Más cordura, menos violencia. La organización ilimitada

27.02.2020 - Redacción Chile

Más cordura, menos violencia. La organización ilimitada

Por Howard Richards.

Chile, marzo de 2020

La apuesta de este bosquejo es: si uno comprende que la estructura cultural básica (junto con las leyes de la física, química, biología y otras ciencias naturales, todas ellas resumidas en la ecología) es el poder causal que más determina el rumbo de la historia; entonces uno comprenderá que la metodología de organización ilimitada es una metodología (no la única) apta para cambiar el rumbo de la historia.

La historia de la organización ilimitada comienza con las luchas de los campesinos en el estado de Pernambuco en el noreste de Brasil con las innovaciones del compañero de Paulo Freire, Clodomir Santos de Morais en los años 1960-64. El método de Freire destacaba la concientización. De Morais razonaba que además de concientizarse los campesinos tenían que organizarse, y que para organizarse tenían que aprender cómo organizarse. Así nacieron los laboratorios organizacionales. En ellos los participantes aprenden a organizarse (1) realizando tareas concretas para coordinar los esfuerzos de muchas (hasta mil) personas, y (2) estudiando la historia de la organización del trabajo humano. Cuando aconteció el golpe de estado del 31 marzo 1964, de Morais se refugió en la embajada chilena. Llegado a Santiago, fue recibido por dos militantes de su partido político, el PC, la pareja Isabel e Iván Labra, siendo los dos psicólogos y co-autores de un libro texto sobre la psicología de los grupos grandes, publicado por Editorial LOM. Contratado por la FAO, de Morais llevó la metodología de laboratorios organizacionales a Centroamérica, siempre mejorando el método a la luz de la experiencia. Fueron los Labra quienes llevaron la metodología de Clodomir Santos de Morais a África. En América Central y en África, y ahora en Europa, sigue evolucionando hasta el día de hoy. La palabra ilimitada (unbounded) aparece por primera vez en la tesis doctoral de Gavin Andersson (discípulo de los Labra, oriundo de Botsuana, residente de Sudáfrica) en la Open University del Reino Unido (2004).

Lo que sigue bosqueja una filosofía para los tiempos que nos toca vivir. Termina recetando una versión actual de la organización ilimitada para salir de la trampa estructural (es decir, la dependencia física de la población entera de las decisiones de los inversionistas) que suele derrotar la resistencia popular, frustrar la justicia, etc.

1) La siguiente es una propuesta para un marco pragmático, funcional y realista para hablar, pensar, y construir instituciones.[i]

2) El hecho fundamental de la historia humana y de las ciencias sociales es la existencia de individuos humanos vivos. Esto implica la organización física (körperliche Organisation) de la producción o recolección de alimentos y, en general, de lo que sea necesario para hacer posible la existencia humana. Como dijo Platón: El verdadero creador es la necesidad, quien es la madre de nuestro invento. … Ahora, la primera y más grande de las necesidades es la comida, que es la condición de la vida y la existencia.[ii]

3) Los seres humanos somos una especie que se organiza creando culturas. Las reglas culturales constituyen posiciones materiales (es decir, relaciones humanas que dicen relación con cosas físicas, tales como alimentos, tierras, herramientas). Las posiciones materiales constituyen estructuras sociales. Los poderes causales de las estructuras sociales explican los fenómenos en las ciencias sociales de forma análoga a la forma en que los poderes causales de las estructuras naturales (por ejemplo, moléculas, células, placas tectónicas) explican los fenómenos en las ciencias naturales.[iii]

4) La historia humana es una historia de organizaciones. Las körperliche Organisationen (organizaciones físicas, corporales) son creadas por criaturas sociales reflexivas, juguetonas, emotivas y a veces agresivas, cuentistas, espirituales y morales. Las culturas y sus correspondientes organizaciones materiales se prueban en el fuego de la experiencia. Algunas de las formas de organización son sostenibles. Se adaptan para enfrentar nuevos desafíos. Otras no.[iv]

5) Toda sociedad tiene una estructura cultural básica. Consiste en las reglas culturales que constituyen las posiciones materiales (estructuras sociales) que determinan cómo se satisface las necesidades básicas de las personas. Puesto que los humanos somos personas, nuestras necesidades básicas incluyen dignidad, libertad, autoestima, inclusión, amor, sentido, etc., así como alimentos, atención médica, seguridad, etc.[v]

6) Hoy, la mayor parte de la humanidad vive en una sola economía global neoliberal mundial. Su estructura cultural básica pretende tener una sola regla cultural: la libertad. Esta regla constituye y legitima las posiciones materiales que definen el libre mercado. En el pensamiento liberal, a veces explícitamente como en Kant, la escuela austriaca y Jean-Baptiste Say, la propiedad suele no ser una norma cultural distinta de la libertad. La propiedad –no cualquier propiedad sino la propiedad en el sentido de dominus del antiguo derecho romano— se considera inseparable de la libertad. Las posiciones claves de la sociedad de mercado son comprador y vendedor. Adam Smith expresó su espíritu cuando escribió que para obtener nuestro pan de cada día apelamos siempre al interés propio de nuestro panadero, nunca a nuestras necesidades ni a su benevolencia.[vi]

7) A menudo, cuando uno escribe, «la estructura cultural básica de la modernidad occidental moderna (ahora global) liberal es (o pretende ser) la libertad”, también se podría escribir, siguiendo a Sir Henry Maine, contrato. O siguiendo a André Orléan, séparation marchande. La separación es tanto una condición como una consecuencia de que las relaciones humanas se reduzcan a lo que Frances Moore Lappé llama «lazos basados ​​en el dinero». Orléan agrega :«… la puissance de la monnaie ne supprime en rien la conflictualité marchande et les luttes de puissance«.[vii]

8) Hay inevitablemente (aun antes del auge del capitalismo) una clase de perdedores, una clase de personas quienes no logran vender su fuerza de trabajo o cualquier otra cosa a un precio suficiente para mantener una vida digna. Esta es una consecuencia lógica de la separación, erróneamente llamada libertad. No hay obligación de comprar. Por lo tanto, aunque existe un deber ético de servir a la sociedad, no puede haber un deber ético de encontrar un trabajo, y mucho menos un trabajo que pague lo suficiente para mantener a una familia. Un trabajo requiere un comprador de trabajo, no solo un vendedor de trabajo. La libertad de comprar y vender incluye la libertad de no comprar. El hecho de que una persona necesite un buen trabajo no obliga a ninguna otra persona a contratarla. Comenzando con los primeros plebeyos (personas que no pertenecen a una tribu) y proletarios (personas sin propiedades) ca. 500 AC. en Roma, las estructuras culturales y sociales básicas occidentales han generado perdedores.[viii]

9) El Papa Francisco en Laudato Si (2015) tal vez no se dio cuenta de que al adoptar términos claves de la economía ortodoxa estaba usando palabras cuyos significados técnicos suponen la estructura cultural básica de la modernidad. Sí, tiene razón: salvar la biosfera y salvar a la humanidad de la extinción son bienes públicos. Sí, tiene razón: este es un caso de falla del mercado. El mercado solo no puede solucionar el problema. Sí, tiene razón: por lo tanto, la intervención del gobierno está justificada. PERO lo que se llama la crisis fiscal del estado deja a los gobiernos incapaces de hacer lo que deberían hacer. Aquella crisis es producida en parte por la competencia fiscal entre los 196 países del mundo, cada uno competiendo con 195 otros para atraer la inversión y para prevenir la fuga de capitales. La necesidad de poner la confianza de los inversores (es decir, confianza que la inversión va a ser rentable) por encima de la ecología y por encima de la justicia social es una consecuencia de una organización körperliche que hace que la vida de la mayoría de las personas dependa físicamente de la acumulación de capital por parte de relativamente pocas personas. Como solía decir el presidente chileno Salvador Allende, “tenemos el gobierno, pero no tenemos el poder”. Como Habermas explicó en detalle, el mercado es la institución dominante que a fin de cuentas manda; el gobierno es secundario, y está obligado a obedecer. [ix]

10) La estructura cultural básica vigente tiende a castigar a los poseedores de riqueza responsables que comparten su excedente (al compartir evitan la avaricia, uno de los siete pecados capitales, definida como tomar más de lo que se necesita). Con el tiempo, las familias que se concentran en acumular capital y luego reinvertirlo para acumular más capital, ceteris paribus, por las leyes de interés compuesto, ganan más poder e influencia que los buenos ciudadanos que comparten sus excedentes. [x]

11) Los grandes propietarios que se dedican a acumular cada vez más riqueza, formando en su conjunto la élite de una nación, están en condiciones de convertir su poder económico en poder militar. Pueden pagar el costo de armas cada vez más poderosas y sofisticadas. Ganando las guerras –hoy en día el 90% de las guerras son guerras civiles—pueden imponer sus criterios. Bertrand Russell ha explicado cómo el poder económico y el poder militar son intercambiables. [xi]

12) El sistema jurídico occidental postula un contrato social que asegura el derecho de acumular propiedad sin compartir. Como se observó en (6) arriba, este derecho se identifica con la libertad. Lamentablemente, fue incluido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Históricamente, la mitología del contrato social fue una versión Ilustracionista (de los siglos XVII y XVIII) de una ideología medieval de los comerciantes europeos. Según aquella cosmovisión medieval, hubo una edad de oro en el pasado cuando los comerciantes pudieron ejercer el comercio en paz, libres de los abusos de los reyes y los abusos de los nobles. Vivieron felices al amparo de los emperadores romanos, quienes respetaban la ley romana. Posteriormente, en la temprana modernidad, el contrato social llegó a ser la base de la jurisprudencia de la modernidad no porque de hecho la sociedad fuera formada por un contrato, sino porque la filosofía jurídica que postula una sociedad fundada por un contrato original con garantías para los acumuladores fue la mitología impuesta por las fuerzas que ganaron las guerras civiles en Europa. (Foucault) Posteriormente el sistema europeo se impuso por la fuerza al resto del mundo.[xii] (Maria Mies, Walter Mignolo y muchos otros) Un “nuevo contrato social”, debe corregir los defectos del antiguo, y establecer la responsabilidad y la función social de la propiedad como normas fundamentales.

13) Si se comienza con la libertad, definida (erróneamente) como lo que E.F. Schumacher llamó irresponsabilidad institucionalizada, se terminará con una economía ingobernable. El gobierno no puede ser el garante de los derechos sociales (como salud, pensiones, educación, ingresos) de cada quien. No puede imponer leyes duras para revertir el calentamiento global y salvar la biosfera. Los gobiernos no pueden (menos casos excepcionales como Suecia en los años inmediatamente después de la segunda guerra mundial) corregir las fallas del mercado. Además de la corrupción y la violencia, existe un imperativo estructural fundamental que hace que la vida de todos dependa de productores altamente eficientes y bien capitalizados. Sus intereses priman no solamente porque ellos mismos son privilegiados, sino porque el pan diario de las masas depende de ellos. La desigualdad y la exclusión son inevitables (es decir, inevitables dada la estructura cultural básica). El proceso de concentración del poder económico, y la consecuente dependencia y marginación de las mayorías, es llamado la ley de sustitución (vale decir la sustitución de los productores ineficientes por los más eficientes) por Alfred Marshall. Eugen von Böhm-Bawerk lo llama la eficiencia superior de la producción indirecta (no artesanal) tecnificada y bien capitalizada. Las mayorías terminan dependiendo de una economía global ingobernable para producir su pan diario, y para generar el empleo que necesitan para ganar la plata para comprar su pan diario. [xiii]

14) La organización ilimitada (OI) es semejante a la economía social y solidaria, la economie humaine francesa, la economía del bien común y toda una familia de economías alternativas. Parte de una ética de responsabilidad. Organiza la cooperación entre sectores para el bien común. La OI cambia el actual curso de la historia para cambiar su causa raíz: la cultura de la indiferencia mutua, la separación. Se llama ilimitada porque no se limita a abogar por una sola solución específica. Promueve la creatividad y la sociedad abierta que experimenta con innovaciones sociales. Realiza la difusión de diversas soluciones que han sido eficaces en la práctica. “Eficaces” en el sentido que fortalecen el poder a nivel de base, satisfacen la gama entera de necesidades humanas, y son compatibles a largo plazo con la naturaleza. También se llama ilimitada porque organiza la alineación de todos los sectores para alcanzar las grandes metas de la sociedad entera, como son la eliminación de la pobreza, las culturas de paz y el equilibrio ecológico. Además, se llama ilimitada porque no trata a la persona o a la organización como existente por sí misma; como si fuera el centro del universo, dedicado solamente a sus propios objetivos. Dicho todo esto, tiene metas específicas: liberar a la humanidad de la excesiva rigidez de las instituciones y de su excesiva dependencia de la acumulación privada de capital.

En la OI el énfasis cambia de la crítica negativa a la construcción positiva. Más cordura. Menos violencia. La OI surgió del desarrollo comunitario y la educación popular en Brasil, Honduras, Costa Rica, Sudáfrica, Botsuana, Mozambique y otros países latinoamericanos y africanos. Pero no se limita a promover el desarrollo comunitario y la educación popular. Abundan las instituciones ya existentes que también aportan en principio a los cambios necesarios, tales como: la salud publica y otras instituciones del estado benefactor, las religiones que enseñan y practican el amor fraterno, las diversas cooperativas, las empresas auto-gestionadas por sus trabajadores, los clubes de servicio como los Rotarios y la Cruz Roja, los masones, las juntas de vecinos, los bancos públicos, los bancos éticos, las Empresas B, la economía del bien común, los sindicatos, los consejos directivos y gerentes de todo tipo de organización, las familias, las ONG, los partidos políticos, las comunidades de base, las empresas con misión social, las escuelas que enseñan los valores humanos… y una infinidad de instituciones más. Destacamos que sus aportes son positivos en principio porque en la práctica siempre hay que luchar contra la corrupción, la crisis fiscal del estado, los desequilibrios de poder y de recursos, y contra todos los vicios. En todos estos ámbitos, y en los otros ámbitos que no figuran en nuestra lista, destacamos las normas culturales. Ellas establecen las relaciones materiales en todas partes. Forman (y son formadas por) la voluntad humana. Tomando todo esto en cuenta, es poco probable que el cambio de rumbo que va a salvar la humanidad y la biosfera venga del triunfo de los unos sobre los otros, destruyendo las organizaciones que existen. Es más probable que venga (si es que viene) de los dos poderes causales que a fin de cuentas determinan el rumbo de la historia: la naturaleza (con cuyas leyes tenemos que conformarnos porque no podemos cambiarlas) y la voluntad humana.[xiv]

15) Repito la idea expresada en la frase anterior con mayor detención. El ser humano es un animal ético. La capacidad para obedecer normas figura entre los criterios aplicados por los antropólogos y biólogos para trazar la línea imaginaria entre nuestros ancestros pre homínidos y nuestros ancestros humanos. Las reglas que constituyen las instituciones (vale decir, las estructuras sociales) son normas morales. El sistema mundial actualmente dominante tiene una gran fuerza moral, sin la cual el comercio y los bancos no podrían funcionar. Pero las practicas solidarias también tienen gran autoridad y fuerza morales. La solidaridad tiene fuerza moral hasta al nivel de la fisiología del cerebro. Las tendencias pro-sociales están cableadas en nuestro ADN.

Además: a estas alturas el actual sistema mundial ya no le conviene a nadie. A fin de cuentas, somos éticos por el corazón y por el cerebro.

Cualquier persona que cumpla un papel en cualquier organización puede sentir sentimientos pro-sociales. Puede reflexionar que el mundo como es no es como tiene que ser. Puede sentirse llamada a la responsabilidad social. Puede preguntarse: ¿Cómo puedo ser parte de la solución y no del problema? Por eso, en cada punto del sistema (en cada persona, en cada rol, en cada posición) la voluntad humana puede cambiar. Es atendible también la perspectiva de que la voluntad humana cambia no solamente por razones humanas, sino también por encuentros con un poder espiritual superior. La sumatoria de cambios personales es capaz de cambiar las estructuras. Es capaz de cambiar hasta aquellas estructuras que actualmente tienden a castigar a los solidarios y a premiar a los acumuladores.[xv]

 

Notas

[i] Propuesta en el sentido expresado por Richard Rorty, El giro lingüístico. (1967) pp. 117-8.

[ii] Marx y Engels, La ideología alemana. (1845-46) pp.16-18 de la edición Grijalbo de 1974. Platón, República, Libro Dos.

[iii] C.H. Waddington, El animal ético (1960); Douglas Porpora (1993) Cultural rules and material relations. Sociological Theory vol. 11, págs. 212-229; Roy Bhaskar (cuarta edición 2015) The possibility of naturalism p. 38

[iv] Jared Diamond, Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (2005); Arnold Toynbee, A study of history (1934)

[v] Christian Smith, What is a person? (2011); Victor Frankl, El hombre en busca de sentido (1946). Muchos escritores usan diferentes palabras para hacer puntos iguales o similares a los que hacemos con el concepto de estructura cultural básica. Por ejemplo, Max Weber y Karl Marx escriben sobre las relaciones sociales (su Verhältnisse = nuestras estructuras).

[vi] Howard Richards, Understanding the global economy (2004); Joseph Stiglitz, El malestar de la globalizacion. (2002). Adam Smith. La riqueza de las naciones (1776) Libro I, Capítulo dos. «Una sociedad liberal es aquella que no tiene ningún ideal excepto la libertad». Richard Rorty, The Contingency of Community. London Review of Books, 24 de Julio de 1986.

[vii] Henry Maine, El derecho antiguo (1861). Sin embargo, al explicar la modernidad, Maine presta casi la misma atención a la propiedad que al contrato. Contrastando las del occidente moderno con otras instituciones de propiedad, prácticamente todas las otras eran más colectivas y menos individualistas. André Orléan, L’Empire de la valeur (2011) p. 165. Frances Moore Lappé y otros, Doce mitos sobre el hambre (1977).

[viii] John Maynard Keynes dedicó aproximadamente un tercio de su Teoría general (1936) a la debilidad crónica de la demanda y la consiguiente ubicuidad del desempleo, el empleo precario y los bajos sueldos; y alrededor de un tercio a la debilidad crónica del incentivo para invertir. Vislumbró, pero no comprendió, que estos no son, a fin de cuentas, descubrimientos económicos o psicológicos. Son consecuencias de la estructura social y de la estructura cultural básica que constituye la estructura social.

[ix] Jürgen Habermas, Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. (1973)

[x] Milton Friedman comenta en Ensayos sobre economía positiva (1953, p 13 del original inglés) que cualquier persona con un negocio que no atienda a la necesidad de maximizar la acumulación de ganancias quebrará en poco tiempo. Marx escribe en el prefacio de la primera edición de Capital (1867) que, por mucho que un capitalista pueda elevarse subjetivamente a un nivel moral superior, sigue siendo una criatura de relaciones sociales objetivas que no puede cambiar. Aunque semejantes asertos tengan cierto olor a verdad al interior de la estructura social básica que tenemos, no es la que tenemos que tener. Tampoco domina cien por cien ahora, puesto que existen muchas contra-culturas.

[xi] Bertrand Russell, El poder (1938); Augusto Pinochet Ugarte, El día decisivo (1980)

[xii] Michel Foucault, Hay que defender la sociedad (curso dictado en 1976); Maria Mies, Patriarcado y acumulación a escala mundial (1986); Walter Mignolo, Cosmópolis: el trasfondo de la modernidad (2001).

[xiii] Alfred Marshall, Principles of economics. (primera edición 1890); Eugen von Böhm-Bawerk, Kapital und Kapitalzins (1884)

[xiv]  Howard Richards, Un Concepto de Economía Solidaria: Organización Ilimitada. Es un capitulo en Raúl González Meyer (editor) Ensayos sobre economía cooperativa, solidaria y autogestionaria (2017)

https://unboundedacademy.org; https://unboundedorganization.org

Gavin Andersson y Howard Richards. Unbounded organizing in community (2015) (guía práctica paso a paso).

[xv] Howard Richards, Educación Moral y Cambio Social. Políticas Publicas. 2018 número uno. pp. 1-13. Publicado el 8 de agosto de 2018. Se puede bajar de http://www.revistas.usach.cl/ojs/index.php/politicas/article/view/3358/26002693

 

 

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