El agua está bajando lentamente en Baton Rouge, Louisiana, y se está comenzando a hacer visible la magnitud del daño provocado por las últimas inundaciones. La terrible inundación ha provocado la muerte de 13 personas y la destrucción de alrededor de 60.000 hogares. Según los meteorólogos Jeff Masters y Bob Henson, del servicio meteorlógico Weather Underground, agosto ha sido el mes más lluvioso en Baton Rouge en 174 años, cuando se comenzó a llevar registro. Añadieron: “Desde el 1º de junio, en Baton Rouge ha caído la impactante cifra de 1.000 milímetros de agua. En tres meses ha llovido más de lo que llovió en Los Ángeles en los últimos cinco años”.

El Presidente Obama viajó al lugar el martes y declaró después de haber recorrido parte de la ciudad devastada: “Creo que cualquiera que pueda ver las calles y especialmente el interior de las viviendas, se dará cuenta de que las vidas de las personas se han visto afectadas por esta inundación”. Si bien Obama fue criticado por sus opositores políticos por no haber visitado las zonas inundadas de Baton Rouge antes, lo que ocurrió un día después en la vecina ciudad de Nueva Orleáns debería ser más preocupante.

El Gobierno de Obama realizó una gran licitación para el otorgamiento de licencias de explotación de gas y petróleo en el Golfo de México. Esta ironía no se le escapó a Antonia Juhasz, una periodista y analista especializada en asuntos de energía que viene realizando un seguimiento de las empresas petroleras multinacionales que realizan extracción de petróleo en aguas profundas. “Tras la visita de Obama a zonas inundadas en Louisiana, el 24 de agosto, en el Superdomo, el Departamento del Interior subastará licencias para la perforación en aguas profundas de 10 millones de hectáreas del Golfo de México” tuiteó la periodista, seguido de: “Después de que las protestas casi impiden llevar a cabo la licitación en el Superdomo en marzo, por primera vez la BOEM impidió la presencia de público en la licitación y permitió seguirla solo a través de Internet”. BOEM es la sigla en inglés que corresponde a la Dirección de Gestión de Energía Oceánica. El organismo estaba licitando 10 millones de hectáreas en la zona oeste del Golfo de México para la exploración y extracción de gas y petróleo en aguas profundas.

Entrevistamos a Antonia Juhasz, en Democracy Now!, justo antes de que comenzara la licitación: “El momento para que se sucedan estos acontecimientos no podría ser peor. Hubo una inundación histórica, el presidente está allí para ofrecer la ayuda de la FEMA y, con suerte, ayudar a quienes se quedaron sin nada y, al mismo tiempo, el Departamento del Interior perpetúa los problemas que contribuyen a acelerar la tormenta, que contribuyen a hacerla más intensa, que hacen que estas tormentas sean más frecuentes. Me refiero, por supuesto, a la quema de combustibles fósiles, que es lo que provoca el cambio climático”. Lo que hace que la situación sea aún más irónica es el lugar donde se realiza la licitación: el Superdomo. Después de que, en 2005, Nueva Orleáns quedó bajo agua como consecuencia del huracán Katrina, este estadio deportivo se convirtió en el refugio de último recurso de entre 15.000 y 20.000 habitantes desplazados.

Si bien no se puede vincular todo evento climático extremo con el cambio climático, se prevé que las tormentas, las sequías, los incendios forestales, las inundaciones y los huracanes serán cada vez más frecuentes y severos a causa del calentamiento global. Esas miles de personas que se alojaron en el Superdomo después del huracán Katrina deberían ser consideradas refugiados climáticos. Que ahora se organicen en este edificio licitaciones para promover la extracción de más combustibles fósiles es aún más indignante.

Hay un creciente activismo de base que se está oponiendo a la extracción y el traslado de combustibles fósiles, desde comunidades en el Golfo de México a las Grandes Llanuras del norte de Estados Unidos y Canadá. El martes, cientos de personas se manifestaron contra la licitación. Una gran pancarta flameaba debajo de un globo con la leyenda: “Otro Golfo es posible”. Cuatro manifestantes fueron arrestados por negarse a salir de la oficina del Departamento del Interior en Nueva Orleáns. En marzo, una licitación similar de permisos para la explotación de petróleo en el Golfo casi tuvo que cancelarse debido a las protestas de cientos de manifestantes en el Superdomo. La manifestación tuvo lugar apenas semanas después de que otra gran inundación azotara el sur de Louisiana.

Mientras tanto, en Dakota del Norte, más de mil activistas indígenas han montado el campamento Sacred Stone Spirit para impedir la construcción del oleoducto Dakota Access, que tiene un valor de 3.800 millones de dólares. Los activistas afirman que el oleoducto podría contaminar el río Missouri, que abastece a la tribu sioux Standing Rock y a otros millones de personas río abajo. También el miércoles, se realizó una acción de protesta frente al Tribunal federal de Distrito de Washington D.C., donde la tribu sioux Standing Rock ha presentado una demanda relacionada con el oleoducto contra el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos.

En lugar de permitir que se realice más extracción de petróleo en aguas profundas frente a la costa del Golfo de México, el Presidente Obama debería dedicar sus últimos meses de mandato a hacer todo lo posible para disminuir la dependencia de Estados Unidos de los combustibles fósiles.