Por Joaquín López Abad

 

Felicidad en pocas palabras, decía Aristóteles es el “buen espíritu”, o el ‘florecer de la humanidad’ y podríamos ponernos de acuerdo que es el punto en donde termina la miseria y la razón por la que estamos aquí: para vivir una vida feliz. En los años 70 al rey de Buthan se le ocurrió el concepto de medir el avance de su pueblo con un nuevo indicador: la Felicidad Interna Bruta reemplazando al PIB. (Layard, 2011).  Desde ahí hay un buen tramo recorrido que ha capturado mucho mi atención como política pública.

¿Qué hace a un ser humano feliz?

Claro! son muchas cosas y cambia de uno a otro, lo que sí sabemos con certeza es que más dinero no es sinónimo de mayor felicidad, al menos no directamente. Varios estudios demuestran que el dinero en sí mismo no aumenta la felicidad, más bien, es lo que hacemos con esos capitales lo que importa. (Clark et al., 2007; Dorn et al., 2007; Ferrer-i-Carbonell, 2005; Easterlin, 1995 from Dolan et. al 2008) Y en todos los casos el impacto que tiene el dinero sobre nuestra felicidad es decreciente, es decir, a mayor cantidad de plata el efecto sobre nuestro bienestar es menor (un dólar extra para un pobre representa mucho más que un dólar para un rico), más bien lo que importa es las relaciones que establecemos y  procesos adaptativos al dinero. Por ejemplo, si yo gano un millón al año y mi vecino hace un millón cien, sentiré que pierdo y esto es grave mentalmente para el individuo, felicidad disminuye así es que tengo que hacer un millón doscientos para mantener mi nivel. El rechazo a la pérdida tienen mucha fuerza. (Kahneman, 2011)

Pienso que este es un tema central para el debate sobre a dónde caminamos como civilización que acumula el capital en pocas manos con el gran costo social y ambiental planetario. El planeta no da más y tiene que ponerse un límite a eso. El debate es simplemente cuando mucho dinero es mucho?

Hay una respuesta a esta pregunta, que como todas las respuestas es provisional: en los EEUU una vez que los ingresos llegan a USD$75.000 por año se llega a ese tope. Es decir, no se incrementa la felicidad humana a mayores ingresos, alguien que hace USD$80.000 obtiene cero beneficios por esos USD$5.000 extras. Las explicaciones apuntan a que es debido a que para seguir haciendo mas plata se dejaría de lado cosas importantes como la familia, la novia o hacer deporte. Estudios demuestran que los 150 mas ricos de EEUU no son más felices que el “gringo” promedio. (Diener et. al, 1985).

Los ‘esenciales’ de la felicidad son: pasar tiempo con amigos y familia, tener una relación estable (sexo con la misma persona está más ranqueado, que con varias de vez en cuando) (Dolan et. al 2008).  Redondeando de mis investigaciones estimo que las relaciones humanas representan un 50% de nuestra felicidad total, ingresos un 20%, empleo un 15% y el 15% sobrante son varias cosas. Nada puede hacer más infeliz a un ser humano que vivir solo, sin trabajo, con un dolor físico permanente y separado.

Impacto de la naturaleza en la felicidad

Esos otros detalles importan. Buena parte de esta “torta” es el espacio donde vivimos y como política pública siento que es fundamental, por eso quiero compartir una breve revisión bibliográfica que hice sobre la correlación entre felicidad y naturaleza. Muchos de estos estudios se hacen con la escala de 11 puntos de Cantrill. La estimación consiste en responder a la pregunta: de 0 a 10, que tan satisfecho eres con tu vida en general? 0 denota tristeza absoluta… a punto de pegarse un tiro y 10 es felicidad máxima.

En Holanda un estudio con 17.000 personas demuestra que ciudadanos en áreas verdes son más saludables que quienes viven en áreas encementadas con mayor impacto en adultos mayores y amas de casa. (de Vries et al., 2003) junto con un famoso estudio (Ulrich, 1984) que determinó que pacientes hospitalizados luego de una coleostomía en habitaciones con ventanas y vista a los árboles se recuperan más rápido y necesitan menos pastillas que los que tienen ventanas con vista al ladrillo. Pilas ahí los ingenieros y arquitectos! todos los cuartos de hospitalización con vista a los jardines. Asimismo dentro del campo de las políticas de salud pública conservar la biodiversidad urbana mejora la salud (Dean et al., 2011). Plantaciones homogéneas y árboles como soldados no es lo mismo que un bosque urbano como refugio de animales.

Súper interesante para quienes hacemos conservación: ambientes degradados y preocuparse por la contaminación tiene un impacto negativo, mientras que preocuparse por la biodiversidad tiene un impacto positivo en nuestra felicidad. (Ferrr-i–Carbonell, Gowdy, 2007) Si queremos involucrar a la gente en proyectos hablar de lo que se quiere proteger, no mantener un enfoque sobre la contaminación o el cambio climático porque esa visión entristece a la gente y no motiva a tomar acciones.

Existen estudios que correlacionan felicidad con calidad de aire, agua y  contaminación auditiva, algunos con resultados muy concretos como por ejemplo determinando que un incremento en 10ug/m3 de N02 en el aire, baja 0.5 el puntaje en la escala de Cantril. (Mackerron y Mourato, 2009).

Para finalizar, en sintonía con el discurso de Pepe Mujica debemos buscar el capital más importante que es la felicidad humana, porque personas felices cuidan mas el ambiente, es decir ,que tienden a desarrollar mayor biofilia. (Frey y Sutzer, 2003.)

Siento que es interesante debatir estos temas y encontrar los mecanismos para insertar este tipo de evidencia en la política pública sobretodo en el diseño urbano, porque la política se construye con lo que se hace, pero también con lo que no se hace; talvez sería bueno revisar que quizá la mejor propuesta no sea intervenir y hacer obra nueva por toda la ciudad sino conservar espacios y recursos que hacen a la gente más feliz.