Felipe Durán: «Mostrar desde adentro lo que realmente pasa»

07.12.2017 - Neuquén, Argentina - Gustavo Figueroa

Felipe Durán: «Mostrar desde adentro lo que realmente pasa»
Felipe Durán (Imagen de Gustavo Figueroa)

Entrevista a Felipe Durán: fotoperiodista detenido y encarcelado por documentar la violencia ejercida sobre las comunidades mapuche de Ngulu Mapu

«Desde adentro, mostrar lo que realmente pasa, con la visión de la gente»

Newenken, territorio mapuche. Felipe escribe en un cuaderno pequeño. Hay palabras y frases que intenta registrar en una hoja en blanco. Son como sonidos lejanos que intenta recuperar, llevarse. Felipe escucha más de lo que habla. Escucha el sonido que producen los pájaros y que se filtra por un gran ventanal, entre la madera despintada de una casa vieja. “¿Y ese qué pájaro es?”, pregunta Felipe. Felipe sostiene una tablet. Contesta muchos email. La relevancia del trabajo de Felipe Durán reside en retratar con su cámara lo que los medios hegemónicos de Chile no cuentan. “Se creó como una dependencia del comunicador. Nos dimos cuenta de eso. Y con otros compañeros empezamos a hacer escuelas de comunicación. No había grandes cámaras, ni grandes computadoras, ni nada por el estilo. Pero ahora la mayoría de las personas tienen un celular con una cámara y pueden hacer un buen registro”.  Pero no pasó mucho tiempo antes de que el trabajo, la voluntad y la iniciativa de Felipe se intentara filtrar y acallar por parte del Estado chileno. “Te acusan y te meten preso. Te hacen el show mediático, y te trasladan con mucha gente (policía). Y después, todo lo contrario, nadie te pide disculpas. A mí, cuando me tomaron (preso), era uno de los peores terroristas. Y después salí libre y nunca hubo pruebas. Las pruebas eran estúpidas. ¿Quién te devuelve ese tiempo? ¿Quién le devuelve ese tiempo a la familia, a los niños que crecen con sus papás presos? Yo conozco muchas familias en que los niños han crecido viendo a sus papás una o dos veces por semana, en la policía. ¡Y son muchas las familias! Son muchos los niños que crecieron así”. Felipe tiene un diálogo fluido. Felipe demuestra el conocimiento que sólo se puede portar cuando se ha transitado mucho un mismo escenario. Para Felipe la posición, el lugar como documentalista y fotoperiodista es relevante. Mientras los fotógrafos de los medios hegemónicos registran refugiados en la espalda de las fuerzas represivas del Estado de Chile, Felipe decidió pararse enfrente, estar dentro de las comunidades y desde allí comunicar. “¡Yo con esta herramienta puedo sacar a la luz lo que le están haciendo a mis hermanos!»

Introducción

Dentro de una bolsa de tela está contenida parte de la muestra de fotografía colectiva Fachi Antug. Estas dos palabras en mapudungun (lengua del Pueblo Nación Mapuche) significan hoy. El nombre completo de la muestra es Fachi Antug (hoy). El pueblo mapuche tehuelche vive y resiste. La muestra está compuesta por imágenes capturadas por 5 fotógrafos del WallMapu (país mapuche): Jaime Carriqueo (Fiske Menuko), Claudia Curaqueo (Patagones), Leandro Antiman (Esquel), Jorge Barrios (El Bolsón) y Felipe Durán (Ngulu Mapu). Mientras viajo en colectivo de una ciudad a otra, con la muestra en las manos, me pregunto si ser el portador de tal material documental es una buena señal para saber que estoy en el lugar correcto, haciendo lo correcto (en términos comunicacionales). Más tarde Felipe me sugerirá contundente y sincero: “¡No hay que caer en que el medio de comunicación nos va a dar la libertad¡ ¡Eso es ficticio! ¡La lucha nos va a dar la libertad!”

Felipe usa anteojos grandes. Tienen marcos azules. De lejos uno puede percibir que esos anteojos tienen mucho aumento. Es como si Felipe portara en su rostro una cámara extra. Felipe observa todo. Lo hace como al descuido, pero está atento a cada sonido. Felipe se ríe de tanto en tanto. Recuerda cosas, algunas más amargas que bellas. “Mira que yo hablo poco”, me advierte. Finalmente Felipe me cuenta varios casos que contienen en su interior el plan de despojo territorial que se ejecuta, desde la década de los 90’, dentro de Ngulu Mapu (Chile). Juntos, en varias instancias de un día largo, reflexionamos sobre los riesgos de la comunicación en el contexto de persecución y represión actual. En nuestra memoria (visual) siempre estará presente que el mismo día que nos encontramos, y mientras llevamos adelante un taller de construcción de crónicas y relatos fotográficos, nos enteramos que habían herido con balas de plomo a una persona en Furilofche (Bariloche). Más tarde, confirmaríamos que miembros de la Prefectura Naval Argentina (Grupo Albatros) habían matado, por la espalda, a Rafael Nahuel.

Felipe registrando el sonido de los pájaros que se mueven entre los árboles. Foto Gustavo Figueroa

Kiñe. Primer capítulo

La desproporción

“¿Cómo llegué a la fotografía? Creo que fue al revés. No es que primero aprendí fotografía y después llegué a aportar en el mundo mapuche, sino que yo vivía en territorio mapuche. Había hartas recuperaciones de tierras, muestras culturales. Desde ahí yo me fui incorporando. Después notamos que faltaba esta herramienta (la cámara). Desde ahí es que yo salí a buscar esa herramienta. Estudié, un par de años, pero me fue re-mal. Me echaron de fotografía. Y me volví. Volví a entregar esa herramienta (de igual modo)”.

Felipe nació y vive en la ciudad de Cañete, cercana a la costa de Chile. Cañete –me advierte Felipe–, es una ciudad chica donde se conocen todos. Ahora Felipe está dentro de una ciudad de Puel Mapu. Está sentado dentro de un patio más largo que ancho. Yo acomodo lo cámara en el trípode, y mientras lo hago le comento: “vamos a charlar sobre tu experiencia en relación a lo que ésta ocurriendo y va a seguir ocurriendo de este lado del territorio”. Felipe asiente. Se acomoda en la silla. Ambos escuchamos el sonidos de los autos que pasan por la calle lindera; escuchamos varios perros que escapan del sol de diciembre. Entre los árboles pululan pájaros que cantan mientras el mediodía transcurre. Felipe me cuenta que vive tranquilo en una zona alejada de la ciudad y que disfruta de la compañía de las aves. Sólo viaja a la ciudad para cubrir algún caso en particular. Al final de la jornada (larga), hablando sobre los procesos políticos en Chile, le nombre a Felipe el trabajo cinematográfico de Patricio Guzmán. Reflexionamos sobre los (dos) procesos genocidas que aún no tienen un juicio justo dentro de Ngulu Mapu: por un lado el proceso sobre el pueblo mapuche y por otro el proceso de Pinochet. “Hay casos, en los pueblos chicos, en donde las víctimas se cruzan en la calle a sus torturadores”. “A mi me seguía un ex compañero de la primaria. Me crié con ese cabro. Él conoce a toda mi familia, y yo conozco la de él. Me di cuenta dentro de un colectivo que me seguía para todos lados”.

Con Felipe comenzamos hablando sobre las operaciones mediáticas que se elaboran en Chile, el impacto que producen en la sociedad y como él, a partir de la experiencia, pudo asumir otro rol frente a ese escenario impuesto.

“Una vez fuimos a una casa con dos fotógrafos más. En la televisión siempre se había hablado de la Zona Roja, de que se quemaban camiones, de que era peligroso, de que no había que meterse para allá. Aunque nosotros llegamos a un lugar hermoso. Llegamos en un amanecer. Incluso vimos un arco iris. Llovió. Después el peñi (de la casa) nos invitó a tomar desayuno. Estábamos todos sentados en la mesa. Una situación muy normal. ¡Cambia el contexto, porque estamos en el campo! De repente pasa una camioneta. Nosotros estábamos con la puerta abierta. Vimos pasar la camioneta. Luego pasó otra camioneta, y otra camioneta. Todas blancas, todas iguales. Y el peñi dice: ‘¡prepárense! ¡Hay allanamiento!’. Y como que nosotros estábamos en una situación muy normal, riéndonos, hablando leseras (tonterías), y de repente se transforma toda la situación. Yo, sin entender muy bien lo que pasaba, me pregunté: ¿qué hago? Tenía un cierto miedo de ver lo que iba a pasar. Y el logko de la comunidad me dice: ‘¡síguelo a él!’. Era su hijo. Y lo sigo. El peñi se encapucha. Empieza el enfrentamiento. Pero la desproporción de fuerzas era chocante. Es decir,  yo fui testigo y no pude hacer la foto, porque era una situación muy chocante para mí.  Por un lado estaban tirando piedras, y por otro estaban baleando gente. Luego, empecé a ver las heridas, que no eran heridas producidas por armas antidisturbios, ni balas de goma, sino que veo heridos. Y no veo heridos de los dos lados, sino que solamente veo herida a la gente. Ese choque, la ruptura de una normalidad, de una tranquilidad, fue ejecutada de una forma totalmente violenta. Me acuerdo que encerraron a todo un grupo de niños en una casa, y no se sabía bien si se iban a meter en la casa. Empezaron a tirar lacrimógeno, a disparar, a romper los vidrios, eso para mí fue chocante. Y eso me hizo entender que esto es de verdad y que esto hay que contarlo. Hay que contarlo a la gente, porque yo hasta el momento tenía otra información. Entonces a mi me hizo poner esta herramienta (la cámara) a disposición, que era lo que había salido a buscar”.

A partir de esta experiencia Felipe reconoce un cambio en su forma de percibir el mundo que lo rodeaba. Reconoce un cambio de posición, un cambio de estrategia (comunicacional). Comienza a asociar y comprender un mundo que había visto de chico. Más tarde en el tiempo, Felipe reconocería que ese escenario de violencia se mantendría en el tiempo.

 “Esa vez no pude fotografiar. No se hizo el registro completo. Pero si se lograron imágenes de la policía. Es decir de la desproporción armada, contra mí y contra gente desarmada. Para mi fue muy violento. Después, claro, ese escenario se repitió. Y se repite constantemente”.

Felipe es un observador riguroso de lo que sucede en Ngulu Mapu y también del proceso judicial que tuvo que padecer. Foto Gustavo Figueroa

Epu. Segundo capitulo

La recuperación del territorio va en paralelo con la construcción de la figura del ser terrorista

“Antes no era al mapuche al que se llamaba terrorista. Era más la gente que estaba peleando: el Frente Patriótico, el MIR… distintas organizaciones revolucionarias que habían, que estaban en contra de la dictadura. A ellos se los llamaba terroristas. Los peñis en un momento estuvieron muy oprimidos, muy acallados. No es que fueron acusados desde un principio, sino que apareció la acusación cuando ellos comenzaron a reclamar lo suyo, cuando empezaron a tomar medidas más drásticas. Antes había mucho papaleo, mucha burocracia para recuperar tierras. Entonces la gente buscó otras formas de recuperar sus tierras. Desde ahí es que empieza, cuando ya los peñis empiezan a frenar las empresas.  Ahí fue cuando comenzó a hablarse de la figura de terrorista”.

Felipe es un observador riguroso de lo que sucede en Ngulu Mapu y también del proceso judicial que tuvo que padecer.

Como se si tratara de un espejo político e histórico, Felipe cuenta cosas que son parte de los relatos que también se pueden escuchar de este lado de la cordillera. El territorio (mapuche) es el mismo, pero los procesos han sido diferentes. En ambos lados de la cordillera existen elementos discursivos y operativos esenciales que se mantienen dentro de la historia de despojo.

“La figura del terrorista es una construcción del Estado y de quien protege sus bienes, es decir del rico. El rico impone la figura del terrorista con sus medios de comunicación, implementa todas sus herramientas para tirar sus mensajes. Desde ahí empieza la idea del mapuche bueno y el mapuche malo. El mapuche bueno que está callado y el mapuche malo que reivindica tierra, el que recupera”.

Pero es necesario reconocer que el proceso represivo en Chile lleva muchos más años, y que esa diferencia de tiempo ha permitido que exista dentro de Ngulu Mapu una metodología sofística –torpe en algunos aspectos, pero efectiva al fin–, en donde operan jueces, fiscales, medios de comunicación, particulares y las fuerzas represivas del Estado.

“En los noticieros nacionales, y en los medios de comunicación se habla de la recuperación de tierras de Lumaco y muestran la foto donde están hablando en ella los periodistas, detrás de un camión quemado. Entonces se empezó a meter eso, comunicacionalmente, los hechos malos, todos son parte de…”

No usan la palabra ataque, pero si muestran los camiones quemados. El terrorista es un producto criminal que inventó el Estado. Un producto criminal que una vez criminalizado, es necesario ir a buscarlo al segundo escenario –en donde también serán inventados enfrentamientos, armas y colocadas pruebas falsas–, para luego llevarlo a un tercer escenario de disputa: la cárcel. Por último, antes de volver a su casa, el producto criminal del Estado pasará por la sala judicial. En este proceso de construcción discursiva el Estado se propone y postula como único protector.

“La misma forma de traslado de los presos… Mucho aparataje para, supuestamente, custodiar a alguien que lo van a ir a rescatar y todo. Esa es otra forma de meterle terror a la gente. Intentan convencer a la gente que ellos (el Estado) tienen que protegernos de esa violencia. Es un trabajo con pinzas el que hacen para crear este personaje, para crear en el imaginario colectivo este terrorista desquiciado que nos puede matar en cualquier momento. Ellos buscan protegernos de eso, crear esa sensación. Entonces la gente cuando ve las noticias y se habla de seis presos que los trasladan en helicóptero con gente del Grupo de Operaciones Especiales Policiales (G.O.P.E.) –de dos metros, armados con pistolas y distintos tipos de armamento– dicen: ‘deben ser muy malos para que los lleven de esa forma’. Porque la gente no lee mucho, no investiga. Escucha la noticia y cree lo que le cuentan, nomás. Allá hay tres canales de comunicación que son abiertos, que son del Estado o privados, pero son de televisión abierta. Están los tres medios bombardeando con quemas, con distintas acciones, entonces la gente dice: ‘si lo dice uno y lo dice el otro es porque es verdad’.”

Retrato de Felipe Durán, fotoperiodista y ex – preso político de Ngulu Mapu. Foto Gustavo Figueroa

Küla. Tercer capitulo

Felipe Durán: “Desde el otro lado, desde adentro, mostrar lo que realmente pasa, con la visión de la gente”

Felipe es un lector riguroso del proceso que atraviesan diferentes comunidades mapuche de Ngulu Mapu, por lo tanto es también un lector riguroso del proceso que tuvo que padecer él mismo en su cuerpo. Ambas cosas, territorio y cuerpo, están implicados. Las víctimas y los testigos son parte de un correlato, están imbricados.  “¡Fueron primero los registros y luego la problemática judicial!”, asegura Felipe. Si en un primer momento sólo iban en busca de los protagonistas, ahora también van en busca de los testigos, de los testimonios que dan cuenta de las violencias ejecutadas.

“Estas imágenes empezaron a hacerse conocidas porque mostraban la otra historia. Es decir, la gente siempre decía: ‘llegaron y nos violentaron. Nos rompieron la harina, nos botaron las cosas, le pegaron a mi hijo. ¡Pero nunca había un registro!’. Pero ellos (las fuerzas represivas) sí tenían el registro del camión quemado, de las tomas de terrenos; ellos sí tenían ese registro y lo difundían por todos lados. No había el otro lado. Existía una desproporción comunicacional y una desproporción de fuerzas. Había 20 peñis que tomaban un terreno y había 200 pacos que llegaron a desalojarlos. Entonces los medios de comunicación normales nunca mostraban las desproporciones que había. Ellos esperaban el momento en que el peñi, en busca de defenderse, tiraba una piedra. Retrataban eso. En cambio nosotros dimos vuelta todo. Desde adentro, desde la misma gente se comenzó a contar el otro lado. Entonces esa es la función que, como medio de comunicación alternativo, tenemos nosotros, desde el otro lado, desde adentro, mostrar lo que realmente pasa, con la visión de la gente. Por eso esto causó tal repercusión, por eso se empezó a ver mal la fotografía. Antes para contar nuestra historia, para que la gente contara su historia, en un diario o en la televisión, era casi imposible ingresar. Entonces, ahora a través de internet, de la difusión en internet y de la aparición de medios de comunicación independiente la gente sí tiene voz. Desde ahí comenzaron a levantarse.”

Pero Felipe no está sólo, ni todo el mundo defiende a los medios hegemónicos, y las políticas represivas. Mientras avanzan los procesos de desalojos territoriales en Ngulu Mapu, avanzan también las articulaciones entre comunicadores y artistas.

“Hay muchos fotógrafos, gente que va escribiendo, va haciendo crónicas, va haciendo relatos. Poetas. Hay dibujantes. Hay mucha gente que está en pos de contar la otra historia, de darle voz a la gente que nunca se la dio. Entonces la única visión que había del empresariado,a través de sus medios de comunicación, a través del Estado, a través de sus diarios, ya no era tan única, ya no era la verdad. Antes pensábamos que si lo decía la televisión era verdad. Entonces ahora, para el que quiere investigar más, había otra alternativa; hay otra alternativa en donde la misma gente va relatando como van sucediendo las cosas”.

A pesar del progreso que se ha logrado en la lecturas de los diferentes casos y escenarios judiciales, Felipe reconoce que el opresor sigue manteniendo las mismas prácticas y repitiendo las mismas secuencias de violencia.

“Se trata de un escenario que todavía lo sigo viendo. Todavía pasa en todos lados. Ahora se masificó ese escenario, en distintos lados, en distintas comunidades en donde está pasando exactamente lo mismo. Ver a gente perder su ojo por balazos, ver muertos. Todo eso me hizo dar cuenta y crear un compromiso de que este es mi lado. Porque todos los otros medios de comunicación iban detrás de la policía; detrás de la policía comunican.  Pero acá era lo otro. Entonces ahí yo me dije: ‘tenemos que estar adentro y desde adentro comunicar’.”

Retrato de Felipe Durán durante la entrevista. Foto Gustavo Figueroa

Meli. Cuarto capítulo

Felipe Durán: “Desde ahí empezamos a ver que todos teníamos que comunicar, que todos tenemos que tener esa herramienta, y tiene que estar al servicio de todos”

Mientras avanzamos en la entrevista, realizamos junto a Felipe un reconocimiento de las etapas del proceso comunicacional que él fue transitando. Un reconocimiento que dividimos en cuatro grandes momentos. Primero: Felipe entendió que se había criado viendo las problemáticas que estaba dispuesto a documentar; entendió que las recuperaciones de tierras no le eran ajenas. Segundo: Felipe reconoció que la cámara, como herramienta comunicacional, era un elemento necesario y a la vez carente dentro de los procesos de recuperación de tierras. Tercero: Felipe comprendió que debía estar del otro lado, dentro de la comunidad y comunicar desde allí. Por último y en cuarto lugar, Felipe asumió que todos debían comunicar. No solamente los que tenían un conocimiento comunicacional, sino además las propias víctimas, que eran en definitiva los protagonistas y los testigos directos, capaces de documentar todo el proceso de violencia que padecían.

“Una vez me pasó que allanaron una comunidad. Tomamos todo el registro del allanamiento. Después, cuando estábamos todos viendo el registro –como siempre lo hacemos– para ver qué iba y qué no iba, había una niña que en ese tiempo tenia unos 9 o 10 años. Ella nos hablaba a nosotros, los más grandes. Nos decía que ella también había grabado. Pero nosotros le decíamos: ‘¡si!, que bien, que bonito. Después lo vamos a ver’.  Y ella insistía: ‘yo también grabé y saque una foto con el celular’. ‘Mira que bonito. Después la vamos a ver’. Y como que no le damos importancia. Y de repente, como ella vio que nadie le daba importancia, puso play. Todo el registro que nosotros teníamos con cámaras grandes, con registros técnicamente buenos (entre comillas) era nada en comparación con el registro que había realizado ella. Ella grabó cuando su mamá tenía en brazos a su hijo; ella grabó cuando un paco le pegó y le fracturó el brazo a su mamá. Ella se tuvo que contener, con todo el sufrimiento de ver como golpeaban a su mamá. ¡Pero ella registró todo eso! Desde ahí empezamos a ver que todos teníamos que comunicar, que todos tenemos que tener esa herramienta y tenía que estar al servicio de todos. No había que esperar a que alguien llegara. Porque de repente pasaban las cosas y nosotros llegábamos cuando la gente ya estaba dañada, en el hospital. Llegábamos a ver la cagada que había quedado por el allanamiento, pero no teníamos lo que había pasado en el momento. Ese registro ahora se está haciendo, y lo está haciendo la misma gente.”

Al concluir este relato, no dudé en contarle que la comunidad Colhuan Nahuel de Furilofche (Bariloche) pasó dos años con el registro fotográfico que logró retratar cuando la policía de Río Negro y el Cuerpo de Operaciones Especiales y Rescate (C.O.E.R.) allanó de forma ilegal su comunidad. El registro no sólo que parecía sacado por fotógrafos profesionales, sino que además relataba el instante preciso en donde la comunidad fue violentada. Incluso en el registro se puede ver como integrantes del grupo C.O.E.R., a modo de burla, se tomaba fotografías con los pichikeche (pequeña gente) de la comunidad.

El sentido del humor y el aplomo son dos características notables en Felipe. Foto Gustavo Figueroa

Kechu. Quinto capítulo

Felipe Durán: “Ese registro hay que protegerlo porque así también como nos sirve para comunicar, también a ellos les sirve como evidencia”

“Y en cuanto a la policía, a como ellos están funcionando, están quitando mucho registro. A los comunicadores les están allanando las casas. Están satanizando al comunicador: que es un mentiroso, lo amenazan. A mi me han quitado una vez el material porque era ingenuo en ese tiempo, y creía en la credencial. Me metí en un Sindicato de Reporteros Independientes y conseguí una credencial. Entonces yo decía ‘con credencial no me van a hacer nada’. Y saqué las fotos. Cuando los carabineros le reventaron el oído a un peñi chiquito, de 12 años, mientras que su abuela lo tenia de los pies y lo trataba de rescatar, yo tomé una foto. Y después a mi me rompieron la cámara, me quitaron el registro, me metieron a la comisaría. Ahí entendí que nosotros también éramos enemigos de ellos, y así todos los compañeros que están haciendo comunicación. Hay que tener mucho resguardo. Yo llamo a los hermanos y hermanas que están haciendo comunicación a tener cuidado con sus computadores, con su trabajo que están haciendo, porque son objetivo. Es decir, la fuerza (policial) aparte de eliminar al que le está causando el problema, ellos tienen que eliminar la evidencia. Y están allanando muchos lados, quitando registros, quitando discos duros. Entonces, hay que tener mucho cuidado, porque el comunicador, la persona externa a la comunidad o a la lof, él tiene una cierta seguridad, él vive en una casa, él vive en la ciudad, él está calentito, pero ese registro que él tiene hay que tomarlo con mucha responsabilidad, en el sentido de protegerlo, de proteger esos registros. Hay que cuidar todo porque para ellos es evidencia. Ese registro hay que protegerlo porque así también como nos sirve para comunicar, también a ellos les sirve como evidencia. Entonces por eso yo llamo a la gente que está aportando con fotografías, con vídeos, a que tengan su registro guardado, que hagan copias, que no los tengan en sus casas. Porque la búsqueda de ellos (la policía) es anular todo.”

Felipe se enteró del ataque y la persecución que padecieron –y aún siguen padeciendo– los comunicadores independientes locales de Radio Zona Libre. Analizamos la posibilidad de que a partir de las computadoras secuestradas se puedan realizar nuevos allanamientos. Como las asociaciones son arbitrarias, las detenciones y allanamientos son arbitrarios también. En definitiva, no buscan criminales  sino que buscan crear criminales dentro del cuerpo de los testigos que contemplan los abusos y delitos que padecen las comunidades mapuche del Puel Mapu. El Estado nacional argentino no sólo está dispuesto a criminalizar a todas las comunidades mapuche que se emplazan sobre el territorio –que el propio Estado pretende para fines extractivos y particulares (privados)–, sino que además está dispuesto a criminalizar a aquellos testigos que comuniquen desde el interior de las mismas comunidades.

“En ésto no hay que confiar en que es mi casa, en que está seguro, en que yo no soy parte. ¡Sólo soy externo, y no me va a pasar nunca nada! A mi me amenazaron harto antes. De distintas formas, y en un momento a ellos les molestó tanto el registro que se hacía –porque lo difundimos mucho– que inventaron una causa, allanaron mi casa en busca de eso. Se llevaron cuatro computadores, cámaras de fotos, cámaras de vídeos, el flash de la cámara. Todo para eliminar esta herramienta (la cámara). Si yo hubiese sido más ingenuo y hubiera tenido todo ese registro en la casa, ese registro se hubiere perdido. Pero como yo sabía lo que estaban haciendo, cómo estaban operando, yo no tenía nada en mi casa. Había cuatro computadores, pero los cuatros computadores estaban vacíos. Así es que yo estando en la cárcel, tenía la tranquilidad y la alegría de saber que ellos no tenía nada. Entonces ese es el llamado que yo hago a los comunicadores donde ando yo, que resguarden su información, porque el que arriesga tiempo en la cárcel no es el comunicador. Al comunicador no lo van a meter preso, no lo van a matar, por lo menos en esta época. Al que sin van a meter preso es al peñi, al que está luchando, al que tomó la decisión más drástica de luchar, a ese es al que buscan. ¡El comunicador puede ser una herramienta a favor, o también puede ser una herramienta muy en contra!”

Más tarde, luego de concluir la entrevista y almorzar, dictamos en conjunto con Felipe Durán parte de un taller de crónicas. Felipe analizó algunas de las coberturas que realizó en distintos casos de Chile y explicó la necesidad de cuidar el registro, y ser responsable de ese registro.

“Las comunicaciones son una herramienta de doble filo, nos puede aportar mucho, como también puede hundir a harta gente. Entonces hay que tener cuidado con las cámaras, saber quién es el que está haciendo las filmaciones. Si esa persona realmente lo está haciendo con compromiso o por moda, por jugar. Porque en este juego hay gente que arriesga mucho y en eso hay que tener mucho respeto. ¡Mucho respeto! ¡Hay cosas que no se graban! No tiene por qué tener registro de todo. Y que exista o no exista en la web lo que pasó no involucra mucho.  Las cosas se viven, están pasando. Hay gente que dice que si no sale en el medio de comunicación o si no sale en la web no existe, no paso. Pero no es así. ¡No hay que caer en que el medio de comunicación nos va a dar la libertad! ¡Eso es ficticio! ¡La lucha nos va a dar la libertad! ¡Es la única forma! El medio de comunicación es sólo una herramienta que está aportando a la lucha. Entonces tiene que ser con seriedad, con respeto y con un compromiso. ¡No es un juego esto! La gente arriesga muchos años de su vida en la cárcel, familias destrozadas, porque alguien se equivocó. Yo insisto en que hay que tener mucha responsabilidad en esto.”

En Felipe Durán se reconoce el trabajo constante sobre un mismo escenario. Foto Gustavo Figueroa

Kayu. Sexto capítulo

Felipe Durán: “La dignidad del preso también es comunicación”.

“Para ellos yo era un terrorista más. Ellos mismos nos dieron esa valoración, nos consideraban enemigos de ellos. Desde la cárcel teníamos que ocupar otras herramientas y seguir luchando porque aunque uno este en la cárcel o en el lugar donde esté, podemos seguir luchando, podemos seguir aportando. Y las cárceles allá (Chile) son muy extensas. El otro día vi una cifra que decía que, de cada 100 personas que se imputan por casos en relación con la lucha mapuche sobre la recuperación de tierra, un cinco por ciento queda imputado, el resto quedaba libre por falta de pruebas o porque directamente no había pruebas, porque las causas eran de mentiras. Pero hasta dos años te pueden tener allá por solamente investigarte, solamente porque alguien dice que tu participaste en algo. Por ese sólo hecho tú puedes estar dos años presos por la ley normal. Y más años por la ley antiterrorista. ¡Yo estuve casi un año! Once meses estuve, porque a alguien se le ocurrió que yo también era terrorista, usaba armas y andaba armado constantemente. ¡Hay un juzgamiento previo! ¡El que molesta se va a la cárcel! Se encarcela como cualquier delincuente, hasta que se pruebe lo contrario. No hay una inocencia. Cualquiera puede caer a la cárcel. No tiene por qué ser el más luchador. Yo andaba haciendo registro fotográfico. Nada más que eso. Andaba aportando desde lo básico que uno puede hacer con la herramienta. Con internet porque es gratis, con facebook porque es gratis; es decir, no teníamos grandes herramientas comunicacionales. Pero eso les molestó mucho. Te acusan y te meten preso. Te hacen el show mediático, y te trasladan con mucha gente. Y después, todo lo contrario, nadie te pide disculpas. A mi, cuando me tomaron, era uno de los peores terroristas. Y después salí libre y nunca hubo pruebas. Las pruebas eran estúpidas. ¿Quién te devuelve ese tiempo? ¿Quién le devuelve ese tiempo a la familia, a los niños que crecen con sus papás presos? Yo conozco muchas familias en que los niños han crecido viendo a sus papás una o dos veces por semana en la policía. ¡Y son muchas las familias! Son muchos los niños que crecieron así”.

Felipe menciona una figura que aquí también ha comenzado a usarse: la figura del testigo protegido. Durante la desaparición de Santiago Maldonado, un puestero (Evaristo Jones), empleado del magnate Luciano Benetton salió a decir públicamente que había herido al propio Santiago (Maldonado), cuando éste había ingresado de forma ilegal y violenta a su casa. Ahora, luego de asesinar a Rafael Nahuel, el Estado y el poder judicial de Río Negro vuelven a perseguir a otra autoridad mapuche (Javier Cañio), acusándolo de que en realidad había sido él el que ingresó de forma ilegal y violenta a la casa del puestero de Benetton.

“Allá se pagan 5 millones de pesos chilenos para que una persona te acuse a ti o para que firme una declaración. Le pagan esa plata, lo custodian 24 horas y ya ellos tienen una herramienta para meterte preso. ¡A quien ellos quieran! Entonces, la cárcel para nosotros es algo super normalizado y desde la cárcel la gente sigue peleando. Nosotros conversábamos con un peñi dentro de la cárcel y decíamos: ‘si nos tienen aquí por luchar, no porque estemos presos vamos a dejar de luchar. ¡Seguimos luchando!’ Hay otras herramientas. La gente, afuera es de gran ayuda. La comunicación, el rayado, la pinta. Todas son herramientas de lucha.  Y eso también es comunicación. La dignidad del preso también es comunicación. No estar triste, no estar achanchado. No estar dando pena. Eso no es parte de nosotros. El sufrido, el pobrecito, no es parte de nosotros. Si a alguien le toca la cárcel tiene que ser con firmeza. Tiene que ser en pos de la lucha, porque la cárcel no es el fin. La cárcel es un lugar de paso. Podemos volver mañana, volver hoy día. Pero aún así nuestro pensamiento no se encarcela. Nosotros salimos y seguimos haciendo lo mismo.”

Un caso testigo en Ngulu Mapu es el de José Peralino. A partir de su declaración, el Estado chileno se permitió mantener preso casi dos años a 11 personas, incluida la machi Francisca Linconao.

“Peralino era una persona que no estaba bien de su cabeza. Tiene problemas psicológicos y allá la mayoría de los teléfonos de la gente están intervenidos. La mayoría de los sectores donde se está luchando, desde la gente que está haciendo comunicación, de los peñis que están en lucha, son intervenidos; constantemente se escucha las conversaciones de la gente. Entonces él en un momento llamó a su polola (novia) y para hacerse el simpático dijo que el había hecho una acción que consiste en voltear una torre. Había caído una torre cerca, y él le dijo a su polola que había sido él. Y como la policía estaba escuchando, fueron hasta él con esa grabación, lo amenazaron y le dijeron ‘nosotros te vamos a tener tantos años preso’. Y él era una persona débil y creyó, sintió el miedo y lo hicieron firmar una declaración. La fiscalía creó un relato donde supuestamente había habido una reunión antes de quemar la casa, y supuestamente habían participado tantas personas, y él había estado ahí. Y ahí armaron todo el cuento. Entonces desde esa mentira armaron todo este cuento y metieron mucha gente a la cárcel. Después esta persona se desdijo. Los peñis nunca tuvieron mala onda con él.  Al contrario, lo ayudaron porque entendieron que él era una víctima más de esta forma de operar. Y es una constante que ocupan allá. El testigo protegido, el intimidar, el ver a la gente que es débil, que está alrededor. Por eso yo digo que es un compromiso serio, y si yo me meto en esto tengo que tener la firmeza que en algún momento puedo estar preso, puedo estar muerto, cualquier cosa. Entonces hay que tener esa claridad y esa firmeza.  El testigo protegido es una herramienta muy fuerte.”

Por la misma causa está imputado y procesado el machi Celestino Córdova. En su momento Peralino había declarado que el machi había participado del incendio y que durante un enfrentamiento con los dueños de la casa había quedado herido. Luego se desdijo, pero el machi ya lleva casi tres años privado de su libertad. ¿Cuánto puede resistir un machi lejos de su rewe? ¿Cuánto malestar le están produciendo al machi Celestino al alejarlo de su rewe? ¿Qué consecuencias ocasiona en las comunidades mapuche que una figura como la del machi sea violentado, impedido de cumplir su rol como transmisor de conocimiento? Como me advierte Felipe luego, cuando la justicia comprueba que no hay evidencias que justifique que los imputados sigan presos, la misma justicia, el Estado y los medios de comunicación, continúan en su inventiva como si no hubiera pasado nada, como si realmente se volvieran a concentrar en otro artificio para volver a meter adentro de la cárcel a las autoridades filosóficas y espirituales mapuche. Nunca el Estado, el poder judicial y los medios hegemónicos de Chile se retractan por las mentiras creadas e infundadas, nunca existen las disculpas públicas pertinentes.

“Yo tengo unos amigos que salieron hace poco, del mismo caso de la Machi Linconao. ¡Se habla mucho del caso de la Machi Linconao, pero eran 11 imputados! Son 11 familias que ellos destruyeron. Por todos lados dijeron que eran los peores del mundo, que habían quemado dos viejitos, que esos eran unos pobrecitos. Y los tuvieron un año y siete meses presos sin pruebas. Sin nada. ¡Le hicieron mierda la familia y ahora están libres! Se hizo el juicio y se logró comprobar que las pruebas no existían.”

La mirada de Felipe Durán resulta pertinente y necesaria dentro de la actualidad que atraviesa el territorio (comunicacional) del WallMapu. Foto Gustavo Figueroa

Regle. Séptimo capítulo

Los muertos

Como adelante en los capítulos anteriores, Felipe demuestra ser un gran observador del proceso que atraviesan las comunidades mapuche, como así también del proceso jurídico-carcelario que padeció él. Realiza constantemente articulaciones entre los casos y su situación particular como comunicador y testigo.

“En otro lado, en Lleu Lleu, me acuerdo que tanto la fiscalía como la policía y el G.O.P.E., se ocuparon de colgar de un puente a dos niños mapuche –uno tenía 18 y el otro 16. Eran hermanos. Los colgaron de un puente, les bajaron los pantalones, a uno le metieron la escopeta en el ano, al otro le pusieron una pistola en la boca y los obligaron a firmar una declaración, o si no los mataban. ¡Eso pasa constantemente allá! Las acusaciones parten de esa mentira. Ellos están operando de esa forma. A Cristián Levinao, por citar otro ejemplo, con 35 años de edad, lo han imputado 9 veces con distintas acusaciones: incendio, asalto, homicidio… Todas relacionadas con la causa mapuche o reivindicación territorial, como le dicen los letrados. Cristián Livinao ha salido absuelto de 8 causas. Sólo quedo condenado en una causa con falsas pruebas y testigos protegidos. Es en esta causa, por lo injusto de su encarcelación, que Cristián decide buscar su libertad arrancándose de la cárcel. En ese contexto de clandestinidad es que él llega a mi casa. Luego nos allanaron, nos tomaron presos y cuando llega el fiscal –el mismo fiscal que después iba al juicio– me dice: ‘Durán, yo se que tu no tienes nada que ver en esta cosa, yo se que tu no andas metido en ésto, pero yo necesito que tú me firmes esta declaración y que digas que todas las armas que encontramos en tu casa, eran de esa persona. Entonces les digo: ‘¡no! Primero: armas en mi casa no había. Las armas las llevaste tú, las llevaron tus policías. Y menos le voy a echar la culpa a otra persona para salir yo’.  Y él me decía: ‘Durán yo se que tu no tienes nada que ver en esto, tu me firmas la declaración y sales caminando de aquí. Te vas. Si no yo te voy a hacer mierda en la cárcel, vas a a estar muchos años preso’. Entonces, cuando la gente es débil de mente, cae en esos juegos, y es ahí donde aparecen esas figuras de testigos protegidos y todo. Y esa amenaza es constante. Yo te cuento tres casos puntuales, pero es algo que continuamente ellos están usando para incriminar a la gente.”

Antes de terminar la entrevista, tuve la necesidad de preguntarle por la cantidad de muertos que se han producidos en estos últimos años en Ngulu Mapu. Fundamentalmente la pregunta está dirigida a saltar el cerco mediático que existe desde la frontera chilena. Si bien hay muchos medios comunicacionales atentos a cada uno de los procesos, los medios hegemónicos que actúan, invisibilizan y minimizan todo, haciéndonos creer que sólo se han producido un par de muertes accidentales. “Enfrentamientos”, en la versión local.

“Nosotros separamos la lucha eterna que han tenido los peñis contra el invasor, de la lucha de esta época, cercana a los inicios de los 90’, una lucha más frontal, de recuperación de tierras, con sabotaje y expulsión directa del extranjero y las trasnacionales. En este último contexto hay tranquilamente, sin hacer mucha memoria, entre 15 y 20 muertos. ¡Tenemos muchos muertos! Y hay muchos muertos que los han ocultado. Nunca ha habido justicia para ellos. Hay un peñi que mató la policía a balazos. Y después ellos mismos investigaron esta muerte, hablaron de una defensa propia; que el peñi estaba armado y que la policía se tuvo que defender del peñi armado. Y para justificar eso, que el policía había matado a un peñi, que iba arrancado, que recibió un tiro por la espalda, que nunca estuvo armado, ellos ocuparon un chaleco antibalas y le dispararon ellos mismos, para que el supuesto chaleco hubiera recibido el impacto. Pero después le hicieron otra pericia y se notaba que le había disparado sin que hubiera una persona adentro, porque los mismos perdigones había cruzado el chaleco”.

¿Acaso este relato no es el mismo relato qué proponen ante la muerte de Rafael Nahuel? ¿Acaso a Rafael Nahuel no lo mataron por la espalda? ¿Acaso no están hablando, inclusive desde el Ministerio de Seguridad de la Nación de un enfrentamiento? ¿Qué van a hacer para comprobar el enfrentamiento? ¿Le van a disparar también al chaleco antibalas de un oficial de la Prefectura?

“Nosotros tenemos varios muertos en distintas situaciones. En recuperaciones, en acciones de sabotaje… Hace poquito mataron a dos hermanos míos. Los mataron a balazos, en una acción de recuperación, de sabotaje. Y son dos cabros que los mataron nomás. Y nadie supo nada más. Y al Estado no le importa. ¡Eso es lo que está pasando acá! Entonces ellos tienen toda la capacidad para hacer el daño, para matar a nuestra gente. Y ellos mismos se investigan. Entonces, nunca va a ver una claridad. Ellos mismos tienen los medios de comunicación para ocultar. Y acá está pasando lo mismo. La información que nos llegaba a nosotros sobre el peñi Santiago (Maldonado) es que los mismos peñi lo habían matado.  Entonces ellos dan vuelta todo, y tienen los medios para hacerlo”.

La mirada de Felipe Durán resulta pertinente y necesaria dentro de la actualidad que atraviesa el territorio (comunicacional) del WallMapu.

Desde ambos Estados, chileno y argentino, insisten en sostener las definiciones de “terrorismo” y “enfrentamiento”. Ninguna se sostiene con pruebas. Sólo con la fuerza mediática y las balas de las fuerzas represivas de ambos Estados. En la actualidad, mientras termino de transcribir esta entrevista, la Ministra de Seguridad de la Nación Argentina, a propósito de los disparos que produjo la prefectura naval y que concluyeron con la vida de Rafael Nahuel, sentenció que la acción fue “legal, legítima, totalmente enmarcada en la ley”. Haciendo una lectura rigurosa de estas palabras, lamentablemente, no cabe más que esperar nuevas muertes, muertes que, como asegura Felipe, caen de un sólo lado.

“Desde el otro lado, la lucha nunca ha tenido como objetivo matar al enemigo, siempre ha sido el de expulsarlo; siempre se ha buscado la expulsión, que se vaya. No es una lucha a muerte, pero sí de nuestro lado hay muchos muertos”.

Categorías: Cultura y Medios, Pueblos Originarios, Sudamérica
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