El pasado 13 de agosto, tuvo lugar la charla Perspectivas feministas del ingreso ciudadano universal. Una propuesta para salir de la crisis más allá de la pandemia, entre Dora Barrancos (historiadora, socióloga, asesora presidencial, referente feminista argentina) y Juana Pérez Montero (co-directora de Pressenza, humanista y activista por la renta básica, miembro de la Red Humanista por la Renta Básica Universal). Dicho panel estuvo organizado por el Colectivo por el Ingreso Ciudadano Universal de Argentina.

En el mismo, Juana Pérez Montero sostuvo la necesidad y la posibilidad de implementar una renta básica o ingreso ciudadano universal como un derecho humano -el primero de los derechos, el derecho a la subsistencia- de haber voluntad política, frente a las medidas para pobres que se apoyan en la caridad y en la que insisten los gobiernos. Y cómo ello ayudaría a la liberación de las mujeres en todo el planeta.

En la parte posterior de preguntas, Pérez Montero llamó la atención sobre la resistencia a defender el derecho a la subsistencia (que estaría garantizado de contar con una renta básica universal), mientras que nadie cuestiona en Argentina la gratuidad y universalidad de la educación, por ejemplo. Un derecho existente en el país latinoamericano y con el que la periodista está de acuerdo, lógicamente. Y todo ello porque el reconocer una renta básica universal e incondicional toca el centro del sistema de creencias en el que se apoya este sistema capitalista y patriarcal, relacionado con la propiedad privada y el empleo como elemento esclavizante.

Un planteamiento que está lejos de la defensa del empleo como dignificador del ser humano y que tantos defensores tiene todavía. Reproducimos el planteamiento del que partió JPM y, al final, pueden ver la charla completa en video.

 

PONENCIA de Juana Pérez Montero

 

La pobreza tiene nombre de mujer sería un lindo título para un tango, por ejemplo, si la frase no escondiera tanta verdad y tan generalizada, si no hablara de tantos siglos, miles de años de postergación, de discriminación, de degradación, de violencias varias, de tanto dolor y sufrimiento… Toda una realidad en la que ya estábamos pero que se agranda y se ahonda con esta crisis a la que nos ha arrojado esta pandemia, una pandemia que nos ha unido en la desgracia, y que nos ha puesto frente a los grandes temores del ser humano: la enfermedad, la soledad, la muerte…

 

Estamos viviendo claramente una época paradojal

Paradoja que viven muchas mujeres y que explica muy bien un ejemplo concreto, el ejemplo de buena parte de las mujeres migrantes. Mujeres que cuidan de nuestras familias, de nuestros mayores, de nuestros niños y niñas, mujeres a las que necesitamos pero a las que pagamos salarios de miseria, al tiempo que ciertos sectores las “culpaban” de propagar el virus en las semanas más duras de la pandemia en España. ¿Es paradójico, verdad? Las degradamos, las culpamos, las tememos… mientras necesitamos de ellas para vivir.

He puesto el ejemplo de las mujeres migrantes porque además son víctimas de otro tipo de discriminación: la racial.Pero, es la misma paradoja que viven las mujeres en general.

Aquí, con el teletrabajo –que ha llegado con la pandemia, pero que ha llegado para quedarse- la casa se convirtió en la cárcel en la cual las dobles o triples jornadas se alargaron a 7 días a la semana para muchas mujeres.

Pero seguimos hablando de mujeres que tienen empleo, que tienen un empleo claramente explotador y esclavizante pero que cuentan con un empleo.

Cuántos millones y millones de mujeres que no paran de trabajar en jornadas interminables no reciben un peso por su trabajo. Y hoy más que nunca, como decíamos y estamos viendo, su trabajo no es que aporte a lo común, es que es vital para la comunidad. Es vital para la vida, valga la redundancia.

Cómo cambiaría la vida de más de la mitad de la población del planeta de contar con una subsistencia asegurada, con un ingreso ciudadano universal, por ejemplo. Un ingreso o renta básica incondicional, individual, suficiente, para dar respuesta a este momento de pandemia que vivimos, y más allá -como plantea el mismo titular de este conversatorio- si aseguráramos de modo permanente la subsistencia de todas las personas.

Y para asegurarla, reclamamos que se reconozca el ingreso ciudadano, la renta básica universal como un derecho humano, el primero de los derechos, el derecho a la sobrevivencia… dejando atrás la pobreza, la discriminación y la caridad, en el mejor de los casos.

Cuánta liberación y capacidad de negociación daría a las mujeres el tener una base material asegurada para ellas y sus hijos (incluyo a los hijos, ya que éstos recibirían también su asignación y dado que son las mujeres las que mayoritariamente se hacen cargo de los mismos), cuántas mujeres podrían separarse de sus parejas o ex parejas, de sus maltratadores en no pocos casos. Cuántos infiernos serían abandonados si las mujeres tuvieran medios para no tener que seguir conviviendo con un maltratador…

Cómo cambiaría la vida de las mujeres trans, un colectivo que tiene tan complicada la subsistencia por su difícil acceso al empleo.

Cuántas mujeres dejarían de ejercer la prostitución si tuvieran la subsistencia asegurada… y cuántas niñas

Cómo cambiaría la vida de millones de niñas –futuras mujeres-, quienes en lugar de jugar, estudiar y formarse han de ocuparse del cuidado de sus hermanos, del trabajo de los cuidados en la familia.

Cuántas niñas tendrían un futuro más feliz si no fueran obligadas a casarse, como bien sabemos, con hombres que multiplican su edad. Según datos de algunas organizaciones, cada 2 segundos, una niña es casada en el mundo.

Qué salto daríamos si desapareciera el trabajo infantil. Por cierto, si bien el 4 de agosto la Organización Internaconal del Trabajo ha conseguido la ratificación universal contra el trabajo infantil, al menos más extremo (y esto es un gran paso) ahora hay que trabajar para que se elimine de los usos y costumbres.

Volviendo a las mujeres… Cómo les cambiaría la situación a las mujeres migrantes, como apuntábamos. Tal vez, no decidirían migrar y verse obligadas separarse de sus seres queridos, de contar con un ingreso ciudadano .

Cómo les cambiaría, cómo nos cambiaría la vida, con una renta básica universal.

 

El Covid-19 ha agravado la situación previa

Ahora bien y volviendo a la pandemia. El Covid 19 lo único que ha hecho es agravar una situación en la que ya estábamos, en realidad en la que estaba la población entera, mujeres y hombres, todos los géneros. Una situación en la que cada día hay menos empleo como consecuencia de los grandes avances en la inteligencia artificial, por los avances tecnológicos, etc . Avances que –al mismo tiempo- producen más y más riqueza; una riqueza –dicho sea de paso- que es de todas y todos, de todes.

Una realidad en la que el creciente desempleo profundiza la falta de recursos económicos, y afecta –sin duda- más a la mujer, incrementando la discriminación hacia ella, su postergación, su degradación y su dependencia hacia el hombre.

 

Origen del patriarcado y la ruptura que produjo en las relaciones humanas

Una realidad que no responde a causas nuevas. Se trata de una realidad que viene de lejos, que comienza más o menos 10.000 o 12.000 años atrás –cifras que discuten los expertos- cuando nace el patriarcado. Un patriarcado que se viste hoy de capitalismo, neoliberalismo, que sigue apostando por el crecimiento salvaje, por el extractivismo, que desarrolló la violencia en diferentes formas desde su nacimiento, por cierto, y que no cesa en generar muerte y destrucción, pero que ya no da más de sí.

Y me voy tan lejos en el tiempo porque cada vez más voces, hablan de lo mismo: de que estamos ante una crisis civilizatoria. Una civilización que ha producido grandes avances,pero que lo ha hecho a través de la apropiación por parte de unos pocos de lo que era de todos, generando con ello enorme violencia y produciendo, con ello, enorme dolor y sufrimiento.

Esta crisis se va profundizando y nos encontramos en una encrucijada, en la que tenemos que elegir entre el no y el sí, que ha acompañado al ser humano desde que se produjera, en aquel momento, hace 10000 años, lo que el pensador –nacido en Argentina- Mario Luis Rodríguez Cobos (Silo) describiera como ruptura(1), como una brecha en el proceso, en el hilo conductor que había guiado al ser humano a lo largo de su proceso.

Decía que estamos en una encrucijada en la hemos de elegir entre seguir abriendo esa brecha, ahondando la ruptura entre unos seres humanos y otros o bien trabajar por construir otra cultura, otra civilización, en la cual – como proponía Dora en una entrevista dada a Casa América (de Madrid) hace unos meses- en la cual –decía- se ponga lo humano en el centro.

Y vuelvo atrás estos miles de años porque para dar una respuesta de este nivel, para construir una nueva cultura, en la cual se ponga en el centro al ser humano y la vida, necesitamos comprender qué pasó, dónde está la raíz del problema, de la violencia que vivimos… y cómo retomar la esencia de aquella construcción, de aquel hilo de la historia que se cortó, de aquella cultura que ponía el acento en la construcción común, en los cuidados de la comunidad…

Un hilo que ha movido la historia humana, una intención que viene de lejos y que busca eliminar la violencia, que busca eliminar dolor y sufrimiento… un hilo que rescate lo femenino, lo femenino que portamos todas y todos dentro… un hilo que lancemos y nos abra el camino al futuro que anhelamos… pero asiéndolo –como comentara Dora en la citada entrevista- asiendo ese futuro para traerlo hasta el hoy, un futuro que recupere lo humano y lo ponga en el centro, como decía Dora.

Necesitamos levantar el vuelo para ver lejos, para comprender nuestro pasado. Y no, no para quedarnos allá, sino para podernos reconciliar con lo vivido e integrarlo, para poder transformar la relación entre víctimas y victimarios y, además, para proyectar los elementos que aportaban a la vida, a la comunidad… de cara al futuro.

Necesitamos un nuevo humanismo que retome aquel hilo

Y un elemento que puede ayudar a concretarlo, es asegurar la subsistencia de todas las personas a través de una renta básica universal, un ingreso que –de golpe- eliminaría la pobreza y nos permitiría poner la base, el piso sobre el que plantarnos fuertes para tomar impulso y elevar el vuelo, y comenzar a imaginar juntas un futuro luminoso. Hoy es posible. Hay riqueza sobrada. Es posible y hemos de trabajar para conseguirlo.

Porque frente al nihilismo, frente a la desesperanza y la falta de fe en el futuro, frente a la amenaza del terrible futuro que nos vaticinan los mercados, hemos de rebelarnos y afirmar –como dice el título de un libro del mendocino Ernesto de Casas- : ¡TODAVÍA HAY FUTURO!

Hoy hay manifestaciones claras de que vamos también en esa dirección. Hay manifestaciones y movimientos que desde distintos campos trabajan por la defensa de vida: el movimiento feminista cada día más conectado a nivel planetario, más horizontal, inclusivo…, el movimiento en defensa del medio ambiente; este movimiento por la renta básica o ingreso ciudadano;numerosas manifestaciones de autoorganización de la base social –en los barrios- para dar respuesta a las necesidades más básicas durante la pandemia, etc.

Sé que el camino que nos espera no será fácil. No será fácil… Pero si juntamos intenciones, si juntamos lo mejor de todas, si conectamos movimientos por la vida, que pongan lo humano en el centro, si nos cuidamos, el futuro que anhelamos será nuestro… será de todas.

 

Aquí pueden ver la charla completa

(1) En una carta a la estadounidense Karen Rohn, que ésta ha compartido y sobre la que ha escrito una producción.