La obstinación de los gurúes bursátiles y sus recetas medicinales para la salud económica de los países se contradice con la eficacia del tratamiento en las poblaciones. La enfermedad del hambre, endémica desde hace tiempo, el desempleo, la inestabilidad habitacional y la amputación sistemática de ayudas sociales van socavando la autoestima de los pueblos y van dejando un reguero de suicidas, desesperados y un núcleo duro de desesperanza.

Así trabajan estos tecnócratas de las finanzas, midiendo hasta dónde pueden chupar la sangre de la ciudadanía sin que la gallina de los huevos de oro fallezca. La banca internacional ha colocado a sus secuaces y aprendices de vampiro en los puestos de poder de los gobiernos más importantes del planeta. Y trenzan sus acuerdos con las grandes explotadoras de recursos naturales, el complejo militar-industrial, las grandes farmacéuticas y la distribución a gran escala de sus productos.

De este modo quienes nos dan de comer, nos curan, nos educan y manejan nuestro ocio son un 1% de la población que hacen negocio y multiplican sus ganancias a medida que extienden sus tentáculos.

La respuesta

La docilidad que pueden mostrar países europeos como Francia, que ubica a un banquero de Rothschild en el ministerio de economía para fortalecer a las 40 empresas más importantes de Francia, o de la Unión Europea al completo dejando a Juncker, el artífice de la red de lavado de dinero y evasión fiscal más grande del planeta, al frente de la Comisión Europea; se ve contrarrestada con las apuestas superadoras que se lanzaron en el Nuevo Mundo en los albores del Siglo XXI.

La decisión de Hugo Chávez contagió a países de una extrema complejidad político-económica como Brasil y Argentina. Que venían de salir de la primavera neoliberal que arrasó con las ideologías y lo público y que se padeció como un verdadero invierno nuclear. Al poco tiempo el “mal del populismo” alcanzó a Bolivia, a Paraguay, a Ecuador, a Uruguay y encontró cepas más resistentes en Perú, Chile y Colombia.

Pero Sudamérica estaba dando señales de que era posible escapar del jaque financiero. Ni el Banco Mundial, ni el FMI podían seguir seduciendo con combinaciones que habían diezmado a generaciones enteras, llevando al continente a padecer las tasas de desigualdad más grandes del planeta y a convertirlo en un continente violento y peligroso.

El cambio de conducta de los pacientes, les devolvió vitalidad y el horizonte de supervivencia se empezó a trazar a largo plazo. Había esperanza de recuperación y había autonomía para seguir tratamientos alternativos e incluso intercambiar entre todos en qué era lo que mejor funcionaba y que valía la pena intentar en cada lugar.

Europa da señales de empezar a rebelarse al diagnóstico hegemónico. Syriza ha conseguido en poco tiempo surgir como alternativa en un país sumido en una enfermedad terminal, con ascensos preocupantes de la extrema derecha que hacían presagiar el descarrilamiento de los griegos. Sin embargo han luchado contra el desánimo y el miedo inoculados permanentemente y han conseguido, incluso, vencer los obstáculos fraudulentos que plantaron desde el poder político clásico (dejaron a miles de griegos con los 18 años cumplidos fuera de las elecciones porque se suponía que apoyarían a la coalición de izquierda de Tsipras).

Mañana, el pueblo español puede dar un espaldarazo sólido a Podemos, con la Marcha del Cambio, para que se convierta en una verdadera posibilidad de gobierno y darle oxígeno al continente europeo en su necesidad de resistencia a los mandatos de la Troika.

Las campañas de desprestigio que se agitan en todo el continente son muy groseras e intentan mostrar al continente sudamericano como un nido de populismos y corrupciones varias, con países dirigidos por caciques autoritarios. La opinión pública perdió la confianza en los medios, así que comienzan a cuestionarse estas caricaturizaciones de la política. Y además, los nuevos movimientos políticos transformadores (Podemos, Syriza y el Frente de Izquierda francés) dejan claro la necesidad de inspirarse en los procesos vividos en Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia, para poder encontrar políticas que pongan por delante del Capital a las personas.

Corolario

Avergüenza ver al Presidente de Estados Unidos prefiriendo asistir a los funerales de “un amigo precioso”, el Rey de los degolladores, Abdullah de Arabia, que participar de la conmemoración por el 70 aniversario de la eliminación de los campos de exterminio nazis, en Auschwitz.

Christine Lagarde, Presidenta del FMI, no solo tuvo el desparpajo de reivindicar al financista de Al Qaeda y Estado Islámico como un estadista y aliado de excepción de las grandes potencias, sino que llevó el cinismo al extremo al presentar al Rey Abdullah como “un defensor de los derechos de las mujeres”, olvidando por completo que Arabia Saudita es el país donde se violan de manera más humillante.

A los muertos se les perdona todo y se los blanquea o se los exhibe colgando de una cuerda o linchados en vivo y en directo según la relación que mantienen con los “ganadores” del planeta, o sea ese 1% que quiere imponer su bienestar a todo costo.