La “mística poética” traduce contenidos del corazón y la mente

24.08.2020 - Argentina - Redacción Mar del Plata

La “mística poética” traduce contenidos del corazón y la mente
Zoom Parque Chapadmalal, 22/08/2020 (Imagen de Leda Ayax, captura de video)

Por Jorge Nuñez Arzuaga*

El pasado sábado, 22 de agosto, se realizó la presentación del libro “Círculos de dorje”, en el marco del ciclo de charlas virtuales que organiza el Parque de Estudio y Reflexión Chapadmalal.

 

Gracias a los amigos que promueven este tipo de encuentros a través de la plataforma Zoom y del Facebook live de Parque Chapadmalal, tuve la oportunidad de compartir mi nuevo libro “Círculos de dorje”, que reúne una serie de apuntes/aforismos y poemas inspirados en gran parte por la Disciplina Mental –enseñanza impartida por Silo- y por la investigación sobre corrientes y autores referentes de la espiritualidad.

En principio hay que señalar que el taller “Mística Poética” dio un impulso significativo a esta publicación, ya que se trata de un ámbito en el cual estudiamos y experimentamos en el campo literario buscando descubrir las propias potencialidades, propiciando un intercambio interpersonal y también abierto a otros colectivos, orientados en el mismo sentido.

Nuestro objeto de estudio es “la Poesía”, en sus diversas manifestaciones, y el sujeto de estudio es “el que Escribe”, indagando en sus motivaciones y proceso creativo.

Así definimos tres aspectos de interés, reflexión y práctica:

  • La escritura como descarga catártica, que reproduce en textos e imágenes la particular sensación o estado emocional de amor, odio, ira, pesar, tristeza, frustración, soledad, desasosiego, etc.
  • La poesía como ideario social, comprometida con el mundo, que contiene valores de solidaridad, justicia, esperanza, libertad, lucha por los derechos humanos y sentimiento revolucionario (ligados a una emoción alta, a la razón y al “yo” sicológico).
  • La mística poética, que traduce contenidos más arraigados del corazón y la mente (amor universal, paz, compasión, la “verdad”, lo “sagrado”, lo “divino”, el “yo” profundo).

Seguramente las obras artísticas consecuencias de la descarga catártica son las más comunes, las que encontramos cotidianamente en cualquier catálogo. Y las que se pueden reconocer en uno mismo cuando se manifiesta la necesidad de “sacar” algo que molesta internamente, o que brota con una fuerte impronta visceral, y una vez expresada produce cierto alivio.

En cuanto al ideario social, es más frecuente en aquellas personas y movimientos que no pueden permanecer ajenos al sufrimiento de los demás,  y se ven instados a  dar testimonio, arengar, empujar el progreso de su pueblo, impregnando con determinada estética a su cultura.

Y, particularmente, nos referimos al caso de la mística, porque es ahí adonde apunta el libro que presentamos. Para ello buceamos en los orígenes de la poesía, y encontramos el primer poema épico de la historia en la civilización más antigua de la que se tengan registros: la civilización sumeria. Un poema que habla de la búsqueda de la inmortalidad y que además es un mito fundacional.

Hace unos 5 mil años “El poema de Gilgamesh” quedó impreso en 12 tablillas de arcilla, con trazo cuneiforme. Gracias al trabajo de muchos investigadores, y a pesar de las deficiencias que pueden aparejar las sucesivas traducciones en idiomas actuales, es posible interpretar el mensaje que atravesó los tiempos y espacios desde lo inmemorial hasta nuestros días, desde lo mítico hasta lo terrenal.

La epopeya de Gilgamesh es el relato de una aventura de hombres que enfrentan graves peligros, superan sus límites, se convierten en héroes y llegan a regiones donde habitan los grandes espíritus. Este periplo puede ser una narración ficticia, o una exagerada crónica de un viaje, pero resuena en nuestra conciencia, se replica y amplifica en distintas épocas y pueblos. Se convierte en mito…

¿Cómo es que se estable el nexo entre los hombres y los dioses?, ¿Es sólo a través de la oración, o la meditación?, ¿O también puede ser que la inspiración irrumpa en nuestra vida?, ¿Y por qué se recurre al lenguaje poético para describirlo?

Deducimos que es a través de una experiencia, del íntimo registro interno de contacto con “algo” trascendente, donde se establece el nexo, y que la única forma de ponerlo en palabras es con alegorías, metáforas o imágenes figurativas que tratan de aproximarse a otra realidad muy difícil de describir.

En este punto parece oportuno citar el libro de Octavio Paz “El arco y la lira”, en el apartado que tiene por título “La revelación poética”, donde dice:

“Religión y poesía tienden a realizar de una vez y —para siempre- esa posibilidad de ser que somos y que constituye nuestra manera propia de ser; ambas son tentativas por abrazar esa “otredad” que Machado llamaba la “esencial heterogeneidad del ser”.

La experiencia poética, como la religiosa, es un salto mortal: un cambiar de naturaleza que es también un regresar a nuestra naturaleza original. Encubierto por la vida profana o prosaica, nuestro ser de pronto recuerda su perdida identidad; y entonces aparece, emerge, ese “otro” que somos.

Poesía y religión son revelación. Pero la palabra poética se pasa de la autoridad divina. La imagen se sustenta en sí misma, sin que le sea necesario recurrir ni a la demostración racional ni a la instancia de un poder sobrenatural: es la revelación de sí mismo que el hombre se hace a sí mismo…”

Un dato testimonial

Recuerdo que en los años 80, en “La Comunidad para el desarrollo humano”, se hacía una ceremonia en la cual el Oficiante, en un momento, preguntaba a cada uno de los concurrentes: “¿De dónde vienes?” y cada uno respondía: “De la gran cadena montañosa del Oriente”, ante lo cual el Oficiante, mirando hacia el Oriente, repreguntaba: “¿Qué hacías allí?”. Y uno respondía “Buscaba al mayor de los poetas…”

En otro pasaje el Oficiante exclama: “¡Quien muere antes de morir, no morirá jamás!”.

Aquella búsqueda del mayor de los poetas y de la trascendencia está muy copresente para mí, y en los textos de este libro se hace evidente.

El nombre y el concepto

Los “Círculos” representan la pulcritud y perfección que se alcanzan con la meditación, y el “dorje” es el objeto ritual que guía hacia la verdad, representa la firmeza del espíritu y es comparable al Martillo de Thor o al cetro de Zeus.

Círculos de dorje

La vida
como un río que atraviesa la llanura
del espacio tiempo

El rayo
en la mano recta del hacedor
para transmutar el fuego

La quietud
que precede al caos creador
y los colores del silencio

La portada e interiores del libro fue diseñada por Maribel Núñez, y los ejemplares se distribuyen en forma gratuita en formato PDF, pudiendo solicitarlo al email: jonu154@yahoo.com.ar


* Jorge Núñez Arzuaga. Poeta y periodista. Miembro del Centro de Estudios Humanistas Moebius, Mar del Plata (Argentina).

Categorías: Humanismo y Espiritualidad, Sudamérica
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