El dilema médico en Bolivia: sobre confusiones, ocultaciones y temores

03.01.2018 - La Paz - Redaccion Bolivia

El dilema médico en Bolivia: sobre confusiones, ocultaciones y temores

Por: Arturo W. Alarcón Z.

No estoy muy seguro si la noticia sobre el paro médico en Bolivia trascendió las fronteras con la contundencia con la que ha tomado protagonismo en el país que habito y del que tengo ciudadanía, no sé si es un tema del que se escuche y se hable en Chile, Argentina, Brasil, Estados Unidos, etc. No sé si aún somos ese país olvidado, vilipendiado y motivo de burla, utilizado como ejemplo de tercermundismo retrogrado.

La verdad no sé si les interesa el tema a los posibles lectores de estas palabras. Espero en el fondo que sí, o tal vez que no, ya que son palabras que a uno y otro lado de los “bandos” en disputa les generará algo de urticaria y repelencia hacia mi persona y hacia mis ideas. Pero bueno, sin riesgos no hay vida, dicen por ahí.

CONTEXTO GENERAL

Si tu sector está siendo “atacado”, sus intereses y derechos pisoteados y tus colegas tienen temor de ser perjudicados, la organización sindical y su lucha son legítimas, ¿verdad? No hay tema de discusión, ¿verdad? Por el contrario, lo “correcto” debería ser ponerse al lado de estos luchadores a favor de la humanidad y ayudarlos en sus dignas intenciones, no interesa que ya estén un mes sin trabajar; al final de cuentas, sus derechos y “privilegios” están por encima de todos.

Ahora cambiemos un poco el guion; las luchas continúan, ya que algunos individuos de este sector han sido señalados como responsables de determinados delitos en el ejercicio de su oficio o profesión, por ese motivo, se promulga una nueva ley sustantiva penal, o en buen cristiano, una ley que señala claramente qué conductas humanas son delitos, y por defecto cuáles no (por ejemplo, la infidelidad marital no es un delito, no la encontrarás ahí, pero romperle la nariz intencionalmente a alguien, sí; se llama Lesiones). En este caso, dicha ley establece ciertas conductas humanas de comisión u omisión (hacer o dejar de hacer algo) que si son efectuadas por médicos o gente profesional o técnica de salud constituyen delito o delitos de mala praxis (en sencillo, mala práctica médica) actos humanos intencionales o accidentales, responsabilidad del individuo docto en salud que generan un daño no previsto en el paciente, el elemento clave es la responsabilidad humana. Una cosa es dejar un instrumento dentro del cuerpo del paciente generando infección previa a un deceso por esta causa, y otra es que el paciente no cumpla la medicación y muera. Está de más decir en qué caso hay responsabilidad médica y en cuál no. Sí, esa ley es la que genera problemas, los luchadores son médicos y la ley es un nuevo código penal que condena la negligencia médica (al igual que casi todos los países del mundo).

Algunos dirán que dejar el instrumento es un accidente, un descuido, obvio; no quiero imaginar un médico o instrumentista tan desalmado que lo haga a propósito; pero se supone que estos señores se han quemado las pestañas durante casi 10 años para no arruinarla; si no, que vuelvan a la universidad. Se han preparado para asumir el cuidado de personas y hacer todo lo humanamente posible para salvarlas, mejorar su salud y no empeorarla. Eso se agradece, pero no exime de responsabilidad penal, mucho más aun cuando por descuido, avaricia, imprudencia y negligencia, incumplen responsabilidades en sus manos dañando a alguien, por ejemplo, el instrumento en las entrañas. Eso lo acepto de un mesero que me vacía el café en la bandeja, torpemente; no puedo exigirle mucho, o del jardinero que cortó mis rosas, siendo que no debía hacerlo, torpemente. Pero la torpeza no es un lujo que un profesional se pueda dar, menos uno que tenga responsabilidad sobre la vida.

Casos sobran en el Estado Plurinacional de Bolivia. Karla Lorena Guzmán, menor de 9 años, quien entró a ser tratada por el dentista por una carie y salió con muerte cerebral (¡es un dentista, no un neurocirujano ¡¿Qué hizo mal?!); o el caso de Paul Burton Salvatierra, defensa del equipo de Futbol Oriente Petrolero, quien ingresó para una cirugía de hernia de disco y terminó con muerte cerebral; o el caso de Jimmy Oropeza Turner, quien lleva casi dos años en busca de justicia para su hijo, de 14 años, que murió el 23 de junio de 2015 en el Oncológico de Santa Cruz, no por la obstrucción en la médula espinal que lo aquejaba, sino por una bacteria intrahospitalaria por falta de higiene.

En los últimos 25 años el sistema judicial boliviano recibió 5000 denuncias por negligencia médica, es decir 200 por año. Entonces, cada día por medio se presenta una denuncia sobre estos delitos. Siendo que sólo el 5% (¡!) se ha resuelto a la fecha, es una cifra escalofriante para un país con sólo 12 millones de habitantes. Efectivamente, no sabemos cuántos casos son reales, inventados, prosperarán o no. Sin embargo, representa un dato frío sobre la relación salud-justicia. O la población boliviana es desalmada y tiene un odio visceral e irracional en contra de médicos, enfermeras, técnicos en salud, etc., o algo está mal en un sector de esos profesionales (espero disculpen el sarcasmo).

A esta altura alguien debe estar vociferando que tengo un resentimiento guardado en contra de tan digna profesión. No es así. Sepan que mi padre ya fallecido fue uno de los mejores otorrinolaringólogos de Bolivia, nunca tuvo una denuncia; mi tío paterno tiene 2 especialidades médicas, pone buenas a las señoras después de dar a luz o por el paso de los años, tampoco tuvo una denuncia. Por último, tengo una afección en este momento, obviamente debo recurrir a un médico. Me encantó lo correcto del profesional que me atiende. Claramente dijo: “No me puedo arriesgar a medicarte sin tener los datos correctos de laboratorio”. No le pasó lo mismo a mi madre, quien fue intervenida por un cirujano maxilofacial generando un daño permanente en su mandíbula ya que se había usado materiales de pésima calidad, o el hermano de una de mis ex enamoradas, quien a presión del médico fue intervenido por un tumor benigno en la cabeza y terminó con el 75% del encéfalo necrosado (muerto, Kaput, sin existir), un hueco en la cabeza y 3 años postrado en cama como vegetal. Partió a otro mundo en octubre de 2014, y el médico que lo atendió y que se había comprado un “0” Km, dijo “yo nunca lo presioné”, a pesar de que mucha gente lo escuchó.

¿Son todos? No, ¿son la mayoría? No, mucho menos, son solo unos cuantos, pero cuyas acciones generan consecuencias que estremecen a toda una población que nunca tuvo un sistema de salud gratuito y de calidad. Como dijo un amigo, en Bolivia la mercancía es un vil negocio, y nosotros somos la materia prima. Es reiterativo decir que no son todos, pero parece que lo entienden así; una de sus pancartas decía “No somos asesinos”, si tú no mataste a nadie con alevosía, ensañamiento, usando veneno, por motivos fútiles y bajos, porque te pagaron o para asegurar la comisión de otro delito, no te preocupes mi amigo médico, no eres asesino, ya que el Art. 257 del antiguo código penal y 93 parágrafo II del Código del Sistema Penal Boliviano (homicidio agravado) no se adecúan a tu conducta. Esas conductas son asesinato, además que el asesinato oscila entre 24 a 30 años de cárcel sin indulto; la pena de negligencia sólo llega a 4 años, y puedes reducirlo a la mitad con buena conducta y un buen abogado.

Pero, y si en el caso que ese instrumento hubiera generado un daño irreversible a mi persona, o peor aún, la muerte, ¿quién, si no son asesinos, es responsable? El médico, es mi humilde opinión (y de todos los juristas del mundo), no debía dejar eso ahí, pero no se preocupen, no es un asesino ni homicida, es un NEGLIGENTE, que por su negligencia REALIZÓ UNA MALA PRACTICA DE SU PROFESIÓN, y al generar un daño en otra persona, no importa que lo haya hecho con buena intención, INCUMPLE EL DEBER OBJETIVO DE CUIDADO que la ley le impone, al igual que a un chofer, o un policía. Tiene el cuidado de vidas e integridad física de éstas; no puede fallar.

Si los médicos en su gran mayoría luchan por la salud de los demás, ¿es eso un mérito que los vuelve intocables? Los abogados “luchamos” por la justicia, ¿eso nos hace intocables? No, a ninguno. Los artistas generan entretenimiento. ¿Por qué alguien que es famoso debe tener privilegios? No, parece que mucha gente se olvida en Bolivia el principio básico de la justicia: “TODOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY”, y a pesar de su corrupción, lentitud, e ineficacia, repito: todos somos iguales ante la ley, desde el pordiosero más desaseado e inculto al hombre más rico de Bolivia, del vendedor de dulces al médico con especialidad en San Francisco California, todos somos iguales ante la ley, queramos o no.

DE LAS CONFUSIONES Y OCULTACIONES

Escucho a gente bien intencionada decir que es una conspiración contra los médicos. ¡Ni que fueran tan importantes! Los abogados somos más dañinos, y lo saben. Que es una cooptación política de la oposición, mucho menos, si esos ni siquiera pueden coordinar sus pies, etc. Cientos y cientos de teorías quieren negar lo obvio; un sector profesional es movido por dirigentes que por motivos personales y económicos no quieren perder sus privilegios. Sí, estimado lector: antes por privilegios ilegales los abogados y los médicos no podíamos ser juzgados. Ahora sólo faltan los médicos. “TODOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY”.

Escucho a buenos médicos y gente de salud decir con temor: “Si lo opero y no le gusta, ¡me harán un proceso por negligencia médica!”. Ni que fuera un tema de gustos y disgustos. Si usted, señor médico, hizo todo lo que tenía en sus manos para salvar a un moribundo y no pudo, no se preocupe, no es negligente; si no hizo todo lo que podía y debía hacerlo, sí es responsable; si presiona para operar por fines económicos sobre los de salud, y daña ésta, es responsable; si se equivoca y corta donde no debe, o no corta lo que debe, es responsable; si es mejor darle medicinas en vez de operarlo, y usted lo opera, es responsable, etc. Sólo se necesita sentido común y lógica para entender esto. Y mala fe para dañar.

Escucho a estudiantes de derecho (con un grito en el cielo) decir que no sólo se aplica a los médicos, se aplica a todos; la sección quinta del código del sistema penal boliviano referida a LOS DELITOS CONTRA LA SALUD, señala QUE SOLO UN DELITO LO PUEDEN COMETER PERSONA NORMALES, el 202, atentado contra la salud pública. Si tengo SIDA a sabiendas y voy teniendo relaciones sexuales con todo el mundo sin protección y sin decírselo, soy culpable, estoy contagiando. El artículo 203 y siguientes SOLO RESPONSABILIZA A GENTE PROFESIONAL EN SALUD (yo no soy profesional en salud). Eso es lo que molesta a algunos, que tengan responsabilidad penal directa.

Escuché por ahí que ahora están desprotegidos; ¡entonces todos estamos desprotegidos! Nadie tiene privilegios ante la ley. Repito: “TODOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY”. Si el abogado Alarcón engaña a su cliente y ayuda a la contraparte, comete el delito de PATROCINIO INFIEL. Soy abogado, creo y uso la ley, ¿Por qué no hago una ley que proteja a los abogados de la misma ley? Simple; “TODOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY”. No puedo evitar que una persona recurra al sistema judicial boliviano por los motivos que se le canten. Si quiere hacerlo por venganza, debo asumir defensa; si quiere hacerlo para amedrentarme, debo asumir defensa; si tiene la razón, debo asumir defensa; si está equivocada, debo asumir defensa; si lo hace en base a mentiras, debo asumir defensa. “TODOS TENEMOS DERECHO DE RECURRIR A LA JUSTICIA, POR LO QUE CREEMOS NOS HIZO DAÑO”. Sea verdad o no, es otro tema; para eso se investiga.

DE LOS TEMORES

Para finalizar, sabiendo que me extendí, pero con conocimiento de que lo dicho será útil; puedo comprender el temor de los profesionales en salud, de sus familiares que se obnubilan por el amor o por sentimientos más ruines, de la gente que recibe información a medias, de cada uno de los médicos que leen una ley sin ser abogados así como yo leería un encefalograma sin ser médico; sin saber, comprendo el temor a lo desconocido, así como los profesionales en salud temen esto, yo temí y temeré de seguro a la enfermedad, pero ellos son quienes me tranquilizan. Busquen quien los tranquilice.

Puedo comprender que hay intereses políticos que se nutren y nutren ese temor, pero no puedo justificar la mentira. Si hay un médico, mujer u hombre que haya leído esto y tenga un mínimo de conciencia, comprenderá que, si no ha hecho nada malo, nada se debe temer, que sólo el que debe algo teme el castigo. La ley es imperfecta, así como nosotros, pero ayuda a avanzar. Los médicos son humanos, y todas las profesiones y oficios son hechos por humanos, y todos los seres humanos también podemos obrar mal. La ley sólo busca prevenir conductas dañinas excepcionales. Así como los jueces (que son abogados todos) pueden cometer prevaricato, una persona puede atropellar a otra por impericia, un médico puede matar por error.

No es un tema político, es un tema de avanzar un poco más.

Categorías: Opiniones, Salud, Sudamérica
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