Entrevista a Elizabeth Gómez Alcorta

25.01.2018 - Ciudad de Buenos Aires, Argentina - Redacción Argentina

Entrevista a Elizabeth Gómez Alcorta
(Imagen de Paula Politi)

Usa con  bastante frecuencia prefijos intensivos para resaltar algo. Habla rápido y apasionadamente. Se percibe que ama lo que hace. Y le brillan los ojos de un modo especial cuando menciona a su hijo. Es “la abogada de Milagro”, pero claro, es mucho más que eso…

Por Colectiva Humanas /Facebook Colectiva

Fotos de Paula Politi

Sobre Milagro, las mujeres y el feminismo

 Colectiva Humanas: – En tu alegato en favor de Milagro dijiste que ella estaba presa “por ser mujer”. ¿Qué quisiste decir con eso?

Elizabeth: – Yo no tengo dudas de eso. Milagro es un ser complejo, como todxs, como puede serlo cualquier dirigente popular, pero ella es una lideresa hiperrecontrapotente, y es además una constante transgresora. Prueba de eso es cuando la obligaron a salir todos los días a su balcón, a las nueve de la mañana, para saludar a los gendarmes que la vigilan y hacerse visible desde su mal llamada “prisión domiciliaria”. Yo le dije “No salgas flaca, no te pueden obligar a eso, es un acto de humillación”. ¿Qué hace ella? “No te preocupes” me dijo. Salía y les gritaba todas las mañanas a los gendarmes “¡¿Dónde está Santiago Maldonado?!” y convertía ese acto humillante en un potente gesto político. ¿Qué piensa ella? “¿Yo no puedo hablar? ¿Me quieren callar?” Ella sale, se hace grabar, y luego hace circular por todas partes esa filmación para poner en evidencia que quienes la vigilan son una fuerza desaparecedora. Esa es Milagro. Ese gesto, que para mí es un rasgo maravilloso de ella, está además en su ADN. Si uno lo piensa en términos de nuestra sociedad patriarcal, pero además en el contexto de la sociedad jujeña, que es una sociedad altamente conservadora, ultracatólica, machista, misógina, es un gesto muy potente, muy simbólico… ¿quieren callar a las mujeres?

CH: -Todas las personas que vivimos en las grandes ciudades, en los centros urbanos, damos por sentado, por testimonios concretos o por simples rumores, que en lugares como Jujuy las mujeres la pasamos peor. ¿Vos qué experimentaste?

E: – Yo no puedo aseverarte eso en términos exclusivamente personales, pero yo sé que eso es así, yo estuve ahí. Y si querés agregarle algo más, puedo decirte que son racistas. Al coya que le fue bien, despotrica contra el otro coya. Después podemos volver sobre eso, pero lo que quiero decir en relación a Milagro, es que ella es absolutamente transgresora de todos los órdenes sociales impuestos. Es una negra, una coya, y por sobre todo es mina. No hubiese sido lo mismo si hubiera sido un hombre coya. Una mina que se crió en la calle, que es india, que estuvo presa por chorear en la calle cuando era adolescente, que termina convirtiéndose en una lideresa del movimiento social jujeño, con una de las mayores capacidades de movilización de la Argentina, que ha movido a 70, 80, 90.000 personas…Todxs lxs que alguna vez pudimos ser parte de alguna marcha, que pudimos ver esas fantásticas entradas de la Tupac en Plaza de Mayo, sabemos de lo que estoy hablando… Lxs que pudimos ver a través de los medios aquella enorme movilización de la Tupac bajo la lluvia en Jujuy, el 24 de marzo de 2012, cuando revocaron el procesamiento de Blaquier (cuando yo estaba muy lejos de imaginarme que podía terminar siendo abogada de Milagro), pudimos comprobar cómo, por un corto tiempo, ella puso en jaque a los principales poderes fácticos de Jujuy como nunca nadie antes lo hizo. ¡Y es una mina! Y una mina además, que no cumple con ninguno de los estereotipos femeninos en ningún sentido, ni estéticos ni de ninguna otra clase. Ella no ejerce un “liderazgo femenino”, ella no es Margarita Barrientos. Es una mina que manda, es una mina que da órdenes. Cuando sale la resolución del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria, en agosto del año pasado, y Gerardo Morales dice: “Yo a esa mujer no la voy a dejar en libertad”. Él enfatiza en sus palabras el hecho de que es una mina… además les jode que la Tupac sea una organización de minas, de minas que construyen y lo digo en sentido literal. La sede de la Tupac en Jujuy es un edificio enorme de muchos pisos, que tiene de todo, diversas áreas… tiene piletas de natación que se usaban para rehabilitación… es una construcción enorme! un megaedificio! Y fue construido en su mayoría… ¡por minas! Minas constructoras. El 80 % de las personas que construyeron eso fueron minas. Milagro logró que la mayoría de las mujeres de Jujuy salieran del lugar tradicional e histórico que siempre ocuparon, del lugar de minas pobres, de minas que tenían que bancarse a los maridos, que no tenían independencia económica, que no tenían profesión. Milagro para mí es subversiva, y les produjo urticaria a muchos intereses, por varios motivos. A los que trabajaban con el mercado inmobiliario porque las viviendas económicas de la Tupac los afectaba en sus negocios. A los que vivían de la renta financiera porque los créditos accesibles de la cooperativa los tocaba también… Les producía urticaria porque es una negra…

CH: – ¿Milagro piensa igual? ¿Piensa que está presa por ser mujer? ¿Has hablado en algún momento con ella sobre el contexto violento en el que viven las mujeres de todo el país, pero en especial en esa zona?

E: – Nunca hablé con ella desde una perspectiva de género. Hemos hablado de un montón de cosaspero no desde esa mirada. Y nunca me lo habían preguntado tampoco. Cuando vuelva a verla y tenga un rato con ella se lo voy a preguntar. Pero imagino, intuyo, que ella no se ve como feminista, que no se reconoce como tal. A pesar de que yo no tengo ninguna duda de que lo es! (ríe)

CH: – ¿No se ve como feminista aún cuando ella se ha fotografiado con un cartel apoyando el NI UNA MENOS, por ejemplo?

E: – Creo que no. Ella es una mujer muy intuitiva, sabe muy bien de qué lado estar cuando se trata de causas sociales. Pero lo voy a hablar con ella cuando la vea, a ver qué piensa.

CH: – Mencionás mucho la condición de negra y de india de Milagro. Entiendo que vos sos una abogada especializada en legislación vinculada a los derechos de los pueblos originarios…

E: – Sí, yo estoy especializada en Derecho Penal y en Derechos Humanos en general. Y como trabajo desde hace más de un año en la defensa de Facundo Jones Huala, profundicé en varios aspectos de los temas indígenas. Pero en general, quienes mejor conocen y se dedican al Derecho Indígena son los abogados que están en los temas de tierra y de territorios. Si bien formo parte, hace muchos años, de la Asociación de Abogados de Derecho Indígena (AADI), mi relación con el Derecho Indígena comienza a darse más desde el ámbito académico. Cuando termino mi carrera de abogada y realizo mi posgrado, mi tesis fue sobre Derecho Penal y Derecho Indígena porque no había casi nada escrito sobre eso, pero aún no había tenido contacto con el tema desde un conflicto puntual. Estaba más ligada desde mis intereses intelectuales. Lo que fue sucediendo a medida que pasaba el tiempo es que, como formaba parte de la AADI (seremos apenas unos treinta) la inmensa mayoría está en las provincias, por obvias razones, y tienen laburo territorial y casi todos ellos laburan con temas de desalojos, interdictos, reclamos de tierra, cuestiones de educación bilingüe, cuestiones, de las personerías jurídicas, etc. Según cómo estén las cosas en ese momento en cuanto a lo represivo o no, junto a todo lo anterior hay causas penales. Ciclos que se van dando en todo lo que sea legal. En el año 2007 o 2008, hubo varias causas penales en Formosa, y entonces los compañeros, que eran abogados muy jovencitos, recién recibidos, me dijeron si yo podía darles una mano en las causas de cortes de ruta y desalojos, y entonces fui con una socia que tenía en ese momento a Formosa, estuvimos con la Interwichí, estuvimos acompañando, haciendo de sostén en lo penal, con los kilombos. Como yo siempre estoy acá en Buenos Aires no tengo muchas oportunidades de estar en los conflictos. Después de trabajar juntos varios años, los de la AADI, como éramos pocos estamos muy unidos, nos ayudamos y apoyámos en todo lo que sea necesario. Cuando hay lío todos nos estamos prestando ayuda, asistencia, colaboración, “Che, ¿me das una mano?”, “Che, ¿quién tiene tal cosa”? Después me pasó lo mismo con la causa de Facundo Jones Huala, con la extradición. Lo tomó una compañera de Comodoro Rivadavia, Sonia Ivanoff, y ella no es penalista, entonces comienza a pedirme ayuda, “Che, ¿cómo hacemos esto?”, “¿Cómo hacemos esto otro?”… En un momento me dice “Sumate, se va a hacer el juicio, venite!” Y bueno, fui y lo hicimos. Allí es donde por primera vez tengo un vínculo directo con una comunidad originaria, porque si bien yo ya había tomado contacto con Facundo en Cushamen – en la zona donde había desaparecido Santiago Maldonado-, en enero pasado, cuando los vuelven a reprimir, presentamos denuncias penales en Esquel. Nos presentamos como querellantes. Justamente el día que desaparece Santiago, unas horas antes me llaman porque estaban reprimiendo a los que cortaron las rutas. Me llaman para ver qué se podía hacer.

Y sí (piensa), te diría que si tuviese que elegir un solo tema con el que me gustaría trabajar de acá a veinticinco años, sería el tema Indígena. Yo antes de todo esto, mis temas principales pasaban por los delitos de lesa humanidad y el terrorismo de Estado. Pero hoy te diría que sí, que mi mayor interés está ligado ahora a los temas indígenas. Me encanta el tema Género, Violencia institucional, el tema Lesa humanidad, pero para mí el tema indígena es todo eso, reúne todo eso.

CH: – ¿Cómo ves a la situación de las mujeres dentro de las comunidades originarias?

E: – El género es una mirada muy específica y yo no he abordado el tema indígena desde esa perspectiva hasta ahora. Sí puedo decirte que hay un importante nivel de organización hoy de las mujeres. Este año se hizo en Bahía Blanca, en mayo, el Primer Foro de Mujeres de los Pueblo Originarios, que estuvo impulsado desde la Marcha de Mujeres Originarias por el Buen Vivir. Una de las referentes que está detrás de esto es Moira Millán, me invitó, quería que yo vaya, pero me resultaba imposible en ese momento. Todas esas son actividades militantes que yo realizo habitualmente, y como justamente son militancia, no siempre cuento con recursos o tiempo para asistir a todos los eventos que me interesan. No hay otra forma de hacer estas cosas que militando, a pulmón. Pero también necesito trabajar y atender a mi hijo… y atender otras tantas cosas desde aquí, desde Buenos Aires. Pero yendo a la pregunta, yo no tengo claro, sinceramente, cuál es la situación de las mujeres en las comunidades originarias. No creo que se pueda hablar de “la situación de las mujeres” como si hubiese un común denominador de todas las mujeres de todas las comunidades del país. Aunque no lo parezcan, las desigualdades de las mujeres respecto a los hombres, los vínculos entre ellas, no son iguales para mí, en todas partes. No es lo mismo la comunidad mapuche que la comunidad wichí…

CH: – Así como comentabas recién que las mujeres jujeñas son constructoras ¿cuál es el perfil que podrías reconocer en las mujeres de las comunidades originarias? ¿Son similares o no? ¿O según vos ese perfil es muy variado por la diversidad de comunidades?

E: – Es que no podría contestarte con precisión a eso. No sabría cómo comparar, son tantos los pueblos… además, salvo con wichís y con mapuches,  no hice nada en términos de territorio. Solo conozco a algunas pocas comunidades. Cada una de las etnias es totalmente distinta. Sí te puedo decir, por ejemplo, que el año pasado viajé por un juicio a Esquel, que conviví tres días con los mapuches reclamando en la entrada al Batallón de Gendarmería de Esquel, y puedo asegurarte que es un pueblo super guerrero. Protestando y reclamando horas, y horas, y horas, y horas… yo los admiro por ser un pueblo guerrero. O cuando hablás con Félix Díaz, cuando hablás con la Interwichí, con las distintas comunidades wichí… son mundos distintos. Tienen modos distintos, se comunican distinto. Hablan despacito, hablan como para dentro… para mí no hay un común denominador común entre esos pueblos, salvo que preexisten, que tienen un vínculo especial con el territorio, que piensan de modo comunitario o colectivo y que los han cagado históricamente.

CH: – Vos no dirías que las han cagado más a las mujeres que a los hombres…

E: – Siempre nos han cagado más a las mujeres. Las únicas comunidades que conozco muy bien, de primera mano, es la de Cushamen y alguna comunidad mapuche del sur, de la que proviene Moira Millán, que es una mina hiperpotente. Las pibas de la comunidad de Cushamen tienen mucha fuerza y son las voceras. Conozco a la mamá de Facundo Jones Huala, Isabel, que es una mina con una energía increíble. El universo que conozco es tan ínfimo… Mirá, yo en los ’90 tuve una etapa de ultra recontra fascinación con los zapatistas, seguí desde el 1º de enero de 1994 en adelante cada uno de los comunicados zapatistas y tanto me interesó la cosa que terminé yendo años después, un verano, como observadora en una comunidad zapatista. Habían pedido desde allí, de Chiapas, en un momento de conflicto, veedores internacionales. Yo fui a parar a una comunidad muy chiquita, El Salvador se llamaba, para vivir veinte días haciendo reportes de cuántos camiones del ejército pasaban para un lado, cuántos pasaban para el otro… éramos cinco o seis observadores de distintos países. La particularidad de ese hecho es que vivías ahí, tenías una hamaca paraguaya… te daban tortillas… ahí sí pude convivir bastante tiempo con una comunidad indígena. Una comunidad muy chiquita, de veinte familias. Los hombres hablaban español, las mujeres no, solo en el dialecto de su etnia. Los hombres, como hablaban español, salían a hacer las compras hasta un pueblo que quedaba lejos. Las mujeres, como no hablaban español, no salían. Las pibas y pibes pequeños, como en todas las culturas patriarcales, quedaban con sus madres. Allí, de esa experiencia tan chiquita, pude comprobar y tomar conciencia de la vulnerabilidad de las niñas. Si las mujeres en las culturas machistas son vulnerables, las niñas lo son aún más, quizá doblemente vulnerables. Niña, pobre, indígena… son condiciones de vulnerabilidad extrema. Y ese grado de vulnerabilidad, aquí en Argentina, en las comunidades originarias con las que yo tuve vínculo, en las que pude estar, no lo vi, pero no tengo dudas que también debe ser así, porque no son ajenas a lo que sucede en todas partes, y en definitiva el sistema patriarcal lleva miles de años de existencia.

“Yo no dudo que las mujeres, como movimiento de mujeres, tanto a nivel latinoamericano como mundial, en este momento histórico, es “el” sujeto político”.

CH: – Vos que provenís del mundo de la Justicia, de las leyes, y a la vez cultivás una actitud feminista ¿cómo ves las leyes en relación a las mujeres? ¿Cuál es el estado de las mujeres hoy en día con respecto a la legislación vigente?

E: – Si bien las leyes tienen una incidencia importante en relación a lograr igualdad de género, no creo que el problema pase por lo legal. Pensá que hasta 1921, hace menos de cien años, el marido que encontraba a “su mujer”, a su esposa, o compañera, con un amante, tenía el derecho a matarlos a ambos y no tener por eso ninguna pena. Si vos pensás que las mujeres hasta 1967 no podían ejercer ningún trabajo o profesión sin el consentimiento de su esposo, que éramos “incapaces relativas”. Si vos pensás que hasta 1951 las mujeres no votábamos, no elegíamos a nuestrxs representantes, que aunque la ley se promulgó en 1947, recién se hizo efectiva en el ’51. Si pensás que hasta 1985 las mujeres no tenían la patria potestad de los pibes, ni siquiera compartida. Y que el apellido “Fulana de…” se sigue agregando al nombre propio al casarse, con una preposición que denota pertenencia. Si pensás que hasta hace menos de diez años existía un delito en el código penal, que penaba de modos distintos si era hombre o mujer. El adulterio en el hombre significaba que tenía que tener una manceba, o sea paga, en cambio el adulterio en la mujer, se aplicaba con solo haber tenido una relación extramatrimonial. Si pensás que todo esto no es algo histórico, antiguo, sino reciente, que lo vivió mi vieja, mi abuela… no pasaron tantas generaciones! Ellas vivieron bajo estas leyes. Hoy, si bien quedan muchos resabios en cuestiones de género, hubo algunos avances importantes en términos legales. Yo estoy criando un hijo varón con la responsabilidad que me agrega el hecho de ser feminista. Espero que él se pueda formar y crezca en una sociedad mucho mejor, que las futuras generaciones sean mejores. Estamos hablando de combatir privilegios que llevan miles y miles de años. Y en ese sentido, lo que sucedió durante el siglo XX, las transformaciones que vimos en favor de las mujeres, ha sido el proceso social más revolucionario de la historia. Un proceso que ha tenido algunos hitos, como la creación de la pastilla anticonceptiva, que le permitió a las minas disociar su sexualidad de la maternidad… que no haya una ley de aborto es todavía un resabio de control social sobre el cuerpo de las mujeres, y lamento que hayamos tenido una presidente mujer durante ocho años que fue tan reticente a dar una discusión sobre el tema, un debate. Lo del matrimonio igualitario es un avance enorme para las mujeres. No lo digo pensando solo en la posibilidad de que ahora una mujer pueda casarse con otra mujer, sino en el sentido de que rompe con la idea de la familia tradicional, que es un lugar que nos deja siempre en un mal lugar, en un lugar de relegamiento. Y todo lo que signifique romper con ese modelo tradicional, es un avance para nosotras. No en términos de leyes, sino en términos de Sistema legal. El Poder Judicial es altamente machista, con serios déficits para atender a las minas que son víctimas de violencia de género, de asesorarlas legalmente. Cero receptivo en términos de cursos, de formación, cero receptivo a la creación de dispositivos estatales para eso o asignarrecursos en eso. Un Poder Judicial con alta mayoría de hombres, ocupando todos los cargos jerárquicos más importantes. Tenemos un alto déficit de representatividad femenina no solo en la Justicia, sino también en los cargos jerárquicos políticos y en los cargos jerárquicos sindicales. Solo tenemos el  14% de las representaciones sindicales. Y ese 14% está vinculado, en general, a la Secretaría de Género, a la Secretaría de Minoridad o áreas similares, lo que es peor! Casi que sería preferible no aceptar esos lugares, porque reafirman los roles estereotipados de las mujeres, aplicadas siempre a temas que tienen que ver el cuidado, la niñez, la protección de los inválidos, repitiendo siempre el mismo patrón… Hace pocos días se organizó una charla en la Facultad de Derecho, en la que soy docente hace veinte años. La charla era sobre violencia obstétrica. ¡Eran cuatro hombres para disertar sobre el tema! ¡Se armó tal kilombo! ¡Tal kilombo! Pero porque una mujer, una compañera, Ileana Arduino, empezó a protestar. Ileana es una mujer que banco a muerte, es ultrafeminista, es docente y empezó a armar kilombo porque no podía ser! ¡Era el colmo! Una Facultad de Derecho que te enseña Derecho Romano, Tributario, de Navegación… pero no te enseña Género, no te enseña desde la perspectiva del Derecho y el Género. Seguimos entonces reproduciendo ideológicamente profesionales que utilizan las herramientas más potentes con las que cuenta el Estado, que es la Ley y el monopolio de la fuerza, sin formación de género.

CH: – Entiendo y comparto tu diagnóstico, pero desde el punto de vista de las leyes, qué pasos habría que dar para avanzar en…

E: – Es que no sé si es un problema legal…

CH: – Claro, es un problema cultural, es mucho más profundo, pero ¿vos dirías que con que se apliquen las leyes obtenidas estos últimos años es suficiente…?

E: – Es que es eso, es un problema cultural. No creo que pase por la aplicación efectiva de ciertas leyes… pero sí, creo que en términos de leyes es necesaria una Ley de Aborto, ese es hoy el tema central…

CH: – ¿Podríamos decir entonces que, desde el punto de vista legal, la Ley de Aborto sería lo primero en una escala de prioridades…?

E: – Sí, eso es central. Ha habido otros reconocimientos legales también que uno no alcanza a medir su magnitud, su impacto social en términos de género. Por ejemplo, la jubilación para las amas de casa, es un reconocimiento de género de la puta madre! No se reconocía que era un trabajo no rentado, que no cumplía con los requisitos de las cargas sociales, que implicaba tener una obra social… Históricamente hubo un ninguneo del trabajo doméstico, del trabajo de cuidado… esta vez ese reconocimiento fue impulsado y acompañado desde el Estado. Que no fue un regalo sino un reconocimiento de que eso también es trabajo. Que estar limpiando, planchando y cuidando chicxs o ancianxs durante treinta años también es trabajo! Que si esas minas no se ocupan de ese trabajo, otrxs no pueden hacer el suyo. Como es mi caso, yo le pago a una persona – que “casualmente” es mujer, porque no se contratan tipos para hacer ese laburo – para que cuide a mi hijo cuando yo no puedo y que se ocupe de la casa. No hay dudas que es un trabajo, por eso pagamos por ese servicio aquellas personas que podemos hacerlo. Y en aquellos casos en que no te alcanza para pagar a alguien, y lo hacés vos, es trabajo igual. ¿Por qué las amas de casa no deberían recibir una jubilación por su trabajo? Si ese trabajo cumple una función económica, un beneficio económico, porque es tiempo y energía. No importa si es para tu familia, merece una compensación económica.

CH: – Esto de tu relación económica con otras mujeres, esto que acabás de decir, me lleva de nuevo a Milagro Sala. Porque hay una pregunta que quería hacerte sobre el conflicto que hace evidente el caso de Milagro. Para vos, este conflicto social que ella protagoniza ¿es más un problema de violencia de género o es más un problema de violencia de clase?

E: – Es una buena pregunta. Yo creo que es de los dos órdenes. Lo que tiene este debate es que el problema de clase, la discusión de clase, siempre deja afuera al tema de género, es excluyente. En cambio el tema de género no deja afuera al de clase. Creo que ese es un grave problema al que nos lleva el pensarlo en términos exclusivamente de clase, que nos saca de la otra posibilidad de análisis. Yo creo que ambas cosas van de la mano.

CH: -¿Van de la mano con el mismo peso, con la misma gravitación?

E: – Sí, pero no siempre. En el caso de Milagro se me hace que tiene que ver más con la discusión de clase…

CH: – ¿Si Milagro fuese hombre estaría preso?

E: – Yo creo que sí. Ocurre que esto no tiene que ver solo con Milagro, sino con la huella que ha dejado la Tupac como organización, que si una logra verla en toda su dimensión es algo increíble. La Tupac ha organizado para trabajar de modo ordenado y eficiente a miles y miles de caídos del mapa. Luego de la debacle del 2001 Jujuy fue la provincia con los mayores niveles de desocupación, con los mayores índices de indigencia… en ese momento los jujeños se habían caído totalmente del mapa. Era una crisis brutal. Milagro lo cuenta. Había un montón de casos de tipos que fajaban a sus esposas, que se emborrachaban, que no sabían qué hacer con sus vidas. Organizar todo eso, pero no solo para laburar sino para sostener la idea de recuperar la dignidad como pueblo, era una tarea enorme. El motor era “Vos al blanco, al patrón, lo mirás a los ojos”. Tenés que pensar que esa es una cultura andina con siglos de sometimiento. Ellxs muchas veces me agradecían que estuviese de su lado, porque siendo yo porteña y abogada, era como demasiado que lxs apoyara. Porque entendían que yo era una privilegiada, que no tenía ninguna necesidad de estar acompañándolxs. Esa forma de pensar es el resultado de siglos y siglos de escuchar que les digan que no tienen derecho a una mejor calidad de vida. Que no podían ser dignos. Que no merecían ser dignos. La Tupac, centralmente, la huella que deja es esa, la dignidad. Mirá, te cuento una anécdota en relación a esto: el juez que tenía la causa contra Blaquier tiempo atrás, Carlos Olivera Pastor, durante años no movía la causa, y no la movía, y no la movía. Entonces, una de las Madres de Plaza de Mayo de Jujuy quería entregarle un petitorio. Ella quería dejarle el petitorio y hablar brevemente con él. Y el juez no la atendía, no la dejaba pasar a su despacho. Fue muchas veces y nada, no la atendía. Ella estuvo acá incluso, en Comodoro Py, pero no lograba su objetivo. Un día se cruza con Milagro en Jujuy y le comenta esta situación. “Mire Milagro, yo sé que la Tupac con la gente de Memoria,Verdad y Justicia no tiene nada que ver, pero estoy con este problema de que el expediente no se mueve y Olivera Pastor no me quiere atender, y yo hace treinta y cinco años que estoy buscando y quiero saber qué pasó”. Entonces Milagro fue hasta el Juzgado Federal, llegó al despacho del juez, abrió la puerta y le preguntó “¿Qué pasa que no quiere atender a esta mujer?” Entonces el juez fue y la atendió. Así de simple y directa. Eso que parece desafiante y agresivo en sus formas, eso de que pueden mirar a los ojos del blanco, del patrón – que mucha gente compra después como que Milagro es violenta, cuando en realidad lo que hace es demostrar que ellxs tienen derechos – es dar vuelta el orden de las cosas. En el libro “Presa”, entre los diez artículos que aparecen allí, yo escribí uno en el que menciono otra anécdota que ejemplifica también esto que quiero destacar. A Milagro la detienen el 16 de enero del 2016 y el acampe dura hasta el 2 de febrero. Durante el acampe va el canal TN con un móvil, a tratar de hacerle a algunas preguntas a la gente que estaba allí, con la clara intención de poner en evidencia que supuestamente muchxs de lxs que estaban allí, lo hacían para recibir algún plan, alguna migaja del clientelismo. Justo en ese momento estaba viendo la tele  – aún faltaban quince días para que yo terminase siendo la abogada de Milagro, algo insospechado para mí, todavía – y alcanzo a ver cuando una periodista se acerca a un hombre, que quizá tendría unos cincuenta años, aunque de rostro curtido, avejentado, y le pregunta “¿Usted, por qué está acá?” y le contesta “Para que el día de mañana mi hija no sea mucama de usté”. Y yo pensé “Eso es lo imperdonable para los que la quieren presa”. Con todos los errores de organización de la Tupac, con todos los errores de metodología… podemos hablar de eso y en algún punto cuestionarlo, pero claramente ese no es el problema. Lo importante es este ejemplo, que tiene que ver con la violencia de clase. Porque no se entiende que destruyan las piletas si no lo vemos desde una problemática de clase. ¿Qué necesidad hay de que destruyan las piletas? Alguien pretende hacer un recordatorio de que eso no solamente no va a ser más así, sino que además nunca debería haber sido…

CH: – Además de concreto es simbólico…

E: – Muy simbólico. Es algo así como advertir “¡Que no se les vuelva a ocurrir salir del lugar que siempre tuvieron!”, “Ustedes son la casta más baja y el que manda es el patrón”. El patrón es el blanco, es Blaquier, son diez familias, en Salta, en Jujuy… se reproduce en varios lugares, pero en nuestro norte se da muy particularmente. Entonces ahí hay algo que está muy vinculado a la cuestión de clase. Lo que los enervaba es esto de los negros con poder. Si uno ve el país dividido, desde el 55’ en adelante, por poner una fecha (yo no soy peronista aunque rescato muchas cosas positivas del peronismo), lo que aparece como evidente, es esta molestia de muchos sectores, de ver a los negros con derechos. De que estos negros no respetan el orden establecido, de que aquellos que tienen, tienen, y lo que no, se deberán bancar que los que tienen decidan por ellxs.

CH: – ¿Los negros y las negras?

– Bueno, históricamente las negras ni entraban en la discusión. Podría decirte algo así como que “los negros tienen que estar trabajando y el lugar de las negras es en la cocina… de la casa de los negros!”.

CH: – ¿Hasta qué punto los cambios sociales que supuestamente benefician a las clases postergadas, benefician de igual manera a las mujeres?

E: – Yo no dudo que las mujeres, como movimiento de mujeres, tanto a nivel latinoamericano como mundial, en este momento histórico, es “el” sujeto político. Y aunque nos faltan más años para tener una mejor perspectiva histórica de este fenómeno social, es perceptible que es un movimiento totalmente transversal, que en las marchas de “Ni una menos” o en el Paro Internacional del 8 de marzo pasado, más allá de su organicidad, logra reunir en las calles a cuatro generaciones de mujeres, a minas de todas las clases sociales, reúne a la mujer de Barrios de Pie que fue con sus tres pibes, con algunas mujeres que, seguramente, salieron a cacerolear a favor del campo o contra del gobierno anterior. Ahí hay un fenómeno político que tiene que ver con aquello de que los privilegios no se pueden sostener de por vida y que cada una, desde distinto lugar, puede hacer un gran aporte. Yo veo a las pibitas, a las adolescentes, a las jóvenes – digo pibitas porque tienen veinte o treinta años menos que yo – que militan en el mismo partido que yo, en Patria Grande, donde la mayoría son muy jóvenes… o las pibas del Encuentro Nacional de Mujeres… ¡y tienen un acumulado! Del mismo modo que todas los tenemos, porque yo tengo el acumulado de mi vieja, de mi abuela… todas venimos recargadas, con el acumulado de las frustraciones también, pero yo las veo a la pibas de hoy en un lugar distinto, que tienen otra forma de vincularse con los pibes, con el poder, con las reglas, con lo establecido… hace veinte años las minas no se besaban en las calles ni andaban a los tetazos. Es cierto que no son todas, es cierto que una cosa es un fenómeno más urbano y otra cosa es un fenómeno más rural. No es lo mismo en un pueblo de San Juan que en la capital federal… pero ahí hay un acumulado, un potencial importante. Y además – y a esto iba y quería destacar-, se va comprendiendo que no se puede ser antipatriarcal y al mismo tiempo no ser anticapitalista, no hay posibilidad. Si discutimos privilegios, discutimos todos los privilegios. Es un fenómeno social que el 8 de marzo pasado se dio al mismo tiempo en más de cincuenta países, se marchó por las calles en los cinco continentes. Es un proyecto muy emancipador el de las minas. A cualquier socialista amante de las internacionales le tiene que pasar algo, “Che, fue una movida en cincuenta y cinco países…”, cómo ignorarlo?

CH: -Sin embargo, no se le dio en los medios tanta importancia como a otros temas menores.

E – Yo se la di (y ríe).

“Milagro es un ser complejo, como todxs, como puede serlo cualquier dirigente popular, pero ella es una lideresa hiperrecontrapotente, y es además una constante transgresora.”

Politóloga, militante y madre

CH- ¿Por qué Derecho y no otra carrera? ¿Es esa tu vocación?

E – Quería ser politóloga, no tenía ninguna duda… y soy medio una politóloga frustrada… aunque cada vez menos! Y mi viejo, en algún punto, era un abogado frustrado, no explícito, como más subliminalmente, digamos. Y eso influyó en la elección de mi carrera. Años después vi claramente que no había estudiado por mí. Ser abogada no fue una elección mía, en términos de deseo propio. Pero más tarde hice mía la profesión, me enamoré de la carrera. No despotrico de ese mandato, que al final de cuentas luego me llevó a estudiar abogacía, que es una profesión que hoy amo. Tengo incluso una anécdota notable con eso…! Para psicoanálisis! Cuando con mis compañeras, al terminar la secundaria, decidimos inscribirnos en el CBC, yo fui con toda la intención de anotarme en Ciencias Políticas. El día de la inscripción, cuando lleno el formulario – me acuerdo como si fuese hoy- la planilla con mis datos, termino escribiendo “Abogacía”!! ¡Eso era un mandato! Incluso en esa época, en quinto año, en el Nacional de San Isidro, nos hacían obligatoriamente un test de orientación vocacional y a mí me salían los temas sociales, muy inclinada a las ciencias políticas, a la sociología, al trabajo social… durante mucho tiempo tuve la fantasía de Trabajo Social como segunda carrera… pero ese mandato fue más fuerte en ese momento.

CH – Hacia el final de la primaria, muchas maestras suelen preguntar a cada unx de sus alumnxs, qué van a estudiar. ¿Vos lo tenías claro desde ese momento?

E – Sí, sí. Totalmente! Lo tenía muy claro y lo decía de ese modo, “Quiero estudiar Ciencias Políticas. Quiero ser politóloga”. Y todo eso también fue influencia de mi medio, de mi viejo y mi vieja. Lxs dos fueron militantes radicales de toda la vida. No simpatizantes, sino que tenían una fuerte militancia y en casa se hablaba mucho de política, circulaba mucha gente ligada a la política. Mi viejo militaba desde los 14 años. Junto a mi vieja bancaban económicamente un ateneo radical, sin tener casi un peso, porque mi familia era de clase media baja, de recursos limitados, vivíamos en un barrio de monoblocks en el bajo de Boulogne. Estuve allí veintidos años, de los seis a los veintiocho. Fui la primera universitaria de la familia, mi viejo no terminó el secundario.

CH – O sea que aquella nota de Clarín que te describió como una “chica bien” de San Isidro, de doble apellido, mostró una falsa representación tuya…

E – ¡Clarín miente! (se ríe). Supongo que levantaron algunos datos de mi página personal de Facebook, que si bien es privada, tiene algunos datos públicos. Ahí aparece que soy de San Isidro, con doble apellido, y habrán visto lo del Colegio Nacional de San Isidro… que es un establecimiento público! Pero se ve que tuvieron una mirada prejuiciosa y estigmatizante. Yo fui toda mi vida, desde jardín de infantes hasta el posgrado universitario, a establecimientos educativos públicos. No solo porque mi familia no podía garpar mi formación en escuelas privadas, sino por propia elección de mis viejos, que apoyaban todo lo que fuese público. Ellos reivindicaban la educación pública y por esa misma razón yo también envío a mi hijo a una escuela pública. Mi vieja fue consejera escolar durante ocho años… hace poco recordaba que en casa era común escuchar hablar de la ley 1420, que fue la primera ley de la que escuché hablar en mi vida. Pero, en fin, Clarín habrá pensado que yo era una mina de apariencia porteña, con doble apellido, que vivió y estudió en San Isidro, y se armaron un personaje. Yo durante mucho tiempo no quise hablar de eso. No podía creer que, cuando Milagro logró hablar en un juzgado, en una audiencia pública, por el lapso de una hora luego de once meses de silencio, para Clarín el tema era… ¿¿la procedencia social de su abogada?? Así que yo no iba darle de comer a Clarín y me abstuve de afirmar o negar nada. Yo soy la abogada de Milagro, de mi vida privada no iba a decir nada… ¿qué carajo les importa? Y recién hace tres o cuatro meses me agoté de cruzar gente que me decía “además lo tuyo es más valioso, porque venís de buena familia…” ¡Todos se comieron lo de Clarín! Y es lo contrario! Podrían haber inventado una historia al revés, ¿no? “La mina que la peleó de abajo y entonces, bla, bla, bla…”, pero no, contaron las cosas al revés… y todos se compraron el cuento de Clarín! ¡Todo el mundo! Toda la información hecha a base, no de datos ciertos, sino de prejuicios. De a ratos lo pensaba al revés… que yo había engañado a Clarín (se ríe). No puede ser tan berreta el periodismo… Porque todos los que me conocen, cualquiera que haya laburado conmigo, saben de dónde vengo, la carrera que hice, las distintas instancias profesionales que fui pasando, no oculto nada. Podrían haber averiguado mejor mis orígenes, los cuales reivindico, aunque tampoco lo ando llevando como un estandarte. Pero solo se dedicaron a hacer una nota hecha desde los prejuicios de clase.

CH – Fuera de tu militancia, tu trabajo, tu hijo… ¿te queda tiempo para otros temas, hobbys, recreación, etc?

E – No me queda tiempo, sino que me lo hago, intento darme tiempo para todo lo que me interesa. Centralmente le dedico bastante tiempo al deporte, no todo el que quisiera, pero practico deportes, al menos dos veces a la semana. Me gusta muchísimo juntarme con amigxs, es algo que siempre hago, tanto los fines de semana como algún día de la semana. Soy muy consumidora de eventos culturales, cine, teatro, música…

CH  – ¿Cuáles son tus proyectos de vida? No hablo en términos de cosas concretas que vas a hacer en los próximos años, sino en un sentido más existencial… ¿hacia dónde vas?

E – No soy una persona metódica o estratégica en términos de vida, nunca lo fui y no lo soy. Tengo muchos, muchos, muchos años de análisis encima y de todo eso creo que rescato dos cosas: una es que aprendí a no quedarme en ningún lugar, en ninguna relación o en ningún espacio donde no haya goce. No en términos hedonistas, sino en lugares displacenteros… si no hay goce me voy. Siempre lo he hecho y cada vez lo hago de forma más consciente. Por eso, más allá de que no soy una persona estratégica, intento tomar decisiones vinculadas con el deseo. En términos existenciales, es eso. Pensarme en lugares donde me hagan bien, con personas que me hagan bien. La otra es tratar, casi como meta central, criar un hijo feliz, porque eso, en definitiva, me hace feliz a mí también. Cuando él es feliz, yo también lo soy.

Colectiva Humanas es un grupo de estudio y acción sobre Derechos de las Mujeres. Feminismo y Nuevo Humanismo. 

Categorías: Derechos Humanos, Entrevistas, No-discriminación, Política, Pueblos Originarios, Sudamérica
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