidente o China “tienen razón”.
La pregunta histórica es más amplia:
¿Cómo construiremos un orden capaz de incorporar diferentes tradiciones políticas sin renunciar a la protección universal de la dignidad humana?
¿Cómo impediremos que la multipolaridad se convierta en una nueva competencia imperial?
¿Cómo lograremos que la colaboración no reproduzca relaciones de dependencia?
¿Cómo transformaremos la diversidad en capacidad de deliberación?
¿Cómo garantizaremos que la IA aumente la autonomía humana en lugar de disminuirla?
¿Cómo distribuiremos sus beneficios?
¿Cómo evitaremos que el nuevo orden tecnológico consolide desigualdades anteriores?
Estas preguntas no poseen todavía respuestas definitivas.
Precisamente por eso debemos formularlas colectivamente.
Conclusión
El discurso pronunciado por Xi Jinping en Shanghái puede ser leído como una intervención sobre inteligencia artificial. Pero esa lectura sería insuficiente.
Es también un discurso sobre el orden internacional.
Sobre la distribución del poder.
Sobre la soberanía.
Sobre la seguridad.
Sobre la diversidad de civilizaciones.
Sobre el derecho del Sur Global a participar en la construcción de las reglas.
Sobre la posibilidad de que una tecnología nacida de la inteligencia acumulada de la humanidad sea apropiada por una minoría.
Y, sobre todo, es un discurso sobre la colaboración como fundamento de estabilidad y paz.
Su relevancia histórica no depende de que todas sus propuestas lleguen a realizarse.
Los documentos fundacionales importan porque hacen visible una aspiración, identifican un conflicto y proporcionan un lenguaje para organizar el futuro.
En Shanghái, China declaró que no quiere limitarse a competir dentro del orden tecnológico existente. Quiere participar en la construcción de sus instituciones.
El surgimiento de WAICO, la oferta de formación para países en desarrollo, los centros de cooperación propuestos con organizaciones del Sur Global y la defensa de Naciones Unidas como eje de legitimidad muestran que esa aspiración ha comenzado a traducirse en acciones concretas.
No sabemos todavía qué alcance adquirirán.
Tampoco sabemos si la cooperación internacional será capaz de superar la lógica de bloques, la rivalidad entre potencias y la concentración corporativa.
Pero sí sabemos que la humanidad se encuentra ante una decisión.
Puede permitir que la infraestructura cognitiva del siglo XXI sea construida mediante exclusiones, monopolios, controles unilaterales y profundas desigualdades.
O puede intentar crear un sistema internacional que distribuya capacidades, establezca límites, proteja la diversidad y someta el poder tecnológico a una deliberación más amplia.
La propuesta china debe ser discutida, contrastada y criticada.
Pero no puede ser ignorada.
Porque expresa uno de los rasgos centrales del cambio de época: el pensamiento estratégico ya no posee un único centro de gravedad.
Las ideas destinadas a organizar el siglo XXI comienzan a surgir desde diversos espacios del planeta.
Este desplazamiento no garantiza un mundo más justo.
Pero abre la posibilidad de que el futuro deje de ser definido por una sola tradición política, una sola estructura de poder o una sola interpretación de la modernidad.
Proponer nuevas miradas se vuelve entonces una necesidad urgente. Y construirlas colaborativamente, una responsabilidad histórica.
No porque todas las civilizaciones deban pensar de la misma manera. Sino porque ninguna posee, por sí sola, las respuestas suficientes para gobernar una transformación que afectará a toda la humanidad.
En esta hora de inflexión, pensar juntos no es un gesto de cortesía intelectual.
Es una condición de supervivencia.
***
Intervención Principal de S.E. Xi Jinping, Presidente de la República Popular China en la Ceremonia de Inauguración de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (IA) y la Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la IA 2026
Shanghai, 17 de julio de 2026
Estimados colegas e invitados,
Señoras y señores,
Amigos,
Hace 70 años, un grupo de académicos jóvenes propusieron por primera vez el concepto de inteligencia artificial (IA) en la Conferencia de Dartmouth en Nuevo Hampshire de Estados Unidos. En los siguientes 70 años, científicos e investigadores de IA del mundo exploraron en este terreno desconocido, avanzaron a través de giros y vueltas, y consiguieron saltos con su trabajo persistente y arduo. Hoy, setenta años después, frente a la nueva ola del desarrollo de la IA, nos reunimos a la orilla del río Huangpu para deliberar sobre cómo promover la IA a nivel global para lo positivo, para el bien y para la humanidad. Todo esto hace nuestra reunión sumamente importante. Quiero expresar, en nombre del Gobierno y el pueblo chinos, nuestra cálida bienvenida a todos ustedes.
Repasando la historia, el invento de la máquina de vapor inauguró la civilización industrial, el acceso generalizado a electricidad encendió la sociedad moderna, y el nacimiento del Internet conectó el mundo entero. Cada una de estas revoluciones tecnológicas ha reestructurado profundamente nuestra forma de trabajar y vivir, y permitido un enorme salto del desarrollo económico y social.
Hoy en día, los cambios mundiales nunca vistos en una centuria están acelerando su evolución. La nueva ronda de revolución tecnológica y transformación industrial está avanzando con mayor celeridad, y el mundo ha entrado en un período sin precedentes de activa innovación en las tecnologías de IA. La conectividad inteligente, la colaboración humano-máquina, la integración transectorial, la creación conjunta y la compartición, entre otras tecnologías inteligentes, están liberando enormes energías. Todo esto trae consigo grandes oportunidades y también desafíos de gobernanza. Los seres humanos debemos contestar las preguntas de nuestro tiempo: ¿Cómo tratarnos con la máquina que empieza a pensar? ¿Cómo garantizar la seguridad cuando el algoritmo es parte de la toma de decisiones? ¿Cómo abordar los desafíos éticos debido a las tecnologías a través de una gobernanza adaptativa? ¿Cómo hacer realidad la IA para todos cuando la brecha sigue ensanchándose? Son todas preguntas que requieren reflexiones serias y respuestas conjuntas de la comunidad internacional.
China cree que todos los países debemos tener un enfoque centrado en el pueblo y desarrollar la IA para lo positivo y para el bien. Debemos asegurar que la IA sea un importante motor para la prosperidad compartida y la seguridad común. Debemos aunar esfuerzos por construir un sistema justo y razonable para la gobernanza global de la IA. Para tal fin, quiero compartir cuatro observaciones.
Primero, debemos adherirnos al principio de apertura y ganancias compartidas, y promover el desarrollo impulsado por la innovación. Como un nuevo motor del crecimiento económico mundial, y un acelerador en la sustitución de las fuerzas motrices viejas por las nuevas, la IA está pasando del mundo digital al mundo físico. Debemos aprovechar las oportunidades históricas rara vez surgidas para alentar el código abierto, la apertura, la cooperación y la compartición. Debemos facilitar integralmente la innovación tecnológica, el desarrollo industrial y la aplicación basada en escenarios de la IA. Debemos avanzar de forma coordinada en la transformación y actualización de las industrias tradicionales, el cultivo y crecimiento de las emergentes y la planificación prospectiva de las futuras, de manera que todos los sectores y negocios puedan beneficiarse de la IA.
Segundo, debemos reforzar nuestra conciencia del riesgo y asegurar que la IA sea segura y controlable. La IA debe ser una herramienta confiable para la humanidad. Debemos tomar en serio los diversos tipos de riesgos inherentes y secundarios que la IA pueda generar. Debemos establecer sistemas de leyes y regulaciones, monitoreo técnico, alerta temprana de riesgos y respuesta de emergencia, a fin de reforzar la línea de seguridad, prevenir el uso abusivo y malicioso, y garantizar que la IA siempre se encuentre bajo control humano. Al mismo tiempo, debemos rechazar conjuntamente conductas como generalizar el concepto de seguridad nacional en el ámbito de la IA y poner la seguridad de un país por encima de la de otros.
Tercero, debemos alentar la inclusión y promover el aprendizaje mutuo entre las civilizaciones. El desarrollo y la aplicación de la IA no deben erosionar o menoscabar la diversidad de las civilizaciones mundiales o la singularidad de las culturas de los diferentes países. Debemos configurar los valores de la IA con los valores comunes de la humanidad, y hacer buen uso de las tecnologías de la IA para acrecentar la compresión, la inclusión, los intercambios y el aprendizaje mutuo entre todas las civilizaciones. Debemos cultivar con esmero el jardín de las civilizaciones para que la belleza de cada una de ellas sea apreciada y compartida.
Cuarto, debemos abogar por la solidaridad y mejorar la gobernanza global. La IA es un acervo invaluable en que está cristalizada la sabiduría colectiva de toda la humanidad. Debemos practicar el verdadero multilateralismo y hacer valer efectivamente el importante papel de las Naciones Unidas. Debemos reforzar la articulación y la coordinación de estrategias de desarrollo, reglas de gobernanza y estándares técnicos de la IA para formar cuanto antes un marco de gobernanza global basado en consensos, permitiendo que esta tecnología de vanguardia beneficie mejor a la humanidad. Debemos desplegar una cooperación internacional amplia y ayudar a los países del Sur Global a fomentar sus capacidades para cerrar la brecha digital y la de IA, promover el desarrollo sostenible y evitar causar nueva injusticia histórica en la IA.
Señoras y señores,
Amigos,
Este año marca el inicio del XV Plan Quinquenal de China. Este traza el plan maestro para el desarrollo económico y social de China en el próximo lustro, y ofrece también inmensas oportunidades para la comunidad internacional. En los últimos años, China ha abrazado la IA con brazos abiertos. Hemos promovido la interacción entre un mercado eficiente y un gobierno con buen funcionamiento, fortalecido la innovación de la IA, avanzado activamente la Iniciativa IA Plus y cultivado un ecosistema sano para que todas las entidades prosperen juntas. El valor de las industrias clave de la economía inteligente ha superado un billón de yuanes. Los terminales inteligentes en numerosas familias han mejorado realmente el bienestar del pueblo. La manufactura inteligente en China ya se ha convertido en otra tarjeta de presentación brillante de la modernización china.
Al mismo tiempo, China pone gran énfasis tanto en el desarrollo como en la seguridad de la IA. Con una profunda comprensión de las tendencias y la lógica del desarrollo de la IA, hemos venido perfeccionando leyes, regulaciones, políticas, mecanismos, normas de aplicación y principios éticos al respecto, para garantizar que la IA sea segura, confiable y controlable y que este brioso corcel de la IA galope tanto con rapidez como con estabilidad.
Como un gran país responsable, China siempre está comprometida a proveer bienes públicos globales en materia de la IA. Desde que propuse la Iniciativa para la Gobernanza Global de la IA, China ha promovido la adopción por consenso de la Resolución de la Asamblea General de la ONU sobre Aumentar la Cooperación Internacional para la Creación de Capacidad en materia de Inteligencia Artificial, publicado el Plan de Acción para la Creación de Capacidad en Materia de Inteligencia Artificial para el Bien y para Todas las Personas, anunciado la Iniciativa para la Cooperación Internacional en IA Plus, y abogado por el establecimiento de la Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, por sus siglas en inglés), contribuyendo de manera constante a la gobernanza global de la IA.
Como solemos decir los chinos: «Una sola cuerda no hace música y un solo árbol no hace bosque». El desarrollo de la IA no debe ser una actuación en solitario de un solo país, sino una sinfonía de la cooperación internacional. Gracias a nuestros esfuerzos conjuntos, la WAICO se ha fundado en Shanghai, haciendo realidad nuestra visión de hace un año. Se trata de una medida trascendental de China para responder al llamado del Sur Global y unir a la comunidad internacional para promover vigorosamente el desarrollo y la gobernanza de la IA. Esto será un hito importante en la historia de desarrollo de la IA.
Para apoyar en mayor medida el desarrollo global de la IA y avanzar el fomento global de capacidades de la IA, anuncio que en los próximos cinco años, China ofrecerá a países en desarrollo 5.000 oportunidades de programas de capacitación y seminarios sobre la IA; construirá centros internacionales de cooperación para la aplicación de la IA con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la Liga de Estados Árabes, la Unión Africana, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Organización de Cooperación de Shanghai y BRICS; y facilitará a 30 países el uso de Mazu, un sistema de alerta meteorológica impulsado por la IA, para salvaguardar la seguridad de familias del mundo.
Señoras y señores,
Amigos,
Como observaban los chinos antiguos: «Un hombre sabio se adapta a los cambios, y un hombre inteligente actúa según las circunstancias». Con la IA avanzando a una velocidad asombrosa, debemos hacer que su desarrollo sea para lo positivo, para el bien y para la humanidad. Debemos asegurar que su supervisión y gobernanza sean precisas y efectivas y afinar oportunamente las medidas para prevenir la pérdida del control. Nos es menester guiar el desarrollo de la IA con sabiduría humana y consensos internacionales, para que esta se convierta realmente en una gran fuerza positiva que fomente el bienestar de la humanidad y promueva el progreso de la civilización humana.
China está dispuesta a ser más abierta, tomar acciones más prácticas y asumir una perspectiva más visionaria. Estamos dispuestos a trabajar con todas las partes para aprovechar las oportunidades del desarrollo de la IA, enfrentar los desafíos y aunar esfuerzos por crear un futuro más brillante para la humanidad.
Gracias a todos.
***
Nota sobre la incorporación del discurso.
Este ensayo integra citas y contenidos centrales del discurso pronunciado por el presidente Xi Jinping el 17 de julio de 2026 en la apertura de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial y la Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la Inteligencia Artificial, realizadas en Shanghái.
La incorporación de sus pasajes relevantes responde a cuatro razones metodológicas.
Primero, se trata de una fuente primaria indispensable para comprender la posición oficial china ante la gobernanza mundial de la IA.
Segundo, su sentido no reside en una declaración aislada, sino en la relación entre apertura, seguridad, diversidad civilizatoria, solidaridad, multilateralismo y fortalecimiento del Sur Global.
Tercero, la lectura directa permite distinguir lo expresamente afirmado por Xi Jinping de las interpretaciones desarrolladas en este ensayo.
Cuarto, su valor documental trasciende la coyuntura de la conferencia y permite estudiar la evolución de una línea de pensamiento presente en otros discursos e iniciativas internacionales de China.
La reproducción, traducción o incorporación editorial de contenidos adicionales del discurso deberá atribuirse a Xinhua y realizarse de acuerdo con el convenio de colaboración vigente entre Xinhua y Pressenza.
Referencias
Gobierno de la República Popular China. (2026, 17 de julio). Full text: Keynote speech by Chinese President Xi Jinping at opening ceremony of 2026 World AI Conference. Publicado por Xinhua.
Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China. (2026, 17 de julio). Foreign Ministry Spokesperson Lin Jian’s Regular Press Conference on July 17, 2026. Información oficial sobre la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, la creación de WAICO, sus miembros fundadores y los programas anunciados para el Sur Global.
Xi, J. (2023, 18 de octubre). Building an Open, Inclusive and Interconnected World for Common Development. Discurso inaugural del Tercer Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional. Xinhua.
Xi, J. (2022, 17 de enero). Forge Ahead with Confidence and Fortitude to Jointly Create a Better Post-COVID World. Discurso especial ante la sesión virtual del Foro Económico Mundial. Xinhua.
Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China. (2025, 27 de octubre). Implementing the Global Governance Initiative for a Community with a Shared Future for Humanity. Discurso de Wang Yi en el XXIII Foro Lanting.













