Durante una visita al asentamiento de refugiados de Ura, ubicado en la región de Benishangul Gumuz, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Barham Salih, destacó los esfuerzos de Etiopía para promover políticas de inclusión que permitan a las personas desplazadas reconstruir sus vidas junto a las comunidades que las acogen. La visita, realizada en el marco del Día Mundial de los Refugiados, puso en el centro del debate la necesidad de fortalecer la cooperación internacional con los países que reciben grandes flujos de refugiados.

Salih resaltó que el enfoque adoptado por Etiopía busca superar el modelo tradicional de campamentos aislados, promoviendo que las personas refugiadas tengan acceso a educación, servicios básicos, empleo y oportunidades económicas en conjunto con la población local. Según el funcionario, esta integración no solo beneficia a quienes han tenido que abandonar sus hogares, sino que también puede contribuir al desarrollo de las comunidades anfitrionas.

Etiopía es actualmente uno de los principales países receptores de refugiados del continente africano, con más de 1,1 millones de personas refugiadas y solicitantes de asilo. Entre ellas se encuentran decenas de miles de personas que huyeron de la guerra en Sudán desde el inicio del conflicto en 2023. En el asentamiento de Ura viven más de 14.500 refugiados sudaneses, quienes comparten espacios y servicios con la población etíope de la zona.

Uno de los ejemplos destacados durante la visita fue la convivencia en el sistema educativo local, donde niños etíopes y sudaneses asisten a las mismas escuelas. Además, algunos refugiados han desarrollado pequeños emprendimientos y actividades comerciales que aportan a la economía comunitaria, demostrando que las personas desplazadas pueden convertirse en participantes activos del desarrollo local cuando cuentan con las condiciones adecuadas.

En ese contexto, el Gobierno etíope presentó la llamada “Hoja de Ruta Makatet”, una iniciativa orientada a transformar progresivamente los asentamientos de refugiados en comunidades más integradas, con mayor autosuficiencia y participación social. El programa busca ampliar el acceso a servicios compartidos y generar alternativas sostenibles frente a la dependencia prolongada de la ayuda humanitaria.

La experiencia de Ura refleja uno de los desafíos centrales de la crisis global de desplazamiento: mientras millones de personas necesitan protección internacional, los países vecinos a los conflictos suelen asumir la mayor parte de la responsabilidad. Por ello, Naciones Unidas ha insistido en que el apoyo financiero y técnico de la comunidad internacional resulta fundamental para que los países de acogida puedan mantener políticas de inclusión y garantizar condiciones dignas para quienes buscan un nuevo comienzo.