El octavo policía

26.03.2018 - Río Negro, Argentina - Gustavo Figueroa

El octavo policía
Juan Barrera identificado como uno de los cuatro policías que se llevó a Daniel Solano con el rostro ensangrentado. (Imagen de Gustavo Figueroa)

Desaparición forzada: caso Daniel Solano

Fiske Menuko, Río Negro. “¿Por qué me pegan? ¡Yo no hice nada!”. “El rostro de Daniel Solano cubierto de sangre”. “Los múltiples roles de la abogada”. “El rastrillaje”, “La billetera de Daniel”. “No le alcanzaba ni para la sal”. “La estafa”. “Las últimas tres fotos de Daniel”. Todos estas oraciones podrían haber sido el título de la jornada número de 7 por el juicio de la desaparición forzada de Daniel Solano, sin embargo la elección de “El octavo policía” nace y es priorizada por la necesidad de visualizar y problematizar (comunicacionalmente), en este tramo del juicio, la presencia de más responsables dentro del caso. El octavo policía representa el inicio o la apertura, dentro del proceso judicial, de la extensa red de acciones, roles y protagónicos que aún no han sido pronunciados dentro de la sala de audiencia.

¿Cuál fue el rol de Tomás Vega dentro de la desaparición de Daniel Solano y dentro de la estructura de explotación y violencia que se ejecutó sistemáticamente sobre los trabajadores golondrinas? Contestar este interrogante a partir de la lectura de esta crónica, permitirá también reconocer la forma en que los compañeros de Daniel acreditaron, a partir de sus testimonios, las relaciones de poder que ejercieron la abogada de Agrocosecha S.A. Cecilia Constanzo y el ex comisario de Lamarque Raúl Aramendi. Las multifacéticas funciones que representaba cada protagonista nos sugiere que las organizaciones criminales exigen un gran compromiso para ejercer la violencia con metódica eficacia. Comprender y comprometerse con el caso Solano significa comprometerse con una historicidad de violencias y abusos ejecutados sobre el cuerpo de los trabajadores rurales del país durante décadas.

Introducción

Durante estas últimas tres jornadas judiciales declararon 16 personas, incluida una videoconferencia. En la última fecha correspondiente al día 7 dieron su testimonio 8 compañeros de trabajo de Daniel Solano. Aunque el dato relevante y más certero de estas audiencias fue el testimonio de una testigo presencial que vio de cerca como cuatro de los siete policías imputados se llevaba a Daniel Solano la noche del 5 de noviembre de 2011.

Kiñe. Primer capítulo

El rostro cubierto de sangre

El día 6 fue una de las jornadas judiciales más relevantes del juicio. Según el relato de una de las testigos hasta ahora más importantes del caso, cuatro de los siete policías imputados trasladaron a los golpes a Daniel desde el boliche Macuba hasta una patrulla de la policía. Específicamente, desde la ubicación donde estaba esta testigo pudo presenciar cómo Daniel Solano era prácticamente arrastrado a los golpes por una calle lindera al boliche. Incluso pudo ver y relatar como Daniel llevaba su rostro ensangrentado. La testigo se encontraban a la vuelta de Macuba, sobre la calle, junto a su pareja. Ella vio cuando a Daniel le pegaban en las piernas para que cediera e ingresará al móvil. Finalmente la testigo presenció cómo la víctima desapareció en un auto junto a los imputados Sandro Berthe, Héctor Martinez, Pablo Bender y Juan Barrera.

El abogado defensor Pablo Barrionuevo le muestra el octavo policía a los imputados, mientras tiene un intercambio visual con Sandro Berthe. Foto Gustavo Figueroa

Este relato es la fuente de los rumores que circulaban en Choele  Choel sobre una persona que, estando detrás de Macuba, pudo presenciar el accionar policial. La testigo permanece bajo custodia y resguardo de identidad.

Epu. Segundo capitulo

El rastrillaje

Todos los compañeros de Daniel coincidieron en dos cosas. Primero: todos los compañeros estuvieron dentro de Macuba la noche en que desapareció Daniel. Algunos se fueron antes que a Daniel lo sacaran y otros no se dieron cuenta cuando él desapareció. Sólo uno de ellos vio como Daniel era sacado por dos policías, según él, policías de gran porte. En segundo lugar, como parte de un correlato cronológico, todos los compañeros de Daniel Solano que declararon en el día 7 participaron de un rastrillaje (en cercanías al río Negro) para ayudar a buscar a su compañero y parte de sus pertenencias. Lo oscuro y contradictorio del rastrillaje fue la consigna de búsqueda propuesta por la policía. “¡Si encuentran algo, nos llaman! ¡No toquen nada!”, fue la frase pronunciada por los oficiales. En paralelo a esta consigna fue hallada dentro del rastrillaje una billetera, que según la descripción era una billetera “marrón oscura, artesenal, con guardas originarias, típicas de Salta”, pero dicha billetera –luego de ser secuestraba como prueba del caso– se perdió. ¿Por qué la billetera desapareció? ¿Los policías querían contribuir a la investigación o desaparecer las evidencias que habían dejado cuando desaparecieron a Daniel?

Por último, los trabajadores fueron contundentes en aclarar la distribución espacial y laboral dentro de Agrocosecha S.A. Fueron claros en reconocer que existían dos cuadrillas, una dirigida por Domínguez y otra por Pachinga. Reconocieron que habían varias habitaciones y que en cada habitación dormían 4 personas.

Küla. Tercer capítulo

El octavo policía

Tomas Vega es uno de los policías más mencionados y con menos presencia dentro de las salas de audiencia. La pregunta es: ¿por qué este policía no está en el banco de los acusados? Un compañero de Daniel ubicó a Tomás Vega en varios escenarios, siempre relacionados con el caso Solano.

“A él lo conozco porque cada vez que cobramos él siempre estuvo ahí presente en la oficina. El patrón de nosotros que se llama Adrián Lapenta hizo un asado por finalización de cosecha y en esa noche también estuvo cantando. Fue el mismo policía que estuvo en la entrada de Macuba esa noche, el mismo policía que me dijo que esa noche él estuvo de adicional y que no sacaron a nadie”, le explicó el trabajador a Leandro Aparicio mientras este último le mostraba un video en donde se ve a un policía (Tomás Vega) hablando por teléfono.

Leandro Aparicio mirando su notebook en donde exhibe el documental ¿Dónde está Daniel Solano? Diario de una causa. Foto Gustavo Figueroa

Al finalizar la jornada judicial el abogado querellante Leandro Aparicio le solicitó a los jueces el vídeo donde aparece este testimonio para exigir la detención de Tomás Vega.

Meli. Cuarto capítulo

“La multiplicidad de roles de la abogada”

Cecilia Constanzo fue reconocida como una de las mujeres que estuvo presente dentro de una fiesta privada realizada por Agrocosecha S.A. en una casa particular. Según la investigación de Sergio Heredia y Leandro Aparicio Cecilia Constanzo tenía múltiples roles: era abogada de la empresa (fue abogada de la familia Solano los primeros días de búsqueda, instancia en la que intentó convencer a Gualberto Solano de que su hijo se había ido por propia voluntad a otra ciudad), jueza de faltas de Lamarque y delegada de la Secretaria de Trabajo de Choele Choel. Es decir, Constanzo era la persona que recibia las denuncias que le realizaban a la empresa Agrocosecha y a la vez era la abogada defensora de la empresa. Roles multifacéticos similares a los que mantenía Tomas Vega al cual se lo podía ver en varios escenarios relacionados con Agrocosecha y los hermanos Lapenta.

Kechu. Quinto capítulo

La estafa y las últimas 3 fotos de Daniel

“Para ir a cobrar perdíamos un día de trabajo”. “Teníamos que pagar el pasaje del colectivo de vuelta”, fueron dos frases que pronunció el último trabajador golondrina en dar su testimonio. Sus palabras denunciaron un escenario que en la región del Alto Valle se percibe de forma tácita, pero que por primera vez se coloca en discusión dentro de un proceso judicial; un proceso judicial que va a arrojar mensajes y precedentes sociales capaces de romper con estas prácticas de opresión naturalizadas. ¿Existe en la región una práctica más naturalizada que la de oprimir impunemente a un trabajador rural?

La jueza García Balduini le muestra a uno de los testigos dos de las últimas 3 fotos que se sacó Daniel dentro de Macuba antes de desaparecer. Foto Gustavo Figueroa

Todos los compañeros de Daniel coincidieron en que cobraron menos de mil pesos. La fecha de cobro se produjo un día antes que desapareciera Daniel Solano. Esto produjo mucho malestar entre los trabajadores, pero finalmente no realizaron la protesta programada para el día lunes 7 de noviembre de 2011. La razón: la desaparición de Daniel Solano la madrugada del sábado 5 de noviembre.

La estafa no fue la única situación de violencia y abuso que padecieron estos empleados. Los trabajadores también describieron dos situaciones de violencias producidas durante su presencia. La primera los ubicaba dentro de las gamelas de descanso. “Tuvimos que hacer quilombo para que nos escuchen. Nos mandaban a laburar y no se preocupaban por cómo vivíamos”, confesó uno de los trabajadores. Durante un invierno se habían quedado sin calefacción y tenían que buscar leña cada vez que terminaban de trabajar, una situación que no estaba contemplada dentro de su estadía dentro de Agrocosecha S.A.. Durante esa protesta el mismo trabajador reconoció que el ex comisario Raúl Aramendi se presentó esa noche e intentó actuar como intermediario entre la empresa y los trabajadores. Aramendi estaba a cargo del operativo de esa noche. A su vez esta persona fue reconocida nuevamente por varios testigos como una de las personas presentes dentro de la foto de tapa del documental realizado por el abogado querellante Leandro Aparicio. La segunda situación la relató otro testigo de identidad reservada quien afirmó que dentro de las oficinas de Agrocosecha S.A. tanto los dueños de la empresa como un grupo de policías se encargaron de adoctrinar a los golpes a un trabajador (Hugo Corvalán) por reclamar mejores condiciones de trabajo.

Las multifacéticas funciones que representaba cada protagonista nos sugiere que las organizaciones criminales exigen un gran compromiso para ejercer la violencia con metódica eficacia. Comprender y comprometerse con el caso Solano significa comprometerse con una historicidad de violencias y abusos ejecutados sobre el cuerpo de los trabajadores rurales del país durante décadas.

Categorías: Derechos Humanos, Opiniones, Sudamérica
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