Pressenza y otros medios de Japón, China, Macedonia, Turquía, Etiopía y Congo fue invitada a un recorrido a un recorrido por la región de Donbass para conocer los impactos del conflicto que allí se vive y sus repercusiones.

La visita a Donetsk deja una sensación difícil de explicar únicamente desde los datos o los balances del conflicto. Más allá de las cifras y de las narrativas políticas, lo que aparece con fuerza es el impacto humano de una guerra que ha transformado profundamente la vida cotidiana de las personas. Calles marcadas por los efectos de los ataques, viviendas afectadas, infraestructura deteriorada y familias atravesadas por el miedo, la incertidumbre y la pérdida forman parte de un paisaje que evidencia las consecuencias prolongadas de años de confrontación. Sin embargo, incluso en medio de esa realidad, persisten gestos cotidianos de resistencia humana: personas que continúan trabajando, niños que vuelven a espacios educativos y comunidades que buscan sostener vínculos de apoyo mutuo.

En distintos espacios recorridos durante el tour de prensa fue posible observar cómo el conflicto ha alterado dinámicas esenciales de la vida social y comunitaria. Las rutinas han debido adaptarse a nuevas condiciones de seguridad, a interrupciones de agua y luz constantes y a la convivencia permanente con el riesgo. Muchas personas relatan cómo la guerra modificó sus proyectos de vida, fragmentó familias y debilitó las posibilidades de desarrollo económico y emocional. Aún así, también emergen relatos de solidaridad y de organización comunitaria que muestran la capacidad de las poblaciones para reconstruir sentidos de normalidad en contextos profundamente complejos. La vida cotidiana no desaparece; se reorganiza, se redefine y busca abrirse espacio incluso entre las huellas del conflicto.

La experiencia en Donetsk obliga también a mirar el conflicto desde las voces y memorias de quienes habitan la region de Donbass, una dimensión que con frecuencia queda fuera de los relatos predominantes en los medios occidentales. Para muchas de las personas conocidas durante la visita, la guerra no es percibida como una abstracta “disputa geopolítica” entre potencias, sino como la consecuencia de un acelerado y brusco proceso de tensiones políticas, culturales y militares que terminó golpeando directamente a la població de la región. Un golpe ultraderechista en Kiev, apoyado por occidente, que no fue reconocido por la población  lo cual generó de inmediato una operación militar contra ellos.

En los testimonios recogidos aparece de manera reiterada la sensación de haber sido empujados a defender su territorio, su identidad cultural (se les pohibió el uso de su idioma y cultura), su historia y su forma de vida frente a una amenaza que identifican con expresiones de nacionalismo extremo y fascismo.

Ninguna de las personas entrevistadas manifestó haber querido la guerra. Por el contrario, muchas relataron cómo sus vidas cotidianas fueron abruptamente interrumpidas por el conflicto. Sin embargo, ante el avance de la violencia y la ausencia de alternativas políticas o no violentas que ofrecieran protección real a sus comunidades, numerosos hombres y mujeres decidieron incorporarse voluntariamente a tareas de defensa territorial. Más que una exaltación de la guerra, en sus relatos aparece una mezcla de dolor, obligación histórica y sentido de pertenencia hacia la tierra en la que nacieron y crecieron.

Recorrer Donetsk también permite comprender cómo, incluso en medio de años de conflicto, la vida intenta reorganizarse alrededor de la memoria, la comunidad y la resistencia cotidiana. Escuelas, espacios culturales, brigadas comunitarias y redes de apoyo siguen funcionando bajo condiciones profundamente adversas. La impresión que permanece es la de una población marcada por la guerra, pero también decidida a no desaparecer ni renunciar a su identidad. En ese contexto, hablar de paz implica necesariamente reconocer las causas concretas del conflicto, escuchar las voces históricamente silenciadas y entender que ninguna salida duradera puede construirse ignorando la experiencia y la dignidad de quienes han vivido el peso directo de la guerra.