Despojos territoriales: lof Lafken Winkul Mapu

Furilofche, Puel Mapu. “¿Los metemos adentro o los matamos? ¿O las dos (en ese orden)? ¡Usted decide!” La cosa es bien expeditiva, sin demasiados protocolos. “¡Vos me sacas a esa gente de ahí! No se si los vas a arriar, los vas a sacar a los tiros o le vas a prender velas a la virgen, pero a mí, esa gente me la sacás”. Y no es la primera vez que a María Nahuel y a su familia la persiguen e intentan amedrentar a fuerza de golpes y balazos. Primero la excusa fue unos volantes y unos pañuelos rojos. En esa oportunidad el Cuerpo de Operaciones Especiales y Rescate se sacó fotos, a modo de souvenir, con los pichikeche (niñas y niños) de la comunidad. Y lo hicieron luego de haber arrastrado por el piso a la madre de uno de ellos. Luego, en otra situación, años después, la vicepresidenta de la nación argumentó que eran lanzas las que portaba esta comunidad, justificando el asesinato por la espalda de Rafael Nahuel, el sobrino de María. Ahora la excusa es más administrativa: “inspección ocular”, aseguran desde los partes oficiales. “¿Aún no sacaron a esa gente de ahí? ¿Un par de pibes y unas embarazadas les da tanto trabajo?”, seguro piensa en este momento Mauricio Macri desde el avión, mientras viaja desde Buenos Aires hacia Bariloche para reunirse con los “inversionistas” locales. Porque la cosa es más expeditiva, sin tanta poesía y entramado literario. Las instituciones de seguridad han sido formadas desde el inicio de este Estado para contemplar a los integrantes de las distintas comunidades originarias del país como seres inferiores. No cabe en la filosofía de estas instituciones el significado de las palabras machi (persona que cura), rewe (espacio ceremonial sagrado), newen (fuerza), kimün (sabiduría), küme dungün (buena palabra), trawün (reunión). A los integrantes de esas instituciones estas palabras sólo les produce risa, aversión, gestos de desprecio e incomprensión. Así de abismal, absurdo y violento es el escenario que propone el Estado Nacional, junto a los representantes políticos de la provincia de Río Negro. Quizás la paradoja más lastimosa de este caso radique en que, a diferencia de otros casos (de cualquier caso del país), los gritos de ayuda por parte de las víctimas llegan vía mensajes a los celulares de personas particulares, organizaciones políticas y organismos de derechos humanos; estos mensajes de ayuda no son enviados, como es de esperarse, a los distintos organismos del Ministerio de Seguridad del Estado, porque es justamente este ministerio el victimario, el que produce estas escenas de terror(ismo), que son finalmente una continuación visual de las escenas que produjo el Estado cuando decidió, por una o muchas razones, colocar a los kuyfikeche (antepasados ancestrales) mapuche en las vidrieras del Museo de la Plata, como si fueran trofeos de una guerra que nunca existió, que hoy tampoco existe.

Introducción

La situación que padece hoy la comunidad Lafken Winkul Mapu (el espíritu del lago en la tierra) no es muy distinta a la que padecen otras comunidades en el Puel Mapu (tierra del este, en referencia a la Argentina). Tiene en definitiva una raíz histórica esencial que se repite en cada porción de la mal llamada patagonia argentina.

Kiñe. Uno

Las víctimas

Desde el primer día que conocí y entrevisté a María Nahuel vi en ella, en sus ojos y en su cuerpo, la tristeza y el cansancio de haber padecido “luchar sola” junto a sus pichikeche. Y si bien hoy sus hijos e hijas son adultos, como si se tratara de un estigma social y familiar, de una especie de maldición católica, la violencia que una vez padeció ella ahora recae sobre el cuerpo de ellos/as y sobre sus hijos/as (los nietos y nietas de María).

En María existe una constante necesidad de aprender la lengua, la filosofía (mapuche) y el kimün (conocimiento) alojado en cada Che (gente) territorial. El conocimiento mapuche no es algo que se herede libremente. Residen en nuestra cultura muchos mecanismos para invisivilizar la lengua y prácticas culturales. En cambio los hijos y las hijas de María portan un gran conocimiento. Tienen fuerza y convicción en sus actos. “El Estado quería que nosotros hablemos en contra de nuestra propia gente. Y si nosotros hablábamos en contra de nuestra propia gente nos dejaban en paz. ¿Pero cómo íbamos a hablar en contra de nuestra gente?”. Los hijos de María nunca fueron funcionales a las intenciones del gobierno nacional y los intereses de los empresarios locales. La consecuencia, como en Ngulu Mapu (tierra del oeste, en referencia a Chile), por no asumir la condición de yanacona (traidor), es la ser perseguido hasta el cansancio, estigmatizado como paria social, marcado en las listas negras del Estado, violentado inclusive con la misma muerte.

Rafael Nahuel era un pibe que soñaba con ayudar a otros pibes que, como él, se habían criado viendo el lado rancio, egoísta y violento de Bariloche. La sociedad nacional constantemente se encarga de moldear determinados cuerpos para que comprendan de forma física cuál es el lugar del ser originario dentro de la sociedad argentina. Si te acercas mucho a la ciudad te detienen, te piden los documentos y te arman una causa. Si pasas por al lado de un auto caro, los de adentro le colocan seguro y no se bajan hasta que estés bien lejos. Si te detenés en un edificio “coqueto” los dueños se quedan en la puerta mirándote y no salen hasta que realmente estén convencidos que vos (la amenaza) estás bien lejos. Si entrás a un negocio a comprar, aunque éste esté repleto de clientes, a vos te atienden primero porque el comerciante no quiere esperar a quedarse solo con vos. Cada uno de estas escenas y gestos son formativos. Están ahí constantemente esperandote como una palabra de (des)aliento. El Estado te va formando con esa mueca. Luego, claro, fácilmente las instituciones de seguridad te reconocen. ¡Imaginate si entrás en el hotel caro de la ciudad o intentas recuperar un espacio (que por derecho preexistente te pertenece) de veinte hectáreas valuado en 1 millón de dólares (por decir un monto estimativo). ¡Te comés un tiro seguro! Adentro o afuera del hotel. Rafael recibió un disparo por la espalda, mientras escapaba desarmado junto a sus sueños.

Una de las hijas de María tocando el kultrüm durante la realización de un Choike Purrum en Furilofche. Foto Gustavo Figueroa

Epu. Dos

El territorio

El territorio mapuche no es como nosotros lo imaginamos. Me refiero a como lo puede imaginar una persona que no ha visitado nunca una comunidad, o que de casualidad compartió una tarde con unas de las decenas de comunidades que hay en el Puel Mapu. El territorio mapuche no es un lugar alejado, periférico, cercano a las montañas como se puede suponer. O por lo menos no es sólo eso. La ciudad(es) también son (o fueron) territorio mapuche. El territorio ancestral no es una caricatura basada en una reconstrucción histórica, ni se trata tampoco de una película de ficción antigua que se reproduce de tanto en tanto para fechas determinadas. El territorio mapuche y sus ngen (espíritu territorial que equilibra el espacio) mapuche están vivos, nunca han dejado de existir. Lo que varía son las formas de organización y de reconstrucción de los saberes ancestrales que existen en cada porción de territorio junto a esos ngen mapuche.

En el Puel Mapu las variantes son disímiles y diversas entre sí. Existen desde comunidades conformadas por 50 personas que viven en alrededor de 20 hectáreas, pasando por comunidades urbanas que viven (cada una) en casas particulares, hasta familias de 12 integrantes que viven en un terreno de 70 metros de largo por 15 metros de ancho, como puede ser el caso de la familia de María Nahuel (hablo de una familia para referirme a una comunidad, porque literalmente en este caso es eso).

Es pertinente esta observación porque constantemente, por desconocimiento quizás o por la distancia que se tiene con respecto a las provincias del sur, se terminan homogeneizando los casos, provocando, como consecuencia que el análisis se simplifique, cuando en verdad lo necesario y esencial aquí es hacer un esfuerzo para contemplar la diversidad, para comprender la complejidad dentro del mundo mapuche.

La raíz de la violencia es una, el verdugo es el mismo, pero las comunidades padecen violencias diferentes. Algunas comunidades padecen la usurpación de empresarios y magnates estancieros. Otras comunidades padecen la usurpación de Parque Nacional. Otros territorios fueron usurpados por ventas ilegítimas por parte de los municipios locales. Pero en definitiva siempre el Estado es responsable, avalando, siendo cómplice o directamente principal hostigador y brazo ejecutor de la usurpación (como en este caso). Y no pronuncio esta sentencia desde el desconocimiento, por deducción o simplemente porque “toco de oído”. Lo digo desde la convicción y el conocimiento cercano que significa haber compartido, por lo menos con cada uno de los casos que he mencionado, una ceremonia ancestral, que es en donde uno se puede permite ver y conocer cuáles son las diferentes formas de organización y administración del conocimiento territorial. Lo digo desde el conocimiento cabal de saber cuáles son los miedos, adversidades, dolores, ausencias y virtudes que porta cada caso, en cada porción del territorio.

¿Qué es una recuperación territorial y por qué se recupera este territorio? Como lo explica María, el lugar donde vive ella ahora con su familia lo pretendía, en su momento, el municipio de Bariloche para construir una plaza pública; es decir para convertirlo, de alguna forma u otra, en un espacio que administrara el Estado (similar operación, pero en mayor escala, es la que practica sistemáticamente Parques Nacionales). Recuperar ese territorio no sólo significa disputarle poder a las pretensiones acaparadoras del Estado. Muchos menos se trata de disputar el territorio para obtener sólo un beneficio personal, particular y privado. El territorio es un espacio en común y sagrado, en donde se intercambia conocimiento y prácticas comunitarias. El territorio mapuche no es de uno, ni es de muchos. El territorio es parte de la persona, y la persona es parte del territorio. No se puede concebir el ser mapuche sin contemplarlo junto a un territorio determinado, que es justamente en donde nacieron y se criaron sus abuelos, su küpan (identidad) familiar.

Jóvenes mapuche bailan choike purrum en Furilofche. Foto Gustavo Figueroa

Hace algunos años escuché de boca de un militante de la Garganta Poderosa decir que ellos exigían la urbanización de la villa donde vivían pero con radicación, es decir exigían al Estado la urbanización del lugar donde se habían criado, y donde habían creado lazos de pertenencia. Quizás un día, y ojalá lo pueda ver (y estoy seguro era también el sueño del ‘Rafa’), las organizaciones de las barriadas que se crean en las periferias de todas las ciudades del país puedan comenzar a reconstruir, repensar y militar su identidad originaria y con ella la identidad territorial a la que pertenecen. Quizás un día, no muy lejano, nos encontremos bailando choike purrum (la danza del avestruz) en el meli witram mapu (los cuatro puntos cardinales) del Wall Mapu (país mapuche).

Küla. Tres

Los verdugos

Hay algo de Alex de la Iglesia en todo esto. Una especie de torrente gaucho compone el perfil de los verdugos. Hay algo de torpeza obsoleta, corrupción y morbosidad inaudita en los verdugos de Rafael Nahuel y Daniel Solano. Se ve a simple vista. Se percibe. El punto de inflexión quizás radique en que las escenas que éstos últimos producen no son escenas de ficción. La violencia que producen estos hombres es literal y real. Tan sólo el cabo primero de la Prefectura Naval Francisco Javier Pintos le disparó 40 tiros a Rafael Nahuel. En total, entre todos los albatros, le dispararon 114 tiros. Pero sólo acertaron un balazo contra el cuerpo de Rafael, como si recién estuvieran aprendiendo a usar el arma.

Miro a cada uno de los prefectos que les dispararon a Rafael Nahuel y aparentan ser personas normales. Miro cada uno de las fotos que tengo de ellos y los veo con sus madres, con amigos, comiendo un asado, pescando. Posando para una foto dentro de un barco. No hay indicios, en principio, de un gen maligno por el cual se los deba aislar. No son perversos ni están locos. Es, todo lo contrario, su formación sociocultural la que avala que dentro de la sociedad argentina existan personas que valen menos que otras y que por lo tanto, al gozar de esta aparente diferencia jerárquica, los verdugos pueden ser exonerados ante cualquier acto de violencia sobre las castas inferiores, es decir los “indios de mierda” como les gusta llamarnos. Pero el Estado como institución, rápidamente, ante hechos de violencia graves, suele soltarle la mano a estos verdugos con el sólo propósito de proteger a las jerarquías superiores. En definitiva, volviendo a la legitimidad de los actos,el sentimiento de estos verdugos no es distinto al sentimiento que puede portar cualquier persona que porte otro rol dentro de la sociedad. El punto de inflexión se establece en que a los primeros se les ha otorgado un arma para mantener el orden o, como afirma Patricia Bullrich, “mantener la zona en la legalidad”.

Meli. Cuatro

Las armas

Pero ¿saben qué es lo más indignante y lastimoso de esta historia que estoy contando? Saber que cada uno de estos escenarios aparentemente improvisados, torpes, burocráticos, son partes de un ensayo, de un ajuste de un operativo mayor, más violento y extenso. La misma Ministra de Seguridad de la Nación lo ha afirmado. “Tenemos que hacer algunas correcciones”. Hay una escena dentro del film “Apocalypto” de Mel Gibson, en donde los verdugos (que nunca queda claro a qué pueblo de Centroamérica pertenecen) de los Maya eligen con qué armas van a matar a los hombres que habían capturado y que no fueron parte del ritual de sacrificio maya. La escena es particular y gráfica porque los verdugos tantean las armas, las miden, las pesan en sus manos, mientras que sus víctimas los miran intentando entender qué es lo que va a suceder. A Rafael Nahuel, el pibe de los sueños baleados, le dispararon por la espalda con municiones 9 mm, una munición tradicional dentro de las fuerzas de seguridad de la Argentina. Sin embargo lo que no es habitual es el tipo de arma utilizada para esas municiones. Un sub fusil (alemán) MP5, semiautomático, con 40 municiones de recarga, con un ráfaga libre (entre 700 y 900 tiros por minuto) y un alcance de disparo entre 25 y 100 metros de distancia. Los integrantes del grupo Albatros, como los verdugos de los Mayas, primero tantearon sus armas sobre el cuerpo de jóvenes originarios. Luego, recientemente, el patrón y dueño de las armas les advirtió: “Se pusieron nerviosos. Dispararon muchas balas, para un objetivo tan chico. Van a volver a la escopeta y municiones calibre 12/70. Tendrán menos carga y dispararan muchos menos municiones por minuto”. Hoy (19/07), cerca de las dos de la tarde, la policía de Río Negro disparó cerca de 100 municiones 12/70 contra jóvenes, embarazadas y niños. El deseo del patrón, como corresponde, se concretó.

Kechu. Cinco

Los medios de comunicación

Los otros grandes actores y guionistas de este supuesto escenario bélico son los grandes medios de comunicación (Clarín, La Nación, Infobae, Diario Río Negro, TN Noticias) de la Argentina. Sus versiones de los hechos intentan, como en antaño, describir una supuesta batalla entre los “indios” llegados del otro lado de la frontera y los valientes, arriesgados y valerosos soldados argentinos que entregan la vida por su patria (una patria en la que los abuelos de los soldados se parecen más a los kuyfikeche ultrajados que a los viejos conquistadores). En esta ocasión, tanto el diario Río Negro, como el diario Clarín, así como TN Noticias volvieron a hablar, luego de los 100 balazos, de: “enfrentamiento”, “usurpación”, “ilegalidad” y “violencia” por parte de los mapuche. En este sentido creo que si hemos tenido la suficiente madurez para comprender que lo de Malvinas no fue una guerra, creo que también somos capaces de comprender que dos familias (Nahuel y Huala), gomera en mano, arrojando piedras para defenderse de un grupo militar que dispara con sub fusiles semiautomáticos alemanes, no es un escenario que se puede catalogar como parte de una guerra, sublevación armada, “golpe terrorista” o como se le quiera llamar, dentro de un enfrentamiento en igualdad de armas.

Conversando con una kimche (maestra) y comunicadora mapuche de Furilofche, concluimos que vivimos una época de grandes reivindicaciones en términos identitarios (tanto desde la identidad de género como así también desde la identidad originaria), aunque coincidimos además en que esta es un época fea, cargada de una violencia impredecible. ¡Creo que de eso se trata! Se trata de una violencia impredecible que no sabemos dónde puede concluir, ni de qué forma, ni a cuántos puede afectar finalmente. Todos sabemos que el barquero de la muerte en algún momento nos vendrá a buscar para llevarnos al país azul. Nos revelamos sí, como jóvenes originarios, ante un Estado que se cree con el derecho legítimo para quitarnos la vida, con argumentos absurdos y estúpidos, como por ejemplo que somos terroristas.

Posiblemente un día ya no pueda escribir más, pero como es necesario documentar esta época (como cualquier otra) me preocupo todos los días para que sean otros y otras también los y las que tomen la posta desde su territorio. Nadie puede contar mejor las cosas que nos pasan más que nosotros/as mismos pu peñi, pu lanmgen. Si no lo hacemos, si esperamos que otro lo haga, le dejamos el espacio a los medios masivos para que construyan, a mil doscientos kilómetros de distancia, la historia que más favorezca al verdugo cuando lo encuentren disparándonos por la espalda.

Por último, antes de concluir esta crónica quiero hablar de la tormenta presidencial. El miércoles por la tarde el mismo presidente de la Nación Mauricio Macri confesó, en conferencia de prensa, que lo que nos afecta como país es una tormenta de características aparentemente indescriptibles. Ayer a la madrugada, curiosamente, como un hecho sin precedentes, cayó nieve en Neuquén y en varias ciudades de la provincia. Mientras reflexiono si esa confesión presidencial es uno de los tantos recursos burdos y estúpidos para declararse incompetente ante el escenario socioeconómico, invito a leer, como contraste a la tormenta, dos escenas que presencié hace poco. Una fue un día viernes mientras viajaba en colectivo. En una calle céntrica de Neuquén vi, una al lado de la otra, cinco casas que “prestan” dinero. Estos locales que antes no estaban, se encontraban repletos, incluso con más público del que había en los locales de ropa cercanos. La segunda escena la vi un día martes. Volvía de cubrir la última parte del juicio por la desaparición forzada y el homicidio de Daniel Solano. Me bajé del colectivo y caminé un par de cuadras. Estaba cansado, “pasado de vueltas” como se dice. Mientras miraba una moto subirse a la vereda, me preguntaba por qué el conductor estaba haciendo eso. El motociclista llevaba en la parte de atrás a una acompañante encapuchada. Llegaron a mitad de cuadra y manotearon la cartera de una joven. Aceleraron. La joven reaccionó y los corrió, pero ellos rápidamente se perdieron en la quietud y la parsimonia de las calles neuquinas. La escena nunca la había visto en la ciudad, por lo menos con ese nivel de riesgo y desesperación. “¡Andan jugados!”, me dije. “¡No les importa nada! ¡Andan jugados como en Buenos Aires!”. Y no sólo andan jugados por robar de esa forma, sino además porque le robaron a una piba laburante que no tenía más que unos pocos pesos en su cartera. En conclusión, estas dos escenas también se incorporan al escenario de Villa Mascardi, dado que constituyen tres relatos microsociales de los tiempos que atravesamos como personas históricas, pero que, por supuesto, los medios de comunicación masivos siempre describen con un manto de encubrimiento enceguecedor. Para estos medios, lo realmente importante es que hoy llegará Mauricio Macri para conversar con sus nuevos amigos y forjar juntos el futuro del país. Seguramente hablarán de mujeres, de cómo las engañan, del mundial de fútbol y de lo mal que jugó Messi. Tomarán buenos vinos y se harán obsequios halagadores. Se encargarán de crear un clima agradable primero, como suelen estilar en las mesas chicas y en las mesas de negocio. Y luego, ya entrados en confianza, con un tono bajo y cómplice, le preguntarán al patrón: “y bueno, ¿qué hacemos con el problema? ¿Los metemos adentro o los matamos? ¡Usted decide!”