Colombia: La paz no es solo el silencio de las armas

01.03.2019 - La Habana, Cuba - Redacción Cuba

Colombia: La paz no es solo el silencio de las armas
Colombia. Paz pa' todxs. (Imagen de Galo Naranjo)

Por Claudia Korol / La Tizza

Entrevista a Pablo Beltrán, Jefe de la Delegación de Diálogos de Paz, Ejército de Liberación Nacional — ELN, desde La Habana, Cuba.

¿Por qué dialogar con Pablo Beltrán, comandante del ELN y jefe de la delegación de paz?

¿Por qué razones es necesario prestar atención a esta entrevista?

La paz en Colombia –hemos dicho en varias oportunidades– es la paz del continente. Es evidente que el gobierno de Trump, tanto como el gobierno de Duque, tienen decisión de interrumpir la búsqueda de una salida política al conflicto colombiano.

La guerra es necesaria en la geopolítica norteamericana, para favorecer la intervención en Venezuela, y poner en guerra al continente. El genocidio sistemático de líderes sociales colombianos –en gran medida pertenecientes de Marcha Patriótica– busca empujar una nueva ronda de guerra interna. En tal sentido, el escenario estaba preparado para interrumpir –de hecho ya lo hicieron– las rondas de diálogos con el ELN. Sin embargo, el ataque con explosivos a la Escuela de Policía en Bogotá, realizado por el ELN, dio argumentos para criminalizar a esta fuerza guerrillera, a liderazgos sociales y políticos, y colocó en una situación sumamente precaria la posibilidad de avanzar en acuerdos de paz.

El gobierno de Duque, exigió a partir de ese momento que Cuba extraditara a los y las integrantes de la delegación de paz, que encabeza Pablo Beltrán. Para los pueblos, esas extradiciones vulneran cualquier principio ético y solidario. Pero además, las mismas no pueden ser realizadas de acuerdo a los protocolos acordados por los gobiernos y las partes que llevaron adelante la negociación.

¿La decisión del ELN de realizar esta acción, da cuenta de la voluntad por parte de los y las camilistas de regresar a la guerra? ¿Cuál es la voluntad política en relación a las negociaciones de paz? ¿Cómo leen la nueva realidad del continente?

El diálogo con Pablo Beltrán da respuesta a éstos y otros interrogantes, y ayuda a pensar de qué modos podemos impulsar una salida política en Colombia, que pueda abrir caminos para lograr la paz con justicia social y dignidad, y para detener el genocidio de líderes sociales que estremece el país y el continente.

 

–Este diálogo está pensado para dar informaciones y elementos de análisis a quienes en el continente y en el mundo, están preocupados y preocupadas por la suerte de la lucha por la paz en Colombia. Para comenzar el diálogo le pediría a usted mismo que se presente.

–Yo, Pablo Beltrán, soy el Jefe de la Delegación de Diálogos del ELN (Ejército de Liberación Nacional) que se encuentra acá en Cuba. Llevamos ocho meses acá, desde que salimos de Ecuador. Un Congreso Nacional nuestro me nombra a mí como Jefe de la Delegación. Llevo cuatro años en esto, pese a las dificultades que hay, pues vamos a persistir en buscar una salida política al conflicto.

Desde que yo entré al ELN, por allá en los años 70 cuando era estudiante de Ingeniería, pues uno entra a una organización guerrillera porque considera que el poder lo tiene que tener el pueblo. Ese lema, ese objetivo de vida persiste, y si ahora estamos en esta lucha porque haya una solución política, no es para dejar a un lado esa lucha para que el poder esté en el pueblo, sino que aspiramos a abrir otra fase de lucha en la que se saque la violencia de la política, pero que este país –Colombia– va a tener unas soluciones es cuando el pueblo gobierne, no antes. En eso estamos.

–Estuvimos participando hace unos años en el Congreso de la Paz. Ahí se decía que “la paz no es solo el silencio de las armas”. De todas maneras, (y hablo en plural porque estoy refiriéndome a muchos y muchas que en el continente empujan el Proceso de Paz), nos sorprendió el ataque policial en Bogotá, y no sabíamos cómo interpretarlo. Parecía que es un cierre por parte del ELN de la voluntad política de paz. Me gustaría tener su mirada.

–No, no es un cierre de una voluntad de paz. Es más, en Colombia estamos en lo que llamamos el “tercer gobierno de Álvaro Uribe”. Él ha dicho que no le interesa la paz. Desde que se instaló ese Gobierno hace seis meses, nosotros estamos acá esperando que ellos nombren a su Delegación, pero la respuesta que ha habido es: “vamos a que el ELN sangre, vamos a ablandarlo militarmente, y después sí miramos si retomamos los diálogos”. Nosotros, a finales de año, ofrecimos una tregua unilateral por Navidad y Año Nuevo. Pero los altos mando del Ejército y del Gobierno dijeron: “para nosotros no hay tregua y los vamos a seguir atacando”; y efectivamente así lo hicieron. Entonces nosotros lo que hemos es persistido en estar acá esperando que se reinicien los Diálogos que comenzamos con Santos. Ellos deliberadamente no vienen; pero mientras tanto escalan los ataques en zonas nuestras. En medio de ese contexto es que ocurre el ataque al cuartel en Bogotá, el 17 de enero pasado.

–El Gobierno colombiano ha exigido al gobierno cubano la extradición de los líderes del ELN que están siendo parte de esos Diálogos en Cuba. Sabemos que esto rompe con protocolos acordados en el propio proceso de negociación. Nos gustaría que nos explique cuáles son esos protocolos y por qué se rompen.

–El 30 de marzo de 2016 terminamos lo que se llamó la Fase Confidencial, firmando en Caracas una Agenda de Conversaciones. Cinco días más tarde firmamos tres protocolos: el primer protocolo, sobre cómo iban a ser los desplazamientos de esta Delegación entre Colombia y los distintos países sede del diálogo (porque son varios); segundo protocolo, sobre cómo iban a transcurrir los ciclos de conversaciones; y protocolo tres, donde dice que en caso de que haya una ruptura de las conversaciones, hay que garantizar el retorno con seguridad de esta Delegación a los campamentos del ELN. Ese protocolo de retorno con seguridad de la Delegación del ELN a sus campamentos, es el que el Gobierno de Duque desconoce, y el que los países garantes le están recordando que hay que cumplir, porque para eso se hacen acuerdos de Estado. El conjunto de la opinión colombiana le está diciendo que no siente este precedente de desconocer acuerdos como Estado, porque es una norma esencial, que si usted incumple… ¿qué tal que fuera un acuerdo económico con una transnacional? Vaya e incúmplalo. Es una cláusula de incumplimiento que le acarrea en un tribunal internacional unas sanciones económicas, pero como no es la transnacional, ellos no le ponen cuidado a un pacto de Estado.

–¿Estaba considerado en esos acuerdos la consulta entre ustedes, la Delegación que estaba en el proceso de negociación, y la fuerza que está en Colombia?

–Sí, por supuesto. Porque cuando nosotros comenzamos la Fase Pública de Conversaciones, en febrero de 2017 en Quito, hasta acá La Habana hemos logrado hacer seis rondas de conversaciones. Cada vez que terminaba una ronda, una parte de la Delegación iba a Colombia a informar a nuestra Dirección, y a traer nuevas instrucciones. Eso está acordado en la Metodología de las Conversaciones. Porque esta Delegación no es autónoma ni plenipotenciaria. Esta Delegación actúa bajo un mandato que le da la Dirección Nacional en Colombia. Entonces, los temas son cambiantes, la situación del país es cambiante, y eso hay que estarlo analizando para traer nuevas instrucciones. En esta ocasión, después de que terminó el diálogo con Santos, el Gobierno de Duque no ha permitido que esta Delegación vaya a consultas a actualizar su mandato.

–Lo que también ha dicho el Gobierno colombiano es que no se ha reunido, no ha tenido contacto con ustedes como Delegación, desconociendo esta fase del diálogo. ¿Cómo ha sido?

–De niño a mí me enseñaron que cuando uno decía mentiras le crece la nariz… (risas). Eso es falso. Con el Comisionado de Paz que nombró Duque, hemos hablado… una docena de veces por teléfono tratando cosas. Yo le he dirigido una decena de comunicaciones escritas, que él me contesta telefónicamente. Hemos organizado la estadía de la Delegación acá. Nosotros le hemos confirmado quiénes siguen acá y quiénes han regresado a Colombia, para ellos saber a quiénes mantener amparados judicialmente para seguir en la Delegación. Todo eso lo hemos trabajado desde el 7 de agosto, o sea en seis meses. Entonces es falso que no haya habido un diálogo. Nosotros tenemos en Colombia a dos compañeros que fueron indultados por un acuerdo que hicimos a principios de 2017 y se mueven en Colombia como Gestores de Paz. El 20 de diciembre de este año 2018, Ceballos, el Comisionado de Paz firmó un protocolo donde dice: “bueno, vamos a trabajar así”. Entonces hay una serie de hechos en los que hemos tenido contactos con el Gobierno: en reuniones, en comunicaciones escritas y en comunicaciones telefónicas, que demuestran que el Gobierno reconoce a esta Delegación, coloca a esta Delegación a la espera de que ellos nombren su Delegación, y reconoce a los miembros del ELN que hacen una gestión de paz en Colombia. Todo eso lo ha admitido. Es más, en reuniones, el Comisionado de Paz le ha agradecido a Cuba que apoye la permanencia de la Delegación acá. Todo eso ha ocurrido y todo eso es cierto. Negar eso es faltar a la verdad.

–Además de la Delegación de Gobierno que tendría que haber y no está por lo que usted dice, y de la Delegación del ELN; están involucrados como garantes, por ejemplo, el Gobierno de Cuba, Noruega, Venezuela, entre otros … ¿Han tenido alguna respuesta de los países garantes frente a esta crisis?

–Sí, por supuesto. Hoy escuchamos una declaración del garante chileno, que es Raúl Vergara, uno de los firmantes como testigo de esos protocolos, que en Santiago de Chile dijo: “llamo al Presidente de Colombia para que honre acuerdos en los que nosotros fuimos garantes y no los desconozca”. O sea, que las presiones políticas no pueden llevar a que se desconozcan compromisos de Estado. Cuba, el sábado 19, sacó también una nota hacia el Gobierno colombiano diciéndole que Cuba es garante de esos protocolos y que los va a aplicar. Noruega, el martes 22, sacó una nota pública donde reitera lo mismo. El Reino de Noruega es garante de esos protocolos, y va a buscar que se cumplan. Entonces, si usted mira, la opinión interna en Colombia le pide al Gobierno que cumpla los acuerdos de Estado, que no falte a la palabra. Los garantes le piden lo mismo. Ese pedido de que se cumpla un retorno seguro de esta Delegación ha tenido esos respaldos, pero desafortunadamente el Gobierno hace oídos sordos.

–¿Usted podría recordar los hitos principales desde que se inicia el Proceso de Negociaciones por la salida política, hasta este momento en que parece entrar en crisis?

–Los primeros contactos con el Gobierno de Santos fueron en agosto de 2012. O sea, ya casi siete años. Se firmó la Agenda de Conversaciones el 30 de marzo de 2016 en Caracas. Comenzó la Fase Pública de Conversaciones en febrero de 2017 en Quito. Hasta el 1º de agosto de 2018 se hicieron seis ciclos de conversaciones. Ése es el histórico de lo que fueron las Conversaciones. El hecho más importante que produjo esa mesa en esos seis ciclos, fue que cuando vino el Papa Francisco a Colombia decretamos un cese bilateral por 101 días que terminó en enero de 2018, que fue en general cumplido, y que demostró algo que es importantísimo, que es que se deben y se pueden desarrollar conversaciones de paz en medio de un cese bilateral. ¿Por qué digo yo que es importantísimo? Porque cuando conversamos por primera vez con Santos, él colocó tres condiciones: condición uno, que estos diálogos sean directos; condición dos, que los diálogos fueran fuera de Colombia; y condición tres, que los diálogos se hagan en medio del conflicto. Cuando pactamos un cese bilateral de 101 días cambiamos de doctrina, y le demostramos a Colombia y al mundo que se pueden hacer diálogos de paz en medio de un cese bilateral. Es una de las grandes enseñanzas que deja este esfuerzo por la solución política en Colombia.

–A su entender ¿cuándo se rompe el proceso político y se producen una serie de hechos de guerra en los últimos tiempos? Porque lo que se está visibilizando es el ataque al cuartel policial, pero entiendo que han habido antecedentes previos.

Sí, claro. Cuando las FARC firmaron el Acuerdo de Paz en noviembre de 2016, o sea, dos años largos, toda la maquinaria militar del régimen colombiano se descargó en contra nuestra.

Ése fue el primer hecho. Después ha habido hechos muy dolorosos.

El 26 de julio del año pasado, un Comandante nuestro que estaba sin tropa, sin uniforme, desarmado, en un lugar con civiles, fue asesinado.
No pudieron capturarlo, lo asesinaron al igual que ocurrió con Alfonso Cano en su momento.

Después ha habido una serie de bombardeos.

El más grave fue el 24 de diciembre a las 11 de la noche. A un campamento nuestro le descargaron 10 bombas de 500 libras, que son las que usan, son dos toneladas y media de bombas. Afortunadamente no tuvimos bajas, porque a tiempo logramos cubrir esa posición, pero eso demuestra que mientras nosotros estábamos haciendo una tregua navideña, ellos nos estaban bombardeando. Y así sucesivamente. Entonces este hecho del 17 de enero es un poco la respuesta a toda una actitud de ofensiva que tiene un propósito táctico muy claro: ablandar militarmente al ELN, para después valorar si hacen una conversación de paz. Es en ese contexto que ocurre el ataque a la guarnición en Bogotá el pasado 17.

–¿Cómo evalúan ustedes las implicancias de esta situación que se crea por el ataque y también por la situación internacional para Cuba y para Venezuela? ¿Qué implicancias puede tener este acto también en el contexto internacional?

–En el caso de Cuba. Cuando nosotros vinimos acá hace ocho meses, el Gobierno cubano nos dio la bienvenida, y nos hizo una solicitud: son bienvenidos como Delegación de Paz, pueden desarrollar aquí las rondas de conversaciones que consideren, pero desde Cuba no debe hacerse ningún otro tipo de actividad que no sea la de ustedes como Delegación. Eso lo hemos cumplido al pie de la letra. La Delegación de Diálogos se ha dedicado a eso: a las Conversaciones, y no tiene que ver nada con lo que pasa en Colombia.

Pero el Gobierno de los Estados Unidos está empujando al Gobierno de Colombia para que diga que desde Cuba se hacen cosas en contra de Colombia. Algo que es falso. Eso está apuntando a un viejo propósito de la administración de Washington, que es tratar de demostrar que Cuba es un refugio, un santuario de terroristas, cosa que es falsa. Entonces, eso lo han tomado como excusa para hacerle ese ataque a Cuba. De igual manera con Venezuela, porque los protocolos que le mencionaba ahora, por ejemplo el protocolo de traslado, determina detalle a detalle, paso a paso, que todo el tránsito de ELN hacia cualquier país a una ronda de diálogos, tiene que pasar por Venezuela. ¿Qué significa? Nosotros vamos a la frontera común Colombia-Venezuela, las fuerzas de seguridad de Venezuela nos reciben, nos llevan a un aeropuerto venezolano, y de ahí viajamos por ejemplo a Cuba o a Ecuador. ése es el protocolo de traslados. Entonces hoy ese protocolo de traslados lo quieren hacer ver como que es que Venezuela hospeda a organizaciones como nosotros, cuándo precisamente el protocolo de desplazamientos le pide a Venezuela que apoye el desplazamiento de la Delegación del Diálogo del ELN de esa manera.

–Otro tema que preocupa mucho a quienes están por la paz es la lectura de qué es lo que ha sucedido a partir de los Acuerdos, en relación a los crímenes de líderes sociales en Colombia. Es algo que quienes los miramos desde otros territorios, lo pensamos en términos de genocidio, como el genocidio de la Unión Patriótica. Esto marca un riesgo específico para pensar los caminos de la paz. ¿Cómo están entendiendo ustedes esta acción del Gobierno colombiano, que incluso que viene desde antes de la asunción de Duque, del establishment colombiano, como respuesta a los Acuerdos de Paz logrados hasta ahora?

–Es una gran tragedia. ¿Por qué? Porque en teoría, cuando una guerrilla como las FARC, o como nosotros, comenzamos un proceso de solución política del conflicto armado interno, la aspiración es que el que deja de ser guerrillero se convierte en un partido político para –en la legalidad de ellos– disputarles el Gobierno. O sea, sigue la lucha por el poder de otra manera. Ésa es la teoría.

¿Cómo opera el régimen colombiano? De una manera muy pérfida. Porque, por ejemplo, a la FARC la llevó a que se desarmara, la llevó a que se convierta en un partido. Pero hoy, dos años largos después de firmados los Acuerdos, se está demostrando que la principal cantidad de líderes sociales asesinados están articulados a proyectos políticos o económicos legales que se desprendieron de los Acuerdos de Paz. Llámese sustitución de cultivos de uso ilícito, llámese proyectos socioeconómicos alternativos, llámese partidos o sindicatos que le llevan la contraria al régimen.

La estadística hoy está demostrando que la principal afectada, es una fuerza política que se llama Marcha Patriótica, que está acompañando ese proceso de las FARC desde antes, y sigue estando ahí. Entonces la lectura que nosotros hacemos en el ELN ¿cuál es? Pues que es una falacia lo que está escrito en la Agenda de Conversaciones con nosotros. Que el punto cinco dice: “vamos a colocar fin al conflicto armado” y, por tanto, vamos a sacar la violencia de la política. Eso que está como propósito en la Agenda de Diálogos del ELN, hoy el régimen colombiano está demostrando que no tiene ninguna voluntad de sacar la violencia de la política. ¿El fin cuál es? Muy simple: si la gente que le lleva la contraria al régimen, que hace la protesta social, es descabezada sistemáticamente, los líderes mejores de la comunidades más organizadas y más luchadoras, el régimen ¿qué le está diciendo? Que esa fuerza de oposición política y social que emerge en Colombia, y que con los procesos de paz ha tomado fuerza, no la va a dejar consolidar como una fuerza política alternativa que le rete el régimen a ellos, que les rete el poder, que los saque del poder.

O sea, están matando a las fuerzas alternativas en la cuna. Ésa es la matanza de líderes sociales y defensores de derechos humanos que está naciendo en Colombia. El régimen ¿qué dice?: “no, yo no soy”. Lo que pasa es que usan lo que ellos llaman las Operaciones Encubiertas. Los organismos de inteligencia hacen los seguimientos, y usan a las mafias y las bandas como sicarios. Eso está demostrado en los últimos 40 años en Colombia. Ellos matan con puñal ajeno. Entonces, esa modalidad de matar en la cuna a las fuerzas alternativas, es lo que está ocurriendo hoy, y eso tiene un saldo trágico, de que cada tres días están matando a dos líderes sociales. De 2016 a 2017 la matanza de líderes sociales subió en un 40%, de 2017 a 2018 la matanza de líderes sociales subió en un 50%. Entonces la tendencia es a seguir escalando ese genocidio.

Al interior de las bases del ELN ¿cómo leemos eso?: que tenemos un contradictor, que tenemos un interlocutor en la Mesa, que no quiere sacar la violencia de la política, que no quiere cambios, que no quiere ceder privilegios, que quiere solamente desaparecer la guerrilla, evaporarla, pacificarla; pero ellos no quieren cambiar nada. ¿Cómo no va a haber dudas en las bases del ELN sobre un futuro de solución política? Tiene que haberlo. Hay dudas, incertidumbres ¿con quién estamos hablando? A mí me dicen: “es que el ELN está dividido”. No señores, cada acuerdo que hacemos lo cumplimos. En las bases nuestras sí hay muchas dudas por lo que le están haciendo a las FARC.

–Es conocido el laboratorio de Colombia, como un lugar desde donde se hacen ejercicios que se replican y que incluso después se instruyen en el continente. Ejercicios de violencia militar y paramilitar, educadores, jueces, parlamentarios, instructores militares que han llegado a nuestros países. Eso nos genera la pregunta: ¿cómo ubican ustedes el lugar de Colombia dentro de la estrategia de guerra de los Estados Unidos en este momento internacional para América Latina? Hay quienes hablan de “el Israel de Latinoamérica”, ¿cómo lo están pensando?

–Nosotros sufrimos una desgracia que es ésta: desde que Estados Unidos fomentó la separación de Panamá (estoy hablando de 1903), la presencia del Gobierno de los Estados Unidos como aliado principal de la élite colombiana cada vez es más importante. Por tanto Colombia como país juega un papel determinante en el plan global de guerra del imperialismo. Simple: ¿cómo explica usted que un país que se está metiendo en un Proceso de Paz, termine al tiempo afiliándose a la OTAN? Es el primer país de América Latina que se afilia a la OTAN, cuando la voluntad que hay es convertir a América Latina y el Caribe en un territorio de paz. Entonces ¿eso cómo cuaja?

No, lo real es que Estados Unidos necesita tener activa una maquinaria militar colombiana para sus planes de guerra. Ésa es la desgracia. Colombia a su vez es un exportador de contrainsurgencia. Si usted revisa desde México, los principales Generales de la Policía fueron a instruir a los gobiernos mexicanos para convertir las bandas y paramilitares en una fuerza de contrainsurgencia y de sostén del régimen. Si usted sigue por todo Centroamérica, las mafias colombianas y la policía colombiana es la que entrena a esas fuerzas. Si usted sigue al Sur, usted encuentra que el Ministro de Educación de Brasil, es un colombiano de ultraderecha, de formación fundamentalista. Colombia no solamente exporta soldados y policías, también exporta ministros de educación de extrema derecha.

–Sabemos que en el NO a la paz, resultante del plebiscito, hubo una influencia muy importante del fundamentalismo religioso. Queríamos tener su mirada de cómo incide el fundamentalismo religioso en la opción de la guerra.

–En estos momentos es un instrumento decisivo. Por ejemplo, cómo se han tomado esos fundamentalistas religiosos evangélicos el Gobierno en Nueva Zelanda, cómo apoyaron a Bolsonaro en Brasil, cómo son una de las columnas principales del sustento del Gobierno de Álvaro Uribe en Colombia. Ayer hubo una votación, y de todos los partidos que hay en el Congreso colombiano, sólo dos apoyaron a Duque para que desconozca los protocolos: el partido de Uribe, que es el Centro Democrático, y un partido de fundamentalistas religiosos evangélicos. Entonces, son parte de la estrategia. En el caso nuestro, muchas de nuestras bases son personas que tienen creencias cristianas, pero desde una opción de la Teología de la Liberación. En este momento, el factor religioso ha sido instrumentalizado. Han construido partidos, se han enriquecido. Pero además, desde Estados Unidos alimentan todo eso ¿cierto? Entonces la solución no es que no haya creencias religiosas. Las creencias religiosas son un factor de liberación o de fatalismo. En eso, en Colombia hay un debate.

–Hay una ideología de la ultraderecha que ha permeado los sectores populares. ¿Cómo funciona esa maquinaria ideológica de la ultraderecha?

–El Neoliberalismo cada vez tiene más sectores empobrecidos, incluido capas medias. Pero además, por sí mismo, es un gran proyecto de exclusión. Esa exclusión y empobrecimiento va dejando sin perspectivas de vida a la gente, ni de futuro, ni de esperanza. Estas iglesias fundamentalistas entregan eso: sufra ahora, no importa, y en la otra vida entonces, goza. Así le encuentran una explicación a todos esos males del Neoliberalismo. Entonces, encaja una situación de empobrecimiento y exclusión creciente, con una explicación fatalista en términos de creencias religiosas. Fíjese que está el uno para el otro, es simbiótico.

–¿Qué papel están jugando los medios de comunicación en general, y en particular en esta situación, donde se ha leído el ataque al cuartel policial como un hecho de guerra extremo, calificado incluso como terrorista?

–Yo pienso que los romanos también le dijeron terrorista a Cristo. Es una vieja costumbre. Los medios de comunicación en Colombia son muy poderosos, muy buenos, y totalmente monopolizados. Los grandes multimillonarios tienen detrás sí unos grandes emporios mediáticos que les sustentan. Por ejemplo, el tipo más grande, el multimillonario más grande de Colombia, Sarmiento Angulo, es el dueño del principal periódico del país: El Tiempo.

El multimillonario que le sigue en importancia, Ardila Lulle, es el dueño de unas cadenas de radio y televisión que se llaman RCN.

El Grupo Prisa, español, que ya no es tan español porque tiene inversores árabes, es dueño de Caracol Radio.

El Grupo Santo Domingo es dueño de Caracol Televisión. Los grandes medios, los de alta penetración, están totalmente al servicio de los monopolios económicos. Entonces ¿cuál libertad de expresión?

Como ejemplo, El Tiempo de Bogotá que es uno de los principales periódicos de Colombia, cómo va a hablar de la corrupción de Odebrecht –que es el escándalo más grande– si el propietario del periódico es el principal implicado en esos hechos. Tienen que tender cortinas de humo en otros lados, para que eso no se vea. En ese sentido, el ataque al cuartel fue magnificado, pues sí fue un ataque fuerte, pero entonces es toda la cortina de humo para que no se mire el resto. Nosotros en eso hemos dicho y vamos a seguir sosteniendo: no puede haber un duelo diferenciado. No señores, los dolores son iguales, porque todos somos colombianos. No es que duela más un dolor que el otro, no. ¿Qué hay que buscar? Una salida política al conflicto. Que esos dolores se acaben, no solamente uno. Los medios propagan un dolor diferenciado, propagan xenofobia, sacan cortinas de humo para tapar los reales problemas del país. Y claro, si usted le suma ideologías fundamentalistas religiosas evangélicas con gran manipulación mediática, pues tiene los resultados como los del plebiscito de la paz del 2016 en el que terminó la gente votando que no quería la paz.

–¿Cómo caracterizaría a esa oligarquía colombiana que actúa en estos conflictos con una gran iniciativa política?

–Pues si han logrado mantener una guerra de 70 años, desde que mataron a Gaitán, en el 48 es porque primero, no tienen voluntad de cambiar y están muy penetrados por la corrupción; segundo, para sostenerse, se han convertido en aliado principal e incondicional del imperialismo norteamericano; tercero, para sostenerse, ya le dije, están desarrollando un genocidio contra esa oposición, ya sean líderes sociales, ya sean exguerrilleros, ya sean defensores de derechos humanos. O sea, son genocidas. Cuarto, cuando uno hace acuerdos con ellos, no los cumplen, faltan a la palabra. Ellos no tienen ningún problema para traicionar acuerdos o pactos. Entonces, claro, son un adversario muy complejo, muy experto y muy difícil.

–¿Qué intereses geopolíticos y económicos hay atrás de la guerra en Colombia? ¿Cuáles están pensando la paz?

–Lo que pasa en Colombia afecta a Venezuela, lo que pasa en Venezuela afecta a Colombia. Venezuela es el principal reservorio de petróleo del mundo. Los principales yacimientos de recursos minerales en el continente están en Canadá y en el Escudo de la Guayana, que está en Venezuela. Resulta que vino Chávez y dijo: “No, no, no. Aquí vamos a hacer negocios. Si usted quiere hacer negocios conmigo, 49% usted y 51% a Venezuela. Aquí todo el mundo va a pagar regalías y va a pagar impuestos. No se van a llevar el petróleo regalado”. ¡Que se lo habían llevado 100 años! Tuvo una decisión nacionalista, pues ¡¿qué le va a gustar a Estados Unidos?! Entonces, todo lo que ocurra en Colombia está en función de la guerra que tiene Estados Unidos contra Venezuela. Eso es lo primero. Lo segundo: Colombia en sí misma tiene también muchas cosas que quitarle: bienes naturales. El principal bolsón de paramilitarismo de extrema derecha está pegado en la frontera con Panamá. Ahí se juntan el Pacífico y el Atlántico. Si usted mira los estudios geológicos, es la principal reserva de platino de América. Samir Amín dijo: “en la crisis de las potencias del Norte, lo único que se va a venir es un mayor saqueo del Sur”. ¿Cómo es el saqueo? Pues con la guerra imperialista. Eso es lo que estamos sufriendo.

–El ELN nace con la inspiración de Camilo Torres, que es una inspiración para todo América Latina. En este contexto, hoy ¿qué dice Camilo a los pueblos del continente?

–Camilo era, en primera instancia, antimperialista. Decía: “tenemos el derecho a decidir nuestros propios destinos y a no ser patio trasero de nadie”. Segundo: “nunca las clases dominantes van a gobernar a favor del pueblo. Hay que sacarlos del poder, eso lo tiene que hacer el pueblo, esas clases dominantes tienen que entregarle el poder al pueblo. Y lo que tienen que elegir es cómo la entregan: si de manera pacífica o no pacífica”. Eso que dijo Camilo en el año 65 sigue siendo hoy muy presente en el ELN, en el pueblo colombiano, y algo para que reflexionen los pueblos de América Latina y el Caribe.

–Ratificando ustedes esta voluntad de una salida de paz, de una salida política, hecho sobre el cual había dudas –y con eso empezamos la nota–. ¿Qué mensaje tiene para los movimientos populares que vieron con asombro estas decisiones? ¿Qué pueden hacer en concreto quienes le apuestan a la paz en Colombia?

–Dos mensajes. El primero: los movimientos populares del continente pueden contar con el ELN para dos cosas, para que de verdad América Latina y el Caribe sea un territorio de paz, o sea para luchar por soluciones políticas, para luchar por la paz con justicia social.

Pero también, como en esto no andamos solos y hay el imperialismo que quiere posicionarse más en su patio trasero, pueden contar con nosotros para resistir a esa guerra imperialista, para defender la vida y los territorios. Y de eso sabemos, porque hemos estado 55 años haciendo eso. Entonces, nosotros contamos con los movimientos populares del continente, y esos movimientos populares pueden contar con nosotros: para buscar la paz pero también para la resistencia.

¿Qué hacer en este contexto?

Para nosotros es muy importante que en cada país haya organización, haya unidad, haya lucha.

Hay dos factores que para nosotros son muy importantes en términos de principios a reivindicar: el primero, el derecho de cada pueblo a decidir su destino. Que no haya ningún visto bueno ni contemporización con la intervención extranjera. En eso somos bolivarianos totalmente. Nada de imperios y nada de potencias que nos digan qué hacer. Nosotros no somos menores de edad, que nos tienen que decir qué hacer con la Amazonía, por ejemplo. Eso es lo primero: nada de intervención. Y segundo, el combustible para que haya guerras entre Estados es impulsar la xenofobia, y el primer nivel de xenobofia es mostrar que el migrante es el malo. Entonces, el que llega a Europa es el que lleva los males. Los venezolanos que llegan a Colombia son los que llevan los males. Los venezolanos que llegan a Ecuador son los que llevan los males. Entonces, los malos son los venezolanos. Y como los venezolanos salen de Venezuela, hay que ir a hacer la intervención en Venezuela. Es una lógica que parece elemental, pero así funciona el combustible de la guerra. Entonces, nada de xenofobia. Todos somos latinoamericanos, todos los pueblos somos hermanos, y no hay uno legal y otro ilegal, o alguno que valga más y otro que valga menos. Y mucho menos odio racista. Nada de intervención, nada de xenofobia. En eso hay que educar a las nuevas generaciones y hay que hacer la batalla de ideas.

–Muchas gracias.

–A usted.

Sigue el video de la entrevista

Categorías: Entrevistas, Paz y Desarme, Política, Sudamérica, Video
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