A partir de hoy publicaremos una serie de perfiles, dedicados a las personas que participarán en Re-Imagine Peace; encuentros de los que Pressenza es Media Partner. Creemos que conocer a quienes darán vida a este diálogo creciente es la mejor manera de acercarse a la iniciativa y comprender el alcance de su propuesta.

Sábado 11 de julio, 10.30 h
Badia Fiorentina (Florencia)
Diálogo con la profesora Claudia Mazzucato
Invitadas: Bushra Awad y Robi Damelin. Dos mujeres separadas por el conflicto y unidas por la misma tragedia: ambas perdieron a un hijo en esa misma guerra.

Estas son las historias que hicieron posible ese encuentro.

Dos madres, sumidas en el mismo abismo de un duelo inconsolable. Con el paso del tiempo, y gracias a su participación en el Parents Circle Family Forum, ambas lograron transformar el dolor y el odio iniciales en un camino de comprensión, solidaridad y amistad. Lo extraordinario de su encuentro es reconstruido al detalle por la periodista Anne Guion en el libro ‘Nuestras lágrimas tienen el mismo color‘ (Ed. Terra Santa).

Bushra Awad nació en Beit Ummar, cerca de Hebrón, en Cisjordania. Muy joven se casó y tuvo ocho hijos. El primero de ellos, Mahmoud, representa todas sus esperanzas: era un chico estudioso, generoso y decidido a ayudar económicamente a la familia, hasta el punto de trabajar mientras cursaba la enseñanza secundaria, en un clima de continuas tensiones derivadas del régimen de ocupación en Cisjordania. El 25 de enero de 2008, la tensión alcanza un punto álgido a causa de un nuevo allanamiento del ejército israelí en Beit Ummar para demoler las viviendas de dos palestinos. Estallan las protestas y Mahmoud, que entonces tenía diecisiete años, sale de casa sin que su madre lo sepa. Pero cuando está en la calle, es abatido a tiros por soldados israelíes. Bushra se precipita al hospital de Hebrón convencida de encontrarlo herido, pero descubre que su hijo ha muerto.

Bushra Awad nació en Beit Ummar, cerca de Hebrón, en Cisjordania. Se casó muy joven y tuvo ocho hijos. Era un muchacho estudioso, generoso y bien dispuesto a contribuir al sustento económico de la familia. Compaginaba el trabajo con los estudios de secundaria mientras crecía en el clima de tensión permanente impuesto por la ocupación de Cisjordania.

El 25 de enero de 2008 aquella tensión estalló. El ejército israelí irrumpió de nuevo en Beit Ummar para demoler las viviendas de dos palestinos. La población salió a protestar. Mahmoud, que tenía diecisiete años, salió de casa sin que su madre lo advirtiera. Poco después, soldados israelíes le dispararon y lo hirieron de muerte. Bushra corrió al hospital de Hebrón convencida de que aún encontraría a su hijo herido. Cuando llegó descubrió que había llegado demasiado tarde y Mahmoud había muerto.

La muerte de Mahmoud sumió a Bushra en un abismo de dolor del que tardaría años en salir. Ella misma lo recuerda así: «Después de la muerte de Mahmoud, mi corazón estaba lleno de venganza, tristeza, dolor y un sufrimiento infinito». Se encerró en sí misma, descuidó a su familia y solo deseaba reunirse con el hijo que había perdido.

Todo empezó a cambiar cuando una amiga le propuso conocer a una mujer israelí, Robi Damelin. Ella también había perdido a un hijo, David, abatido por un francotirador palestino. Bushra rechazó la idea de inmediato. ¿Cómo podría darle la mano a alguien perteneciente al pueblo al que hacía responsable de la muerte de Mahmoud? Durante un tiempo, aquella propuesta siguió rondándole la cabeza. Hasta que un día aceptó. Hasta que un día aceptó. Aquel encuentro marcaría un antes y un después. Al ver a Robi llorar ante la fotografía de Mahmoud comprendió que el dolor no conoce barreras.

Nuestras lágrimas son las mismas lágrimas. Nuestro dolor es el mismo dolor». Esa frase resume el camino recorrido por Bushra desde la muerte de Mahmoud, hasta el descubrimiento de una verdad que cambiaría su vida y su perspectiva: el sufrimiento no distingue pueblos ni fronteras.

Desde entonces participa activamente en el Parents Circle – Families Forum (PCFF), una organización que reúne a familias israelíes y palestinas que, tras perder a un ser querido en el conflicto, han decidido encontrarse y trabajar juntas para promover el diálogo, la reconciliación y el fin de la violencia. Siendo de las primeras, en los últimos años ha coordinado el Comité de Mujeres de la asociación y ha sido invitada a intervenir en universidades, encuentros interreligiosos, conferencias internacionales e iniciativas diplomáticas.

Como madre palestina, Bushra aporta una voz poco habitual en esos círculos. Reivindica el fin de la ocupación y los derechos de su pueblo, pero también rechaza la venganza como respuesta al dolor. Su testimonio parte de la convicción de que reconocer la humanidad del otro es el primer paso para romper el ciclo de la violencia.

Robi Damelin nació en 1945 en Johannesburgo (Sudáfrica), en el seno de una familia contraria al apartheid. Desde muy joven participó en el movimiento contra la segregación racial. En 1967 se trasladó a Israel, donde formó una familia y desarrolló su vida, aunque nunca dejó de mirar con espíritu crítico algunos aspectos de la sociedad israelí.

Todo cambió el 3 de marzo de 2002, en plena Segunda Intifada, su hijo David, de veintiocho años, reservista del ejército israelí y comprometido con los movimientos por la paz, murió abatido por un francotirador palestino mientras prestaba servicio en Cisjordania. Para Robi fue un golpe devastador. Nada habría resultado más comprensible que dejarse arrastrar por el odio. Sin embargo, eligió otro camino. Robi decidió unirse al Parents Circle – Families Forum (PCFF), donde encontró a otros padres israelíes y palestinos marcados por la misma pérdida. Con el tiempo se convirtió en portavoz internacional y directora de relaciones internacionales de la organización, llevando su testimonio a universidades, parlamentos y foros dedicados a la prevención de conflictos y a la resolución noviolenta de las controversias.

Uno de los gestos que mejor resume su compromiso fue escribir una carta a la familia del francotirador que mató a su hijo. Para Robi, reconciliarse no significa olvidar, sino romper la espiral de la violencia.

«Ninguna venganza, ni ningún odio podrán devolverme al hijo que he perdido», —dice Robi justo después de la muerte de David. —«La reconciliación no es un lujo, sino una necesidad para construir una paz duradera».

Su historia demuestra que incluso el dolor más profundo puede transformarse en compromiso cívico capaz de tender puentes entre comunidades enemigas.

En 2014, Robi Damelin fue nombrada Women PeaceMaker por el Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice, y en 2015 fue incluida entre las Women of Impact del programa Women in the World. Su historia es el tema del documental One Day After Peace, que ha contribuido a dar a conocer su mensaje a un público internacional.