Pusieron un cerco en torno al monumento a Baquedano, con una puerta que abren en caso que algún turista desee tomarse una foto. Instalaron un total de 1.000 carabineros de punto fijo, de los de Fuerzas Especiales, además de los guanacos o carros lanza-aguas y el zorrillo para los gases lacrimógenos. Han anunciado que controlarán de ahora en más la identidad a cada persona que llegue hasta el lugar. También lo harán en el Parque Forestal, puente Pío Nono y en el Parque Bustamante. Porque a partir de hoy, las autoridades han decretado que nadie más se manifiestará en el lugar que el pueblo llama, desde hace dos meses, Plaza Dignidad.

El Intendente ha decretado que basta de manifestarse, ha señalado que no hay autorización alguna para ningún tipo de acto en el lugar, ni asambleas, ni cicletadas, ni conciertos. Como si alguna vez, desde el 18 de octubre pasado, se le hubiese solicitado algún permiso para hacer explícita la necesidad de recuperar la dignidad. Como si cada tarde los cientos, los miles que han concurrido, hubieran considerado siquiera lo que la autoridad podía llegar a decir.

Hoy el Intendente amenazó con «retirar» del lugar a todo aquel que permanezca en la Plaza. Como si no se hubiesen llevado detenidos ya a cientos, como si no hubiesen herido a miles, si no le hubieran disparado sus balines a tantos que han quedado ciegos, incluso muertos.

Insiste en que no está autorizada ni una sola manifestación en Plaza Italia. No advierte que esa plaza hoy ya no existe, actualmente es la Plaza Dignidad, un concepto difícil de comprender para esa Intendencia y este Gobierno. Pero a nadie le interesa lo que estas autoridades digan o no digan, porque ya no representan a nadie. Porque solo se les ocurrió reprimir. El pueblo resistió y seguirá resistiendo, por dignidad, por nada más.