Aportación feminista de valores republicanos universales

16.09.2019 - Barcelona, Cataluña - Redacción Chile

Aportación feminista de valores republicanos universales
(Imagen de Francisca Silva)

Por Montserrat Vila Planas

Intervención de Montserrat Vilà Planas en el acto “Valores republicanos” del Seminario Salvador Seguí y de la Fundación Cipriano García. CCOO de Catalunya preparó así su compromiso con la Diada Nacional del 11 de septiembre. Junto a Vilà contribuyeron a la reflexión la secretaria general de CCOO de Lleida y el profesor David Casassas.

Muchas gracias por la oportunidad de compartir con vosotras los valores para un futuro de Libertad que todas esperamos y por el que luchamos.

Me es grato compartir que tuve la ocasión de participar en el cierre de la Escuela de la Mujer de CCOO de 2018. La encontré gratificante y muy aleccionadora. Sentí a las mujeres sindicalistas que respiraban lucha y convicción en su fuerza en las empresas. Me cautivó la idea de que los cambios sobre los progresos de las mujeres costaban mucho, venían lentos, pero venían para quedarse.

El avance de los valores, sentimientos y necesidades de las mujeres eran inexorables.

Las sindicalistas explicaban como la huelga feminista de 2018 fortalecía e ​​introducía avances de conciencia cualitativos. Las mujeres, desde la empresa y desde cualquier lugar, toman conciencia y se empoderan. Las adolescentes y las chicas más jóvenes toman el testigo como un hilo de Ariadna para resolver y terminar con el laberinto de la dominación y sumisión.

Las mujeres queremos ser y seremos personas en este siglo, libres de violencia y violaciones. Así ha sido a lo largo de la historia. Las mujeres somos un factor de valores de cambios universales. Empezando por ser fuente de vida de las niñas y los niños.

Valores y Mujeres

Ordenaré mi intervención en función de los valores y derechos que aporta el feminismo a un futuro de mundo solidario del conjunto humano y de la naturaleza, igualitario real, de una ética de la equidad pequeña, íntima, y ​​universal, sin la violencia machista y la lacra de la dominación patriarcal de media humanidad, la de los hombres, sobre la otra media, la de las mujeres. Lo ilustraré asociando unos valores y citando algunas de las mujeres, sin pretender exhaustividad, que, a lo largo de la historia pasada y presente, han luchado para hacerlos posible.

Libertad y Hipatia de Alejandría. Igualdad con Olimpia de Gouges. Solidaridad de Flora Tristán. Sociales de Clara Zetkin. La Revolución de Rosa Luxemburgo. Los Derechos reales de las trabajadoras con Alexandra Kollontai. La Democracia con el voto de las mujeres de Clara Campoamor. La Vida y Emilia Pardo Bazán. La Educación de la sindicalista Isabel Vila. Equidad y Justicia social con Sara Moreno. Sororidad y Marcela Lagarde. La Cura y el amor a la Naturaleza con Yayo Herrero. El Diálogo de Lídia Puigvert y las Diversidades de Judith Butler.

Esta es una relación de valores, siempre teniendo en cuenta que es tan difícil definir los valores feministas como los valores morales en sí; de todos modos, podemos asumir en general que los valores feministas son los valores políticos-sociales que se relacionan en la necesidad de girar 180º a toda la cultura de opresión que se erige sobre la base del dominio masculino. Hemos de repensar cómo nos relacionamos unas con otros desde la igualdad y desde la libertad consiguiendo los derechos reales de las mujeres.

Trazos en el transcurso de los siglos

Libertad. Derecho a pensar «Defiende el derecho a pensar porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar”. Hipatia de Alejandría (S. V, 155-450) Filósofa, científica.

Las mujeres hemos sido privadas de nuestras propias decisiones desde tiempos ancestrales. Hemos estado y estamos bajo el dominio de los hombres en una sociedad patriarcal.

La violencia machista es la más extrema expresión de este dominio y se manifiesta en todas las relaciones sociales. En las relaciones afectivas, sexuales, educacionales, laborales, de ocio, etc. se nos ha sido negada la libertad de ocupar el espacio público, la libertad al propio cuerpo, la libertad de pensamiento, en contraste a la mirada etnocéntrica que pone en el centro de todo al hombre. Es por ello que el derecho a la libertad para las mujeres adquiere un carácter urgente y específico en una sociedad que lucha por todo tipo de libertad individual y colectiva. Porque las mujeres somos el 50% de la humanidad. Hay que hacer una transformación de los conceptos de género, sexo, rol de las mujeres y los hombres para conseguir esta libertad y que seguro implicará también la liberación de muchos roles impuestos a los hombres.

Igualdad. Olympe de Gouges (S. XVIII, 1748-1793). Política, escritora. «Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana» (1791) en contraposición a la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano que no incluía a las mujeres.

En el momento de los grandes cambios revolucionarios de la Ilustración con la Revolución francesa (1789-1799), el patriarcado pervive en muy buena sintonía con el nacimiento del capitalismo y la sociedad burguesa. Los conceptos «libertad, igualdad, fraternidad», conceptos revolucionarios de gran calado, excluyen en la práctica real en la mitad de la humanidad que son las mujeres. Queda patente que no es sólo un problema de lenguaje y que el genérico masculino no funciona.

Solidaridad, de Flora Tristán. (S. XIX, 1803 a 1844). La Unión ouvrière (1843), donde ve la necesidad de la unión universal para la emancipación de los trabajadores y las trabajadoras. Crea la frase «Proletarios del mundo, uníos», empleada en el Manifiesto Comunista por Marx y Engels.

Tristán fue la primera en definir en varios escritos la fuerza de la unidad y solidaridad para conseguir los derechos de las mujeres. Muy al día con la consigna actual de que la revolución debe ser con las mujeres.

Juntas tenemos la fuerza por el cambio. Tal y como lo hemos comprobado en los últimos años por el derecho al aborto, por un Pacto de Estado contra la violencia machista. Contra la violencia sexual.

Sociales de Clara Zetkin (S. XIX-XX, 1857-1933). Impulsora del Día 8 de marzo como “Día internacional de la mujer trabajadora «en 1910.

Los derechos sociales del trabajo, la educación, la salud y la vivienda, están a la orden del día en un contexto económico que atenta contra todas las personas en general y, en particular, aumenta y persiste en un elevado índice de la pobreza para las mujeres.

La Revolución de Rosa Luxemburgo (S. XIX-XX, 1871-1919) Revolucionaria. Política. Activista.

Sitúa los Derechos Humanos y Universales para las mujeres. Vislumbra y promueve un cambio estructural de la sociedad patriarcal. Establece que el Poder político debe cambiar de clase, de la poseedora a la desposeída; la estructura institucional se debe construir de nuevo desde la masa popular trabajadora sobre los escombros de la existente de los poderosos. Concibe la Organización social dando valor a la vida y la naturaleza en contra del interés del capital.

Luxemburgo analiza todos los factores que intervienen en la lucha por los derechos de las mujeres. Ser mujer de clase social trabajadora, de otra cultura, ser mujer de otro etnia o color, o no seguir los cánones e identidades sexuales impuestas, hacen aún mayor la desigualdad y discriminación hacia las mujeres.

Para cambiar completamente el mundo deberemos tener en cuenta todos los valores que representa la gran diversidad de mujeres en la humanidad.

Los Derechos reales de las trabajadoras con Alexandra Kollontai (S. XIX-XX, 1872-1952).

Kollontai es adalid de la lucha práctica contra la brecha salarial, la precariedad laboral, el prejuicios y estereotipos por el hecho de ser mujer, el dejar de depender del hombre para trabajar, educar a las criaturas o disponer de una vivienda, el poder divorciarse por la decisión de la mujer.

No sólo la desigualdad salarial, también las dificultades en el acceso y condiciones laborales, la segregación sectorial y ocupacional, o la especial incidencia en la ocupación de las mujeres de la ausencia de políticas favorecedoras de la corresponsabilidad y medidas de conciliación entre tiempo de trabajo y tiempo de vida, constituyen manifestaciones evidentes de la persistencia de la desigualdad hacia las mujeres en nuestra sociedad.

Esta discriminación salarial se extiende a las condiciones laborales y en las expectativas de responsabilidades profesionales. Cuando pasamos de las categorías más bajas al capataz, de la administrativa al jefe, de la enfermera al médico, de la ejecutiva a los gerentes y consejeros delegados, hay una pirámide infernal donde las mujeres son la base de muchas profesiones y espacios de acción, pero son excluidas sin compasión en la dirección de las empresas, de los partidos y en general de todos los aspectos políticos de la sociedad.

La Democracia con el voto de las mujeres de Clara Campoamor (S. XIX-XX, 1888-1972).

El ejemplo del sufragio universal es aleccionador de cómo en esta revolución las mujeres siguen sin obtener la condición de ciudadanas de pleno derecho.

Después de dos siglos de lucha por los derechos de las mujeres en algunos países como el nuestro se han alcanzado unos derechos legales, pero aún no reales respecto las discriminaciones de las mujeres respecto a los hombres.

La Educación de la sindicalista Isabel Vila. (S. XIX, 1843 a 1896). Maestra de la Institución Libre de Enseñanza en Sabadell.

Vila es una defensora de la Coeducación en todo el camino educacional. La coeducación es un cambio cultural que hace tambalear la estructura patriarcal porque elimina el androcentrismo, deconstruye las tareas atribuidas a los dos géneros masculino-femenino dándoles el mismo valor a todas las personas, y elimina la imposición de la identidad sexual binaria.

La Vida y la poeta Emilia Pardo Bazán (S. XIX-XX, 1851-1921).

La autora de «Pazos de Ulloa» fue libre pensadora sobre la relación y matrimonio entre lesbianas, mientras publicaba sobre la violencia contra la mujer … «La lenidad con esta clase de crímenes se grande. Sale bastante barato dar muerte a una mujer«.

Equidad y Justicia social. Sara Moreno (S. XX, 1978).

La oportunidad para cambiar el mundo que representa la equidad de género sea factible hay que frenar la astucia de la historia que se empuja en naturalizar las desigualdades de género. Hay que seguir ampliando el significado de la justicia para señalar las relaciones de poder que se establecen en torno a los trabajos (incluido el cuidado), la reproducción o la sexualidad. Cabe recordar como dijo Kate Millet que «lo personal es político». Las desigualdades de género no pueden reducirse a una cuestión de percepción y estrategia individual porque son una injusticia social”. Discurso de Sara Moreno el 8 de marzo de 2015.

Sororidad y Marcela Lagarde. (S. XX, 1948). Antropóloga e investigadora.

La sororidad es fortalecer nuestra complicidad y trabajar conjuntamente. La sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo.

El Diálogo de Lidia Puigvert (S. XX, 1970) y las Diversidades de Judith Butler (S. XX, 1956).

Inclusión de todas las voces de todas las mujeres a través de un diálogo igualitario. Muy elocuentes con su obra «Otras mujeres» (Puigvert-Butler).

El Cuidado. Poner en el centro la vida de las personas. Yayo Herrero (S. XX, 1965).

En los últimos años se ha avanzado en el concepto de los trabajos de cuidado y reproductivos que históricamente están designados a las mujeres. Porque, siguiendo el modelo de la sociedad androcéntrica y patriarcal, no se ha dado valor a estos trabajos que de hecho sostienen en gran medida los otros trabajos del sistema productivo.

También ha sido una de las reivindicaciones más candentes y reflexionadas de las huelgas feministas de 2018-2019 que han significado un gran punto de inflexión en la comprensión de la necesidad de un cambio estructural de la forma de relacionarnos y socializarnos.

El sistema económico actual pone en el centro la ganancia del capital por sobre las personas. Y la economía feminista, ha comenzado a caminar de la mano de algunas teóricas y filosofas, para explicar, con la noción de la economía de los cuidados, como las desigualdades de género forman parte de no tener en cuenta la reproducción y cuidado cotidiano de las personas, centrándose sólo en los mercados y los beneficios de la producción.

Las mujeres, por el hecho de dar la vida, han estado ancestralmente muy ligadas a la tierra y la conservación de la misma. El Movimiento feminista ha tejido lazos con el movimiento ecologista, y ahora, en estos momentos de reflexión y lucha por la sostenibilidad del planeta, es un valor que defender pues tienen enemigos comunes en el sistema económico y social.

Los valores y derechos universales son de naturaleza y contenido republicano

Los valores republicanos, por tanto las instituciones republicanas que los han de encarnar, para ser realmente democráticas y tener en cuenta la diversidad de las relaciones entre las personas, deben incluir, además de los derechos formales alcanzados y que legalmente en teoría funcionan, como por ejemplo la Ley del derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista o la Ley de igualdad efectiva entre mujeres y hombres, que lleguen a ser una realidad en todos los niveles, social, ambiental, educacional, cívico. Estos valores incluso si proceden de la lucha por los derechos de las mujeres y del feminismo, tienen vocación de ser universales y unir fuerzas en los diferentes movimientos sociales que reivindicamos un mundo más solidario y libre de violencias.

Debemos romper el espejismo de valores que, con el mismo nombre, como la libertad, puedan ser exclusivos de una parte de la humanidad. Hemos de romper el hechizo de que los derechos universales no cuentan para la mitad de la humanidad, como si las mujeres no formáramos parte del Universo.

El movimiento de mujeres y feminista está en la calle. Las mujeres masivamente hemos salido a decir Basta. El saber de la sostenibilidad de la vida y la naturaleza de las mujeres, de tantos siglos, está aflorando para impregnar a la sociedad de todos sus valores.

En todos los ámbitos hay signos de que estos valores se están imponiendo.

En el mundo laboral con los convenios deberá ser una prioridad acabar con el acoso sexual, con la discriminación y desigualdad. La violencia sexual comienza a destaparse, los hombres, empezando por los «hombres ilustres» y los «hombres religiosos», ya no tienen asegurada la impunidad, y pasan de ser modelos de éxito a seguir a ser descubiertos, denunciados y rechazados. Incluso en la judicatura por la presión social deberán ir cambiando, dando credibilidad a los relatos de las mujeres agredidas, violadas. La prevención de la violencia se abre camino en el ámbito educativo. La participación de las mujeres en puestos de decisión cuesta, pero ya se debe tener en cuenta en la política y en las empresas.

Hace 25 años en la 4ª Conferencia de las mujeres de NNUU en Beijing surgía el lema «Mirar el mundo con ojos de mujer«. Todavía no lo hemos conseguido, pero estamos haciendo un cambio cualitativo, estructural. No hay freno para estos valores y derechos.

La construcción de un nuevo país de valores republicanos es una transformación revolucionaria que debe contar con estos valores si se quiere conseguir realmente la solidaridad y los valores democráticos y sociales.

Los valores y derechos universales son consustanciales con su realización práctica para las mujeres y los hombres, es decir el conjunto de la humanidad y la naturaleza. Los valores y derechos universales son de una naturaleza y contenido claro republicano, tienen sentido para hacerse efectivos en una república.

El sistema patriarcal no tiene ningún sentido ni razón cívica, social ni ética para seguir existiendo en el siglo XXI.

Este futuro por lo que estamos luchando surgirá de la fusión de estos valores y esta vez las mujeres seremos no sólo la punta de lanza y carne de cañón, sino que participaremos en las decisiones, dejando atrás la mirada androcéntrica, contando con toda la humanidad.

Categorías: Europa, Género y Feminismos, Opiniones
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