Las mujeres son clave para la agricultura y la seguridad alimentaria, pero la desigualdad de género frena los avances contra el hambre, la pobreza y la creación de sistemas alimentarios sostenibles.

Durante un evento de alto nivel realizado al margen del 73 período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Unión Africana (UA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) revisaron la permanente brecha de género de los sistemas agroalimentarios de África, y subrayaron la necesidad de tomar medidas urgentes al respecto.

“Hay un fuerte impulso para lograr avances en materia de equidad de género y empoderamiento de las mujeres en los sistemas agroalimentarios porque ellas constituyen la mayoría de los trabajadores agrícolas”, indicó la comisaria de la UA para Agricultura y Economía Rural, Josefa Leonel Correa Sacko.

Por su parte, el director general de la FAO, José Graziano da Silva, expresó: “Tenemos que mejorar el reconocimiento y aprovechar el aporte fundamental de las mujeres a la seguridad alimentaria y nutricional”.

“Para ello, debemos cerrar la permanente brecha de género que hay en la agricultura de África”, observó.

“La evidencia muestra que cuando las mujeres están empoderadas, las granjas son más productivas, se gestionan mejor los recursos naturales, mejora la nutrición y se aseguran las fuentes de ingreso”, añadió Graziano da Silva.

Las mujeres representan 60 por ciento de los trabajadores de la agricultura, pero solo alrededor de 32 por ciento de ellas son dueñas de la tierra en los 27 países de África subsahariana, ya sea de forma conjunta o a título individual.

Solo 13 por ciento de las mujeres, en comparación con 40 por ciento de los hombres, son propietarias a título individual en toda o parte de la tierra que poseen, según la Perspectiva Regional sobre Sistemas de Género y Agroalimentación, señala el informe realizado por FAO y la UA y presentado en Nueva York.

En 2016, miles de campesinas africanas se reunieron en la montaña del Kilimanjaro, en Tanzania, para protestar y reclamar por sus derechos a la tierra y a los recursos naturales.

Algunas incluso subieron a la cumbre de la montaña más alta de África para expresar su determinación al cambio.

Las mujeres representan 60 por ciento de los trabajadores de la agricultura, pero solo alrededor de 32 por ciento de son dueñas de la tierra en los 27 países de África subsahariana, ya sea de forma conjunta o a título individual. Crédito: Busani Bafana/IPS.

Aun cuando las mujeres logran ser propietarias de sus tierras, muchas todavía carecen de recursos productivos y de tecnología, como fertilizantes, insumos agrícolas, equipos mecánicos y fondos.

Eso plantea numerosos problemas en la cadena de valor, incluida la pérdida de alimentos.

Alrededor de una tercera parte de la producción de alimentos se pierde o se desperdicia en el mundo. Estos son grandes responsables del cambio climático, y en África subsahariana, el costo económico de esas pérdidas asciende a 4.000 millones de dólares al año, concluye la FAO.

Cerrar las brechas de productividad permitiría elevar la producción de alimentos y el consumo en más de 10 por ciento y así reducir la pobreza en más de 13 por ciento.

La evaluación de la FAO y de la UA también estimó que la producción agrícola podría aumentar más del triple si los agricultores tuvieran acceso a los fondos necesarios para ampliar la calidad y la cantidad de su producción.

Los panelistas también observaron que si se atiende la brecha de género en la agricultura africana podría mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición.

El hambre aumenta en el mundo y empeora en la mayor parte de ese continente. De las 821 millones de personas hambrientas en el mundo en 2017, más de 250 millones vivían en el continente africano.

Al mismo tiempo, muchos países africanos deben de hacer frente al problema de la obesidad, que pronto podría convertirse en el mayor problema de salud pública de África.

“Conviene económicamente invertir en el empoderamiento económico y la educación de las mujeres, ya que suelen destinar una gran proporción de sus ingresos al bienestar de sus hijos y de su familia”, explicó Sacko.

Entre cinco y 30 por ciento de los funcionarios de campo de los ministerios e instituciones rurales son mujeres, mientras solo entre 12 y 20 por ciento de los de oficina lo son.

Eso coincide con la falta de mecanismos de análisis y focalización con perspectiva de género, lo que deriva en servicios que apuntan a sectores donde los hombres son mayoría.

De continuar esa tendencia, África estará lejos de cumplir muchos de los ambiciosos objetivos de desarrollo, incluida la Declaración de Malabo, que busca promover un crecimiento inclusivo, la agricultura sostenible y mejores formas de ganarse la vida.

Hubo algunas señales positivas, pues muchos países africanos comenzaron a reconocer la importancia de colocar mujeres en el centro de la transformación de los sistemas de alimentación rurales.

Por ejemplo, el Programa de Empoderamiento Económico de Mujeres de Botswana ofrece ayuda económica, la que les permite comenzar sus propios negocios y mejorar su bienestar económico.

La primera dama de Botswana, Neo Jane Massi, participó del encuentro de alto nivel, en el que subrayó “la importancia del crecimiento inclusivo en nuestras agendas de desarrollo nacional no dejar a nadie atrás”.

Asimismo, el Programa Conjunto para Acelerar el Progreso hacia el Empoderamiento Económico de las Mujeres, implementado por varias agencias de la ONU, como la FAO y ONU Mujeres, capacitó a más de 40.000 mujeres en tecnologías agrícolas mejoradas y un mayor acceso a mercados y servicios financieros.

La participación de las mujeres en la toma de decisiones aumentó de 17 a 30 por ciento, pero Graziano da Silva subrayó la necesidad de una mejor y más equilibrada representación de la población femenina en todos los niveles jerárquicos.

Al presentar las recomendaciones del informe de la FAO y la UA, Sacko reclamó un “entorno favorable”, reforzar los mecanismos de responsabilidad para la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres, así como una “revolución de datos de género” para informar mejor a los programas y las políticas con perspectivas de género.

“Seamos ambiciosos y despleguemos las alas juntos”, concluyó Massi.

Traducción: Verónica Firme
Fotografía: Kristin Palitza/IPS

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