Por Adrián Salbuchi, Information Clearing House – Traducción: Enrique Prudencio para Zona Izquierda –

La disputa entre EE.UU. y Moscú sobre la extradición de Snowden ha alcanzado un nuevo nivel de tensión después de que Barack Obama cancelara una cumbre acordada con bastante antelación con el presidente ruso Vladimir Putin, mostrando de nuevo el juego político del doble rasero que tanto practica EE.UU.

Todo empieza cuado Putin finalmente decide conceder asilo político al “filtrador” de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) Edward Snowden, haciendo oídos sordos a una directiva personal de Obama que ordena entregar a Snowden a EE.UU. Al tomar la decisión de no entregar a Snowden a los norteamericanos, Putin muestra su creciente rechazo a la estrategia hegemónica norteamericana de la estaca y la zanahoria y el doble discurso.

Ambos presidentes habían acordado celebrar una cumbre en Moscú el mes de septiembre para tratar de temas bilaterales pero, leyendo entre líneas, se puede percibir la creciente frustración que EE.UU. y sus principales aliados globales sienten respecto de Rusia y China, las dos únicas grandes potencias que pueden hacerles frente, trayendo en alguna medida el equilibrio tradicional de fuerzas al mundo de nuestros días; aunque sea inseguro y frágil.

Revelación 

Al igual que con Julián Assange, el caso de Edward Snowden es muy conocido en todo el mundo: ambos estaban en una posición que les permitía acceder a la información oculta detrás de la cortina y salieron a pecho descubierto mostrándosela al público. Si las pruebas son los hechos, la rabia y la ira de Norteamérica y sus aliados prueban que la información rebelada es auténtica, por lo cual una gran parte de la opinión pública mundial aclama a Smowden y a Assange como auténticos héroes y luchadores por la libertad.

Porque cuando se trata de evaluar los verdaderos motivos y actividades inconfensables así como los objetivos que se encuentran detrás de los gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido y la política interior y exterior de Israel, en millones de pueblos y aldeas puede que estos días ser perciba un olor a algo definitivamente muy podrido y no precisamente en Dinamarca.

Si, como todos creemos, las élites del poder global supranacional están incrustadas en el interior de las estructuras del poder político de los países clave – especialmente EE.UU. y el Reino Unido – entonces está claro que su talón de Aquiles es la revelación de todos y cualesquiera de sus crímenes, su intromisión en los asuntos internos de otros países, su participación directa o indirecta en los ataques de falsa bandera, su apoyo a regímenes criminales siempre que sirvan a sus propósitos e invasiones asesinas, arrasamiento y ocupación de países que nada les han hecho, como Irak, Afganistán, Palestina, Libia y los que sigan; su financiación obscena y apoyo a terroristas, grupos armados, mafias y gangs en Siria y otros lugares, bajo la cobertura de “la primavera árabe”.

Ahora, si dar asilo temporal a un contrariado ex agente operativo de 30 años de la Agencia de Seguridad Nacional como Snowden produce tal impacto en la estructura de poder de EE.UU. – a tal punto que lleva al presidente de EE.UU. a cancelar una cumbre crucial con el presidente de Rusia – entonces solo nos queda preguntarnos por el miedo y los temblores que deben sentir cuando aborden las “brechas de las seguridad”, potencialmente muco más graves.

¿Qué pasaría si un grupo bien organizado de verdaderos profesionales empleados de la casa, se convirtiera en un grupo de intrusos verdaderamente poderoso y decidiera enfrentarse a Washington, Nueva York, Londres y Tel Aviv con la evidencia indiscutible y las pruebas de sus delitos y de sus criminales autores? ¿Qué pasa si por ejemplo alguien viene con una prueba completa e irrefutable de toda la verdad oculta detrás del 9-11? ¿O de Irak y Libia? ¿O de Wall Street en 2008? ¿O de Londres 7-7…?

Rusia y China: los enemigos de EE.UU. del siglo XXI

Las hegemonías mundiales odian de forma natural a los países que se encuentren en pie de igualdad con ellas, que es exactamente lo que Rusia lleva haciendo desde hace una década. En la ONU, donde Rusia ha sido más acomodaticia con los intereses de EE.UU., después de que EE.UU. respaldara el monstruoso asesinato del líder de Libia Muammar Gaddafi transmitido en directo por televisión y el rapto y violación de Libia en 2011, parece que Moscú quedó bastante harto.

Asesinar líderes mundiales para provocar risitas entre dientes de Hillary Clinton al verlo en directo por la cadena CBS, definitivamente no está en el orden del día de Moscú.

Un cambio fundamental en la política exterior rusa se puede observar también en los casos de Irán y, más significativamente, en Siria, aliado tradicional de Rusia.

EE.UU., Reino Unido e Israel saben muy bien que aunque se siguen financiando las peores bandas terroristas, mafias, asesinos, traficantes de armas y agentes de Al-Qaeda –bajo la general denominación de “luchadores por la libertad”– contra el gobierno de Bashar al Assad, Rusia simplemente no se mueve.

El mensaje de Putin es claro: Occidente no se saldrá con la suya en Siria. Punto.

Muchos lectores posiblemente se estén preguntando, ¿qué hay de China? ¿No se supone que China es el objetivo clave del Pentágono en los próximos años, ya que sigue creciendo y creciendo y su economía pronto superará a la de EE.UU.?.

Si, pero eso solo es la economía y, por supuesto, China mantiene casi 2.000 millones de dólares en bonos del Tesoro de EE.UU., lo que les proporciona la posibilidad potencial de causar estragos con solo liquidarlos a corto plazo en los principales mercados mundiales. China podría hacer que el dólar norteamericano se derrumbara como las torres gemelas del Centro del Comercio Mundial en 2001.

Pero EE.UU. sabe que China no va a hacer tal cosa, no ahora, de todos modos, ya que tiene más que perder con el colapso financiero de EE.UU. de lo podría ganar. China sabe que activar la devaluación masiva de los bonos del Tesoro sería contraproducente porque le explotaría en su propia cara.

Además, China no ha tenido nunca, ni tiene hoy en día, objetivos hegemónicos globales. China parece muy feliz de ser y seguir siendo la potencia indiscutible del Sudeste Asiático y el Pacífico Occidental, algo que está en fuerte contradicción con los designios de EE.UU./Reino Unido/Israel que aspiran conjuntamente a dirigir el mundo en su totalidad: política, territorial, y económicamente, e incluso tratan de imponer sus propias leyes y tribunales.

Además, China tiene algunos conflictos abiertos. Tibet, Taiwán, tal vez un par de islas en disputa con Japón, pero eso es todo básicamente. Su lucha se centra en el escenario económico y los recursos naturales.

Ahora, comparemos esto con los conflictos permanentes de EE.UU. y sus aliados, que agitan Oriente Medio, África, América Latina, Europa Central, etc.

A China no hay necesidad de refrenarla, se auto controla y es autónoma. EE.UU. y sus aliados, en cambio, deben ser refrenados y vista la forma en que van las cosas, a medio o largo plazo deberán ser frenados en seco.

Rusia podría tener mucha menos influencia económica que EE.UU., pero sin embargo, el Kremlin siempre ha tenido claros sus objetivos geopolíticos a largo plazo; inteligentemente diseñados y planificados desde el tiempo de los zares, mejorados bajo los bolcheviques y hoy bajo un liderazgo maduro, coherente y consecuente.

Para Rusia no solo existen objetivos globales, Rusia entiende el mundo y sus complejidades multiculturales mucho mejor que EE.UU. Por eso, Rusia sólo se ve equiparada con Gran Bretaña… y China.

Así que ahora EE.UU. volverá caer a su escatología del “imperio del mal”, “Rusia poniendo un pie en su camino hacia la democracia” ¿Rusia soportando la retórica que se utiliza con los chicos malos?

La verdad es que Rusia está contribuyendo a desenmascarar la decadencia social y política norteamericana, su debilidad financiera y su psicopatía imperial en grado extremo.

Cuando Rusia se enfrenta a Norteamérica, muestra fortaleza, personalidad y autoestima. El mundo observa y aplaude.

El doble rasero

El 7 de agosto, Obama apareció en el popular programa de Jay Leno “Tonight Show”, gimoteando y quejándose de Putin, acusando a Moscú de volver a caer en los “modos políticos de la guerra fría”. Enumeró las quejas y lamentos de EE.UU. contra Rusia: la defensa antimisiles y el control de amas, las relaciones comerciales, la seguridad mundial, los derechos humanos, la sociedad civil…y aconsejó a Putin “no mirar al pasado sino “pensar en el futuro ya que no hay razón que nos impida ser capaces de cooperar.”

Obama no parece comprender que pensar correctamente sobre el futuro requiere aprender de la experiencia del pasado. Abordar el asunto Snowden de forma aislada no es más que otro ejemplo del discurso de doble moral y el doble rasero de EE.UU.

Como recordaba a sus lectores el periodista Glenn Greenwald del periódico The Guardian de Londres el mismo día: mientras que Obama y los medios de comunicación de hoy en día expresan tanta angustia y preocupación sobre el asilo de Rusia a Snowden, parecen haber olvidado completamente los casos anteriores en que todo era al revés. Y no eran casos de un joven denunciante o filtrador de modales suaves que no ha matado una mosca, sino que estaban implicado los peores criminales y asesinos protegidos por EE.UU.

Por ejemplo, EE.UU. se negó a atender una petición de extradición de Italia de dos agentes de la CIA acusados del presunto secuestro de un clérigo egipcio en Milán en 2003 (New York Times, 28 de febrero de 2007) y más tarde, cuando el agente de la CIA Robert Seldon Lady se encontraba en Panamá, fue trasladado en avión de vuelta a EE.UU. para evitar la posibilidad de que pudiera ser extraditado a Italia (Washington Post, 19 de julio de 2013).

Después tenemos la negativa de EE.UU. a extraditar al anterior presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada, que huyó a EE.UU. apoyado por la CIA, donde se le dio asilo político en la práctica, para que no pudiese ser juzgado en su país, Bolivia, por genocidio y crímenes de guerra (The Guardian del 9 de septiembre de 2012). Bolivia aún sigue presentando reiteradas demandas de extradición a EE.UU., que sigue haciendo oídos sordos, mientras el genocida vive a cuerpo de rey con la fortuna que amasó a costa del genocidio del pueblo boliviano. También tenemos el caso de Luis Posada Carriles, acusado de participar en el atentado terrorista de un avión cubano en 1976 en el que murieron 73 personas. Su extradición a Venezuela también fue rechazada por EE. UU. (El Paso Times, 30 de diciembre de 2010).

Y la lista no termina ahí. En los últimos años Argentina, Uruguay, Chile y Brasil presentaron reiteradas solicitudes y requerimientos legales solicitando a EE.UU. la entrega de un tal Sir Henry A. Kissinger en busca y captura para interrogarle sobre sus largas décadas de complicidad en los crímenes cometidos por los regímenes militares apoyados por la CIA en esos países durante la década de 1.970, bajo una estrategia genocida que se dio a conocer después como “Plan Cóndor”.

Pero una vez más el Poder Global de la Elite Internacional respalda con todo su poder a sus niños con problemas como Sir Henry. El Juez español Baltasar Garzón llegó hasta Interpol para arrestar a Kissinger con el fin de interrogarle durante una visita a Londres, pero ¡Ay! En vano.

Ya no vamos a mencionar siquiera las repetidas solicitudes de extradición presentadas por los tribunales belgas contra el ex primer ministro israelí Ariel Sharon por sus crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, presentados en nombre de víctimas libanesas por sus juergas asesinas de 2001.

La lista es demasiado larga. Pero la doble moral es manifiestamente obvio que no parece molestar a los poderes hegemónicos globales, pues están demasiado acostumbrados a hacer siempre lo que quieren y a salirse con la suya.

E incluso cuando tienen que tomar algún riesgo, utilizan su irresistible influencia para jugar su juego de forma segura, como diciendo “vamos a lanzar una moneda: si sale cara ganamos, si sale cruz tu pierdes”.

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Adrián Salbuchi es analista político, autor, orador y comentarista de radio televisión.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article35800.htm