La movilización en Tirana no se detiene; sabiamente se ha decidido posponer la convocatoria del día a las 19:00, debido al intenso calor.

Al principio, al llegar puntual, sentí cierto temor de que el movimiento se estuviera desanimando, pero desde la plaza Skanderbeg fue llegando una imponente manifestación que disipo mis temores: el movimiento no solo aguanta sino que no retrocede ni un paso.

—»Estamos en la plaza para defender nuestra dignidad», —me dice un hombre que, en represalia, ha sido despedido de su trabajo.

A todas las personas con las que hablo les digo lo que siento: —«Que nos están dando una lección a los italianos. Nosotros tenemos mil razones para salir a la calle, una y otra vez, y no solo como quien cumple un rito… Como suele ocurrir con las grandes manifestaciones de Roma, en marchas imponentes de las que no se obtiene nada y a las que nunca sigue una respuesta coherente. Vosotros sois una lección para Italia, para Europa y para el mundo. También están luchando por nosotros y no podemos abandonarlos. Nosotros también tenemos una dignidad que defender».