El término no-violencia es relativamente nuevo. La primera (1) referencia apareció en periódicos europeos en los años 30 del siglo pasado refiriéndose a una novedosa forma de lucha que realizaba un abogado hindú contra el imperio Británico. Gandhi consiguió contra todo pronóstico y sin confrontación armada que los ingleses, la superpotencia del momento, abandonaran la India de forma “voluntaria”.

El término no-violencia ni siquiera está en el diccionario de la R.A.E., lo cual no ayuda a despejar cierta confusión en su utilización.

Hay una forma coloquial del término que también utilizan ciertos medios de comunicación, cuando en eventos se dice “se desarrollaron en un clima de no violencia” o “queremos que las escuelas sean ámbitos de no violencia”. En estos casos se están refiriendo a situaciones donde no hay agresiones, malos tratos o choques más allá de lo aceptado. En general se refieren a la no violencia física.

Hay una segunda acepción de “no-violencia” (algunos autores escriben “noviolencia”), donde ya se hace referencia a un tema más profundo y desarrollado que implica una postura existencial, una cierta ética y una determinada conducta. Esta es la que voy a desarrollar.

Los primeros antecedentes de “no-violencia” los tenemos en el principio “ahimsa” (rechazo a ejercer cualquier forma de violencia contra el individuo y la naturaleza) que proviene del jainismo, en el siglo VI antes de nuestra era. En base a este principio Mahatma Gandhi desarrolló su forma de no-violencia.

Hablar de no-violencia nos obliga a revisar qué entendemos por violencia. La forma más común de entender la violencia es la agresión física. Pero vamos a ir algo más allá. Si volvemos al diccionario de la R.A.E., éste dice, violencia: “Acción y efecto de violentar, violentarse o ir contra el natural modo de proceder”. Sobre violento dice algo más: “Que obra con ímpetu, fuerza, bruscamente o con intensidad extraordinarias… Que se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón y justicia”. Pero con estas definiciones no podemos profundizar mucho.

Vamos a otra fuente, al diccionario del Nuevo Humanismo (2) y leemos.

“Violencia (del lat. violentiam: uso excesivo de la fuerza). Es el más simple, frecuente y eficaz modo para mantenerse el poder y la supremacía, para imponer la propia voluntad a otros, para usurpar el poder, la propiedad y aun las vidas ajenas. Los violentistas de todo signo justifican la v. como medio para lograr resultados “buenos” o “útiles”. Ese enfoque es peligroso y equívoco, ya que lleva a la apología de la v. y al rechazo de los medios no violentos. Se suele diferenciar la v. directa, individualizada (autoridad del padre sobre su hijo), y la indirecta, «codificada» usualmente para las instituciones sociales y la política oficial (guerras, dominio del dictador, poder monopartidista, monopolio confesional); hay también violencias físicas, psicológicas, directas y enmascaradas. En la sociedad se ven otras gradaciones más precisas de la v.: a nivel de la familia, de la nación, de la política mundial, así como de la relación del ser humano con la naturaleza, con otras especies animales, etc. Observamos por todas partes manifestaciones de la v. que actúa para resolver problemas o alcanzar resultados deseados a costa de perjudicar y hacer sufrir a otro individuo. A menudo el que violenta cree que actúa de una manera justa. De aquí surge el concepto según el cual la v. se divide en «blanca» (justificada) y en «negra» (injustificada)…” Fin de la cita.

La violencia se ha ido diversificando y ha penetrado en todos los sectores de la vida como lo atestiguan: la violencia económica (la explotación del hombre por el hombre con salarios basura, recortes de derechos, creación de dependencia material, trabajo infantil, impuestos injustos, guerras económicas, dictadura de los mercados, etc.); la violencia política (con el dominio de uno o varios partidos, el bipartidismo, el totalitarismo, la exclusión de los ciudadanos en la toma de decisiones, las guerras, la lucha armada por el poder, la no separación de los poderes, etc.); la violencia ideológica (con la implantación de criterios oficiales, prohibición del libre pensamiento, subordinación de los medios de comunicación, manipulación de la opinión pública, propaganda de conceptos de trasfondo violento y discriminador que resultan cómodos a la élite gobernante, veto a toda opción que critique el sistema, etc.); la violencia religiosa (con el sometimiento de los intereses del individuo a los requerimientos clericales, control severo del pensamiento, prohibición de otras creencias y persecución de herejes, injerencia de lo religioso en otros campos como política, educación, libertades, etc.); la violencia familiar (con la explotación de la mujer, el dictado sobre los hijos, o de los hijos sobre los padres, etc.); la violencia educativa (con autoritarismos en la escuela, castigos corporales, discriminación, prohibición de programas libres de enseñanza, etc.); la violencia institucional en el ejército y la policía (con voluntarismo de jefes, obediencia debida, castigos, torturas, terrorismo de estado, represión en manifestaciones, etc.); la violencia cultural (con censuras, exclusión de corrientes innovadoras, prohibición de editar obras, dictados de la burocracia, imposición de unas culturas en desmedro de otras, etc.). Hay también violencia de genero (cuando se paga menos, se exige más, se tienen menos derechos o se discrimina por ser de otro sexo); violencia generacional (cuando por razones de edad se tipifica a la gente “jubilados = incapaces” o “jóvenes = violentos”); violencia psicológica (cuando se presiona al otro moviendo su miedo, su infravaloración, reforzando sus aspectos negativos, etc.).

En la mayoría de las ocasiones la violencia física es un eslabón más de una cadena que tiene como componentes otros tipos de violencias. El correlato de toda forma de violencia es la discriminación. La violencia no es algo nuevo, es parte constitutiva del sistema actual. Es tanto una consecuencia como una causa que se retroalimentan encadenándose unas violencias con otras. Hasta hace poco la violencia estaba más o menos controlada y oculta. Ahora sin embargo está saliendo a la luz y fuera de todo control. Los medios de comunicación la retroalimentan. No es que antes no hubiera malos tratos en la familia o explotación en el trabajo, la diferencia es que hoy lo sabemos.

Si revisamos los orígenes de nuestra sociedad, cómo se fueron conformando los estados y las naciones, observamos que todo se hizo utilizando la fuerza, la violencia física en un primer momento, para después desarrollar todas las otras formas de violencia. Han sido los vencedores de las guerras los que han dicho cómo y de que manera tenían que ser la economía, el derecho, la religión, etc. Son ellos los que han escrito la historia, su versión de los hechos. Así se ha ido organizando el mundo desde antiguo, aunque tomó una dimensión especial con el surgimiento de los imperios y luego de los estados nacionales. Casi todos los armados institucionales estuvieron respaldados por ejércitos o surgieron directamente de las guerras. Así que se comenzó con la violencia física para luego proyectarse a las otras esferas sociales que, gracias al desarrollo tecnológico, vivieron la generación de nuevas formas de violencia.

Por otro lado los antecedentes de la lucha no-violenta son varios y relativamente recientes: el referente más directo es el movimiento de masas encabezado por el Mahatma Gandhi que se desarrolló en India en la primera parte del siglo XX, seguido por la lucha por los derechos civiles de los negros en los EE.UU., bajo la dirección de M. L. King y también la actividad desarrollada por Kwame Nkrumah en Ghana.

El concepto de la no-violencia incluye formas no-violentas de protesta que siguen vivas y desenvolviéndose en el mundo. Las intervenciones diarias y masivas de las capas de trabajadores, mítines y manifestaciones de protesta, huelgas, movimientos femeninos y estudiantiles, manifestaciones campesinas, ediciones de panfletos, volantes y periódicos, intervenciones por radio y TV, las multitudinarias manifestaciones contra las guerras y las manipulaciones del poder, así como las afluencias masivas a votar o de rechazo al voto que se dan en momentos de crisis, todos ellos son ejemplos de lucha. Más recientemente las movilizaciones denominadas de la primavera árabe en Egipto, Túnez y tantos otros países donde las poblaciones salen a la calle sin violencia. El 15-M y otros movimientos europeos tienen también ese germen de formas de lucha donde se dan la ética y la práctica de la no-violencia. En otros casos las reivindicaciones toman la vía de la violencia, resultando que de acaban siendo reprimidas y sofocadas o bien derivan hacia la guerra civil. Estas con altos costes humanos y retrocesos sociales.

Conviene aprovechar a distinguir una confusión frecuente, pues se han homologado los términos no-violencia y pacifismo, cuando en realidad éste último no es un método de acción ni un estilo de vida, sino una denuncia constante contra el armamentismo.

El pacifismo es un principio moral y político que reconoce la vida humana como valor social y ético supremo. El pacifismo es una actitud de negación de la guerra y el armamentismo. Entonces su ideal supremo es velar por el mantenimiento de la paz entre los grupos étnicos, religiosos y sociales, entre las naciones y bloques de estados. Incluye el respeto de la dignidad de la persona, de los grupos y pueblos, y de los derechos humanos en general. El filósofo y matemático Bertrand Russell (3) fue unos de los pacifistas más emblemáticos que se enfrentó a la carrera armamentística nuclear y a la violencia en general.

La no-violencia por el contrario es una actitud activa frente al mundo, que trabaja con el «vacío» al poder, impulsando la denuncia, el repudio, la no cooperación con la violencia y, por último, la desobediencia civil frente a la injusticia institucionalizada (4).

Podríamos llegar a decir que: “La no-violencia es la metodología de acción del pacifismo y, por tanto, la mejor herramienta para la liberación del sufrimiento social.”

La critica a la no-violencia. viene por el lado de los pragmáticos con el argumento de que es “no eficaz” porque, según ellos dicen, inculcar metodología de este tipo en nuestra sociedad supone hacer ciudadanos dóciles y débiles, que no responden ni confrontan con la violencia de un sistema injusto al que hay que combatir. Estos últimos no han entendido la profundidad de la no-violencia, la han confundido con cierta forma de pacifismo débil e ingenuo. Gandhi decía:

“no hay ninguna valentía mayor que la de negarse hasta el fin a doblar la rodilla ante un poder terrenal, sea cual fuere su grandeza, haciéndolo sin agresividad alguna…” (5)

Resumiendo

Hablar de no-violencia es tocar un nuevo concepto de lucha social. Sin embargo, éste no es ajeno a las luchas diarias, pues la mayoría de las transformaciones sociales se efectúan con comportamientos no-violentos. Hay que distinguir entre pacifismo, sensibilidad en contra de las guerras y el armamentismo, y no-violencia, que es más una metodología de acción que denuncia y lucha no sólo contra la violencia física sino contra todos los tipos de violencias: la económica, la racial, la religiosa, la generacional, la de género, la sicológica, incluso la violencia moral.

La violencia opera anulando una parte de la existencia del otro, una parte de su intención, una parte de su ser. En los casos extremos llega a anularlo totalmente, quitándole la existencia. La situación hoy es que la violencia es parte constitutiva del sistema en que vivimos, sin ella este sistema no funcionaría.

Cada vez hay más respaldo a la idea de que la no-violencia es la única forma de lucha que tiene futuro en este momento histórico, pues, entre otras cosas, este sistema violento tiene recursos para vencer a todas las formas de lucha violenta, pero no sabe cómo actuar contra la no-violencia organizada.

Nota: En próximo trabajo abordaremos los temas de violencia y no-violencia personal, tácticas y técnicas de no-violencia social y personal y la no-violencia activa.

(1) Parece que el primer libro que recoge el término no-violencia es el de Richard Gregg, “The Power of Non-Violence” publicado por Navajivan Publishing House, Ahmadabad India. Primera edición india en 1938.

(2) Diccionario del Nuevo Humanismo. Silo. Centro Mundial de Estudios Humanistas. Moscú 1996

(3) Bertrand Russell, profesor de la universidad de Cambridge, presidio el tribunal que juzgó los crímenes de guerra en Vietnam.

(4) Henri David Thoreau, en su libro Desobediencia Civil es el primero en exponer las bases de esta metodología.

(5) M. Gandhi. Reflexiones sobre la No Violencia. Errepar. 1998

Rafael de la Rubia es miembro del ECM de «Mundo Sin Guerras y Sin Violencia»