Retrato de una causa armada: entrevista a Fermín Martínez

Neuquén, Puel Mapu.  Disfrazar a Fermín Martínez de terrorista no es una tarea fácil, mucho menos verosímil. Fermín Martínez porta su propio ropaje, pero es el ropaje de un comunicador social y militante por los Derechos Humanos. Criado en los límites del conurbano bonaerense, hoy con 38 años, Fermín vive en una zona semi rural de Neuquén (capital). Verlo caminar por la cocina de la casa que comparte con su compañera Nadia París y su hijo Lifko es como verlo caminar dentro de los pasillos de las salas penales de la mal llamada patagonia argentina: con una boina vasca desgastada, un chaleco de lana antiguo, un pedazo de corcho en cada oreja y un pantalón manchado con diferentes restos de pintura, “el hombre más peligroso del país” me recibe con un mate en la mano. Fermín Martínez se presenta solo: “yo soy un indignado serial”. Fermín se ríe, la mayor de las veces se ríe. “Entre tanto dolor y muerte que padecen los familiares, yo trato de aparecer con un poco de humor”, me aclara. “Un día Lifko va a ser grande y te va a preguntar por qué se van a cubrir los juicios y no se quedan con él. ¿Y ahí qué le vas a responder?”, le pregunto indagando en su humor e intentando colocarlo en situación. “Le voy a decir que su papá se va a luchar contra el mal”, me responde en un tono burlesco y heroico. Fermín se vuelve a reír. Yo recuerdo varias de sus frases y escribo. Escribo lo mejor que puedo, escribo como si fuera la última vez que fuera a escribir una crónica periodística porque sé, como también sabe Fermín, que un día los líderes del mal, hoy representados en el Ministerio de Seguridad de la Nación, pueden decidir de forma arbitraria que la cárcel es un buen lugar para alojar a una persona que interfiere en sus intereses, transformando rápidamente el humor en una bronca ácida e irreducible. “A nosotros, considero que política y jurídicamente nos querían bajar de la calle porque sacábamos directamente la voz de los damnificados, tanto de los familiares como de gente que estaba en problemas, y eso creo que fue un hecho particular que dio forma a los allanamientos”, resume Fermín serio y crítico, a casi dos años de iniciados una causa armada y un proceso judicial en su contra.

Introducción

La casa de Fermín y Nadia tiene un patio amplio, aunque ahora está desordenado porque hay una construcción en proceso. Crecen esparcidos dos pinos y una serie de álamos. La presencia de un sauce llorón se impone en el centro del patio y antecede a la puerta de entrada de la casa. “Esa entrada ya estaba cuando llegué, hace como cinco años. Yo terminé el baño y la instalación del agua en ese momento. Ahora extendí la cocina y terminé una habitación nueva”, me cuenta Fermín mientras contemplamos la casa desde el patio. De pibe Fermín campeó su barrio de Lomas del Mirador en Buenos Aires, improvisando el oficio de albañil. “Soy media cuchara”, afirma mostrando nuevamente su humor constante. Con los años el oficio se fue perfeccionando. “Yo aprendí con el tano Domingo Sapia (…); el tano agarraba laburos y me daba las refacciones a mi (…). Todavía tengo un entrompador de caños del tano que me regaló. ¡Pasaron 25 años y todavía lo tengo!” Prácticamente todas las refacciones y ampliaciones que tiene la casa donde estamos parados las hizo Fermín. “Yo hago plomería, hago electricidad de la casa, hago carpintería, hago albañilería, hago pintura… Hago todo lo que sea refacciones de una casa: cambios, arreglos, extensiones… Siempre desde mi lugar de autónomo, que es el que desarrollé”, me asegura orgulloso “el hombre más peligroso del país”. Ésta misma casa es la que fue allanada el 18 de noviembre de 2017 por la policía provincial de Neuquén, bajo una orden firmada por el juez Diego Piedrabuena y extendida desde una investigación iniciada por el Ministerio de Seguridad de la Nación. “De acá no se llevaron nada que pudiera comprometer o generar algo que piensen que nosotros poníamos bombas clandestinamente en pozos petroleros”, me aclaró Fermín adelantándose al proceso judicial en el que nos estábamos por sumergir a analizar y la figura de “enemigo interno” que recae sobre su persona; una figura jurídica que prácticamente no tiene precedentes en la región ni en el país, pero demuestra ser una copia burda, aunque efectiva y concreta, de las invenciones que practica y propaga el Ministerio de Seguridad de Chile (véase “Desde adentro, mostrar lo que realmente pasa…”) . El futuro jurídico de Fermín Martínez es tan incierto, como incierto es la horda de causas armadas que pueden recaer sobre diferentes militantes sociales y activistas mapuche del Puel Mapu.

Kiñe | Uno

Fermín Martínez: retrato de un militante social por los Derechos Humanos

En el patio, sobre una mesa de madera, apoyamos el grabador de voz y nos acomodamos para comenzar a hablar. Fermín encendió un cigarro, mientras yo le daba la primera consigna: “antes de profundizar en la causa judicial, me gustaría que hablemos de tu vida en Buenos Aires”. Rápidamente los nombres de “Luciano Arruga”, “Lomas del Mirador”, “Mónica Alegre”, “Radio Zona Libre” aparecieron en su relato, así como también rápidamente Fermín Martinez mencionó sus viajes por ciudades de la Argentina, su estadía en Bariloche, el despertar comunicacional en Mar del Plata y la reivindicación de un hogar propio en Neuquén.

“Mi nombre es Fermín Gabriel Martínez. Soy del 81’. Mi barrio es Lomas del Mirador de la Matanza, el primer cordón del conurbano del oeste. Es un barrio de clase media, media peroncho, donde hay barrios carenciados atravesando esa clase media. Me crié ahí, fui al jardín ahí, fui a la primaria ahí. Mi viejo era un laburante. Los últimos años, fines de los ochenta, empezó a laburar en Almirante Brown como asistente de tenis, y después pasó toda su vida en la manutención de canchas de tenis. Pasó por un montón de lugares, hasta llegar al último lugar que es Vélez Sarsfield. Cuando murió, hace once años, no había cumplido los 50”.

En varios pasajes de su relato, Fermín mencionó a su padre. Reconoce haberse criado escuchando chacareras, tangos y milongas. “Antes de empezar a trabajar en relación de dependencia, mi viejo solía tener una guitarra a mano y junto a mi vieja improvisaban unos temas”. Fermín recuerda a sus cuatro hermanos, las veces que se fueron a dormir sólo con un mate cocido; Fermín recuerda todas las veces que se mudó, la incertidumbre de no poseer una casa propia y el remate final del hogar que lo cobijó a él y a toda su familia durante muchos años. “Nosotros nunca tuvimos casa propia. Siempre fue una parte itinerante de mi vida tener que mudarme”. De a poco y de forma gradual el recuerdo de Fermín se funde con la militancia y la historia; de a poco y de forma gradual el relato de Fermín se convierte en un documento crítico.

“Yo me acuerdo lo que me contaba mi viejo: cuando él tenía 16 o 18 años, casi en la dictadura, lo agarraba la yuta a él y a sus amigos, los golpeaban y les cortaban el pelo con una máquina de afeitar porque andaban con el pelo largo. Es ese mismo aparato represivo del ayer el que trabaja hoy, 40 años después, con la diferencia que se perfeccionó más el sistema de opresión hacia el pueblo.”

Fermín Martínez llegó al Alto Valle desde Buenos Aires hace cinco años. Foto Gustavo Figueroa

Con Fermín Martínez nos conocimos cubriendo casos judicializados de la región del Alto Valle. En muchos de esos casos se podía ver con claridad cómo las instituciones del Estado se complotaban junto a particulares para vulnerar los derechos de un grupo determinado de la sociedad. El caso más simbólico que cubrimos en conjunto, es el juicio en contra de los siete policías de la provincia de Río Negro (2018) que asesinaron y desaparecieron a Daniel Francisco Solano. Mientras yo me encargaba de las fotografías y las crónicas periodísticas, Fermín y Nadia realizaban con sus teléfonos celulares la transmisión online de las audiencias. Además Fermín y Nadia mantienen en la actualidad una presencia constante y activa en las causas que giran en torno a desalojos territoriales y violencia en contra de integrantes del Pueblo Nación Mapuche. Este recorrido de historias judicializadas coincide con la senda cronológica de luchas y militancia que siguió Fermín Martínez. Sin embargo existe también dentro de esta senda cronológica un cauce que va a desembocar en la propia judicialización de Fermín Martínez, por tanto que existe un (gran) aparato propagandístico encargado de, por un lado, invisibilizar el trabajo de los medios alternativos, como así también, y por otro lado, estigmatizar y criminalizar a las víctimas para que sean identificadas como delincuentes y no como personas con derechos, constituidas por una historia y una vida previa a su proceso judicial. Visualizar el retrato humanizado de Fermín resulta la prueba más acabada de la contradicción que existe entre su persona y la figura del ser terrorista que intenta construir el Ministerio de Seguridad de la Nación en su contra.

“Yo no terminé la secundaria. Soy uno de la generación de los 90’ que no pudo terminar la secundaria, padeciendo el desarraigo escolar por no tener la posibilidad de acceder a un montón de estupideces. Hice mi escuela en Lomas del Mirador, fui una persona de barrio, participaba en los clubes, jugaba a la pelota en el club Dorrego, iba a la iglesia. Mi viejo laburó en el Brown muchos años y bueno, soy hincha de Brown, soy hincha de San Lorenzo. Fui hincha de varios clubes. Fui boy scout también.”

Epu | Dos

“Mi vida militante se basó en el pedido de justicia por la aparición con vida de Luciano Arruga”

La familiaridad y la referenciación con la desaparición de Luciano Arruga en la historia de Fermín es constante. “Yo vivía a una cuadra de lo que era el ex destacamento de Lomas del Mirador”. Fermín Martínez reconoce que está atravesado por esa historia, y que las consecuencias de esa desaparición influyeron determinante en su vida.

“Yo hace diez años que estoy participando activo como Familiares y Amigos de Luciano Arruga. ¡Mi vida cambió radicalmente! Significó entender que es  necesario e importante contextualizar el problema que yo vivo (o lo que vivimos) y la desaparición y muerte de un amigo, y la muerte de mis amigos (porque Luciano era una cosa, pero también yo tengo parte de mis amigos que han muerto en situaciones violentas, y cuestiones muy trágicas).”

Y si bien Fermín reconoce que se llevaba muchos años de edad con Luciano Arruga, el trato con él era constante. “Lo solía ver tirando del carro (con cartones).” “Le decíamos el peruano”. Luciano pertenecía al grupo de los guachines del barrio; los guachines que siempre se sumaban, por ejemplo, en las salidas para ir a ver las bandas de rock del barrio que se presentaban en el oeste. “¡Estábamos todos en la calle! ¡Se compartía!”, sintetiza Fermín en un mundo, que luego de estallar el incendio en Republica de Cromañón, parece lejano.

“Luciano Arruga era un pibe que, por esa diferencia social que había en Lomas del Mirador, la yuta apretaba para que saliera a chorear. ¡Luciano es uno de los que se negó! Lo que paso luego de esa negación es el secuestro, la tortura y la muerte de Luciano. Hoy ya cruzamos los diez años de ese hecho. Así que mi vida militante se basó en el pedido de justicia por la aparición con vida de Luciano Arruga. Ahí es donde uno comienza a conocer y conglomerar con otras organizaciones”.

Quizás sea por el ejercicio de presentar constantemente la causa de Luciano en estos diez años, que Fermín logra definir y encauzar los hechos en un sólo párrafo. Pero la complejidad y los interrogantes del caso Arruga se ajustan con precisión a otras causas de la región: ¿cuántas instituciones del Estado intervinieron en la desaparición de Luciano Arruga? ¿Actuó sólo la policía? ¿Es justo y legítimo que sólo sean procesados los agentes de la policía del exdestamento de Lomas del Mirador, que actuaron como verdugos en el asesinato de Luciano? ¿Quienes son los responsables políticos de la desaparición y el asesinato de Luciano Arruga? ¿Es éste un caso aislado? ¿Acaso aún hoy la policía de la Argentina no usa a los pibes de los barrios e inclusive los jóvenes que están procesados dentro de las cárceles del país para que salgan a robar?

Retrato de Fermín Martínez en el patio de su casa. Foto Gustavo Figueroa

Küla | Tres

La comunicación como arma discursiva frente el silencio de la impunidad

El sujeto social y político se estaba formando, quedaba resolver qué rol ocuparía ese sujeto social y político. Fermín Martínez reconoce en el tiempo su inicio dentro de la comunicación, pero fundamentalmente reconoce la necesidad de iniciarse en la comunicación desde una perspectiva que esté ligada y en diálogo con los casos que lo definieron como persona. Mientras el sol se iba escondiendo de a poco entre los álamos, le pregunté a Fermín por qué y desde qué lugar nació la necesidad de hacer comunicación alternativa. Su respuesta fue sintética pero consecuente con su trabajo, un trabajo que veo hacer desde hace ya varios años:

“¡Hacemos comunicación porque no hay voz! Y eso es lo que uno genera, o en lo que uno cree: es la necesidad de que cada uno pueda tener su autonomía y su voz. ¿Qué pasó en el caso de Facundo Agüero? Un montón de cosas que le paso a la familia no tendrían que haber pasado; esa convivencia que se ve entre fiscales, jueces y abogados. Por lo menos hay un veredicto condenatorio, pero no sabes cuánto le van a dar a cada imputado; queda un pibe de 23 años postrado en una silla, una familia destruida y cuatro policías que se cagaban de la risa por arruinar a un pibe”.

Volviendo a Buenos Aires, Fermín reconoce que llegó casi de casualidad al mundo de la radio, pero que rápidamente vivió momentos trascendentes en su recorrido histórico radial que anticiparon las reivindicaciones en las que participaría en la actualidad.

“La radio aparece con mi tía. Mi tía se llama Karina Freire. Ella se crió sola en Mar del Plata, se crió allá con otra familia, por eso tiene otro apellido; adoptó ese apellido de la familia que la recibió y la contuvo. Ella tenía un local de insumos de computación: cargaban cartuchos de tinta, arreglaban impresoras… Y en eso ella tenía junto a un grupo de amigos un proyecto de medios. Ella participaba además en una radio local donde había un programa de chimentos dentro de la radio. Un verano coincidió las obras de teatro con el momento en el que yo la iba a visitar. ¡En esa época el abanico de personas en las que vos podrías intervenir era amplio! Ahí empecé a ver como se hacían las producciones, que no tienen nada que ver con lo que hago hoy, pero ahí empecé a trabajar en el tema comunicacional con mi tía. Trabajaba en la producción como veedor. Pero después en uno de mis viajes que estuve en Bariloche conocí gente que eran operadores de la radio “Gente de radio” de Bariloche. Esteban y Miguel (un peñi) eran operadores, y cuando yo fui vi más como era el trabajo de operador técnico de radio, porque cuando yo estuve ahí, en Bariloche se había hecho “el festival del puño”, que era una conmemoración por un periodista, Alfredo Chávez, que un día se había cruzado con Alfredo Astiz en Bariloche y Chávez decidió pegarle una piña, y en esa conmemoración se hacía un festival en el Nahuel Huapi donde participaban las radios “Gente de radio”, “El arca”, entre otras que ahora no recuerdo. Recuerdo sí que en ese momento, por esos años (2003) estaba en Bariloche una charla sobre Pueblos Originarios y la daba Casamiquela en la Universidad Fasta de Bariloche y ahí es donde participó Miguel como mapuche y en repudio hacia ese historiador que hoy conocemos como el gran ladrón. Ese creo que fue un contexto real de participación”.

Fermín con cerca de diez años en la comunicación agradece el reconocimiento de colegas como así también reconoce como el trabajo del comunicador alternativo suele desarrollarse desapercibido, anónimo, y atravesado por falencias y necesidades de infraestructura, en donde no sólo no hay un sueldo (digno), sino que además tampoco hay la posibilidad de dignificar el trabajo a partir de equipamiento y el reconocimiento concreto como un rol esencial dentro de la sociedad.

“¡Yo no tengo dos pares de zapatilla! ¡Tengo un par de zapatillas!”, asegura Fermín a modo descriptivo. Y la descripción es nítida y elocuente. ¿Por qué la situación económica y social que debe atravesar un comunicador alternativo y popular es, en muchos casos, la de la precarización? ¿Por qué hemos, en muchos casos, naturalizado que nuestro oficio, a diferencia de otros oficios, no debe ser remunerado y no debe recibir por tanto un acto de dignificación? Interminables horas son las que pasamos, por ejemplo, en las audiencias judiciales, dejando en un segundo plano a nuestras familias y nuestras responsabilidades personales para ocupar un espacio vacío, necesario y silenciado. Los interrogantes siguen siendo los mismos: ¿cómo mejorar las condiciones materiales para comunicar dentro del extenso escenario extractivo de la mal llamada patagonia argentina? ¿Debe recaer sólo en el periodista la responsabilidad de dignificar su trabajo? Muchas veces me pregunto al terminar las audiencias judiciales (y tomó por ejemplo el reciente caso de Facundo Agüero), si no fuera por las transmisiones en vivo y las coberturas que realizan Fermín y Nadia, ¿qué calidad de información tendría a su disposición la ciudadanía?

“Quiero reivindicar al Sindicato de Prensa de Neuquén, que fue uno de los que nos reconoció como colegas en la calle, viendo que nosotros hacíamos comunicación en la calle de coberturas radiales de juicios extensisimos, donde a veces se podía tener recursos, y otras veces no se tenía ningún recurso o tenías que transmitir abajo de la lluvia, no tener carpa y te veían que vos estabas debajo de un nylon, con una consola a 220w, pudiendo quedar pegado y no te importaba porque sabías que tenía que salir la información. ¡Es eso lo que daba espíritu para poder seguir! Los espacios alternativos están con la necesidad de tener equipamiento. Nosotros siempre agradecemos la solidaridad de los espacios alternativos que hay acá en el Valle, y que nos han dado el lugar de hacer un trabajo colectivo y de calidad, y porque también es eso, más allá de la falta de infraestructura uno puede tener un laburo de calidad y correspondido y es legítimo: la legitimidad de poder hacerlo dentro de este ámbito hegemónico que hay, donde la voz siempre la tienen los que tienen guita, me parece que es el fundamento de porque nosotros aún seguimos haciendo hace 8 años comunicación, y los años que continúen también, porque ahora que tenemos el Espacio de Memoria y estamos en el trajín de poder hacer la radio en el espacio de la memoria en Lomas del Mirador, ya  ahí uno va a empezar a tener más capacitaciones, tener más gente participando solidariamente como uno lo hace hace tanto tiempo”.

Fermín Martínez junto a su compañera Nadia París realizan en la actualidad coberturas on – line con sus teléfonos celulares. Foto Gustavo Figueroa

Resulta un momento de tensión y dramatismo encontrar una consola para transmitir un programa radial; resulta también un momento de tensión y dramatismo conseguir una computadora y parlantes para sacar al aire un programa de radio. Resulta un momento de tensión y dramatismo conseguir inclusive un micrófono y una memoria para guardar la información que contiene ese mismo programa de radio. Y dentro de esos vacíos y ausencias constantes se mueven muchos comunicadores como Fermín y Nadia; la diferencia radica quizás en que estas dos personas están perseguidas y judicializadas, primero por el Ministerio de Seguridad de la Nación, y en segundo lugar por una de las provincias con la mayor red delictiva en torno a la economía extractiva del país. Se extienden sobre la provincia de Neuquén el negocio de la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral, el juego clandestino y el narcotráfico. Es sobre este escenario comunicacional en donde uno debe sobrevivir con una computadora de tubo de la década de los 90’ y un Windows XP para navegar. Resulta un documento fidedigno las condiciones precarizadas en las que uno debe resistir y sobrevivir para hacer una comunicación digna y legítima, una comunicación que sea capaz de exponer por más de cinco minutos la voz de los familiares de las víctimas, representándolas, en el mismo ejercicio, como personas portadoras de una historia y una vida que no concluye ni termina en el acto final de violencia en su contra, contribuyendo de esta forma a entregar comunicacionalmente una versión acotada, reduccionista y negacionista de las violencias dentro del Puel Mapu. Existen razones históricas para que el rostro de las víctimas siga siendo el mismo rostro que las víctimas de hace 140 años; existen razones históricas para que el Estado Nacional argentino junto a todas sus instituciones se permitan impunemente atacar, asesinar y desaparecer a jóvenes como Daniel Solano, Sergio Ávalos, Carlos Painevil, Rafael Nahuel y Luciano Arruga.

Por otro lado, y a pesar de la complejidad de este escenario comunicacional, existen dos aliados indispensables que determinan la labor de comunicadores como Fermín: por un lado existe, la plataforma comunicacional y por otro lado existe, más relevante aún, el rol de los familiares de las víctimas como portadores del mensaje y la palabra. Y es en esta última etapa de su trabajo donde Fermín Martínez reconoce cómo las nuevas tecnologías y las redes sociales han irrumpido en la forma de comunicar, volcando y convirtiendo el proyecto radial también en un proyecto visual. “Creo que ahí es cuando uno utiliza la herramienta comunicacional de radio y visual, porque ahora si no se ve, por más que sea romántica la radio, si vos no tenés una situación audiovisual como que merma esa convocatoria que uno quiere generar.” Pero como ya advertí, no se puede pensar que la plataforma y el canal comunicacional lo es todo; en este caso es el mensaje y fundamentalmente el emisor lo que importa; concretar la labor comunicacional y militante sin la presencia de los familiares de las víctimas resulta contraproducente; son estos últimos los que deben emitir su relato expresando su voz y palabra. ¡Son los familiares los que hablan! ¡Los voceros del mensaje son los familiares de las víctimas! Ni el comunicador, ni el militante pueden hablar por ellos. Y ese es un principio fundante al cual es necesario ajustarse y respetar política y comunicacionalmente.

“Hay muchas personas que no participan porque no les pasó, y cuando empiezan a participar empiezan a ver esas situaciones erráticas por los prejuicios y preconceptos. Entonces es ahí donde uno se plantea ser medio para que el familiar, de la forma en que le salga y como crea, hable, cuente su historia; nosotros los acompañamos desde un lugar en el que también nos sentimos un damnificado más. ‘¡También me puede pasar a mi!’, decimos”.

Sobre este último punto que menciona y detalla Fermín es importante mencionar que en la mayoría de los casos, los familiares no son militantes sociales ni mucho menos; su formación política y judicial generalmente se da en medio de los procesos judiciales, en donde también el familiar comienza a comprender el sentido de la empatía y la solidaridad con un otro que padece distintas formas de violencia.

Meli | Cuatro

Una obra de teatro, una célula terrorista y un gol rojo que podría ser cualquier otro

La mañana del 18 de noviembre de 2017 los mensajes por las redes sociales se multiplicaron por decenas: “¡están allanando la casa de Fermín y Nadia!”, decían los primeros. Luego, durante el día, nos fuimos enterando que no era la única casa allanada. El 18 de noviembre de 2017 la policía de la provincia de Neuquén y Río Negro ingresó a 7 domicilios diferentes, entre ellos los hogares del papá y el tío de Nadia París, la casa de la familia de Marco Painevil y de Carmen Antilef. También la policía neuquina allanó la casa de Rubén Wani. El vínculo estaba establecido específicamente en un colectivo que se había pensado y gestado para ser vocero en la ciudad de Neuquén, de la situación judicial en la que estaba el lonko Facundo Jones Huala como así también para comunicar la situación de otros casos de la región. Específicamente el Ministerio de Seguridad de la Nación, el poder judicial de Neuquén y de Río Negro acusaba a los integrantes del Colectivo Trawunche de ser parte de una célula terrorista de la RAM. Sin embargo, de la casa de Fermín y Nadia, como así también del resto de los imputados, no se llevaron nada más que volantes y afiches.

“De acá se llevaron cerámicos de Zanon, la bandera de la obra de teatro; se llevaron extensiles de la cara de Sergio Ávalos, de Daniel Solano, de Luciano Arruga, de todos lo muertos que llevamos en la bandera. De acá no se llevaron nada que pudiera comprometer o generar algo que piensen que nosotros poníamos bombas clandestinamente en pozos petroleros; yo creo que desde el lugar de organización de derechos humanos jamás haríamos una acción violenta en relación a un repudio, siempre se va por los espacios institucionales que hay, aunque sean mediocres, siempre vamos por la justicia o las instituciones del Estado por la que se tiene que ir.”

Específicamente a Fermín Martínez le endilgan ser parte de un célula terrorista que atacó tres puntos estratégicos económico-comerciales de las provincias de Neuquén y Río Negro. Estos son: una concesionaria de autos de la agencia Kumenia, un pozo petrolero de Pluspetrol y una supuesta bomba hallada en un boca de pozo perteneciente a la empresa YPF. Las pruebas: una pericia caligráfica (en donde se toma de referencia un cuaderno con clases de mapudungun) que asegura que Fermín Martínez es el autor de los textos que había en los panfletos encontrados en estos tres lugares y un vídeo que muestra aparentemente el paso por uno de los puntos atacados de un gol rojo como el que poseen Fermín y Nadia.

La violencia como argumento y caracterización para construir el “enemigo interno” es una ofensiva que se repite y ha llegado para instalarse a ambos lados de la cordillera, tanto en la versión del Ministerio de Seguridad de Chile como así también en la versión criolla del Ministerio de Seguridad de la Nación. “El terrorismo ha llegado para instalarse en la Argentina”, repitió en rueda de prensa la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich. Sin embargo, el Colectivo Trawunche se movilizó en cada acto con actividades artísticas en donde se mezclaba la pintura, la comunicación y el teatro.

“Éramos un grupo de comunicación que hacíamos periodismo y teatro, porque nosotros hacíamos una obra de teatro durante las movilizaciones posteriores que se hicieron por Santiago Maldonado. ¡Nosotros no generamos más violencia! ¡Nosotros no generamos ninguna violencia! Por eso teníamos el espacio artístico donde hacíamos la obra de teatro y comunicábamos lo que pasaba en los casos.  Lo que considero y creo es que nosotros molestamos en sacar para afuera lo que pasaba jurídicamente en la región, porque considero que no se estaba tomando como se debía tomar, entendiendo los casos en los que nosotros trabajamos, hay algunos que tienen mayor trascendencia, hay otros que no, pero en algunos se ha generado una buena comunicación, y eso creo que era lo que molestaba. A nosotros, considero que política y jurídicamente, nos querían bajar de la calle porque sacábamos directamente la voz de los damnificados, tanto de los familiares como de gente que estaba en problemas, y eso creo que fue un hecho particular que dio forma a los allanamientos”.

Las causas como las personas para el Ministerio de Seguridad de la Nación representan un trámite administrativo. En la causa en contra de Fermín sólo se tiene como pruebas acusatorias una serie de volantes escritos a mano y el testimonio de los guardias de seguridad de las supuestas empresas afectadas; guardias que nada vieron, y que sólo pueden dar fe de los volantes encontrados, pero no existe ninguna prueba que asevere quiénes fueron realmente la o las personas que los dejaron ahí.

La causa en contra de Fermín es tan absurda y falaz, como impredecible e hiriente. Ya lo había adelantado el fotógrafo nguluche Felipe Durán: “el proceso judicial en contra de uno puede desaparecer, porque en sí no hay pruebas para continuarlo, pero es el mensaje lo que queda en la sociedad”. Nadia y Fermín esperan impacientes en su casa como espectadores de su propia causa; esperan ver y anticipar el siguiente movimiento del Ministerio de Seguridad Nacional; un movimiento que los puede sobreseer o que los puede alojar directamente en un proceso judicial interminable y angustiante. En cualquiera de los dos casos, la propuesta comunicacional de un “un grupo terrorista amenazando a la ciudadanía en la mal llamada patagonia argentina” se profundizará, advirtiendo a modo de prueba piloto, los siguientes procesos judiciales que recaerán en contra de militantes sociales y activistas mapuche que intentan defender y revalorizar el küme mongen (buen vivir) y el derecho a vivir (y morir) en paz (véase Gualberto Solano).

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