La construcción de la realidad

11.07.2018 - Río Negro, Argentina - Gustavo Figueroa

La construcción de la realidad
Pablo Iribarren acuso a este periodista de ser parte de una confabulación mediática para incriminar a los policías que él defiende. (Imagen de Gustavo Figueroa)

Alegatos de la defensa: caso Daniel Solano

Fiske Menuko, Puel Mapu. Desprestigiar a los testigos alegando que todos los que testificaron en contra de los policías mienten (por dinero), colocar en duda las ambiciones personales de los abogados querellantes con respecto a la causa, acusar a éstos últimos de colocar en riesgo la institucionalidad democrática del poder judicial de la provincia de Río Negro. Denunciar una campaña mediática sucia en contra de los imputados, convertir a éstos últimos en víctimas, suprimiendo en sus alegatos (de defensa) acusaciones directas y relevantes en la causa (como las que realizó el ex comisario e investigador de la causa Daniel Uribe). Los abogados defensores utilizaron distintos recursos para explicar y proponer a los jueces de la causa la inocencia de sus defendidos, comenzando en el extremo discursivo más evidente hasta llegar al extremo argumental más miserable que la jurisprudencia penal acepta. Indicando, en el primer extremo, las contradicciones de cada uno de los testigos que declaró en contra de los policías, descalificando la integridad y la verosimilitud de (los dos) testigos (“estrellas”) de la causa, en función de su condición social, en el otro extremo. “La testigo tenía una vida marginal”, especificó casi al final de su exposición el abogado defensor Pablo Barrionuevo. En definitiva, la construcción de la realidad del caso Solano para los abogados defensores se centra en la legitimidad, la inocencia y la integridad de los funcionarios policiales que defienden. Por lo contrario a esto, toda la acusación de la querella y la fiscalía se basó en un relato de ficción (con múltiples cómplices) que derivó en una especie de “bola de nieve” discursiva que se mueve, como un fantasma sospechoso, entre las chacras de la mal llamada patagonia, siendo reproducida y retroalimentada por las mentiras de las personas que, con mala intención, colocan en tela de juicio la idoneidad, la ética y los valores respetables de los agentes policiales y los funcionarios del poder judicial de Río Negro que intervinieron (en detrimento) en la vida de Daniel Solano y los miles de golondrinas explotados en el silencio de las gamelas de Expofrut Argentina S.A. y Agrocosecha S.A. ¿Por qué los abogados querellantes, los testigos de la causa, la fiscal e inclusive quien escribe desearían crear una fábula en que estos 7 policías imputados son los verdugos? ¿Estos policías imputados son verdaderos monstruos (como se siente Juan Barrera) o se trata (más sencillo, aunque funcional aún) de “personas normales, simples burócratas mediocres” (como reflexionó el abogado defensor Gustavo Vicens)?

Introducción

Los alegatos de la defensa fueron expuestos en dos días diferentes. En esos dos días los cinco abogados defensores expusieron sus alegatos de clausura exigiendo en cada uno de ellos la absolución de los 7 policías imputados.

El 1 de agosto del 2018 los tres jueces (García Balduini, Gatti y Martín) intervinientes en la causa leerán la sentencia de responsabilidad en contra de estos 7 policías imputados.

Kiñe. Uno

Los alegatos de Pablo Iribarren

“¿Verdad real o construir la realidad?”, comenzó preguntándose el abogado defensor Pablo Iribarren, para luego proseguir afirmando: “lo relevante es que esta causa se ha construido y se han instalado determinadas verdades a través de la manipulación de los medios de comunicación y de la opinión pública”.

El abogado defensor Pablo Iribarren apoyado por un power point y subido a un estrado con prolija dicción y elocuencia se encargó, en un lapso de una hora y media, de descalificar y desprestigiar la labor de todos los actores intervinientes que testificaron en contra de los policías imputados. Primero cargó contra la fiscal, luego prosiguió con los abogados querellantes hasta llegar finalmente a los testigos. Iribarren también se permitió, como lo adelanté en la introducción de esta crónica, colocar en duda mi labor como periodista y la de varios medios alternativos de la región. El fin: afirmar que las víctimas en este caso en realidad son los policías imputados. ¿Cómo se logró esta acusación (según los abogados defensores)? Ejerciendo, en comunión de todas las partes (abogados querellantes, fiscales, testigos y periodistas), una confabulación mediática y discursiva en contra de los imputados.

Quizás el error más absurdo e infantil de la defensa sea salir en defensa de todos y negar paralelamente todas las acusaciones. La defensa no sólo que se dedicó durante sus alegatos a defender a los 7 policías imputados, sino que también salió en defensa de los empresarios y los funcionarios judiciales, afirmando que no existe ni una sola prueba en contra de ninguna de estas partes involucradas. ¿Ficción o realidad? Los abogados defensores no dudaron ni un segundo en sumergirse en ese océano de especulaciones aparentemente filosóficas.

“No tenemos cuerpo, por lo tanto no hay autopsia; por lo tanto no sabemos la causa de la muerte, o sea cuándo y cómo se habría producido. ¡No hay escena del crimen! Esto implica que no contamos con información de la ciencia y la criminalistica que permita buscar, encontrar y recoger los indicios o evidencias con el fin de establecer: ¿qué? ¿quién? ¿cuándo? ¿con qué? ¿y cómo se produjo un hecho criminal? A ello le sumamos los resultados negativos de los informes técnicos y pericias que se han realizado en la causa. Ya sea búsqueda de rastros en móviles policiales, vehículos particulares, rastrillajes, inspecciones a comisarías, cementerios, chacras, jagüeles, ríos y lagunas. Entrecruzamientos de llamadas e intervenciones telefónicas. ¡Nada! Nada de nada. Lo que propone la querella es que existe una megabanda con ramificaciones de alto poder, pero parece ser que esta megabanda con ramificaciones de alto poder llevan adelante esta confabulación, que termina con la muerte de Solano, a través de señales de humo o el telégrafo. ¡Nadie se comunica entre ellos! ¡No hay prueba documental relevante!”, concluyo persuasivo y contundente la primera parte de su exposición Pablo Iribarren.

En la segunda parte de su exposición, este abogado se encargó de desmentir los dos hechos probatorios que presentó la fiscalía en su alegato, en contra de los policías imputados. El primer análisis estuvo enfocado en el kilometraje del móvil que utilizó Pablo Albarrán la madrugada del 5 de noviembre de 2011. Al respecto Iribarren afirmó que no fueron 55 kilómetros, sino 63 kilómetros, y que ese kilometraje se correspondía al que hacían cada uno de los demás turnos. En segundo lugar, el abogado defensor hizo referencia a los perros rastreadores que intervinieron en la causa aclarando que “en el informe del 16 de diciembre de 2011, firmado por Mantilef, hay dos recorridos de los perros. Uno sale de la esquina de Villegas y 9 de julio y dice que el perro (de nombre Afro) se para en frente del numeral 1030. Luego a las 13: 30 hace un nuevo recorrido, pero ya saliendo de Macuba. ¿Qué hace el perro Afro? Va por la vereda de Macuba, dobla en la calle Villegas y se detiene frente a un portón de chapa grande que también pertenece al inmueble de Macuba. Osea que se para a mitad de cuadra o pasando mitad de cuadra. Entonces, mi pregunta es: ¿cómo hacen (si es tan válido este informe del olfato de los perros) para llegar los restos odoríficos de Solano hasta la mitad de la calle, hasta la mitad de la cuadra entre 9 de julio y Tello? Jamás este informe señala que el perro pierde el rastro en la esquina. Lo pierde en la mitad de la cuadra, frente al numeral 1030 y frente al portón de chapa, que es la parte de atrás de Macuba”.

Pablo Iribarren durante su exposición frente a los jueces de la causa. Foto Gustavo Figueroa.

 

La tercer parte de la exposición, estuvo dirigida a desarrollar y explicar un cuadro estadístico visibilizando una serie de estadísticas tendenciosas que se registraron dentro de la causa, y a partir de los testimonios que recayeron sobre los tres policías (Cuello, Albarrán y Berthe) que defiende este letrado.

“¿Quiénes eran los policías que estaban adentro de Macuba haciendo servicios? El 32 % de los testigos dijo que estaba Echegaray. El 16 % dijo que estaba Berthe. Muñoz con el 8 %, Bender con el 12 %, Barrera con el 8 %. Martínez con 4 %, Albarrán con el 8 %, Cuello con el 4 % y Vega con el 8 %. ¿Cuántos policías sacaron a Solano? El 50 % de los testigos dice que fueron dos policías. El 22 % un policía, el 14 % cuatro policías y tres policías el 14 %. ¿Qué hicieron los policías después de sacar a Solano? El 50 %  de los testigos dijo ‘los policías regresaron enseguida’. Los restantes testigos dieron diversas respuestas: ‘no sabían’. ‘Se quedaron afuera’. ‘¡No presté atención!’. ‘Se fueron en el móvil”. ‘Se fueron a otro lugar’. ¿Dónde estaba el móvil policial en el momento en que sacan a Daniel Solano de Macuba? El 54 % de los testigos dijo ‘no había móvil policial’. El 31 % dice que estaba en frente de Macuba, sobre la 9 de julio. Y el 15 % dice que estaba sobre la calle Villegas”.

Por último, y en cuarto lugar Iribarren analizó a los dos testigos “estrellas” (como lo definieron los mismos abogados defensores) de identidad reservada que señalaron y ubicaron a varios de los policías imputados como los agentes que sacaron a Daniel Solano de Macuba, lo golpearon afuera del boliche (en un lugar oscuro), para posteriormente subirlo en una camioneta blanca para ser trasladado hacía la isla 92 de Choele Choel.

Primero Iribarren hizo referencia al testimonio de la testigo de identidad reservada que siguió a los policías en una moto hasta la isla 92 antes mencionada. Iribarren se preguntó que tenía de particular la calle que tomó el móvil para que la testigo decidiera seguirlos, cuando esa calle era el único lugar que tenían los policías, según su defensor, para continuar hacia la comisaría. Iribarren, también puso en duda las múltiples referencias que dio esta testigo respecto al móvil y la presencia de Juan Barrera en el mismo. En el caso de este último dijo que era Barrera el que maneja el móvil, un hecho que se contradice con la presencia de Pablo Albarrán como el agente que, según quedó asentado en la causa,  manejaba el patrullero. En el caso del móvil en sí, lo que le llamó la atención a Iribarren hecho que coloco en tela de juicio, es que esta testigo haya seguido con otra persona y que antes que ellos volvieran el móvil ya estaba parado en el mismo lugar desde donde había partido, es decir en frente de la puerta de salida de Macuba. Por último Iribarren hace referencia al conductor de la moto, dado que éste, como testigo, no dio nunca su testimonio y cuando se le pregunto a la testigo, ésta último afirmó que no sabía dónde encontrarlo y que había borrado su número de teléfono.

Con respecto al segundo caso, Iribarren retomó y realizó una serie de interrogantes sobre el testimonio del testigo que declaró haber escapado de un secuestro, llegando más tarde (como lo pudo confirmar una testigo) a una base de taxis asustado y con signos notorios de haber sido violentado.

“Lo sacan de adentro Echegaray y Berthe. Berthe aparece ahora como compañero de Echegaray sacando a Solano. Salen afuera a fumar. La cordobesa empieza como a desfilar por las escaleras. Solano baja, se saca las zapatillas y de repente llega un móvil policial. Se estaciona en la puerta de Macuba. ¿Quién estaba dentro de ese móvil policial? ¿Quién baja de la parte de atrás de la puerta derecha? Barrera. Pero, ¿cómo? ¿No era que Barrera lo conducía al móvil? ¿No era que Barrera estaba adentro de Macuba?”

Antes de concluir y exigir la absolución de los tres agentes de la policía, Iribarren hizo mención, en función de las estadísticas que expuso, que el número que vio a Solano en la salida de Macuba alcanzaba las 18 personas, y que este número en definitiva, sospechosamente, representaba el 20 % del total de los presentes que, supuestamente, esa noche estaban en Macuba.

Epu. Dos

Los alegatos de Ricardo Thompson

El abogado defensor Ricardo Thompson no se privó de nada. Comenzó afirmando que era uno de los abogados que estaba desde el inicio de la causa. Luego reconoció que sí, que en el radiograma de la policía hubo errores. Inclusive se permitió defender a la doctora Marisa Bosco, colocando en duda en el mismo ejercicio a los intendentes que la denunciaron por mal desempeño.

“Ocho intendentes del Valle Medio presentan una denuncia pidiendo un juicio político contra la doctora por esta causa. Muy subjetivo y llamativo, porque los intendentes poco sabían lo que estaba pasando en la causa. Sin embargo alguien escribió la denuncia, se firmó y entró al Consejo de la Magistratura. Nadie sabe en definitiva cuál es el mal desempeño. Ni de la denuncia surgida, ni de la causa (…) Se instala mediáticamente que fue la policía (…) Si a Daniel Solano le hubiera pasado y los responsables fueran sus compañeros hoy no estaríamos acá. Seria una causa intrascendente. Pero si fuera la policía, sería noticia”.

Ricardo Thompson negó todas las acusaciones en contra de su defendido. Foto Gustavo Figueroa.

Por alguna o varias razones, Thompson insistió en varios pasajes de su exposición en que cuatro de los policías imputados tenían varias cosas en común, y que el hecho de que cada uno de ellos perteneciera a reparticiones diferentes significaba algo. Lo que nunca terminó de explicar es qué era lo que eso significaba.

“¿Qué tenían en común los cuatro? Primero que ninguno de los cuatro estaba trabajando esa noche. Después que no tenían mucha relación entre ellos. Y que todos pertenecían a una repartición distinta de la policía. Uno era de la escuela (de cadetes), el otro es de la comisaría (octava), el otro es de la alcaldía y el otro de la jefatura”.

Para este abogado todas las pruebas que pesan en contra de su defendido Héctor Martínez son inverosímiles, falsas y carecen de coherencia. Para Thompson, Martínez no tiene nada que ver con las pistas falsas de Neuquén, nunca Martínez le tomo declaración a nadie (que luego lo terminará acusando), ni dirigía una brigada de investigación paralela. “Toda la imputación está armada en función de la declaración contradictoria de una testigo, una testigo que primero dijo que lo vio a Martínez sacando a Solano, y luego dijo que lo vio cuando llego a Macuba (…) Esta testigo ha mentido”.

Para Thompson, al igual que su colega Iribarren, toda la acusación en contra de Martínez se basa en una confabulación, en un relato de ficción que en un momento determinado se convirtió en “una bola de nieve mediática” imparable; confabulación que impidió realizar una investigación seria y certera. “Todo ésto que se creo impidió saber la verdad, impidió agotar las lineas de investigación”. Incluso, extendiendo otro recurso de defensa, Thompson explicó que en realidad lo que existía acá, aparte de la confabulación en contra de su defendido, es un error conceptual, dado que, según él, aquí no existió una megaestafa en contra de Daniel Solano y sus compañeros, sino más bien, se trata, hablando con propiedad, de “una diferencia salarial”.

Küla. Tres

Los alegatos de Pablo Barrionuevo

“¿Por qué ademas de las contradicciones, digo que no es creíble?”, comenzó Pablo Barrionuevo interrogando al tribunal y al público presente, en referencia a una de las testigos importantes de la causa. Y continuó: “la testigo de identidad reservada mintió y declaró por plata. Es una chica marginal. Dice (otra testigo) que vivía con una familia sustituta, que intentó suicidarse, que la madre era alcohólica. Dice después que vivía en Regina, que se escapaba, que volvía mal. Que denunció al padre por abuso, que robaba, que apuñaló a tres chicas en la plaza, y dice que a partir de esta causa cambio el estándar de vida porque antes robaba y ahora vive de ésta”.

Siguiendo los argumentos y reflexiones de Pablo Iribarren, Barrionuevo hizo referencia al testigo de identidad reservada que fue secuestrado. Como en otras causas Barrionuevo no se privó en lo absoluto de utilizar los recursos discursivos más indignos que contiene el Código Penal (una actitud deshonrosa de la que no hicieron uso sus colegas). En otro caso, en una causa de gatillo fácil en donde un policía (también de Río Negro) le disparó un escopetazo a un adolescente de 16 años, este abogado se animó a decir que el barrio donde vive el menor no “era un jardín de infantes” y que en realidad éste último era el culpable de lo que le había sucedido debido a que no es la calle, ni la noche un lugar y un momento para que transite un menor. Ya dentro de esta causa, Barrionuevo tampoco se olvidó de estigmatizar, en este caso, a los testigos.

Pablo Barrionuevo es uno de los abogados que más estigmatiza a las víctimas en la región. foto Gustavo Figueroa.

“No tiene ningún tipo validez, no tiene coherencia. Este testigo dice que ve cuando lo agarran y después dice que ésta afuera sentado. ¡No entiendo! Pasó por arriba, pasó volando. Fue corriendo, se sentó y se puso a fumar.  (…) Son testimonios que están flojos, son testimonios que están teñidos de parcialidad. ¿Por qué? Porque persiguen un interés; justamente un interés económico para poder vivir de esto ahora (…) Juan Francisco Barrera no participó del hecho que se le indilga. Llegados hasta esta instancia, lo único que hay es prueba contradictoria; son, en realidad, testimonios contradictorios. (…) Personas de condiciones sociales bastantes particulares”.

Como en un arranque futbolístico, pseudo patriótico nacionalista, Barrionuevo se dirigió al tribunal expresando su desagrado con respecto a la incumbencia de personas de otras provincias que quieren intervenir y denunciar hechos relevantes dentro de Río Negro, como si, por ejemplo, el derecho internacional no debiera tener incumbencia,en las disputas procesales de la mal llamada patagonia argentina.

“Yo soy nacido en Lamarque. Nacido y criado en esta provincia. También he trabajado en la chacra y se lo que es este trabajo. ¡Es muy duro! Más lo que debe ser para la gente que viene del norte a buscar un futuro mejor. Pero sí me indigna que se llenan la boca enarbolando una bandera, cuando en realidad lo que siguen es un fin económico. Y hablan, y hablan y hablan. Si tuvieran la misma energía para trabajar en la causa y no la utilizaban para propagandas, para publicidades, el resultado de la causa hubiera sido otro (…) Yo le quiero decir que estoy orgulloso de la justicia y de la policía de la provincia, y no voy a permitir que venga gente foránea a marcarnos la cancha y a tratarnos de asesinos y corruptos”.

Oscar Pineda estuvo ausente en gran parte de las audiencias de la causa. Foto Gustavo Figueroa.

Una actitud similar mantuvo el abogado Oscar Pineda, quién en una exposición breve realizó un llamado de atención al tribunal, dadas las denuncias realizadas por parte de la querella, en contra de varios funcionarios del poder judicial de Río Negro.

“Esta defensa va a tratar de construir lo que la fiscalia no hizo. Estamos de acuerdo que el Estado es una ficción, pero ¿qué tenemos que preguntarnos acá? ¿Cuáles fueron los funcionarios que desarrollaron la conducta que está especificada en la norma, en representación del Estado? En este caso, los funcionarios pertenecían al poder ejecutivo y al poder judicial. ¿Quiénes del poder ejecutivo? La policía. Los 7 policías que están acá, y algún otro que interpreta la acusación y deberían estar sentados también acá. ¿Quiénes del poder judicial han actuado en representación del Estado? La doctora Bosco, el doctor Flores, el doctor Bodrato, el doctor Zornita, el doctor Martínez Bibot, el doctor Constanzo. La doctora Laura Perez y el doctor Echegaray. ¡Estas personas integran el poder judicial! Y realmente yo voy a solicitar que la cámara se expida con relación a esta situación, porque acá estamos hablando de una complicidad del poder judicial. Es gravemente institucional, por donde se lo mire. Porque estamos hablando de funcionarios judiciales que han sido cómplices, que no han permitido saber cuál fue el autor de la muerte del joven Daniel Solano. ¡Muy grave es esta acusación!”

Meli. Cuatro

Los alegatos de Gustavo Vicens

Una de las exposiciones más precisas y contundentes fue la del abogado Gustavo Vicens, que sin extenderse demasiado en el tiempo pudo referirse a la situación de su defendido Pablo Quidel.

“Ni siquiera fue reconocido como integrante de la policía por ninguno de los testigos que vino a declarar en estas audiencias (…) Es la prueba más evidente de lo errática, insólita e insuficiente que fue la investigación, la presencia, el requerimiento y finalmente la acusación a Quidel, porque lo cierto es (y preocupante) que la acusación final de la querella y de la fiscalía, en el caso de mi defendido, solamente en base de un indicio cargoso, que lo constituye ni más ni menos que el registro en la comisaria en el horario que había salido y en la hora que había regresado (…) Un sólo indicio les basto para acusar a mi defendido”.

Gustavo Vicens prácticamente no intervino dentro de las audiencias de la causa. Foto Gustavo Figueroa.

Vicens hizo varios análisis sobre el caso y la situación de Quidel, posicionando a este agente como una simple víctima. Un hombre honrado que cumplió con su deber como policía, y que por alguna razón que se desconoce, fue elegido como un “perejil” para pagar el delito que otros cometieron.

“Lo cierto es que de la materialidad violenta que se le reprocha a Quidel no sabemos nada. No sabemos dónde se desarrolló, cuál fue el escenario (…) Es cierto la oficial Hueche por negligencia, imprudencia u olvido no dejo registrado el horario en que salió el móvil, pero ese indicio, valorado como cargoso por la señora fiscal, no alcanza para reprocharle nada (…) Es más Quidel, si uno analiza la secuencia del hecho que se investiga, y tiene varias partes (en la parte de Macuba, en las afueras), nunca fue señalado desplegando ninguna acción típica. Nunca maltrato a nadie, nunca causo severidades, jamas efectuó apremios. Jamas detuvo ilegalmente, y mucho menos, privo ilegalmente a nadie (…) Me llama mucho la atención que se haya construido un alegato acusatorio por parte de la querella y la fiscalia determinando y dando acreditada la autoría de Quidel en un hecho que no se sabe que paso (…) ¿En qué consistió el aporte de Quidel? ¿Fue autor? ¿Fue coautor? ¿Fue cómplice Quidel? ¿O fallo con un deber de infracción? ¿Miraba (como dijo el señor querellante) como el resto maltrataba a Solano? Ninguna de estas circunstancias ha sido acreditada (…) Quidel quedo dentro del juicio, como un co – imputado desconocido, o como un policía muy correcto”.

En último lugar Gustavo Vicens analizó y problematizó dos escenarios. Primero el que, según él, padeció Pablo Quidel. En segundo lugar, como una sutil analogía, Vicens hizo referencia a los soldados nazis que participaron en el Holocausto judío y la labor periodística que tuvo Hannah Arendt durante los juicios a estos represores. Primero argumento que su defendido “fue estigma social, fue descalificación profesional. Fue perdida económica. Y paradojicamente todo ésto lo sufrió cuando dentro de la ley se lo considera persona inocente. ¡Estas son las paradojas que atraviesa Quidel! Quidel estuvo más de tres años detenidos. Y lo cierto es que no queda, a criterio de esta defensa, ninguna duda de que es inocente”. En segundo lugar, Vicens hizo referencia a la mirada que proyecto Arendt sobre los verdugos alemanes que cometieron delitos de Lesa Humanidad. “No necesariamente las personas que practican estos hechos son personas sádicas, perversas. A veces son personas normales o burócratas, simples burócratas mediocres”.

Al diferencia de sus colegas, Gustavo Vicens colocó la labor periodística en un segundo plano, y realizó sí una crítica a la situación en la que, según él, concluye la causa.

“En esta causa hemos escuchado mucho de historia, quizás mucho de la influencia de la opinión mediática, pero la realidad es que de la naturaleza del hecho que se investigo antes y que se esta juzgando hoy acá, muy poco se pudo avanzar, y lo poco que se pudo avanzar no se termino de desentrañar. El juicio no termino de permitir analizar y ver que es lo qué paso, cuál es la historia, cuál es la hipótesis”.

Kechu.  Cinco

Últimas palabras de los policías imputados

Como lo prevé la ley al finalizar los alegatos de todas las partes, cada uno de los 7 imputados tuvo derecho a expresarse y decir unas palabras finales. Cada uno de ellos, y como recomendación de sus abogados defensores, expresaron que confiaban en la justicia de Río Negro y en el tribunal de justicia que los juzgaba. Cada uno de ellos negó ser protagonista de los delitos que se les indilga. Y expresaron el sufrimiento que padecieron, tanto ellos como sus familias, en estos casi siete años que lleva la causa Solano.

“Al señor Juan Barrera lo transformaron en un monstruo. Si. Tengo un carácter que quizás a mucha gente no le agrade, pero también atrás mío quedo una familia. Atrás mío sufrieron mis seres queridos. Solamente porque Juan Barrera no quiso decir o no quiso imputar a alguien. Solamente por eso. Porque le pedían a Juan Barrera todo el tiempo que dijera que había estado o que alguno de los compañeros había estado o porque decían que nosotros protegíamos a nuestros camaradas”.

En definitiva, la construcción de la realidad del caso Solano para los abogados defensores se centra en la legitimidad, la inocencia y la integridad de los funcionarios policiales que defienden. Por lo contrario a ésto, toda la acusación de la querella y la fiscalia se basó en un relato de ficción (con múltiples cómplices) que derivó en una especie de “bola de nieve” discursiva que se mueve, como un fantasma sospechoso, entre las chacras de la mal llamada patagonia, siendo reproducida y retroalimentada por las mentiras de las personas que, con mala intención, colocan en tela de juicio la idoneidad, la ética y los valores respetables de los agentes policiales y los funcionarios del poder judicial de Río Negro que intervinieron (en detrimento) en la vida de Daniel Solano y los miles de golondrinas explotados en el silencio de las gamelas de Expofrut Argentina S.A. y Agrocosecha S.A. ¿Por qué los abogados querellantes, los testigos de la causa, la fiscal e inclusive quien escribe desearían crear una fábula en donde estos 7 policías imputados son los verdugos? ¿Éstos policías imputados son verdaderos monstruos (como se siente Juan Barrera) o se trata (más sencillo, aunque funcional aún) de “personas normales, simples burócratas mediocres” (como reflexionó el abogado defensor Gustavo Vicens)?

Categorías: Derechos Humanos, Opiniones, Sudamérica
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