La excepción francesa

11.01.2015 - Rédaction Paris

La excepción francesa
(Imagen de Deutsche Welle)

Por Luis Casado.-

¡Ah! Que les molesta la excepción francesa… ¿A quienes? Curiosamente, al mismo tiempo a los subnormales de la derecha globalizadora y a los subnormales de un izquierderío sin rumbo.

Los de la derecha me chupan un huevo, me dan igual, siguen iguales a ellos mismos, son lo que son, no se le puede pedir peras al olmo, somos adversarios, yo estoy en la vereda del frente, siempre me encontrarán ahí, no insistas, no tiene caso

Los otros, los “reolusionarioh” al pedo, me desesperan. Desde la masacre de los colaboradores de Charlie Hebdo dialectizan a concho, lo suyo es ergotear, hilar fino, ver debajo del alquitrán, contextualizar, probar que, después de todo, el culpable de la barbarie es el imperialim-mo, el colonialim-mo, los malos de la película que les enseñaron a identificar en plan maniqueo (que Mani me perdone): de un lado está la reacción y del otro el proletariado. Lo que no corresponda a esa prístina manera de ver las cosas es obra de Satán, de los agentes del imperialim-mo y de la CIA.

Desde luego “condenan” la masacre… PERO… y detrás de ese PERO agregan toda su confusión “proletaria”, su frustración de no haber podido –hasta ahora– ajustarle cuentas al primer mundo, a los imperios, a los culpables de la miseria del Tercer Mundo, a la explotación y a todos los males propios al capitalismo.

Hay quién condena la manifestación dominical del pueblo de Francia porque fue convocada por François Hollande… ¡Pobre imbécil! Si Hollande pudiese convocar a todo un pueblo se sabría…

Los franceses, sin distinción de partido, religión o condición social, salimos a las calles por decenas de miles, espontáneamente, el mismo día de la masacre de Charlie Hebdo.

La idea de la manifestación vino de los partidos de izquierda, y en menos de que lo que tardo en contarlo se transformó en una manifestación republicana, o sea en la movilización de todos. En la manifestación de aquellos modestos trabajadores que señalan que son “ciudadanos musulmanes” y en ningún caso “musulmanes ciudadanos”. En la manifestación de todos los que sostienen este edificio cuyo zócalo reposa en un pacto social y político que nos permite vivir juntos. Ateos, laicos, agnósticos, musulmanes, judíos, cristianos, derechistas, centristas, izquierdistas, hombres y mujeres, que entienden que la particularidad de este país reside precisamente en que cada cual es lo que es, y piensa lo que piensa, libremente, gracias a la República.

Charlie Hebdo llevó ese principio hasta sus extremos más dolorosos, los más difíciles de soportar. Ah… tú eres republicano… ¡Vamos a ver si te mamas esta…! Siempre es duro probar que aceptamos la diversidad, sobre todo cuando se trata de opiniones diametralmente opuestas a las nuestras.

Negros con blancas, blancos con negras, árabes y judíos (vete a ver la versión de Romeo y Julieta de Grand Corps Malade), anarquistas, comunistas, socialdemócratas, radicales, gaullistas, neofascistas, inmigrados, refugiados políticos, cien nacionalidades conviviendo en paz, intentado convencer a los demás de sus buenas razones.

Y en el medio, en el meollo, la lucha de clases desde luego, la confrontación filosófica, política, social, económica, lingüística, cultural y hasta gastronómica… pero respetando los principios que son la herencia de la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad.

Como no soy angélico, sé que la fraternidad se manifiesta a veces a golpes, y la igualdad sufre de las diferencias de fortuna. Pero la libertad… Ah… la libertad. Partiendo, la libertad de expresión, la defensa de la libertad de conciencia, esa no la toques.

Es la que nos permite mandar al gobierno, y al propio presidente, a la madre que los parió sin temer por nuestra seguridad. La que nos autoriza a oponernos a todo, y a todos, sin temer ir a chirona. Es lo que nos queda. La única garantía que resiste contra el imperio del libre mercado, del pensamiento único, del lucro como motor de todo, del egoísmo como deus ex machina de la vida en sociedad, de la relación mercantil como única forma de relación social.

Por eso salimos a las calles. Espontáneamente.

¿Qué lo ocurrido será instrumentalizado por tal o cual político? Ya veremos. Quienes lo ven como algo inevitable tienden a pensar que los pueblos son, inevitablemente, más idiotas que ellos mismos.

Porque los boluditos de esta izquierda vergonzante se ven como la “vanguardia”, como los que de verdad saben y entienden, como los que deben dar orientación y rumbo…

En lo que me concierne, pueden irse a hacer puñetas.

Si el drama acaecido en París generó la emoción planetaria que constatamos, es porque Francia fue y es un símbolo de la lucha por las libertades. Símbolo que a ratos desfallece. ¿Y quién no? Símbolo que va hasta negarse a sí mismo cometiendo atrocidades. Pero que tiene un pueblo detrás, un pueblo mescolanza de todos los que han vivido en su suelo, ¡y vaya que hay mescolanza!

No somos puros, esa es nuestra fuerza. De alguna manera la excepción francesa consiste en proclamar a la faz del mundo que aquí queda una trinchera.

La de toda la humanidad.

Fuente: Politika – diarioelect.politika@gmail.commadmimi.com

Categorías: Cultura y Medios, Europa, Opiniones
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