Soy un lobo solitario. Aunque cueste creerlo, en realidad soy un licántropo. No caigo en ninguna trampa. Siempre zafé de los dientes metálicos que quisieron quedarse con mis patas atrapadas. Así es mi vida: encontrar al animal más rastrero. Y luego aullar fuerte para que los que aún viven en manada sepan quienes son los más taimados de todos los animales del bosque. El peor animal de la fronda es el que se pone un nombre falso: si es un sapo, es un sapo. No es un príncipe. Sépanlo, sobre todo los animalitos más jóvenes. El peor de la región es el sapo neofascista, que se hace llamar libertario.

Libertario, según el diccionario Real Academia Española, editado por Larousse en 2016, es el que “es partidario del anarquismo político”. El diccionario Vox (vade retro) de 2009, dice sólo “anarquista”. Todo lo demás es un relato fabricado por una serie multicausal de ocasiones que se le presentan a quien usurpa el nombre. El collar del animal dice un nombre; la foto muestra un tipo de pelo enmarañado y ojos desorbitados. El collar reza: Javier. ¿Cómo logró Milei usurpar el concepto de “libertario” y transportarlo al otro extremo de la escala zoológica? Básicamente, tres son los motivos.

Primero: Los argentinos olvidan la Historia con facilidad. El peronismo absorbe la lucha de los trabajadores luego de que el desgaste original le perteneció al anarquismo y al comunismo. Los viejos anarquistas, los verdaderos libertarios, sostenían que el acceso del proletariado al poder, amén de producirse de forma violenta dado que los poderosos no sueltan sus bienes por las buenas ( Véase el caso Vicentín), no estaba completo cuando el Partido tomara las riendas de una nación, sino cuando el Estado ya hubiese podido dar total libertad de administración a las bases, deviniendo así en el Igualitarismo absoluto, basado en la división de tareas comunitarias y la decisión permanente de dichas bases en asamblea. Un ejemplo sería, dentro de este sistema, el cuidado maternal y la instrucción de todos los niños en grupos guiados por los educadores más confiables, designados por la comunidad. Pero toda esa situación, que los “asustados” no quisieron nunca admitir, sólo sirve para probar el “miedo a la libertad”. Ese terror que produce tener en propias manos la decisión de cada cosa; esa duda que nos asalta hacia nuestra propia condición de libres; una especie de bomba que nos explota en la mano cuando nos toca hacernos cargo de las decisiones y jugar en equipo. Pues bien, en la Argentina quienes así pensaban fueron presos políticos, enviados a cárceles de las peores condiciones, o simplemente muertos en supuestos enfrentamientos, en algunos de los cuales participaron como fogoneros los parientes directos de la derecha de hoy. Pero el inconsciente colectivo cree que los cambios sociales que introdujo el Peronismo son el “kilómetro cero” de las reivindicaciones obreras y rurales en este País. Y como resultado de esa creencia, la izquierda y el peronismo no se llevaron jamás de la mano. Tal es así que, a 36 kilómetros lineales del balneario de Quilmes, hay un paisito cuya izquierda festejó la caída de Perón en el `55, requiriendo de 15 años más (cuando el escritor socialista uruguayo Vivian Trías escribió por primera vez una biografía imparcial sobre Rosas) para entender la verdad del engaño que la prensa había hecho caer sobre la realidad argentina. En ese País, un presidente llamado José Batlle y Ordóñez había creado casi todas las leyes que aquí impulsó el Peronismo, 30 años antes; y con ello, ese hombre absorbió gran parte de la lucha anarquista vernácula, generando esa confusión entre reformismo y revolución que hoy sigue campeando y frenando la solución definitiva de millones de personas en todo el Continente.

Segundo: Los parecidos (pocos) entre la dictadura cívico-militar y la Revolución de Mayo. Ustedes, lectores, pueden pensar que semejante hipótesis es un desacierto, una especie de traición a los principios independentistas de los glorificados hombres de 1810. Pues no. El punto es que detrás de la gente que quería la independencia se escondieron los que sólo querían cambiar una monarquía debilitada (en un momento hasta niveles casi payasescos) por otra más fuerte. O sea: en los días previos a que el grueso de la gente rodeara el Cabildo, ya varios conspicuos hombres de la “sociedad” hacían sus maletas para zarpar en busca de otro Rey. Eran los que habían lucrado suficiente con las concesiones mercantiles, con apropiación de tierras que nunca le pertenecieron, con cría de animales que se comían las pasturas que sembraban los esclavos, con la tala que comisionaban a capataces golpeadores y con la prostitución de alto nivel. Esos, que no son más que los parientes de los que hoy portan los apellidos que coinciden con el nombre de las calles y las avenidas de los barrios clasistas, que no son otros que los que reprodujeron la caterva de individuos que hoy siguen lucrando de la exportación de cosas sin manufactura y la importación de la misma cosa manufacturada afuera, que siguen manteniendo a los peones rurales en condición de esclavitud encubierta y se pasean de boina juntándose para hacer bulto en actos de camionetas 4×4 mezcladas con algún caballo para disimular. Esos, vieron que la revolución era fuerte en la masa y decidieron “esconder” sus pretensiones. Se mimetizaron con los paisanos que habían peleado en desigualdad contra los españoles, porque vieron que la gente quería algo diferente de lo que ellos iban a buscar a Europa. Y quedaron allí, larvados, mintiendo su patriotismo, mientras elaboraban en base a sus fortunas el “cambio de rumbo” que condujera la Revolución a una realidad paralela a la que ellos diseñaban y totalmente perpendicular a la voluntad de la masa. Es así como, de la buena voluntad de los Belgrano, San Martín, Moreno y los caudillos provinciales, hemos asistido al proceso violento del desalojo de las ideas independentistas de la cabeza de las masas, por la fuerza del capital, en 200 años de mentiras. No olvidemos que a esos vendepatria se han sumado mafiosos venidos de Europa, quienes han entrado como injertos macabros en el empresariado local; a algunos se los reconoce aún porque ni siquiera han logrado hablar fluidamente el idioma del que extraen sus fácilmente fugables ganancias. Haciendo lenguaje hiperbólico, diría mi amigo y Profesor Rubén Cassina, estas regiones son como la zanahoria: todo lo bueno está bajo tierra.

Tercero: La prensa hegemónica y las redes favorecen el giro a la derecha de los jóvenes que han sufrido la enseñanza dictadura /post dictadura. Este nuevo implante cerebral se genera en forma de descargas electrónicas, a través de las ondas tradicionales de radio y televisión. El diario de papel ha sucumbido ante sus propias recicladas ediciones en las redes. Pero las redes, como todo gran invento, pueden caer en manos del pueblo o del enemigo. Igual que las armas nucleares y los chips de las películas policiales, todo pasa por ver quién tiene la pelota en la mano y quién juega para quitársela. Digamos algo que ya dijimos: Nobel no sabía lo que iba a pasar con la dinamita. Menos problema se hicieron los nazis, que se fueron rapidito a EEUU a seguir inventando cosas que volaban, allá por 1945.

Es así que, a la fecha, quien disponga de más recursos, no controlará sólo la prensa tradicional, sino también las redes. El nicho cambia: la radio y la TV ya no captan la atención de los jóvenes: los niños juegan con sus celulares y ven plataformas que sus padres (inocentes) creen que seleccionan. Esas plataformas son oferta de lo que el imperio te deja ver, en platea VIP. Los adolescentes, luego de un paso discreto por Facebook, se han instalado en Instagram y Twiter. Facebook mantiene un perfil de conversación familiar, para un sector etario que ya abandonó la adolescencia o se integra a la red ya de mayor.

Si bien Twiter e Instagram son tan instalables como Facebook en los sistemas más portátiles de la comunicación moderna, tienen más reglas en lo estético y menos en los contenidos. De hecho, el pajarito ha duplicado su volumen textual por unidad de escritura, y ha permitido el hilo para crear una serie de twits consecutivos por parte de un mismo usuario, permitiendo también la adición de imagen. Instagram se ha ubicado como la meca de la reproducción de imágenes con textos pequeños, generando la sensación de la “ubicabilidad” del usuario no sólo en tiempo, cosa que Twiter ya había logrado con creces, sino en espacio. El reenvío, un aditivo válido para las tres redes, tiene recursos para activar la participación de nuevos usuarios a través de agrupamientos de contenidos por su temática. El pajarito y la camarita han estimulado al que lo emplea a “seleccionar temas” por el Hashtag y a “azuzar” a usuarios a leer los posteos a través del arrobado.

Entonces, quien hoy domine las redes produce dos efectos sociales claves sobre la masa: motiva fácilmente la creencia en noticias no chequeadas (un medio tradicional puede publicar una fake, pero no por no chequear sino a propósito) y desmotiva a la gente a usar la calle como sitio de expresión. Esto último favorece los intereses de la derecha, cuyo mayor drama desde 1968 ha sido la irrupción de las masas en la vía pública como expresión de visibilidad de reclamos. La combinación de las redes con la convocatoria a la calle ha dado más resultado a la derecha, dado que el manejo de medios portables de comunicación es económica y socialmente más manejable para los sectores sociales más altos y ha incidido sobre la visión sesgada del mundo que se trasmite a los jóvenes, ávidos de participar sin salir de su zona de confort, salvo cuando ya han sido captados al fanatismo. Este último surge también de lo que ese grupo etario ya ha escuchado como letanía en la parte mayoritaria de sus núcleos familiares, con los que suele estar en desacuerdo en las cosas diarias (excesivo rigor parental, disfuncionalidad hogareña, disputas por caprichos materiales insatisfechos), pero sin darse cuenta no lo está en cosas de fondo, que hacen a verificación de la zona de confort ya citada, con el agregado de una especie de “Síndrome de Estocolmo” modificado, en donde el captor es la “pertenencia” al redil de los poderosos.

Conclusión de fondo: Volviendo al muchacho peludo de los ojos diabólicos.

Asociado de modo subrepticio con otros liberales antiestatistas, no había cuajado en campañas anteriores. Pero en esta, logró un equilibrio con su principal espejo extradistrital, José Luis Espert, y un guiño de la derecha rancia a través de una falsa dicotomía con viejos lobos de mar de la explotación como Ricardo López Murphy, quien aparece como ladero del PRO, pero en realidad va a ser el nexo entre las ultraderechas de dentro y fuera de la coalición que domina la Capital, si en un momento la línea Heidiana de los del pendón amarillo se queda en no terminar de volcarse al fascismo, usando al Estado local para lo que siempre: negocios. Los negocios desde el poder no le interesan a estos libero-neofascistas, porque son muy riesgosos: siempre alguien los puede calificar de corruptos. Así las cosas, más vale impulsar la idea de que “la política es caca” y dejarse tildar de antisistema o antipolítica, motes que dan un tinte “rebelde” a lo que en realidad es la más dramática regresión a las fuentes mismas de la explotación del hombre por el hombre.

Ya explicamos que el término libertario no le pertenece a este demoníaco personaje de la derecha hiperclasista e hipersegregacionista, quien ya fue recogido por todos los medios cuando dijo que ellos (los arios puros siglo XXI) son “superiores estéticamente a los zurdos de m…”. Su visión supremacista sale a flor de piel cuando se distrae y arranca con su verborrea neonazi. Dijo que “no viene a conducir una manada de ovejas sino de leones y lo está logrando”, en su discurso como siempre desorbitado el propio 12 de septiembre a la noche. En realidad, semejante despropósito físico, mutante en una especie de Hulk rojizo cada vez que se envalentona, no es superior estéticamente a mí, que soy ese lobo solitario del que les hablé. Sólo tiene el espejo de una cantidad de pitucos hijos de explotadores que le dicen “qué lindos somos, qué bien que quedaríamos con camisas pardas de diseñador, pisando trabajadores en nuestros Audis”. Negacionistas de los cuidados anticovid, negacionistas de la dictadura cívico-militar, negacionistas de la protección del estado a los más pobres, recala en la propiedad privada en base al concepto de que “todo lo que existe es factible de ser tomado como propiedad privada” A fuer de sincero, este párrafo lo tomé de Wikipedia, y por ello es sólo una opinión de alguien (Facebook por ejemplo es muy parecido a Wikipedia en esto de tener una faceta de incomprobabilidad) “El libertarismo es partidario de la propiedad privada. … Los libertarios creen que los recursos naturales originalmente no son propiedad de nadie y, por lo tanto, las partes privadas pueden apropiarse de ellos a voluntad sin el consentimiento de otros.​ A esto se le llama teoría de la propiedad-trabajo.” Y si después haces un spot que dice “la inflación es la que se usa para apropiarse de tu trabajo”, no te extrañes que ese wikipedista ignoto tenga toda la razón. Porque si dices una falacia, todo el resto de tu discurso es una falacia. La inflación es fruto de la desinversión de los ricos, de sus trustificaciones de precios, de sus amenazas constantes de cerrar fuentes de trabajo, de considerar al trabajador como un gasto y de su inmoral mirada sobre la producción, de la que se apropian aunque es otro el que la hizo.

Echando una mirada sobre el Mundo todo, encontramos un renacer prepandémico de las ultraderechas europeas, que en su mayoría hacen un pico político pre-electoral en base a un discurso anti-estado, dando a entender que la corrupción de los políticos es cuestión estatal, cuando es una cuestión de clase. Anti migrantes, homofóbicos, antiaborto, antifeministas, cuestionan todos los derechos adquiridos por los trabajadores en nombre de un reajuste de achicamiento del estado (y con él, de los beneficios que se otorgan a los necesitados). Extrañan a Hitler, y a Franco, y a Mussolini. Se uniforman para las fotos. Conquistan escaños por todos lados. Pero al final, se hartan de ellos entre ellos, y van decayendo. A pesar de ser hermosos, blancos y de ojos claros, son más hediondos que yo, que soy un lobo solitario, gris, de ojos oscuros y con muchas heridas en el lomo. Espero que esta majada y sus arios líderes, terminen sus días como los Alsogaray, por ejemplo, olvidados y/o presos. Porque detrás de su renacer liberal trasnochado, no hay más que una serie de ataques contra los pueblos. La supuesta libertad que sustentan, se edifica sobre la muerte de los pobres, sin asistencia médica, sin comida, sin escuelas, ya que ellos desean fervientemente apropiarse de todo ello, y venderlo al precio que fijen. El lobo solitario los espera para hincarles el diente, la próxima luna llena. El bosque, hoy tapado por un árbol electorero, nos deparará gratas sorpresas y las patas de la bestia serán mordidas por los animales sanos que, sin ser estéticamente tan lindos como este señor, tienen otra belleza: la del compañerismo y la conservación de la vida.