Quien no alcance a comprender la inmensa fuerza de la lucha no violenta podría escandalizarse ante la reacción de Nico Quarkaj, activista de la ‘Revolución de los Flamencos’.
El pasado jueves, 2 de julio, hubo enfrentamientos entre agentes de policía, con equipo antidisturbios, y manifestantes que querían llegar hasta la entrada del Parlamento.
Un cordón de policías impedía físicamente el paso; entonces, por un lado, volaron algunos huevos que fueron a estrellarse contra los agentes; pero, por el otro flanco, la policía cargó contra los jóvenes manifestantes.
Mientras un cañón de agua les abría camino, los policías golpearon duramente con sus porras y detuvieron a una veintena de jóvenes.
Ocho de los detenidos fueron arrestados, pero el juez ayer dispuso la puesta en libertad de todos los manifestantes.

Ayer, Niko, durante la concentración, hizo un gesto que me dejó desconcertado y perplejo, incluso a mí. Sin más, pidió, en señal de reconciliación, besar las manos de los policías que custodiaban el edificio del Primer Ministro.


Se arrodilló ante cada uno de ellos: uno se dejó besar las manos sin pestañear; una agente en cambio mantuvo las manos tras de la espalda. Entonces sucedió algo completamente inesperado. Un policía no permitió que le besara las manos. Si no que, en lugar de ello, se inclinó para abrazar a Niko y el correspondió el gesto e hizo exactamente lo mismo.


Niko no hizo como gesto de sumisión, sino como un gesto de reconciliación cuyo impacto es inmenso. Quería decir: —«Reconocemos vuestra misión y os respetamos. Pero no debéis ser servidores de un poder corrupto. Sois ciudadanos y vuestro deber está junto al pueblo.».

Me contó Franco, militante del Partido de Izquierda Marxista Janatha Vimukhti Peramuna de Sri Lanka: «Éramos guerrilleros, pero decidimos hablar con todos: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, campesinos, obreros, estudiantes, artesanos, comerciantes, monjes budistas, soldados, agentes de las fuerzas del orden, incluso con quienes nos torturaban, y al final depusimos las armas, participamos en las elecciones y al final ganamos».
Hace falta una inmensa fuerza y un gran coraje para hacer lo que hizo Niko. Con este gesto, la Revolución de los Flamencos acaba de dar un paso más hacia la victoria.













