Florencia ardía bajo un sol de justicia cuando el festival Re-Imagine Peace echó el cierre el pasado domingo 12 de julio. Fue una jornada más parca en actos que la víspera, pero no por ello menos densa.

La tarde se bifurcó en dos escenarios muy distintos. En el Teatro del Sale, los chefs Shady y Tze’ela encendieron los fogones para su show «El sabor del otro«. En un cooking show que busca, a través de la comida, aquello que une en lugar de lo que divide. Mientras tanto, en San Salvatore al Monte, el Patriarca de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, mantuvo una conversación espiritual acogido por los franciscanos. Allí lanzó una invitación que sonó casi como un desafío a nuestro tiempo, —«Escuchar es uno de los actos más revolucionarios que tenemos a nuestro alcance. Escuchar no significa estar de acuerdo ni renunciar a las propias convicciones; significa reconocer que el dolor del otro existe, aunque no coincida con el nuestro». Una idea que volvería a subrayar más adelante, en otro momento ya durante el final del conciert, como si quisiera dejarla resonando frente a la creciente sordera del mundo.

En los alrededores del anfiteatro de Cascine, la concentración de Florencia por Palestina protestó contra el evento. Los manifestantes exigieron al Ayuntamiento y a los organizadores un compromiso urgente: que cese la violencia del ejército israelí y de los colonos en Gaza y en toda Cisjordania; que termine el genocidio encubierto que los medios ignoran; y que se tomen medidas firmes contra el actual Gobierno israelí, en coherencia con el Derecho Internacional y con las resoluciones de las Cortes de Justicia, sistemáticamente desatendidas cuando se trata de Israel.

De esta protesta surgió un encuentro no violento y cívico con los activistas que, por el contrario, acudían al concierto, y que subrayaban que en Re-Imagine han participado asociaciones, cineastas, artistas y activistas —palestinos e israelíes— que llevan años trabajando juntos para defender los derechos de los palestinos, denunciando el genocidio, la militarización y la violencia.

Como cierre, el concierto reunió sobre el escenario a músicos palestinos e israelíes de diversas procedencias, alternando mensajes de solidaridad y saludos de activistas, junto al ya mencionado discurso del cardenal Pizzaballa y el saludo de la alcaldesa Funaro, quien reiteró la contundente condena de Florencia a la continuación de los asesinatos y la urgencia de una acción firme para detenerlos. La música borró fronteras. A la entrada del concierto, diversas asociaciones florentinas e internacionales repartieron materiales, siendo especialmente significativa la presencia de Gaza Support Network, que se ocupa de ayudar a las familias más necesitadas en Gaza.

Ya al caer la noche, todas las voces se fundieron, a modo de colofón, Imagine, de John Lennon, fue el tema musical que unió en una misma melodía, cantada por los músicos y por el público, inglés, el árabe y el hebreo.

Fotos de la redacción de Toscana y del Grupo de Apoyo a Combatants for Peace.