En el panteón del conocimiento es muy común encontrar nombres del llamado Norte global. Pero, no en la misma medida, personalidades del mundo periférico que han obtenido reconocimiento más allá de sus países o regiones. Esto se debe a múltiples factores que reflejan tanto la forma en que está organizada la estructura global de producción del conocimiento como la geopolítica de las desigualdades que dicha estructura sostiene y profundiza.
Sin embargo, algunas veces, la burbuja es explotada. Es lo que ha sucedido en el caso del geógrafo brasileño Milton Santos (1926–2001). En la semana en que se conmemora el centenario de su nacimiento, deberíamos recordar que él fue una de esas aves raras del pensamiento de nuestra América – latina, of course–. Su nombre figura en la galería de grandes referentes del pensamiento social brasileño (Cf. Contel, 2014).
Milton Santos no solo se consagró como uno de los más brillantes geógrafos del siglo XX, sino que existió como un verdadero intelectual orgánico –en el más puro sentido gramsciano del término–. Transformó su condición existencial de hombre afrodescendiente, de intelectual perseguido por la Dictadura Militar de Brasil (1964-1985) y de académico nacido en la periferias del mundo periférico en materia bruta de su contribución a la ciencia geográfica y a las ciencias sociales.
Investigadores más precavidos siempre han advertido sobre el riesgo de confundir autor y obra. Pero, estoy de acuerdo con Fernando C. Conceição (2009) cuando dice que en el caso de Milton Santos es imposible no mezclar una con la otra. Esto porque, tras veinticinco años del fallecimiento del geógrafo brasileño, ocurrido en 2001, él aún figura como el único latinoamericano galardonado con el Vautrin Lud –premio considerado el “Nobel” de la geografía–. Más allá, nacido en un pueblo de la Chapada Diamantina, en una de la periferia geográfica del más africano estado de Brasil, Bahia, Santos logró ocupar cátedras en prestigiosas universidades en al menos 3 continentes.
Durante más de una década fue profesor de la Universidade de São Paulo (USP). Pero, antes de eso, en los años que pasó en el exilio (1964-1977), tras ser uno de los primeros intelectuales perseguidos y encarcelados por el régimen militar, el geógrafo impartió clases y desarrolló investigaciones en instituciones de Francia (Universidad de París – Sorbona y Toulouse), Estados Unidos (Columbia y MIT), Canadá (Toronto), Perú (Universidad Nacional de Ingeniería de Lima), Venezuela (Universidad Central) y Tanzania (Dar es Salaam). Además de haber colaborado con organismos de las Naciones Unidas, y, de haber recibido en vida más de 20 títulos de Doctor Honoris Causa.
Por su trayectoria desde Bahia hasta el periplo del exilio –y, paradójicamente, hacia el reconocimiento internacional–, le otorgaron cariñosamente el apodo de “ciudadano del mundo”. Pero, siendo él un académico riguroso y poseedor de un profundo sentido de compromiso con el saber geográfico defendía que solo es posible ser ciudadano del lugar. Creía en la misma medida que el conocimiento no era algo estático, sino un instrumento activo para la adquisición de conciencia y la promoción del cambio social.
De hecho, ¿en qué otros frentes del campo de batalla ha combatido Milton Santos su buena lucha? ¿Qué ha aportado o propuesto de innovador? ¿Por qué ha sido reconocido por sus pares nacionales, regionales y del Norte global, y por qué, más de dos décadas después, sigue siendo uno de los académicos latinoamericanos más citados en todo el mundo?
El geógrafo que libró la buena lucha
A lo largo de su trayectoria intelectual fueron innumerables los temas, objetos y debates con los que se ocupó Milton Santos (ciudadanía, territorio, democracia, urbanización, racismo, globalización, etc.). Sin embargo, el espacio geográfico ha sido el más destacado de ellos. En verdad, la columna dorsal de su obra. Su contribución teórica que más ha impactado la disciplina geografía. Esto porque, en una época en la que esta disciplina discutía la esencia de uno de sus principales objetos, Milton Santos introdujo un concepto innovador de espacio geográfico.
Tres obras del autor enmarcaron esta producción teórica acerca del espacio: Por una geografía nueva (1978), El espacio dividido (1979) y La naturaleza del espacio (1996). Todas con ediciones en español. En ellas, Santos demuestra que, más que un factor físico (materializado), el espacio geográfico es factor social. En verdad, es la propia sociedad: un sistema de sistemas de objetos y acciones que interactúan dinámicamente. Este entendimiento amplió y universalizó la comprensión geográfica del ente.
A esta revolución conceptual se suman y articulan otras contribuciones más. En otra de sus obras maestras, El trabajo del geógrafo en el Tercer Mundo (1971), él ha defendido que el espacio en el mundo periférico es más heterogéneo que los espacios, en general, más homogéneos, de Europa. Esto se debe a que, aquí, a diferencia de allá, las modernizaciones fueron incompletas, tardías o parciales. La gran diversidad característica de nuestra conformación histórica también fue un ingrediente más en la composición de nuestra complejidad socioespacial. Por ello, para el brasileño, resultaba inviable analizar los espacios del Sur, más heterogéneos, con instrumentos conceptuales creados por y para el Norte global.
En aquella época, cuestionar cánones establecidos – como lo hizo – supuso una tarea que requería valentía epistemológica para un teórico del entonces llamado Tercer Mundo. Milton Santos fue, ante todo, un valiente, ya que su teoría cuestionó la forma en que los países centrales del Norte veían a los periféricos y cómo, a través de nuestra importación sin criterios de los repertorios conceptuales de allá, nos hacía vernos a nosotros mismos de manera distorsionada. En una entrevista al sociólogo Jesús de Paula Assis, confesó:
“empecé a me preguntar cómo salir de aquello, como proponer sin chocar, porque yo era profesor [en Francia] y, dependiendo de la renovación del contrato, no deseaba me chocar con los colegas. Más de dos años después de estar en Francia enseñando, llegué a la conclusión de que eso no era posible. (Assis, 2004) [1]
El cuestionamiento de referenciales teóricos le permitió comprender, además de denunciar, que ese estado de dependencia no era un síntoma exclusivo de la disciplina geografía. Abarcaba toda la producción académica brasileña y de grande parte del llamado mundo periférico instaurando una división internacional del trabajo académico, donde el Norte global crea y nosotros consumimos, aplicamos y replicamos. Por esa razón, llegó a redactar un manifiesto, “El papel activo de la geografía”, y, también cuestionó importantes editoriales del país sudamericano sobre la excesiva publicación de títulos extranjeros – sobre todo, anglófonos – en detrimento de autores nacionales. En determinada ocasión, en 1984, él publicó en el periódico Folha de S. Paulo dura crítica al direccionamiento masivo de inversiones públicas en áreas tecnológicas en detrimento de otras:
“[…] la elección de áreas del saber premiadas reproduciría, con ropa nueva, el viejo partage colonial con que las naciones centrales buscan reforzar su hegemonía, a la salida de cada crisis internacional, y las cuestas de los países periféricos.” (Santos, 2002).
Más tarde, Milton constataría que este mecanismo del “viejo partage colonial” iba adquirir contornos aún más amplios no solamente en Brasil como en el mundo. Comprendió que, bajo la face visible, se escondía en el água del océano de la historia el cuerpo del Leviatán: la globalización.
Leviatán bajo el água de la historia: el “globalitarismo”
De cerca de 40 libros publicados por Milton Santos, el que ha llegado a públicos de diversas edades, sectores de todas las clases sociales y lectores de variadas latitudes es, sin duda, Por otra globalización (2000). Es una obra prima de lectura accesible, con un número reducido de páginas, pero de gran densidad teórica, y, que publicada solo un año antes del fallecimiento del autor.
En aquel entonces, el mundo aún no había presenciado con asombro los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos. Sin embargo, la humanidad —especialmente en las periferias del mundo— ya atravesaba desde la anterior década tiempos inciertos, marcados por la imposición “de arriba hacia abajo” del proyecto neoliberal de globalización, al que el geógrafo calificó como “perverso”.
Como señaló la profesora Rita de C. da Cruz (2001), Milton Santos intentaba denunciar en el libro “los peligros para toda la humanidad del ejercicio tirano de los actores hegemónicos”. Estos actores, a la cabeza del proceso, buscaban en aquel entonces homogeneizar —rincón a rincón— el espacio en escala global, lo cual intensificaba una violencia aún más brutal hacia las periferias del mundo.
Por tratarse de una globalización impuesta, él geógrafo la bautizó de “globalitarismo”. Es decir, un proyecto de globalización en que los actores hegemónicos se apropiaron del concepto de “aldea global” (de McLuhan) a fin de vender como propaganda la idea de una comunidad global. Pero que, en los bastidores, se movilizaba a agentes económicos, mediáticos y, por supuesto, científicos, con el fin de fomentar la tiranía en escala planetaria del dinero. Se imponía un nuevo orden mundial en el que prevalecería la “perversidad sistémica” y, por ende, el totalitarismo económico. Expresado, ante todo, por la imposición del “pensamiento único” a través de la tríada: tecnocracia, productivismo, consumismo.
Periferia(s) como resistencia y posibilidad(es)
A pesar del horizonte abrumador denunciado por el geógrafo, es necesario subrayar que Milton Santos fue ante todo un pensador optimista. Creía que la realidad no era un dato inmutable y que, por lo tanto, “otra globalización” sería —y aún lo es— posible. Él, de manera muy perspicaz, reconocía que “el pobre enfrenta el mundo todos los días; cada mañana tiene una larga jornada para llegar al día siguiente; y que ese enfrentar el mundo es su conquista” (Seabra, 2006). Y que, pronto, se aferraría a esa fortaleza forjada en la praxis cotidiana para lanzar desde su ingenio estrategias de resistencia.
Milton también nos invitaba a reflexionar, desde Por otra globalización, sobre cómo los mismos mecanismos creados por los agentes hegemónicos con la intención de controlar también podrían servir para enganchar solidaridades más horizontales. Pues, la ingeniería diseñada para homogeneizarnos presenta, a su vez, grandes vacíos filosóficos e incontables debilidades estructurales que a nosotros permitirian reconocer de alguna manera nuestras diversidades, identidades y heterogeneidades: “el otro, es decir, el resto de la humanidad parece estar [ahora] más cerca” (Santos, 2000).
Las periferias disponen así de recursos únicos –hasta sencillos, como simplemente “desacelerar” ante el imperativo del productivismo – para, desde nuestros respectivos lugares y en función de nuestras propias identidades, cambiar el juego y atrevernos a construir históricamente una globalización distinta. Es decir, otro futuro en el que seamos protagonistas de nuestra historia y en el que el ser humano “esté en el centro de las preocupaciones del mundo, como un dato filosófico y como una inspiración para las acciones” (Santos, 2000, p. 147).
El geógrafo del protagonismo de las periferias
En el centenario del nacimiento de Milton Santos, nos urge reflexionar sobre el vibrante legado intelectual del geógrafo desde nuestro mundo periférico, en donde también conviven muchas periferias. Ante todo, desde el rol de las ciencias sociales, que, debido al tecnicismo y al tecnocracismo que actualmente gobiernan las estructuras de producción del conocimiento, han sido relegadas en las últimas décadas a una especie de periferia como se fuesen menos ciencia – o, ciencias menores – ante las demás. En este sentido, hago propias las palabras de la geógrafa Maria Adélia de Souza (2004) cuando señala que la obra de Milton Santos “aún está por ser plenamente asimilada y discutida”.
Afrodescendiente, baiano, brasileño, latinoamericano y geógrafo, Milton comprendió mejor que cualquier otro pensador del contemporáneo que todo aquello que, aparentemente, como individuos o comunidad, nos debilita o nos divide – o que, simplemente, hemos sido colonizados a creer que nos debilita o divide – encierra en sí mismo la argila de nuestra originalidad, de nuestra excepcionalidad histórica y de nuestra capacidad humana para aportar al mundo.
Tras más de 25 años de la partida de Milton Santos, es imposible no darnos cuenta de que varias de las ideas o advertencias por él planteadas continúan siendo más vigentes que nunca. Cuando hoy el presentismo de algunos analistas los lleva a sostener que la globalización ha llegado a su fin, a su agotamiento, cuestiono: ¿es el fin o solo se está vistiendo con nuevo viejo ropaje colonialista? Esto porque los mismos actores hegemónicos continúan actuando y buscando dar las cartas en el juego geopolítico.
Por otro lado, cuando esos mismos analistas se asombran ante el rol que actualmente desempeña el BRICS+, recuerdo que Santos ya adelantaba que surgirían propuestas de gobernanza internacional lideradas por los países del Sur global. Aunque él, en aquel entonces, no se valese de utilizar este término.
Más allá, cuando hoy algunos buenos pensadores del Norte presentan ciertas ideas o análisis – muchas veces recibidas como “novedosas” en nuestros países –, las recibo igualmente con cierto entusiasmo, pero siempre con la certeza de que ya las había leído en algún texto del brasileño.
Lo que, aún en nuestros días, hace de Milton Santos un gran pensador del contemporáneo no es solo su inigualable capacidad analítica, sino su incomparable valentía teórica y su osadía en cuestionar el statu quo. El hecho de colocar la verdadera esencia, la identidad, la honestidad intelectual y la rigurosidad académica por encima de cualquier otro valor. Esa vitalidad para denunciar nuestras debilidades como periferia, pero también para señalar, enseñar y hacer que las nuevas generaciones de las actuales periferias del mundo reconozcan sus -y, por supuesto, nuestras- fortalezas y su rol de centralidad en el constructo del futuro.
Al final, como él mismo dijo: “somos contemporáneos del verdadero milagro por el cual cada generación entiende —o, al menos, es capaz de entender— el universo como un todo y percibe cada una de sus partes como parte del mundo” (Santos, 2002).
¡Viva Milton Santos!
¡Vivamos más el legado de Milton Santos!
Como referenciar a este artículo:
Favatto, Barthon. (2026, 3 de mayo). Milton Santos: el geógrafo que puso en el centro a las periferias. Pressenza International Press Agency, https://www.pressenza.com/es/2026/05/milton-santos-el-geografo-que-puso-en-el-centro-a-las-periferias
Referencias bibliográficas:
Assis, J. de P. (2004). Testamento intelectual. São Paulo, SP: Editora da UNESP.
Conceição, F. (2009). Milton Santos: ser intelectual e negro. In M. A. da Silva & R. de Toledo Junior (Orgs.), Encontro com o pensamento de Milton Santos: o homem e a sua obra (pp. 63-72). Salvador, BA: EDUFBA.
Contel, F. B. (2014). Milton Santos. In L. B. Pericás & L. Secco (Orgs.), Intérpretes do Brasil: clássicos, rebeldes e renegados (pp. 393-410). São Paulo, SP: Boitempo.
Cruz, R. C. A. da. (2000). [Resenha de: Santos, M. (2000). Por uma outra globalização: do pensamento único à consciência universal (3ª ed.). Rio de Janeiro, RJ: Record]. Revista GEOUSP, (10), 178–179.
Santos, M. (2000). Por uma outra globalização: do pensamento único à consciência universal. Rio de Janeiro, RJ: Record.
Santos, M. (2001). Curriculum vitae. Recuperado em 30 de abril de 2026, de miltonsantos.com.br
Santos, M. (2002). O país distorcido: o Brasil, a globalização e a cidadania. São Paulo, SP: Publifolha.
Seabra, O. (2006). Milton Santos, cidadão do mundo. Fundação Perseu Abramo. Recuperado em 7 de abril de 2026, de fpabramo.org.br
Souza, M. A. A. de. (2004). Manifesto por uma geografia nova. In Brandão, M. A. (Org.). (2004). Milton Santos e o Brasil (pp. 75–79). São Paulo, SP: Editora Fundação Perseu Abramo.
[1] Todas las traducciones de fragmentos de artículos, libros y discursos fueron realizadas de manera libre por el autor del artículo a fin de facilitar la comprensión del lector hispanohablante.













