En el marco de la Co-presentación del libro de Pressenza en III Simposio del Centro Mundial de Estudios Humanistas, realizado en el Senado de la Nación argentina, Buenos Aires.

Permítanme enfocar el aporte a esta presentación en tres aspectos. Una breve
mirada general y dos comentarios sobre la situación en el mundo árabe y la
encrucijada en Europa.

Quisiera comenzar por uno de los artículos contenidos en el libro, con una
temática a primera vista algo extraña: lo escatológico. Este término es
habitualmente usado para señalar el panorama que le espera a cada persona,
según su sistema de creencias, luego de su fallecimiento. En este caso, se
ha querido significar la equivalencia con un sistema moribundo, cuya extrema
concentración, fácilmente explicable desde su lógica de apropiación, hoy asfixia
al ser humano y por ello, tenderá a ser superado.

¿Qué observamos entonces en esta nueva escatología humana, preludio del
nuevo y cercanamente futuro momento social?

Vemos a las nuevas generaciones emerger en los distintos puntos del planeta,
coreando distintas protestas según la situación local que les toca vivir, pero
unificadas en perspectivas comunes que las ligan de manera fenomenológica.
¿Y cual es este “programa existencial y social” que las conmueve?

El profundo reconocimiento de la paridad y la libertad humana es un
ingrediente fácilmente reconocible en esta Nueva Sensibilidad. La esencial
paridad de género es una particularidad indiscutible que, por otra parte, ya ha
comenzado a articularse positivamente en la realidad social. Miles de mujeres
en puestos de decisión, desde presidentas a jefas de movimientos guerrilleros,
dan cuenta indiscutible de esta agradable y revolucionaria situación. Todo
ello se ve acompañado de trasfondo con el paritario acceso a la educación
por parte de los géneros, crecientemente aunque no de manera pareja en las
distintas latitudes.

La misma paridad se va celebrando en el campo de las etnias, donde la cultura
en algunas regiones adopta papeles determinantes en diversas constituciones
y sistemas legales, resultando de ello la coexistencia de normas distintas según
sea la mirada cosmogónica del colectivo protagonista.

La misma igualación de derechos y oportunidades, inequívoca expresión social
de una ampliación de la libertad humana, es la que permite hoy que muchos
elijan hoy formalizar con plena vigencia legal tipos de convivencia o modelos
familiares no derivados de una moral naturalista, sino de su propio camino de
imágenes y afectos.

Una similar nivelación hacia arriba se ha trasladado al campo de la interacción
entre las naciones y las regiones, donde una marcada multipolaridad da por
tierra con acciones tendientes a la hegemonía y sus pretendidas justificaciones.

La democratización en el acceso a la comunicación y la información, que hoy
se expande mundialmente a través de redes tecnológicas, es una efectivización
del derecho humano al conocimiento y una puerta que se ha abierto a cierto
tipo de conciencia activa que ya no sólo recibe, sino que crea, recrea y
proyecta contenidos propios.

Esta actitud es coherente con el profundo rechazo que suscita la decadencia
de las formas políticas tradicionales, a cuyo vaciamiento y mentira, a cuya
centralidad y jerarquía, la juventud de los pueblos responde con ironía y la
búsqueda de nuevos modelos de comunicación y organización de una mayor
horizontalidad.

Otro tanto ocurre con la manipulación mediática, ilegítimamente alejada
de su función de servicio social por minorías concentradoras, a la cual se
contesta con un vacío estruendoso, no sólo descreyendo de sus predicados
y predicadores, sino simplemente dejando de usar esos artefactos de
adormecimiento. Por eso es que cuando esa nueva sensibilidad encarna en
algunos gobiernos sensibles a la nueva etapa, los monopolios informativos se
ciernen como aves de presa sobre ellos.

La inclusión y la afirmación de la diversidad es otro factor de gran calibre en los
nuevos vientos que soplan. Esto tiene relación con el probable desarrollo de
una íntima espiritualidad suave y complementadora, que contrasta fuertemente
con aquellas tendencias xenófobas y fundamentalistas que se manifiestan en la
superficie mórbida del sistema en extinción.

Y esa sensibilidad emerge con fuerza en las calles del mundo árabe, en
Europa, en muchas ciudades de USA, en las enormes manifestaciones
estudiantiles en Chile y Colombia.

Con referencia al mundo árabe, el relato noticioso suele ser aquí unipolar o
en el mejor de los casos, dual. No es frecuente hoy recordar y acometer la
noticia desde la clara rebelión generacional y de fuerte participación femenina
comenzada en Túnez y Cairo y continuada luego en Madrid y otros puntos
de Europa. Ha quedado en el olvido, que a la base de dichos fenómenos han
actuado factores como el aumento del pan (relacionado fuertemente con la
especulación bursátil con las materias primas), la galopante desocupación
juvenil en el norte africano y el descontento con la falta de libertad por la
continuidad de regímenes autoritarios derivados del nacionalismo de la
postguerra.

En vez de ello, se enfatiza en aquellos gobiernos contrarios a la voluntad
hegemónica y la única libertad que importa es la de aquellos “rebeldes” que
fogonean el negocio armamentista con supuestos “ejércitos de liberación”.
O a la inversa, se enfoca la cuestión desde la perspectiva antiimperialista de

bandos, en la cual también desaparece el factor generacional revolucionario, la
subjetividad y el genuino deseo de cambio para poner todo en las garras de un
igualmente demoníaco y todopoderoso Pentágono.

En nuestro caso, hemos preferido una visión de proceso, que contextualice
también el conflicto desde el punto de vista histórico incluyendo aquella
antigua y para nosotros aún vigente división en el campo islámico entre la
Sunná, la Shiá y otras facciones. Este faccionalismo encarna en la actualidad
fuertemente en el deseo de preeminencia al interior del mundo musulmán,
representado en sus extremos por Arabia Saudita y el Irán y las tensiones que
esto produce.

Pressenza ha posibilitado, en consonancia con su espíritu humanista, que se
publiquen distintos puntos de vista sobre ello.

Y esta primavera, al igual que en el 68`, saltó de Cairo a Europa y comenzaron
los multitudinarios reclamos en un continente que parecía el reino de la
abundancia. Allí la primavera se transformó en un frío invierno de recortes y
austeridad. ¿Qué había pasado en este civilizado lugar?

Pasó lo que decía Bertold Brecht: primero vinieron por aquél porque era
negro y no dije nada, luego por el otro porque era judío y callé, luego por el
comunista y tampoco dije nada, y así siguiendo, hasta que vinieron por mí.
La estructuralidad del mundo llegó a Europa y los europeos, de la noche a
la mañana se vieron envueltos en un tremendo caos. Primero, los europeos
de las periferias. España, Portugal, Grecia, Italia, Irlanda, y hasta la idílica
y lejana Islandia se vio conmovida. A las juventudes europeas les toca hoy
experimentar el desastre que promovieron sus mayores desde hace siglos. Ya
nada será como antes. El hambre, la esclavitud, la ignorancia van camino a
su extinción de manera lenta pero indiscutible en todo el planeta y no podrán
sobrevivir modalidades sociales basadas en la inequidad.

¿Hacia dónde vamos entonces como estructura social? Hacia un nuevo
momento humanista. Un momento que ya está en crecimiento y que
magnificará sus proporciones cuando el proceso en marcha tome conciencia de
sí mismo y de sus capacidades transformadoras.

Enmarcamos entonces nuestro aporte periodístico al servicio de la información
y difusión de este cercano y ya hoy creciente futuro.