En estos días, Ecuador ha sido testigo de uno de los sucesos más absurdos e impensables que uno pudiera imaginar.

En el norte de Quito, al interior de las instalaciones de la Escuela Superior de Policía “Gral. Alberto Enríquez Gallo”, lugar que es el centro de formación de los futuros policías, en un confuso incidente la esposa de uno de los oficiales fue asesinada sin que nadie en ese lugar acudiera en su ayuda, a pesar de sus gritos y pedidos de auxilio, a pesar que allí se forman los oficiales que luego estarán prestos para «servir y proteger», como señala el lema de dicha institución policial.

Quisiera ir más allá del recuento cronológico de los hechos que ya ha sido divulgado ampliamente en diversos medios; más que eso quisiera compartir sobre un extraño cruce de sentimientos mezclados y difusos de tristeza y rabia que han indignado a miles de personas que hoy se preguntan al igual que yo, «¿quién nos cuida de la policía?».

Luego de días de búsqueda de la abogada María Belén Bernal, hoy finalmente fue encontrado su cuerpo en un sitio no muy lejano de la mencionada Escuela de Formación. Mientras tanto, su esposo (policía) y principal acusado de su desaparición sigue prófugo.

Esta tarde en el centro norte de Quito, más de un millar de personas hicieron una marcha que terminó frente al edificio de la Comandancia General de la Policía nacional del Ecuador. El edificio permaneció con las puertas cerradas, ni un solo policía estuvo presente en el lugar y fue el testigo mudo de cánticos, reclamos y pedidos de justicia frente a lo acontecido.

No hay la claridad suficiente para plasmar en palabras este registro ambiguo; talvez las imágenes que acompañan este breve nota puedan mostrar un creciente sentimiento de indignación contra una de las instituciones públicas del Ecuador más desprestigiadas y que mayor desconfianza genera en el país.