Ahora que no se puede salir de casa -excepto para pasear al perro, ir a una tienda a comprarle una correa nueva a tu chiguagua, o hacer running, -ya que dichas actividades son realmente esenciales y transcendentes, según los expertos y científicos que aconsejan al gobierno- suelo despertarme muy temprano, alrededor de las 5 o 6 de la madrugada. La verdad es qué no sé muy bien por qué madrugo tanto.. Tal vez porque siento algo que me muerde las entrañas, como si tuviera un nudo en el estomágo que no me deja dormir.

Poco después de haberme despertado hoy, mi instinto — como buen gallego que soy– no fue otro que coger la tableta e ir a la página principal de La Voz de Galicia donde leí de inmediato el siguiente titular ‘Galicia Como Jamás La Habías Visto’ 1 Lo pinché y se abrió un álbum completo de fotos de toda la región: La calle Principe y la Gran Vía en Vigo, La Plaza de María Pita y La Calle Real en A Coruña, Plaza Mayor en Ourense, La Ronda de la Muralla en Lugo, La Plaza de Obradoiro y A rúa do Vilar en Santiago de Compostela, y muchas otras plazas y calles en diferentes puntos de Galicia. Pero lo que más me llamó la atención fue ver fotografias de playas paradisíacas (Praia da Lanzada en San Xenxo, Praia de Laxe entre otras), de una cáscada única en el mundo (Cascada de O Ezaro) y ni siquiera vislumbrar una figura ni silueta humanas.

Todas las fotos tenían un denominador común: en ninguna de ellas se veía un alma, -y más ahora que es primavera y comienza el buen tiempo- . estaban carentes de toda presencia o actividad humanas; ni un peregrino por la Ruta del Camino de Santiago, solo una paloma y un paraguas negro abandonados. Al observar dichas fotografías me sentí triste, no solo porque no había indicios de presencia humana, pero más aún porque antaño yo había estado en muchos de esos lugares disfrutando del Joie de Vivre mediterráneo con amigos y familiares en las terrazas, en los restaurantes, paseando por las plazas, o simplemente sentado bajo un soportal observando el vaiven de la gente en una tarde cualquiera de un año indefinido, mientras la actividad de los hombres seguía su curso natural.

Según transcurren los días de confinamiento de una crisis surrealista, yo me pregunto ¿si volveremos a disfrutar de esas plazas históricas, de esas calles estrechas llenas de marisquerías, de las playas paradisíacas de nuestro querido Atlántico y de otros muchos lugares -que hasta el momento habían sido puntos de referencia para poder desarrollar un modo de vida- otra vez?

¿Quién tiene el poder y la última palabra para acabar con esta pesadilla y dejarnos disfrutar de nuevo de nuestro patrimonio natural y cultural? No sé nada, pero si algo sé es que la decisión final no está en manos de Pedro Sánchez y menos aún de Boris Jonhson, sino en los consejos provenientes de expertos y científicos de universidades estadounidenses y británicas – que ahora mismo prefiero no nombrar- que a su vez reciben información de programas y simulaciones informáticas, es decir de la Inteligencia Artificial (I.A.) ¿No estaremos metidos en casa por culpa de las proyecciones futuristicas hechas por una maldita máquina? Cabe destacar que las máquinas no necesitan tomar cañas ni tapas, ni tomar el sol, ni pasear por las plazas o las playas. ¿Nos vamos a callar y dejar que socaven nuestras costumbres y modus vivendi? Entonces ya será muy tarde para volver a disfrutar de nuestra amada cultura.

 

Notas: 1. Galicia Como Nunca La Habias Visto Antes, La Voz de Galicia, edición del 7 de abril de 2020.